La magdalena de Proust y el perro de Pavlov
Por Helena Matute .- ¿Ciencias o letras? Hay tantos ejemplos en la historia de la ciencia
y la literatura donde ambas se entremezclan. Mi ejemplo favorito es el de Proust
y Pavlov. El protagonista de la novela de Proust está condicionado, el
perro de Pavlov también. La forma en que Proust y Pavlov lo abordan es
radicalmente distinta, pero ambos están fascinados por el mismo descubrimiento.
"Me llevé a los labios una cucharada de té en el que
había echado un trozo de magdalena. Pero en el mismo instante en que
aquel trago, con las migas del bollo, tocó mi paladar, me estremecí,
fija mi atención en algo extraordinario que ocurría en mi interior.
Un placer delicioso me invadió, me aisló, sin noción de
lo que lo causaba…"
(Marcel Proust. "En busca del tiempo perdido")
El famoso pasaje de la magdalena de Proust es la mejor descripción que
conozco del condicionamiento clásico de Pavlov. La magdalena había
sido asociada a la felicidad de la infancia y producía ahora en el protagonista
adulto de la novela la respuesta condicionada: un placer delicioso, intenso,
extraordinario, que surgía inesperadamente del interior de la magdalena…
el protagonista no era capaz de explicárselo. No son sentimientos subjetivos,
ni siquiera sensaciones asociadas a una cultura y un tiempo y un lugar lo que
Proust describe. Son experiencias psicológicas básicas, verificables
en cualquier persona, en cualquier lugar, en cualquier tiempo. Es condicionamiento
clásico. Eso sí, puesto en bonito.
Resulta curioso constatar cómo el diapasón de Pavlov y la magdalena
de Proust son una misma cosa, estímulos condicionados. Igual que la canción
que nos hace revivir un viejo romance o el aroma del perfume que nos reaviva
un deseo inexpresado. Proust supo describirlo en toda su intensidad. Pavlov
prefirió analizarlo. El sonido del diapasón provocaba en los perros
de Pavlov la misma reacción de salivación que en condiciones normales
vendría provocada por la comida; la magdalena de Proust evocaba en el
protagonista de la novela las mismas sensaciones que en su día producían
los veranos felices de la infancia. En términos científicos se
trata de fenómenos idénticos.
¿Leyó Proust a Pavlov o Pavlov a Proust? No he logrado encontrar
referencias sobre ello. Proust (1871-1922) y Pavlov (1849-1936) se percataron
de la existencia del condicionamiento clásico en la misma época,
y ambos decidieron investigarlo, aunque de maneras muy distintas. Pavlov en
el laboratorio, analizándolo una y otra vez con sus perros, controlando
muy bien las condiciones experimentales. Proust, en cambio, usándose
a sí mismo como sujeto experimental, probando una y otra vez el sabor
de la magdalena, pero perdiendo así la felicidad que surgía de
ella, pues para su desgracia, la sensación disminuía en intensidad
con cada nuevo intento (o sea, se extinguía, que diría Pavlov).
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Resulta curioso constatar cómo el diapasón de Pavlov y la magdalena |
Pavlov y colaboradores en San Petersburgo hacia 1900 |
Nadie como Proust ha sido capaz de divulgar tan bien, y en tan pocas páginas
(y lo digo a pesar de que Proust, como ya han dicho sus críticos, da
vueltas y vueltas a la idea), el condicionamiento pavloviano. Pavlov, más
científico, dedicó años enteros de investigación
a descubrir cómo un sonido asociado con comida llegaba a provocar salivación
en sus perros, a estudiar cómo se extinguía la respuesta de salivación
si seguía presentando sólo el sonido en varias ocasiones (al igual
que el sabor a felicidad de la magdalena de Proust disminuía en intensidad
cada vez que el protagonista de la novela volvía a probarlo), o a estudiar
cómo se recuperaba después la respuesta espontáneamente
si el sonido dejaba de presentarse durante un tiempo (también lo describe
Proust, cuando el protagonista deja de probar la magdalena por un tiempo y consigue
así recuperar más tarde toda la magia que surge de ella).
