Autor Tema: Diario de la acequia de mi huerto  (Leído 42966 veces)

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Re:Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #75 en: Septiembre 22, 2015, 12:53:48 »
¡Qué bellos, listos, afortunados y eficaces son los pájaros!, y llamo pájaros a todos los emplumados que vuelan, más que nada por evitarme taxonomías pedantes que no cuadran con el ambiente rural en que me muevo. Lo digo porque hace unos pocos días, muy de mañana, apenas salido el sol y revisando yo el huerto y sus detalles, apareció de pronto sobre mí, llegada de ninguna parte, una de esas nutridas nubes de estorninos que adornan nuestros cielos otoñales con su despliegue de ondas, giros imposibles y efectos sonoros, ópticos y dinámicos sorprendentes. Estos visitantes temporales, a millones, invaden nuestros campos y ciudades, atraídos por las frutas del momento y, sobre todo, y esto es solo la opinión de alguien que aún no es pájaro, atraídos por los millones de kilos de uva que cuelgan maduros de las cepas. Algunas de sus nubes las formas decenas de miles de entusiastas componentes, que a ratos gritan y silban mientras vuelan, en una algarabía indescriptible. Pues bien, mi modesta nube de la otra mañana se partió de pronto en dos, y la mitad trasera , tras varios titubeos , contracciones y expansiones aparentemente azarosas, enfiló de pronto hacia mí, en un ataque aéreo digno de la mejor película de terror pajaril... Pero no, el ataque se dirigía más bien hacia mis árboles, sobre todo a las higueras que flanquean la orilla de la acequia, repletas estos días de robustos y sabrosos higos rojizos, culpables en buena parte, he de confesarlo, de mi reciente y sospechoso aumento de masa corporal.... Como aún tengo operativos algunos reflejos en ambas manos, me apresuré a aplaudir vigorosamente  su maniobra y la belleza de sus movimientos tan bien coordinados, pero el aplauso produjo el efecto contrario al que podría esperarse de unos acróbatas del vuelo tan consumados. Giraron al unísono y volaron raudos a reincorporarse a la nube primordial que se alejaba. No tengo ningún recuerdo de infancia y juventud para estas nubes de pájaros actuales. Tampoco entonces, ciertamente,  había tantas fincas plantadas de viñas y tantas otras de frutales. Los campos, eso sí,  bullían en setiembre de toda clase de pequeños pájaros, dedicados en exclusiva a hacer horas extras consumiendo todo tipo de frutos, asunto que a los agricultores de entonces debía parecerles intolerable. Supongo que para remediarlo, por estas fechas de finales del verano e inicio del otoño, la costumbre rural era capturar pajarillos utilizando cepos  ligeros y como cebo hormigas aladas de buen tamaño, al parecer irresistibles para ellos.
De todos modos, la economía rural funcionaba así, lo que se comían los pájaros, lo retornaban en la sartén, en una especie de peaje impuesto  por una especie, la humana, a los alados visitantes ocasionales comedores de fruta. Sin embargo, eran tiempos en los que la vida proseguía abundante, sin que esa caza, hoy prohibida, pareciera surtir efecto alguno en las poblaciones de avecillas que, año tras año, volvían a las andadas... Luego se normalizaron  ( de poner normas) las relaciones y hoy los pájaros gozan de una libertad que para mí la quisiera si tuviera alas. Tanto es así que si yo robo un cesto de higos me arriesgo a una multa o a algo peor, pero ellos solo reciben una palmada de aplauso o, cuando más, un grito desesperado de queja, rabia o aviso.  Mamá, cuando sea mayor quiero ser pájaro ( pero sólo si continúa la legislación actual, claro ) y, si hay plazas libres, estornino.

