Toni Hernández

El enigma del ahora


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Una de las cuestiones que atribula a la Humanidad desde que es consciente de ella misma es el misterio del tiempo. El tiempo celular, que marca el ritmo con el que nuestras células se acaban consumiendo tras un cierto número limitado de reproducciones; el tiempo biológico, que nos conduce a la muerte como organismo; y el tiempo psicológico, subjetivo, que varía según nuestras circunstancias y entorno, son todos ellos tiempos que se conectan con el inexorable tiempo físico y que determinan el halo tenue existencial que circunscribimos a lo que llamamos Ahora.

El Ahora es el atrevido objeto de estudio que el físico Richard A. Muller ha abordado en su último ensayo. La física del tiempo, como reza el acertado subtítulo de la obra, y sus implicaciones y ramificaciones epistemológicas, es el hilo conductor principal de Muller, mediante el cual pretende desentrañar los motivos por los que percibimos el presente tal y como lo hacemos. Porque el presente es un conjunto de medida nula, un origen que se desplaza, un cero que no podemos asir ni medir; se nos escapa al transformarse en pasado y, aunque seamos capaces de efectuar predicciones sobre él, jamás vivimos el futuro.

¿Por qué el Ahora es un umbral temporal, un límite del futuro al que nunca llegamos? El tiempo vivido es siempre pasado menos el Ahora. ¿Se crea tiempo a cada instante a la vez que se expande el Universo? ¿Está asociado el tiempo a una dimensión espacial en la que se hermana con la velocidad de la luz? ¿Por qué la flecha temporal siempre va hacia adelante? El enfoque científico de Muller es imprescindible por exhaustivo y empiricista, pues recorre de forma amena los fundamentos de relatividad y cuántica necesarios para explicar el tiempo, pero siempre aportando, como buen físico experimental, las evidencias que sostienen las modernas teorías sobre el tiempo. Para lectores más avanzados se desplazan de forma adecuada a los apéndices algunas ampliaciones y reflexiones teóricas más sesudas (hay ahí fórmulas y demostraciones para el que las quiera).

Muller no se arredra ante la filosofía de la ciencia “Más allá de la física”. Ni con la teología. Es quizá en este punto donde se excede, a mi modo de ver, posicionándose y, de alguna manera, vinculando entre líneas el tiempo a la creación divina, mezclando ciencia con creencia. Sin caer en el fisicalismo, no era necesaria ninguna aproximación a Dios o a su ausencia, ni listar citas relacionadas con Dios de algunos grandes científicos de la historia. ¿Son argumentos de autoridad para atacar al ateísmo y al fisicalismo? Pero Muller prefiere mojarse personalmente, mostrarnos sus cartas, sus creencias, quizá para ser honesto hasta el final al responder preguntas que otros ensayistas omiten por conflictivas, cuando el lector se cuestiona, “todo esto está muy bien, pero ¿este tipo será creyente, agnóstico o ateo?”. Él es así, diáfano en lo para otros íntimo, como hizo en su anterior “Física para futuros presidentes”(2009) que, por cierto, no debe haber leído Donald Trump. Y así, la mezcla final, aunque sincera, corre el peligro de confundir a algunos lectores que acaben extrayendo conclusiones erróneas sobre el vínculo entre la profusa ciencia del libro y la religión. ¿El fisicalismo es un problema? Trátelo en otra parte profesor Muller, aquí se distrae del Ahora.

El libro es un abigarrado cúmulo de dudas que tienen respuesta científica, de vicisitudes en el tiempo vivido por Muller y de giros narrativos geniales. Muller aprovecha su propio hilo vital para narrarnos los espectaculares cambios en la concepción física del tiempo a lo largo del siglo XX y en este inicio de XXI, bien conectados con la historia de la ciencia. Gozamos así al Muller joven físico experimental, las conexiones teóricas de su madurez y nos ponemos cascarrabias con él y su filosofía final. Serán cosas de la edad y del tiempo. Disfruten del Ahora.

 

Richard A. Muller (2016). Ahora. La física del tiempo. Barcelona: Pasado & Presente. 348 páginas.

Entrevista en NAUKAS a Richard A. Muller.

 

NOTA: Este artículo es propiedad original del autor citado, aunque ha podido ser publicado anteriormente en otros medios, en cuyo caso aparecen descritos al final del mismo. En caso contrario o en notas de prensa el autor aparecerá como "Noticias de Internet"

3 Comentarios hasta el momento »

  1. Bitacoras.com dijo

    18 de diciembre del 2016 a las 13:19

    Información Bitacoras.com

    Valora en Bitacoras.com: Una de las cuestiones que atribula a la Humanidad desde que es consciente de ella misma es el misterio del tiempo. El tiempo celular, que marca el ritmo con el que nuestras células se acaban consumiendo tras un cierto núme...

  2. petrus dijo

    20 de diciembre del 2016 a las 19:35

    La referencia a Dios o, si se quiere algo más light, a lo religioso, se hace necesaria si se profundiza lo suficiente, aunque suele ser más cómodo suspender el proceso y quedarse en tierra de nadie o simplemente parar...
    ¿Proceso? Por qué o cómo es que hay algo, que se preguntaba Nietszche.
    Si hay algo ahora, en el tiempo de nuestro cosmos, necesariamente jamás se dió la nada, pues en ese caso, de ella no pudo seguirse algo... luego siempre hubo algo necesario y eterno, auto-ser, como contrapeso de la nada que nunca pudo darse. Hay y hubo algo,un ser autónomo ,necesario, eterno, que la evitó.
    ¿ Y qué o quién es ese algo? Disyuntiva: O el cosmos o algo distinto de él . Empecemos haciendo el balance inicial en el tiempo menos infinito: Suma del todo= autoser, eterno, plenitud y perfección del ser más alla de cuanto podamos imaginar, ser absoluto. ¿ Por qué absoluto ? Porque cuanto concibo, pienso o ideo, es y nace de él. Y como concibo y pienso absolutos, infinitos, perfectos , y todo estaba en el balance...pues estaba de alguna forma en él.
    En el balance original inalterado, la suma es siempre la misma y sencilla, el autoser, sea lo que sea. Como todo es o procede de él, cuanto es,ha sido o será se podrá leer en la cuenta única de ese balance, no nulo, en el autoser. Y con él y desde él, hasta lo secundario y creado,si lo hay, lo físico y lo mental,incluidas las ideas y los axiomas: orden, belleza, geometría, amor, perfección, tiempo, matemáticas, gravedad,yo, tu, el ... y absolutamente cuanto pueda se pueda idear y más.
    ¿ Tiene el cosmos todo el orden, inteligencia, belleza, geometría , perfección... absolutos ? NO. Luego el cosmos no posee la perfección del autoser, es solo el espejo imperfecto que refleja la luz de la lámpara perfecta, eterna, del Autoser... al que habrá que darle un Nombre, si os atrevéis. No es muy difícil, Dios.

  3. Therfer dijo

    22 de diciembre del 2016 a las 13:43

    Petrus, ¡genial planteamiento dicotómico-platónico! Muller tiene la osadía de mojarse, aunque a veces en la lectura lo percibo más como una forma de intentar dar estopa al fisicalismo...

    ¡Felices fiestas (o Feliz Navidad,según creencias...)! ¡Disfrutad del Ahora! ¡Evohé!

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