El herpes simple, una afección común, genera in vitro signos típicos del Alzheimer
La búsqueda de un tratamiento para la enfermedad del Alzheimer constituye uno de los mayores retos a los que se enfrenta la ciencia actual, pues no en vano hablamos de la demencia más frecuente y la tercera causa de fallecimiento en todo el mundo, que en España afecta a casi un millón de personas. En los últimos años se ha visto una posible asociación entre esta enfermedad neurodegenerativa y el herpes simple, un virus muy común. Un reciente resultado experimental de investigadores españolas refuerza esta tesis.
La acumulación de una proteína típica de los cerebros afectados por la enfermedad del Alzheimer ha sido reproducida in vitro en neuronas inoculadas con el virus del herpes simple, causante de una infección muy habitual en gran parte de la población. El estudio, realizado por un grupo de investigadores españoles del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa —dependiente de la Universidad Autónoma de Madrid y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas—, apunta de este modo a una relación entre la demencia más frecuente en el mundo y sin cura conocida, el Alzheimer, y el virus del herpes simple tipo 1 (HSV-1), una afección corriente y de contagio directo que suele ocasionar escozor e inflamación en los labios y la boca.
La relevancia de este trabajo liderado por la investigadora Gema Álvarez es que reproduce en el laboratorio, a través de la infección de células neuronales con HSV-1, uno de los signos neuronales clásicos del Alzheimer: la presencia anómala de la proteína tau en un estado no usual. Este resultado demuestra que el virus, a través de su replicación en el núcleo celular, es capaz de modificar la fosforilación de esta proteína, concluyendo sus autores que este mecanismo “podría contribuir a la neurodegeneración masiva característica de la enfermedad del Alzheimer”, según indican en el artículo publicado en mayo de este año en la revista Journal of Neuroscience Research.
Precisamente, la presencia de ovillos fibrilares en el interior de las neuronas y el depósito de las llamadas placas seniles en su espacio extracelular constituyen dos cambios característicos del tejido cerebral de quienes padecen Alzheimer. Estos signos, ya descritos desde hace casi un siglo por la ciencia, se deben, respectivamente, a conglomerados de proteína tau anormalmente fosforilada (hiperfosforilada) y a depósitos de un péptido llamado beta-amiloide.
Nueva evidencia de una relación ya conocida
Rafael Alonso Solís, catedrático de Fisiología de la Universidad de La Laguna (ULL) y director del Instituto Universitario de Tecnologías Biomédicas de Tenerife (IUTB), indica que este trabajo “constituye una evidencia más, a nivel celular, del posible papel de la infección por el virus del herpes simple como coadyuvante del desarrollo de una neurodegeneración tipo la enfermedad de Alzheimer”.
Alonso Solís, quien ha investigado sobre esta patología, explica que “el interés de esta nueva aportación radica, precisamente, en que demuestra de forma consistente y rigurosa que el virus del herpes simple es capaz de reproducir en una célula nerviosa alguna de las alteraciones metabólicas que se dan en neuronas afectadas por el Alzheimer, lo que evidentemente indica una asociación entre ambos, que ya se había apuntado en estudios recientes”.
En efecto, los investigadores del Severo Ochoa han logrado recrear con un modelo experimental las consecuencias de la infección de células neuronales con el virus del herpes simple tipo 1. Como resultados observaron la alternación de las cascadas de señalización molecular dependientes de diferentes quinasas —enzimas encargadas de la fosforilación— y, al cabo de este proceso bioquímico, la hiperfosforilación de la proteína tau.
Predisposición genética, factores diversos
Al respecto, Alonso Solís matiza que, “aunque se han hecho numerosos esfuerzos experimentales para identificar un mecanismo etiopatogénico común para la enfermedad del Alzheimer, la realidad es que muy probablemente sea una alteración neurodegenerativa en la que actúan cooperativemente varios factores en un entorno genético predispuesto”.
Así, “en el caso concreto de la hiperfosforilación de la proteína tau, que parece una constante en el desarrollo del Alzheimer, acaso pueda tener muy diferentes orígenes, tales como infecciones virales propiamente, inflamación o alteraciones metabólicas generales”, explica el científico de la ULL y el IUTB, quien resume que con este trabajo “se ha identificado un potencial mecanismo etiopatogénico de la enfermedad pero tal vez no el único”, persistiendo el pulso que esta patología plantea a la ciencia.
