Criterio de demarcación

Criterio de demarcación
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El problema de la demarcación se refiere, dentro de la Filosofía de la ciencia, a cómo definir los límites que configuran el concepto "ciencia". Las fronteras se suelen intentar establecer entre lo que es conocimiento científico y no científico, entre ciencia y pseudociencia, y entre ciencia y religión. Una forma de este problema, conocido como el problema generalizado de la demarcación abarca estos tres casos. El problema generalizado intenta encontrar criterios para poder decidir, entre dos teorías dadas, cuál de ellas es más científica.
Tras más de un siglo de diálogo entre filósofos de la ciencia y científicos en diversos campos, y a pesar de un amplio consenso acerca de las bases del método científico según algunos,[1] y de una carencia de consenso según otros,[2] los límites que demarcan lo que es ciencia, y lo que no lo es, continúan siendo profundamente debatidos.[3]
[editar] Historia
[editar] Distinción entre doxa y episteme en Platón
Platón distinguía entre dos tipos de conocimiento a los que se refería como doxa y episteme. Según él, el conocimiento fenoménico, al que se refería como doxa, es engañoso. Platón contrapone la doxa a la episteme; a veces esta última se traduce como con la palabra "ciencia" pero para Platón la episteme sólo tiene desarrollo en el mundo de las ideas (conocimiento intelectual puro) pero no el mundo sensible que es del que se ocupa la ciencia.
[editar] Separación entre ciencia y religión
El problema de la demarcación es una cuestión relativamente reciente. El problema puede rastrearse hasta el momento en que la ciencia y la religión alcanzaron gran independencia la una de la otra. En 1874, el historiador de la ciencia John William Draper publicó su Historia del conflicto entre Religión y Ciencia.[4] En él retrata al completo la historia del desarrollo científico como una guerra contra la religión. Esta visión se fomentó por seguidores como Andrew Dickson White en su ensayo Una historia de las guerras entre la Ciencia con la Teología en la cristiandad.
Ciertos mitos en la Historia de la ciencia deben su popularidad a Draper y White. Entre los ejemplos se incluye la visión de que Copérnico se retractó a publicar su De Revolutionibus Orbium Coelestium por miedo a la persecución por la Iglesia y la idea de que los cristianos del medievo creían en una Tierra plana.
En términos históricos, la relación entre Ciencia y Religión ha sido más complicada. Muchos científicos fueron muy religiosos, y la religión fue a menudo promotor y motivador de investigaciones científicas. Sin embargo hacia el final del siglo XIX, la ciencia y la religión comenzaron a ser vistas por el público como posiciones enfrentadas, un fenómeno gradual éste que alcanzó su cumbre en torno a los debates acerca de la evolución de Charles Darwin.
Ya antes de la publicación de Darwin de El origen de las especies hubo precursores y precondicionantes, pero fue a raíz de este trabajo que el debate se hizo popular gracias a su difusión en la prensa británica y se convirtió en el mascarón de proa de las tensiones entre ciencia y religión (una postura que en lo esencial permanece hasta nuestros días).
El trabajo de Draper y White debe ser visto como proveniente directamente de este clima social y su modelo de ciencia y religión como eternos opuestos, si bien no era históricamente exacto, se convirtió en un tópico social dominante. Los sociólogos de la ciencia han estudiado los intentos de erigir fuertes distinciones entre ciencia y no ciencia como una forma de delimitación de demarcaciones o fronteras construida socialmente,[5] enfatizando el alto riesgo que supone tal empresa para los que la emprenden.
[editar] ¿Ciencia normal, paranormal o pseudociencias?
Se estudian aquí algunos fenómenos paranormales entendidos como aquellos fenómenos que, según la definición del psicólogo James Alcock:[6]
- O no se pueden explicar en términos de la ciencia actual;
- O únicamente se pueden explicar mediante una amplia revisión de los principios de base de la ciencia;
- O no son compatibles con la norma de las percepciones, de las creencias y de las expectativas referentes a la realidad.
Es decir, todos aquellos fenómenos que, por definición, se encuentran fuera del consenso científico o desafían el sentido común.