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Re:Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #76 en: Diciembre 22, 2015, 17:46:23 »
Mi huerto está de vacaciones, unas extrañas y poco envidiables vacaciones, al menos bajo mi punto de vista. La cosa empezó en Septiembre. Las mañanas eran frescas, el rocío dejaba los senderos de hierba empapados y ramitas y hojas bajas goteaban mansamente sobre el suelo mullido y húmedo. No helaba aún, pero el frío impedía ya la maduración de los tomates, y algunos pimientos ennegrecían su verde sin alcanzar el rojo prometido... y hasta ahí, todo parecía normal, todo, como siempre,  se deslizaba tranquilo y seguro hacia el frío del otoño y el hielo del invierno. Y de pronto, llegaron las inesperadas vacaciones. Me explico: dejó de llover. La lluvia es a mi huerto como el agua es a la acequia, o sea, su motivo o motor de vida, y sin ella, ni siquiera tiene sentido ponerle un nombre a algo que deja de funcionar como corresponde a su esencia. Y ahí está, de vacaciones desde septiembre, supongo que recuperando las que ha dejado de disfrutar al menos desde que lo conozco, y hace muchos años de ello. Ahora ha dejado de actuar casi toda la función clorofílica que desarrollaba, las bacteria y lombrices, me imagino, han producido esporas resistentes o han viajado , ellas también, a ignotos y profundos sumideros de humedad, allá donde no llegan ni las noticias de la superficie, los pájaros apenas se posan en las ramas dormidas, el huerto parece muerto definitivamente. La tierra, otrora húmeda y turgente, es ahora un seco y duro pavimento que es imposible arañar, los restos de poda que yacen amontonados son marrones, amarillos, duros, correosos, cuando debieran estar pudriéndose en la humedad otoñal... ¿ Qué ocurre?
Una serie de potentes anticiclones, alineados de suroeste a nordeste,  bloquea la llegada de los vientos marinos y mantiene una falsa primavera de soles y calmas, sin vientos ni brisas, sin nubes , sin lluvias... sin cambios, sin vida. Si no supiera que las vacaciones, en sí mismas, son fugaces aunque sean largas y que tras ellas todo suele volver a la normalidad, hoy lloraría por mi huerto. Pero él y yo sabemos que, uno de estos días, al amanecer a al atardecer, de día o de noche, un torrente de nubes, relámpagos y truenos, barrerá la sequía y la acequia,  mi huerto y yo reanudaremos la conversación que quedó suspendida allá por septiembre. Pero , en el fondo, no lo se, solo lo espero, porque tal vez ocurra en alguna horrible ocasión, que lo que hasta ahora ha sido ocasional y fugaz, se torne de pronto estable y duradero . Soles , frío o calor y, de agua, nada.

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Re:Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #77 en: Junio 21, 2016, 18:11:02 »
Tras más de cien días en silencio, el diario de la acequia, polvoriento y arrugado de hongos y humedad,  se abre de nuevo. Han sido un invierno y una primavera anormales,en el sentido que nosotros , los humanos, entendemos la normalidad : de poda y limpieza de suelos y ramajes, de sementera y plantación y, en definitiva, de las labores propias de cada estación . Pero si lo consultáramos a la acequia, a la yedra o al mismísimo peral, el árbol más que centenario que ha conocido a mi abuelo y conoce a mis nietos,  seguramente dirían que no,  que han sido los meses más normales de su vida secular. Hizo frío en enero, llovió en febrero, venteó marzo y chaparreó abril, lució a ratos mayo y este junio trajo de nuevo lluvias, algunos truenos y calor. Todo natural y sencillo, lo propio del campo y de la vida salvaje. Nada de  tomates, patatas, pimientos y compañía, la mayoría plantas que no se vieron por aquí desde el principio del mundo, hasta que a Colón y algunos marineros con apellido de pájaro ( ¿ Serán los Pinzones,  llamados así tal vez por ser naturales de las islas Galápagos ? No , querido peral, Pinzón es solo un apellido hispano que no significa que se sea  pájaro, igual que tú, querido peral, te apellidas blanquillo cuando lo único blanco que tienes es tu flor de primavera ), a lo que íbamos, este año no se ha visto por el huerto nada extraño, nada importado, todo ha sido nacional, natural, espontáneo y feliz. Ni siquiera Petrus, el bípedo hispano , ha deambulado entre yedras, cerezos  y rosales, como solía...
La única y no pequeña diferencia que yo noto en el huerto, al volver a las rutinas de antaño, pese a todo, es la hierba. Una hierba desconocida y salvaje, como la que veo en las películas de junglas y en los documentales de vida salvaje, una hierba que en ocasiones me llega a los ojos y me permite ocultarme como un animal más en la sabana, tanto que, cuando llego, se me ocurre que bien pudiera haber un león acechándome oculto en ella... la hierba es ahora la reina y señora de mi huerto, como si este año se celebrara aquí un gran festival anual de la hierba, kilos y kilos de variadas especies incomestibles, eso sí, pero vigorosas ( ¿por qué lo incomestible es tan vigoroso, o será viceversa?). Me da tanta pena perturbar el orden natural de mi huerto, porque esto es mi huerto en estado natural, tal y como sería si mi especie de extinguiera, que estoy pensando seriamente en dejarlo así y disfrutar de él sin modificarlo... pero no se crean que todo es belleza y donosura. Apenas recorres unos metros, si lo consigues sin enredarte , las afiladas espiguillas se clavan en las ropas y los calcetines, los tenues flecos algodonosos de ciertas flores te hacen estornudar , cientos de semillas adherentes se pegan a la ropa, y apenas puedes apoyar los pies en el suelo sin correr peligro de tropezar y caer. Eso sin mencionar a la víbora o a la culebra bastarda que seguramente recorren el huerto cada día buscando algún ratón bien cebado o algún viajero de la hierba distraído , sea otro ratón, mejor dos que uno, un pajarillo distraído o el mismísimo talón de Petrus, que en lo de distraido no le iría a la zaga. Vamos, que todo tiene sus pros y sus contras. En realidad, la hierba de mi huerto no es buena del todo, pero tiene suerte. Suerte, porque a estas alturas del año, con el sol y las temperaturas en todo lo alto , está prohibido quemar restos vegetales, hierbas y similares...  Así que tendré que limitarme a echarle unas maldiciones de vez en cuando, a ver si logro algún efecto mitigador de tanta molestia. Si no me hace caso y se modera ,  tendré que recordarle a mis viejos amigos, que son sus enemigos,  la desbrozadora, el cortacesped y el herbicida, pero eso es algo que tengo que pensar despacio, y prefiero dejarla unos días, o unas semanas,  en paz. Luego, cuando ya haya cubierto su ciclo vital, madurado sus pequeñas semillas y los tallos amarilleen secos, será el momento de retornar a la normalidad que llamaremos humana, siempre  presunta o mejor aún, provisional y temporal, la que regía en los tiempos en que hubo humanos en el huerto...