No en vano, la investigación sobre el Alzheimer constituye uno de los ‘puntos calientes’ de la actividad científica en la sociedad occidental, debido, principalmente, a la extraordinaria preponderancia que ha adquirido esta patología neurodegenerativa. Su alta prevalencia e incidencia ha venido de la mano de “la mayor esperanza de vida actual y la disminución de la mortalidad”, como señalan desde el Centro de Referencia Estatal de Atención a las Personas con Enfermedad de Alzheimer y otras Demencias, dependiente del Imserso y ubicado en Salamanca.
Un reto social y científico a escala mundial
Tal es la relevancia social de la enfermedad que el pasado año 2011 el Parlamento Europeo aprobó una resolución en la que la definía como “un gran reto para las sociedades europeas”. Esta institución instaba a todos los estados miembros de la Unión a coordinar “los esfuerzos de investigación clínica y multidisciplinar sobre las causas, la prevención y el tratamiento de la enfermedad de Alzheimer”.
¿El motivo para este llamamiento a la cooperación entre países? Las cifras, que hablan por sí solas: la enfermedad que el neurólogo alemán Alois Alzheimer observara en 1906 en el tejido cerebral de una mujer fallecida por un extraño padecimiento mental es hoy la principal causa de demencia en el mundo y afecta a más de 25 millones de personas, además de ser la tercera causa de muerte por detrás de las enfermedades cardiovasculares y el cáncer.
Infradiagnosticada, devastadora y cara
Por si fuera poco, los expertos consideran que continúa estando infradiagnosticada, cuando no directamente mal diagnostica y metida en el cajón de sastre de las demencias seniles. Actualmente, en España son 600.000 las personas identificadas como afectadas, si bien se estima que realmente la padecen 200.000 más, según la Confederación Española de Asociaciones de Familiares de Personas con Alzheimer y otras Demencias (CEAFA), organización sin ánimo de lucro que recuerda que, si se tiene en cuenta a los cuidadores de los enfermos, el Alzheimer en nuestro país afecta a 3,5 millones de personas.
El Alzheimer, como el resto de demencias, es devastador no ya para quienes lo sufren, sino también para sus familias y, especialmente, los responsables directos de su cuidado, constante y diario. El entorno de los enfermos ha de enfrentar enormes obstáculos en forma de dificultades emocionales, físicas y económicas. Este último aspecto no es en modo alguno menor, pues los costes directos de la atención médica y social del Alzheimer en Europa ascienden a 135.000 millones de euros, según cifras del Parlamento Europeo, institución que considera que la demencia debe declararse una prioridad en materia de salud.
Lenta e imparable
En cuanto a la manifestación clínica de la enfermedad, CEAFA señala que esta afección neurodegenerativa, de carácter progresivo y origen aún desconocido es de aparición lenta, siguiendo una evolución que dura años. Así, de una fase inicial de pérdida de memoria y desorientación temporal y especial se pasa a otra en la que se resiente la fluidez en el habla y aparecen dificultades motoras que entorpecen las actividades cotidianas de los afectados.
En un estadio más avanzado, la incapacidad es profunda e irreversible y el enfermo se vuelve totalmente dependiente, llegando a dejar de hablar, no reconocer a las personas de su entorno y presentar incontinencia urinaria y fecal. Una creciente rigidez muscular restringe su movilidad, relegándole a una silla de ruedas y, al fin, a la cama. Asimismo, pueden aparecer otras manifestaciones psicológicas como ansiedad, angustia, agresividad o depresión.
El Alzheimer, cuya prevalencia se incrementa con la edad y sobre todo después de los 60 años, no tiene tratamiento curativo, si bien existen alternativas farmacológicas que pueden, como mucho, enlentecer su progresión. No obstante, la ciencia, con trabajos como el del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa aquí analizado, no rehúye la batalla por alcanzar mayores conocimientos sobre la enfermedad, mantenimiento las esperanzas de los afectados de hoy y, sobre todo, de mañana.
Referencias:
Álvarez, G., Aldudo, J., Alonso, M., Santana, S. and Valdivieso, F. (2012), Herpes simplex virus type 1 induces nuclear accumulation of hyperphosphorylated tau in neuronal cells. J. Neurosci. Res., 90: 1020–1029. doi: 10.1002/jnr.23003.
Artículo publicado para el máster de la UNED de Periodismo Científico y Comunicación Científica