Pero el condicionamiento clásico no sólo provoca salivación
o felicidad. También provoca miedo, nostalgia, deseo, excitación
sexual, estrés, relajación, alivio, euforia, nauseas… El estímulo
más insospechado puede dar lugar a sensaciones y reacciones intensas
que a menudo, como al protagonista de Proust, nos parecen inexplicables. No
es de extrañar que los escritores de hoy sigan empeñados en describirlo
y los científicos lo estén analizando en todos sus detalles (véase,
por ejemplo, Dickinson, 1980). Aunque sólo sea para conseguir comprender
cómo es posible que la dicha, o la tristeza, incluso el miedo de un niño,
puedan brotar, años más tarde, del interior de una magdalena condicionada.
Bibliografía
Dickinson, A. (1980). Teorías actuales del aprendizaje animal. Traducción
española: Editorial Debate, Madrid, 1984.
Pavlov, I. (1927). Los reflejos condicionados. Traducción española:
Editorial Morata, Madrid, 1929.
Proust, M. (1919-1927). En busca del tiempo perdido (1- Por el camino de Swann).
Traducción española: Alianza Editorial, Madrid, 1966.
Enlaces:












Marienma dijo
27 de Junio del 2010 a las 21:15
Bueno no creo que sean comparables. En el condicionamiento de Pavlov la campana está siempre asociada a la comida y por eso se produce la salivación, pero puede que el hecho de comer magdalenas sea tan sólo un recuerdo de una etapa feliz (la infancia), más no por eso tiene que ser la magdalena un estímulo condicionado. Probablemente y por citar un ejemplo, porque es difícil la ocurrencia de que en “todas” las ocasiones en las que el sujeto comiera una magdalena fuese feliz. Esas ocasiones estarían repletas de una diversidad de estímulos en los que no está la magdalena en exclusiva. Creo que se está siendo tendencioso en este artículo, puede valer como metáfora, pero nada más.
Saludos.
Juan Carlos Soriano Giménez dijo
27 de Junio del 2010 a las 22:49
La verdad es que ya tenia casi olvidado a Proust, lo intenten leer hace algunos años, bueno hace muchos años pero me canse. Entonces no sabia casi nada de psicologia y mucho menos del condicionamiento clásico y el pasaje de la magdalena que si que me leí no me llamo especialmente la atención. Años después me puse a estudiar psicologia en la UNED para hacer Industrial y Recursos Humanos y tuve que pasar por mis buenas lecciones de Aprendizaje y Condicionamiento. Como es una asignatura algo árida los del gremio, los psicólogos o los psicólogos en mantillas, la hacemos más duradera con anécdotas tomadas de la vida real.
Que duda cabe que el condicionamiento clásico lo explicábamos con Homer Simpson diciendo aquello de: Hum …….. rosquillas, mientras se le caia la baba. Lo de Proust no lo tenia por lo que parece disponible en la memoria hasta que una compañera de la UNED me paso este enlace en una conversación de chat.
Muy bueno, gracias por recordarme lo de la magdalena. Al fin y al cabo estamos a “la Recherche du temps perdu”. Como Proust al que quizás convendría poder hacer una relectura con lo que he aprendido en todo este tiempo.
La magdalena de Proust y el perro de Pavlov | Helena Matute dijo
7 de Febrero del 2012 a las 21:10
[…] artículo lo publiqué originalmente en 2003 en e-ciencia.com. El artículo original puede […]
Serafín G. León dijo
11 de Febrero del 2012 a las 17:06
En las obras de la literatura universal tenemos un gigantesco legado sapiencial con infinidad de ideas y observaciones sobre el hombre y el mundo.
La ciencia y el conocimiento basado en la evidencia debe escarbar también ahí, pues hay muchos tesoros.
¡Más Psicoteca! « de mente dijo
7 de Mayo del 2012 a las 18:42
[…] MAV: ¿Donde tienes lo de la madalena? […]