- Para el filósofo transhumanista de la Universidad de Oxford, Nick Bostrom, conocido por sus trabajos sobre el Principio antrópico, así como para uno de los filósofos de la mente más importantes del mundo, el Profesor de Filosofía y Director del Centro para la Conciencia en la Universidad Nacional Australiana, David Chalmers, existiría una probabilidad, racionalmente plausible, no inferior al 20%[13] [14] de que nos encontrásemos viviendo dentro de una simulación[15] por ordenador, tal y como se representaba en las películas de la Trilogía Matrix, y tal y como ya en 1967 había postulado el ingeniero alemán y pionero de la computación Konrad Zuse, inventor en 1941 de la que puede ser que haya sido la "primera computadora", la Z3. Zuse sugirió que el Universo en sí mismo es una retícula de computadoras (Física computacional), en su libro Rechnender Raum.[16] [17]
- El físico Frank J. Tipler, co-autor de El Principio antrópico[18] con el cosmólogo de la Universidad de Cambridge John David Barrow, afirma estar en disposición de probar la existencia de vida después de la muerte, debido a una inteligencia artificial que él denomina El punto Omega, y que identifica con Dios.[19] [20] [21] [22] [23] [24] El científico argumenta que la evolución natural de las especies inteligentes dará como resultado el crecimiento exponencial del progreso científico, posibilitando un control absoluto sobre el universo, incluso a la mayor escala. Tipler predice que este proceso debe culminar con una inteligencia artificial todopoderosa, omnipotente, omnipresente y omnisciente, cuya velocidad de computación y capacidad de almacenamiento informático crecerán del mismo modo exponencialmente, y a un ritmo que impedirá el colapso del Universo, proporcionando así un infinito "tiempo virtual", el cual será utilizado para desarrollar simulaciones informáticas de toda forma de vida inteligente que alguna vez haya existido en la historia del universo. Dicho ejercicio de realidad virtual es lo que Tipler denomina la resurrección de los muertos, y tomará precisamente la forma de programas de ordenador ya que, según Tipler: "Es necesario considerar a la "persona" como un caso particular (pero muy complejo) de un programa de ordenador".[25] [26] [27] [28]
El físico de la Universidad de Oxford, ganador de la medalla Paul Dirac y la primera persona del mundo en formular específicamente un algoritmo de computación cuántica,[29] David Deutsch, encuentra los argumentos de Tipler consistentes. En su libro La estructura de la realidad (1997), Deutsch incorpora El punto Omega de Tipler como motivo central de su Teoría del todo.[30]
- El mismo David Deutsch, Premio Edge de Computación 2005,[31] propone la existencia de un Multiverso, hipótesis que ya teorizó Hugh Everett, como el conjunto de todos los infinitos Universos paralelos posibles, tal y como relató Carl Sagan que describe la Cosmología Hindú en los Purāna,[32] o el Sikhismo en el Japji,[33] de los que el nuestro tan sólo sería uno de ellos. En una conferencia en Septiembre de 2007 sobre los Universos paralelos,[34] el filósofo de la física David Wallace, anunció una prueba por parte de David Deutsch y por él mismo de la Regla de Born,[35] [36] [37] a partir de los postulados de Hugh Everett,[38] lo cual se ha anunciado como respaldo a la teoría de los Universos paralelos.[39] [40]
El físico Andy Albrecht, de la Universidad de California, Davis ha declarado que "Este trabajo pasará como uno de los avances más importantes en la Historia de la ciencia.[40]
Los físicos Andrei Linde, Alan Guth, Edward Harrison, y Ernest Sternglass entre otros, argumentan que la Inflación cósmica sugiere profundamente la presencia de un Multiverso, y que sería práctico, incluso con los conocimientos actuales, tal y como sugiere Frank J. Tipler transmitir información de novo a un Universo paralelo. Deutsch, pionero en el campo de la Computación cuántica, demostró matemáticamente que la estructura del Universo (ramificado como un árbol) creada por éste al dividirse en versiones paralelas de sí mismo, puede explicar la naturaleza probabilística de los resultados cuánticos.[41] Deutsch también cree en la posibilidad de realizar viajes en el tiempo.[42] [43] Según Deutsch, los ordenadores cuánticos construidos hasta el momento, demostrarían que los cálculos de las operaciones se harían en Universos paralelos.
- Para el físico y Profesor de Filosofía natural, Paul Davies, los electrones, los fotones y los átomos no existen, sino que son modelos de pensamiento, simples mapas para representar la realidad, en una suerte de subjetivismo.[44]
- Para el físico, filósofo alemán Carl Friedrich von Weizsäcker y para el cosmólogo Max Tegmark[45] las matemáticas son la esencia última de la naturaleza,[46] mientras que para el Director del CERN, Herwig Schopper, los campos de fuerza son la realidad última.[47] Para el prestigioso físico y Profesor Emérito de Matemáticas en la Universidad de Oxford, Sir Roger Penrose, al más puro estilo platónico, vivimos en una única realidad con tres dimensiones: matemática, física y psíquica. Para Penrose, las matemáticas habitan en un mundo del ser, eterno, armónico y perfecto.[48]
- Para Anton Zeilinger, el primer físico en realizar un experimento de teleportación cuántica de dos fotones cruzando 600 metros el río Danubio:
En física clásica hablamos de un mundo de cosas que existen en algún lugar ahí fuera, y describimos su naturaleza. En física cuántica, hemos aprendido que debemos tener mucho cuidado con esta interpretación. En último término, las ciencias físicas no son ciencias de la naturaleza, sino ciencias sobre descripciones de la naturaleza. La naturaleza en sí misma es siempre una construcción de la mente. Niels Bohr dijo: "No existe el mundo cuántico, tan sólo disponemos de una descripción de la mecánica cuántica."