Desconectado Teaius

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Re:Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #78 en: Julio 15, 2016, 17:14:03 »
A ver que día pasas esto a un blog.

No me importaría ver fotos de ese huerto riojano tuyo.


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Re:Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #79 en: Julio 15, 2016, 18:56:43 »
Gracias Teaius, pero me vendría bien que me explicaras qué  blog, donde y cómo en este foro.

Desconectado RoDro

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Re:Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #80 en: Julio 29, 2016, 11:15:54 »
wow! tu post es excelente! muy bueno... aunque a veces trágico

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Re:Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #81 en: Agosto 10, 2016, 13:15:58 »
Trágico, sí, como lo es a menudo la vida misma. Pero lo que llamamos tragedia, suele serlo para unos pero a la vez alegría y  progreso para otros. Para los bichos de mi huerto la vida es trágica si no espabilan y cumplen su ciclo vital antes de que Petrus los descubra. Por eso muchos se especializan hasta lo inimaginable: la psila del peral es tan pequeña que apenas se ve aunque sepas que está ahí mismo, chupando la savia en el envés de las hojas, el pulgón lanígero se encierra en un algodón blanco que invita a respetarlo en su inocente apariencia, la araña roja vive en el envés de las hojas, de modo que no la notas hasta que la planta decae ostensiblemente y te pones a investigar por qué... y para entonces, la mayoría han vivido a tu costa, han criado a sus retoños y solo consigues destruir a la última generación, y te queda la puesta de huevos de las demás, esperando sonrientes a la próxima primavera.
Así que un poco de tragedia, sí, pero la misma que he de soportar yo mismo cuando una avispa, antesdeayer, me muerde en el codo con intención homicida, o el mosquito, la hembra, común, me chupa la sangre sin reparos en cuanto me siento en mi hamaca sudoroso y cansado después de limpiar la acequia que le va a facilitar la puesta de sus huevos, abonados con mis proteínas hemáticas... Todos contra todos y el último , a la sartén. O , como digo yo mismo para consolarme inútilmente cuando se masca la tragedia o la destrucción masiva en el tablar de judías verdes apulgonado hasta el límite: tranquilos, amiguitos, hodie tibi, cras mihi. No se qué significa, pero como es lo que está escrito en la puerta del cementerio de mi pueblo, aquí al lado, seguro que tiene que ver con todo esto de matar y morir.
Nota del escriba de servicio: Hodie mihi, cras tibi, ( latín, hoy a mí, mañana a tí). Petrus lo sabe, pero, maliciosamente, truca el significado cambiando los pronombres. En realidad,Petrus truca bastantes cosas, incluidas las condiciones de mi contrato de trabajo. ¿ Qué hago yo, un escriba diplomado, en un mediodía de agosto, en un pobre huerto perdido, y a pleno sol ?

