Toni Hernández

La carretera y los hijos de la selva


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schmidt_cover_lgLa Humanidad está sumida en la destrucción de su diversidad cultural. En paralelo a la devastación de sus ecosistemas, la homogeneización del mundo global aniquila lenguas, culturas y formas de vida, cuando no perpetra auténticos genocidios. Es cierto que se ramifican los enfoques y las maneras de entender la modernidad, pero esta fractalidad no es equiparable a la pérdida etnográfica masiva que se ha producido impunemente en el último siglo. Viggo Mortensen apadrina una obra para recordárnoslo.

Será que, como empezaba Cormac McCarthy en su En la carretera, nos aguardan “Noches más tenebrosas que las tinieblas y cada uno de los días más gris que el anterior. Como el primer síntoma de un glaucoma frío empañando el mundo”. Y quizá un día nos despertaremos junto a nuestro hijo acurrucado, tiritando, sin comprender adónde hemos conducido a la Humanidad. No hablamos de un invierno nuclear como el de McCarthy, de población escasa por fenecida tras un desastre, sino de un mundo superpoblado por consumidores tan ávidos de recursos como de parecerse unos a otros.

En “Hijos de la Selva” (Perceval Press), los antropólogos Federico Bossert y Diego Villar ponen el alma de las letras a las fotografías, únicas e irrepetibles, del naturalista y explorador Max Schmidt. La excelente edición, de referencia para cualquier amante de la antropología, pasaría desapercibida para el gran público si no fuese porque viene apadrinada por el mediático Viggo Mortensen. Quiero descubrir (y descubrirme ante) Viggo Mortensen por comprender la alegoría y a aquel personaje de McCarthy que interpretó magistralmente –y al que hizo tan real como fatídico, quizá su mejor papel–, incluso para los que habíamos leído antes la novela.

Schmidt supo adentrarse en el cosmos indígena, con delicadeza y huyendo del universalismo cultural positivista, del racismo y del etnocentrismo preponderante en su época (y hasta nuestros días). Su exploración de comunidades perdidas del Gran Chaco paraguayo, o antes del Mato Grosso brasileño, es ahora casi imposible: estas comunidades están perdidas por encontradas, se destruyen porque, antagónicamente a la novela de McCarthy, ahora la carretera no es una vía de salvación o un camino a seguir en una civilización derrumbada, sino el agorero del principio del fin de la diversidad, la aguja hipodérmica que inocula la globalización. Caben, ahora, dos finales.

No obstante, no está todo perdido. “Hijos de la selva”, como sólo las grandes obras pueden hacer, nos sirve de lección para nuestros propios hijos: entre sus páginas está el destello futuro de una Humanidad diversa que debemos enseñar a respetar y aprender a conservar. Porque la existencia puede afrontarse de muchas formas.

Y cito de nuevo a McCarthy, para concluir y zozobrarnos, su final del libro: “En sus lomos había dibujos vermiformes que eran mapas del mundo en su devenir. Mapas y laberintos. De una cosa que no tenía vuelta atrás. Ni posibilidad de arreglo.”.

 

HIJOS DE LA SELVA | SONS OF THE FOREST.

Federico Bossert, Diego Villar, ed. Viggo Mortensen.

ISBN 978-0-9895616-0-0. $39, Hardcover/Tapa dura, 146 pages/páginas, bilingual/bilingüe.

 

NOTA: Este artículo es propiedad original del autor citado, aunque ha podido ser publicado anteriormente en otros medios, en cuyo caso aparecen descritos al final del mismo. En caso contrario o en notas de prensa el autor aparecerá como "Noticias de Internet"

2 Comentarios hasta el momento »

  1. Nico dijo

    20 de Marzo del 2015 a las 15:00

    Me lo apunto como lectura.

  2. Pragya dijo

    3 de Diciembre del 2015 a las 17:17

    Fui gueda del grupo de los Cubeos en crea Bogota. lo fanico que tengo para decir es que fue inolvidable ,lo mas bnotio que he visto, el tiempo de compartir de los creadores y cultores, el grandioso desfile por la se9ptima, algo espectacular lo recuerdo con carif1o saludos a todos los que estuvieron alled.

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