Anton Zeilinger, 1999.[49]
- En el año 2002, el científico Henry Margenau, quien para Albert Einstein era uno de sus colegas a quien tenía en más alta estima,[50] Profesor Emérito de Física y Filosofía natural en la Universidad de Yale y miembro de la Academia Norteamericana de Artes y Ciencias, junto con Lawrence LeShan, psicólogo experimental y autor de varios libros en el campo de los fenómenos de conciencia, publican el libro titulado: 'El espacio de Einstein y el cielo de Van Gogh : Un paso más allá de la realidad física'.[51] En él, los autores presentan una audaz teoría científica de la realidad que pretende establecer una base científica para las experiencias no físicas y los fenómenos paranormales.
Según las tesis del libro, recientes descubrimientos de la física demuestran que la realidad está inextricablemente ligada a la naturaleza de la conciencia humana, y que la creencia de que existe una única realidad verdadera ha dejado de tener validez y utilidad para el conocimiento. Los autores analizan la ciencia de nuestro tiempo y revelan las bases históricas, culturales y filosóficas que sostienen la interpretación tradicional de la realidad. En su estudio exponen las limitaciones propias de este enfoque científico cuando se aplica a áreas lejanas de las llamadas ciencias duras, tales como el arte, la música, la ética, las ciencias sociales y los fenómenos paranormales, ámbitos que se consideran pertenecientes al campo de la conciencia. La argumentación fundamental de su libro es que la aplicación de criterios convencionales de realidad en este campo nos ha llevado a un bloqueo intelectual y científico que afecta seriamente a las posibilidades de extender y ampliar los límites de la conciencia humana.
Henry Margenau también ha cuestionado el postulado de proyección cuántica[52] y publicó varios artículos sobre el estudio científico de los fenómenos paranormales y de percepción extrasensorial,[53] en los que cuestionaba entre otros, el Principio de causalidad y la Ley de Conservación de la energía.
- Para David Chalmers, la Conciencia es una propiedad básica del Universo, que no emerge, por tanto, de un dominio que no tiene nada que ver con ella, sino que más bien se centra, organiza y despliega en/desde unos sistemas nerviosos material-energéticos surgidos como resultado de largos procesos evolutivos. Chalmers cree que la clave está en la noción de información, ligada a numerosas estructuras del Universo, y que él identifica con el zócalo elemental de la conciencia.[54]
- Anteriormente, Max Planck, dejó clara su convicción personal de que detrás de la materia se encontraría una mente consciente e inteligente, Matriz de toda la materia:
Como un hombre que ha dedicado toda su vida a la ciencia más preclara, el estudio de la materia, esto es todo lo que puedo decirles sobre los resultados de mi investigación sobre los átomos: ¡La materia no existe! Toda la materia se origina y existe tan sólo por virtud de una fuerza que hace vibrar a las partículas de un átomo y hace que este sistema solar en miniatura permanezca unido. Debemos asumir que detrás de esta fuerza se encuentra la existencia de una Mente consciente e inteligente. Esta Mente es la Matriz de toda la materia.
Max Planck, 1944[55]
- Esta opinión es compartida por el físico-matemático Sir Roger Penrose:
Mi postura sobre la Conciencia requiere una gran revolución en el campo de la Física. La ciencia carece de algo muy fundamental. En estos momentos, nuestra comprensión no es adecuada y vamos a tener que movernos a nuevas regiones de la ciencia.
Sir Roger Penrose, 2003.[56]
- Así como la Conciencia era fundamental para el Premio Nobel de Física, Erwin Schrödinger. El pensamiento místico-metafísico de Schrödinger se resume en su creencia en la unicidad última de la(s) conciencia(s), y la identidad de ésta(s) con la Divinidad no personal. Se trata de una de las nociones centrales del hinduísmo, sintetizada en la fórmula Atman = Brahman, a la que Schrödinger se refiere explícitamente:
La Conciencia es un singular del que se desconoce plural. Existe una sola cosa y que lo que parece ser una pluralidad no es más que una serie de aspectos diferentes de esa misma cosa, originados por una quimera (la palabra hindú Maya). La misma ilusión se produce en una galería de espejos y, en forma análoga, el Gaurisankar y el Monte Everest parecen ser una misma cima vistos desde valles diferentes.