 
 

Desconectado petrus

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Re:Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #82 en: Diciembre 13, 2016, 10:33:18 »
El foro me avisa que hace 120 días como mínimo que no se ha publicadao nada en esta página. Y es que el foro no sabe, pues es en realidad una máquina , que en la vida de un humano hay ciclos de más de 120 días en los cuales no es posible escribir, crear ni, a veces, pensar con claridad.
Petrus habla a menudo de vida y de muerte , refiriendose siempre a los animalitos y seres ambiguos ( esos que no son ni carne ni pescado), que pululan por su huerto y cuya vida le importa en realidad muy poco. Pero esta vez, ese otro Gran Petrus que debe gobernar el huerto del mundo ha debido decidir que pruebe en mis carnes lo que administro a otros con tanta generosidad, y el pequeño Petrus ha estado a punto de viajar a conocerlo en persona. Y se ha sentido como debe sentirse, al menos figuradamente, ese pequeño pulgón que de pronto se encuentra encerrado en una gota de veneno lacerante llegada de no sabe dónde pero sí para qué, o la pequeña y blanca mariposa de la col que tropieza con una nube de gas invisible que no atravesará nunca... y Petrus se ha visto encerrado en su gota venenosa y lacerante y en su nube de gas particular, temiendo lo peor y esperándolo con ansiedad . Y ahora, pasado el tiempo de la prueba, recuperadas las fuerzas y el ánimo , he vuelto a m¡ huerto, a mi ahora casi desconocido huerto, desprovisto de casi todo lo que hacía de él un huerto, si no son los árboles, que siguen ahí, desafiando al sol, a la lluvia, a la sequía y al cierzo. Y así he podido saber, de cierto, cómo era y es al natural el paisaje de mi tierra, en realidad una herbosa sabana, amarilla de julio a septiembre, y una pradera verde de octubre a junio, y aquí y allí, grupos de árboles, pinos, encinas, cerezos y chopos , bajo los que cobijarse el leo y el guepardo, la hiena y la gacela o, si se tercia, últimamente, recién llegado de no se sabe dónde, algún homínido feo y desgarbado, sin garras, velocidad ni dientes respetables, al que nadie , sobre todo los felinos, augura mucho  porvenir...

