Toni Hernández

Ciencia práctica a reacción


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En un mundo cada vez más virtualizado, el aprendizaje de las cienciasUncocheareaccion_small necesita más que nunca experimentos que materialicen los conceptos y que pongan en contacto con la física y la química el esponjoso cerebro de los más jóvenes. Y si puede ser a bajo coste, mejor. Pues eso es lo que ha logrado Jordi Mazón en “Un coche a reacción y otros experimentos”, una ilustrada colección de experiencias sencillas con las que fomentar y aposentar las vocaciones científicas y pasar buenos ratos en familia.

Tras el anterior “Un submarino de aire y otros experimentos”, el físico y divulgador científico Jordi Mazón vuelve a sorprendernos con una segunda retahíla de divertidos experimentos. No se le agota el seso. ¿Para niños? También, pero los oficinistas aburridos que no tengan reparo en poner a prueba sus sillas (y sus nociones de física) y los padres que deseen interactuar con sus hijos más allá de las ubicuas pantallas gozarán sin duda con esta nueva entrega de experiencias prácticas.

Y es que hay a menudo una queja, generalizada entre muchos progenitores, sobre la preeminencia de las tabletas, los videojuegos o las aplicaciones móviles en el tiempo de ocio de sus hijos. También muchos docentes se apuntan al carro de las denominadas nuevas tecnologías, la ludificación o el aprendizaje móvil, aunque mascullando sobre el excesivo uso lúdico de las opciones digitales de su alumnado. Y está claro que es necesario que nuestros jóvenes, sumidos en la era del aprendizaje digital, dominen el mundo virtual, pero, ¿qué les ofrecemos fuera de él? ¿Nada? No nos quejemos entonces de que estén siempre conectados.

No es incompatible una buena formación tecnológica con la experimentación práctica: de hecho es deseable que en la maduración intelectual se den en paralelo ambas concepciones educativas. Por eso es tan importante que expertos como Jordi Mazón se esfuercen en acercar la ciencia a las futuras generaciones de científicos. Sin obras como la suya disminuirían en los próximos años las llamadas vocaciones científicas. Porque es imprescindible tener alternativas a la virtualización, para lograr una educación científica equilibrada y no exclusivamente virtual. El desarrollo del pensamiento científico, de la lógica y la capacidad de razonamiento, se potencia en especial mediante el contacto directo, sensorial y corporal, con el objeto de estudio.IMG_5084

El método científico requiere de datos sobre los que reflexionar, y como cuando los niños cocinan, los platos guisados por uno mismo siempre tienen un sabor especial. Y ahí Mazón se atreve a darnos recetas de cajas de humo, platos deslizantes, cohetes de agua, coches a reacción, o extintores caseros de dióxido de carbono. Ricos, ricos y con fundamento. Pruébenlos ustedes mismos y gocen del descubrimiento, la sorpresa y la alegría del púber que se acerca por primera vez a un fenómeno físico. Tal vez sean sus alumnos o sus hijos, o despierten y emocionen al niño que siempre han llevado dentro.

 

UN COCHE A REACCIÓN y otros experimentos. Jordi Mazón (textos) y Raquel Gu (ilustración). Lectio/Cossetània. 60 páginas.

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NOTA: Este artículo es propiedad original del autor citado, aunque ha podido ser publicado anteriormente en otros medios, en cuyo caso aparecen descritos al final del mismo. En caso contrario o en notas de prensa el autor aparecerá como "Noticias de Internet"

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