Erwin Schrödinger, ¿Qué es la Vida?, 1946[57]
- El físico inglés David Bohm, quien permitió al neurólogo Karl Pribram consolidar la Teoría Holonómica del cerebro, postula que el holograma es el punto de partida de una nueva descripción de la realidad: el orden implícito. La realidad "clásica" está centrada sobre las manifestaciones secundarias, el aspecto explícito de las cosas y no su fuente. Estas apariencias son, si se pudiera decir, extraídas (o más exactamente abstraídas) de un intangible, invisible flujo que no está compuesto de partes, y que no se puede describir sino como "un estado de interconexión inseparable". Bohm agrega que las leyes físicas primarias no serán descubiertas jamás por una ciencia que ensaya "quebrar el mundo en sus constituyentes". No hay entonces dónde buscar las energías que transmiten los "fenómenos parapsicológicos" porque la matriz transciende el tiempo y el espacio: es potencialmente simultánea y ubicua. Este enfoque permite considerar como posible la tradición de los Registros Akáshicos: todo el saber, el pasado, el futuro, y puede ser que varios otros datos que nos son desconocidos, están almacenados "en alguna parte".[58] David Bohm mantuvo profusas conversaciones sobre la Conciencia con el místico hindú Jiddu Krishnamurti.[59] [60]
- Para el Premio Nobel de química Ilya Prigogine, "La probabilidad estadística de que las estructuras orgánicas y las reacciones más exactamente armónicas que tipifican a los seres vivos se generasen por accidente, es cero."[61]
- El Premio Nobel de medicina en 1967 y profesor de biología en la Universidad de Harvard, George Wald dijo al respecto de la Conciencia, la vida y el Universo:
El origen de la conciencia en los humanos y el origen de la vida desde la materia no viviente podrían ser congruentes. Esto implica asumir que la mente, en lugar de emerger tardíamente durante la evolución de la vida, ha existido siempre como la matriz, la fuente y la condición de la realidad física. Aquello de lo que está compuesto la realidad está hecho de mente. Es esta mente la que ha compuesto un Universo físico que alumbra la vida y que contiene a criaturas que saben y crean: ciencia, arte y animales que hacen tecnología. Con ellos, el Universo empieza a conocerse a sí mismo.
George Wald, 1984.[62]
- El físico Brian David Josephson, descubridor del efecto Josephson, lo que le valió el Premio Nobel de Física en 1973,[63] actualmente es Director de los Laboratorios Cavendish de la Universidad de Cambridge. Josephson sostiene que el misticismo oriental puede tener relevancia para el conocimiento científico.[64] Josephson ha presentado un modelo consistente con la Teoría de cuerdas que explicaría los fenómenos de Percepción extrasensorial.[65]
- En un planteamiento aún más extraño, el actual Profesor emérito de Física de las universidades de Princeton y Texas, y Premio Wolf 1997 John Archibald Wheeler, a partir del enigmático comportamiento de un electrón en el experimento de doble rejilla,[66] argumenta que las elecciones que realiza el observador controlan las variables de un experimento físico,[67] lo cual contradice por completo el supuesto sentido común. Finalmente, este experimento se ha llevado a cabo en el año 2006.[68] En el equipo se encontraba Alain Aspect, el mismo científico francés que ya en 1981 realizó su famoso experimento,[69] demostrando que se violaban las desigualdades de John Bell y probando la incompatibilidad del realismo local con la mecánica cuántica. Estas desigualdades de John Bell pretendían demostrar que una serie de Teorías locales de variables ocultas eran incompatibles con la mecánica cuántica.
- El propio Albert Einstein observó que la relatividad especial no nos lleva a negar la existencia del Éter, y que, de hecho, según la Teoría general de la relatividad, el espacio está dotado de cualidades físicas, de modo que, en este sentido, existe el Éter.[70]
- En cuanto al concepto de el tiempo, los esfuerzos para entender el tiempo por debajo de la escala de Planck han llevado a un extraño cruce de caminos en la física. El problema es que el tiempo puede no existir al nivel más fundamental de la realidad física.