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Re:Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #83 en: Enero 21, 2017, 12:04:42 »
Hace unos días, no más de tres o cuatro, sonaron en España las alarmas meteorológicas. Como este es un tema muy relacionado con los avatares de los huertos y sus cuidadores, sonaron también las alarmas del mío. Ya saben, bajas temperaturas, hasta siete grados bajo cero, toca cerrar grifos y vaciar tubos y tuberías, tal vez nieve... y puertos de montaña cerrados, hielo y cadenas en las carreteras, hipotermias, todo muy problemático para los urbanitas pero en realidad estupendo para mi huerto y aun mejor para su cuidador. Los árboles, por ejemplo los manzanos, necesitan cientos de horas con temperaturas bajas para brotar con fuerza en primavera, los parásitos pierden probabilidades de superviviencia, el hielo disgrega la tierra fértil demasiado compactada, y la nieve, si llega, suele ser un buen hidratante del suelo a medio plazo. Por todo ello, los agricultores de estas zonas de inviernos fríos y veranos calurosos suelen, solemos, ver las olas de frío como un pescador ve las mareas vivas, no como una inundación sino como una oportunidad, no como un desmán de la naturaleza sino como un beneficio adicional a las lluvias y la relativa paz del invierno.. 
Por cierto, los únicos desmanes reales de la naturaleza ( ese bichito con aspecto ratonil  que vive en arroyos y ríos limpios y frescos) que he visto en mi vida, lo fueron en el río Fresser, en el Pirineo de Gerona ( hoy se escribe Girona) y desde luego, si en mi acequia los hubo, hoy no se tiene memoria de ello. Es más, estoy convencido de que , si les pregunto a mis vecinos de huerto si han visto algún desmán esta mañana , probablemente me recomendarán llamar a la policía.
Pues bien, sonada la alarma, la realidad ha sido muy otra. Ha hecho, sí,  mucho frío, ha nevado más, ha habido incidentes y accidentes debidos al hielo, pero todo en otras partes y a cientos de kilómetros de mi huerto. En la burbuja particular donde él reside apenas se ha visto hielo y solo las plantas sensibles han sucumbido al frío. Todo lo demás, desde la fresca hierba del otoño hasta el delicado nectarino, todo permanece tranquilo, hibernando una vez más, soñoliento y respirando, calculo, una par de veces al día... ni rastro de psilas del peral, arañas rojas del manzano, trips de todo, pulgones de ídem, caracoles y babosas, insectos  y gasterópodos en general. Pero sé que estar, están; basta levantar con cuidado un viejo madero, un amasijo de hierba o una esquina del plástico que proteje mis matas de flores para ver, si se examina con cuidado, cómo todos sobreviven agazapados, con sus uniformes de camuflaje invernal, mimetizados  con el entorno, casi invisibles, suspendidas al máximo sus funciones vitales y reducidos al tamaño mínimo posible, creyendo confiados que la primavera volverá. No se si tienen sueños, pero si lo hacen, estoy seguro de que no aparezco en ellos. Y sé que no estoy por una razón sencilla: porque, salvo algun viejo saltamontes, y siendo tan jóvenes, no me han visto todavía. Y lo siento por ellos, porque seguramente me conocerán en un par de meses, si el año se presenta para Petrus un poco mejor que el pasado 2016, lo que no es difícil. Pero hay un peligro: que los que sepan rezar lo estén haciendo insistentemente, pidiendo un feliz 2017. Nunca se sabe.
 

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Re:Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #84 en: Agosto 07, 2017, 20:18:31 »
Sí, ya sé que han pasado muchos días sin aparecer por aquí. Afortunadamente para mí, Petrus sigue vivo y activo, lo que no es poco en los tiempos que corren. Y hoy retoma la pluma ( ¿ qué fue de la pluma y el lápiz, ahora que ni los niños las usan apenas ? ), para dar una feliz noticia, feliz para mi acequia , para mi huerto y para todo lo que lo rodea. Las ranas han vuelto. He estado a punto de escribir alguna vez esta frase al revés, las ranas han muerto, pero este año se ha producido un fenómeno extraño y feliz pero para el que tengo una explicación plausible que expondré al final.
EL hecho es que suelo regar mi huerto a través de un conducto de poco más de una pulgada de diámetro, que saca el agua directamente del fondo de la acequia. Hace unos días, cuando el agua de los surcos regados iba filtrándose, noté aquí y allí  ciertos movimientos en el barro que, convenientemente investigados, me demostraron que lo que se movía eran renacuajos , ya saben, la fase branquial de las ranas antes de metamorfosearse en adultas... Los rescaté de su angustia y los tengo agrupados y felices, o eso creo, en la arqueta de riego donde se remansa el agua antes de su distribución.  A los primeros siguieron los segundos, luego más y , finalmente, descubro que la acequia es ahora un hervidero de ellos, una especie de patio de colegio donde corretean los pequeñuelos a la espera de que les crezcan los pulmones...
Como saben mis lectores, mi acequia siempre ha tenido algunos de estos animalitos, pero casi de forma testimonial y siempre fugazmente. Pero este verano, observo que su presencia es constante y numerosa , casi una explosión de vida en un medio donde lo habitual era el bote vacío de veneno o la lata de sardinas usada, el tomate podrido arrojado al agua o las ramas de poda abandonadas en la orilla. ¿Por qué, de dónde han salido, qué ha ocurrido?.  La pregunta central no necesita respuesta , pero sí las otras dos.
Lo que ha ocurrido. Hace un par de años, se aprobó una ley exigiendo a todos los agricultores en ejercicio  acreditar su formación en el uso y manejo de pesticidas, mediante cursos apropiados. El hecho es que, a día de hoy, me consta que una gran mayoría los ha realizado y dispone de su carnet acreditativo. Por otra parte, a la hora de comprar cualquier producto , el vendedor debe comprobarlo y anotar a quién se le vende. Nótese que bastantes de esos productos son realmente nocivos y a veces tóxicos, y un manejo equivocado puede producir daños muy serios , incluso mortales.
¿Por qué hay ahora tantos renacuajos ?. Mi acequia era antes una especie de colector de residuos, incluidos, repito, recipientes  de esos venenos y basuras agrícolas en general. Al desaparecer estos productos del agua, pues ahora los agricultores han debido aprender que la mayoría son gravemente lesivos para los seres vivos, y han firmado en las facturas de ellos, se está produciendo una eclosión de animalillos que, espero, sea solo el comienzo de una nueva era de salud ambiental.
Y si hay renacuajos, habrá patos, cigúeñas y garzas, y con ellos se renovará el equilibrio perdido hace ya bastantes años. Hoy mismo , mi acequia bajaba llena de un agua verdeazulada, fría y rumorosa. No se dónde estaban sus habitantes, pues la corriente era fuerte, pero como otros días, cuando cesa la avenida y la acequia pasa a su régimen normal, reaparecerán, sin duda , para corretear de nuevo por sus fondos tapizados de algas .
Mientras tanto, ha sucedido un hecho curioso. Un mirlo cantaba en un árbol cercano su canción estival de cuatro o cinco notas cuando ha irrumpido de pronto en el ambiente la sirena de una ambulancia lejana en algún servicio urgente. A su vez, el  mirlo ha cambiado de partitura repentinamente y ha comenzado un extraño canto de una sola nota ululante seguida de otra más baja y corta...y  el ensayo ha durado lo mismo que el sonido de la sirena. No me cabe duda de que mi amigo el miro, tal vez el mismo maestro cantor de otros veranos, sigue practicando su música en los alrededores de mi huerto, por lo menos cuando no se pasea picoteando mis frutas descaradamente. Sol do, sol do mi la sol ...
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Re:Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #85 en: Agosto 14, 2017, 21:54:48 »
Hace unos días, mientras me dirigía ,como de costumbre, hacia mi huerto, me crucé con un ciclista que descansaba un momento  de la fatiga de la cuesta , nos saludamos  y entablamos conversación. El hombre, al que no conocía, se quejaba de que a menudo veía por esa zona a algunos mozalbetes probando las frutas de cada árbol que se cruzaba en su camino... A mí mismo me robaron no hace mucho. Uno o algunos rateros, pues el robo fue de  poca monta, entraron en mi huerto donde tengo los  frutales, entre ellos manzanos, y se llevaron  frutos de alguno de ellos. Eran manzanas pequeñas, a medio madurar, seguramente ácidas y nada dulces. Supongo que sería alguna banda de muchachos de las que que en esta época de vacaciones escolares deambulan por los alrededores de sus viviendas o en las proximidades de los pueblos  buscando algún entretenimiento . Hasta aquí, pues todos hemos sido niños, nada de particular, y no suele darse mayor importancia a estas travesuras, que no suelen traer, o no traían, consecuencias . Sin embargo, me atrevo a decir que en los tiempos que vivimos ya no podemos decir lo mismo y que esos niños pueden estar en peligro si no les acompaña la suerte. Suerte, porque casi cada año, esos árboles suelen padecer el ataque de una plaga típica del manzano llamada carpocapsa, un gracioso gusanito sonrosado que nos saluda desde la ventana  de su vivienda privada, un agujero taladrado en el flanco de las manzanas atacadas. Y hay que tratarlo, para eliminarla, con alguno de los productos especialmente preparados para ello, una sustancia líquida de esas en cuyos envases se leen cosas tenebrosas como: en caso de accidente o malestar acuda inmediatamente al médico  o,  nocivo por inhalación o ingestión o, plazo de seguridad 7, 14 o hasta 30  días, todas ellas poco tranquilizadoras. Mis rateros, a Dios gracias, esta vez, tuvieron suerte, pues el plazo de seguridad, según mis datos, que guardo por la mía propia, ya estaba cumplido y el producto ya no era un peligro  . Supongo y espero que no habrán tenido ningún síntoma, pero al fin y al  cabo, si no han lavado bien las manzanas, algún resto del insecticida podría haber quedado en la piel ... En mi época solíamos acudir al huerto del abuelo, bien provisto de todo, pero desprovisto entonces de estos agentes químicos tan modernos y específicos, de manera que el buen hombre nunca tuvo ninguna relación posible con estos asuntos, pero en esta época, ahora, casi todos los productos hortícolas y frutícolas  reciben tratamientos químicos  poco saludables para las plagas y, de paso, para quienes no respeten los plazos de seguridad. Y así, por desgracia, de vez en cuando, supongo que algún padre o madre preocupados no conseguirán explicarse los síntomas del hijo  a la vuelta de sus excursiones por los campos próximos ...¡ Hijo mío, qué mal te ha sentado ese vaso de agua fría que te has bebido... !. Lo malo de esta película es que, según mis cálculos, en los próximos días debo repetir el tratamiento, pues el ciclo del parásito lo exige, para proteger la producción y mis intereses. Uso un producto poco tóxico, pero no puede estar bajo los árboles avisando, y por otra parte, en la zona hay miles o millones de ellos, todos con el mismo protocolo de cultivo. Y sobre estos temas se escribe y se habla muy poco. Hace años me impactó una noticia que transcribo, más o menos como la recuerdo: fallece un hombre intoxicado por ingerir unos albaricoques tratados con insecticida... Avisemos a nuestros hijos y nietos, si los tenéis, que las gloriosas tardes de verano en libertad por los campos y los huertos del pueblo esconden algunos peligros que no se ven y a menudo ni se huelen... y pedid información al abuelo al respecto.

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Re:Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #86 en: Septiembre 10, 2017, 23:27:16 »
Acabo de oir las noticias del día, entre las que sobresalen las referidas al huracán atlántico llamado Irma ( que no es Irma la dulce precisamente),  impactando de lleno contra la costa suroeste de Florida... Sin embargo, en mi huerto, esta tarde, pacífica tarde de domingo , nada había parecido a un huracán, tan solo bandas de nubes agrisadas , nimboestratos , procedentes del noroeste, restos de un frente cálido, una brisa húmeda y tibia y, a ratos,  algo de lluvia, un tenue murmullo hecho de millones de minúsculas pisadas sobre las hojas, el suelo desnudo o la hierba, las pisadas de todos los pequeños habitantes del huerto marchando a la vez y saludando. Era un sonido casi musical, sin notas ni compás, pero armonioso y sedante, como ese murmullo de la gran orquesta antes del concierto, mientras sus componentes afinan quedamente los instrumentos. Pero en mi huerto hoy no tocaba concierto alguno , según el programa de la madre Naturaleza, y acabado el breve afinado, la orquesta ha recogido sus bártulos y se ha ido con la música a otra parte. Y es que parece que los grandes conciertos estos días los celebra en el Atlántico, donde un rosario de huracanes, estamos en plena temporada, se aprestan a destrozar el Caribe una y otra vez. El mismo viento suave de esta tarde, que ha venido cabalgando sobre el lomo nordeste del anticiclón de las Azores , bajará estos días hasta Canarias y desde allí, ya caliente y húmedo , se enroscará en alguna depresión sobre los mares del trópico y terminará en otro nuevo huracán de este otoño. Y es que la madre Naturaleza,y en concreto la atmósfera, está, según parece, cada año un poco más caliente. Y ese calor es, sencillamente, más energía disponible, y esa energía se manifiesta en fenómenos más activos y potentes. Para empezar,  Irma parece ser el huracán más potente de cuantos se han documentado hasta hoy por los servicios meteorológicos mundiales. Dado lo  caótico que es el clima, si no aparece otro record en cien años, podremos considerarlo normal , pero si se repite mucho antes , que me temo que ocurrirá , habrá que ir pensando en un  futuro de vientos huracanados y lluvias torrenciales y en reforzar las raíces de los árboles, rebajar su altura, reducir la superficie de su follaje y robustecer su tronco para resistir el nuevo clima desatado. Ya se, querida acequia, qué tenemos que ir plantando, por si acaso: nada de palmeras y cocoteros, nogales y perales, mejor baobabs. Y, de paso, como en el medioevo, volver a ciudades plantadas sobre colinas y a casas de piedra, prohibiendo rigurosamente las de madera, que suelen arder fácilmente y, en caso de inundación, primero se rompen y después, eso sí,  flotan los restos ...