Según el físico Julian Barbour, autor del libro El fin del Tiempo: la siguiente revolución en la física,[71] el tiempo no existe en absoluto:
Creo que, en última instancia, el tiempo no existe en absoluto. Que el Universo es estático. E incluso, que el movimiento es una ilusión. Cuando miras mis manos moverse en el Universo real, si pudieras permanecer fuera del Universo como si fueras Dios, y vieras el Universo como realmente es, verías que esta apariencia de movimiento es una ilusión.
Julian Barbour, 2001[72]
- Para el filósofo de la física de la Universidad de Oxford, Simon Saunders:
El significado del tiempo se ha convertido en terriblemente problemático en la física contemporánea. La situación es tan incómoda que, con mucho, lo mejor que se puede hacer es declararse AGNÓSTICO al respecto.
Simon Saunders, 2007[73]
- Recientemente, los científicos de la Universidad de Viena, Markus Aspelmeyer y Anton Zeilinger, parecen haberle dicho adiós a la realidad,[74] al haber realizado un experimento publicado en la prestigiosa revista científica Nature,[75] [76] que descarta a una clase amplia de Teorías sobre variables ocultas que se centran en el realismo, lo cual da lugar a la incómoda consecuencia de que la realidad no existe cuando no la estamos observando.[77]
Llegados a este punto, los desacuerdos fundamentales sobre la naturaleza de aquello en lo que consiste una explicación científica consensuada sobre la realidad son de dos tipos:
Por una parte, existen desacuerdos metafísicos. Los realistas y los antirealistas siguen discrepando en torno a qué tipo de compromisos ontológicos se deben hacer para aceptar una explicación como válida.
Por otra parte, los naturalistas y los no-naturalistas siguen disputando en lo concerniente a la relevancia de la búsqueda científica (es decir, un cuestionamiento acerca del modo de pensar de los científicos, la gente común y los ordenadores) de una Teoría Filosófica de la Explicación. Es poco probable que estas disputas se resuelvan a corto plazo.[78]
[editar] Positivismo Lógico
Esta nueva concepción de la ciencia como algo que no solamente es independiente de la religión, sino que en realidad se opone a ella, provocó la pregunta de qué es lo que separa a las dos. Entre los primeros en desarrollar una respuesta se encontraban los miembros del Círculo de Viena. Su postura filosófica, conocida como Positivismo lógico, sostenía una teoría de significado que mantuviera que sólo los enunciados acerca de observaciones empíricas eran significativos, afirmando efectivamente que los enunciados que no se derivan de esta manera (incluyendo enunciados religiosos y metafísicos) carecen por naturaleza de significado (véase Verificacionismo).
El positivismo y el empirismo lógico o neoempirismo no precisaban distinción alguna, pues disponían de criterios objetivos con los que poder responder: los principios de verificación y de confirmación respectivamente. Sin embargo, tan pronto como se identifica el conocimiento con el conocimiento probado o confirmado, en cierto grado surge el escollo de tener que justificar el inductivismo como doctrina legitimadora de las inferencias. De este escollo se ven libres las concepciones instrumentalistas, que basan la aceptabilidad en criterios utilitaristas.
[editar] Falsacionismo
[editar] El problema de la inducción
Karl Popper se dio cuenta de que los filósofos del Círculo de Viena habían mezclado dos problemas diferentes para los que habían resuelto dar una única solución: verificacionismo. En contraposición a este punto de vista, Popper remarcó que una teoría podría perfectamente tener significado sin ser científica, y que, como tal, un criterio de significación podría no necesariamente coincidir con un criterio de demarcación. Así pues, su propio falsacionismo no sólo es una alternativa al verificacionismo; es también un acuerdo acerca de la distinción conceptual que habían ignorado las teorías previas.
Popper vio la demarcación como un problema central en la filosofía de la ciencia. En lugar del verificacionismo, propuso el falsacionismo como una forma de determinar si una teoría es científica o no. Si una teoría es falsable, entonces es científica; si no es falsable, entonces no es ciencia. Algunos han llevado este principio hasta el extremo de dudar de la validez científica de muchas disciplinas (tales como la Macroevolución y la Cosmología Física. La falsabilidad fue uno de los criterios utilizados por el Juez William Overton para determinar que el creacionismo no era científico y que no debería enseñarse en los colegios de Arkansas.
La mayoría de los filósofos creen que es obvio que la ciencia confía en el razonamiento inductivo, lo cual, parece tan obvio que ni siquiera necesita argumentación. Sin embargo, por extraño que parezca, esto fue negado taxativamente por Karl Popper. Popper argumentaba que los científicos tan sólo necesitaban utilizar inferencias deductivas.
Una teoría sobre la inducción es superflua. No tiene ninguna función en una lógica de la ciencia. Ni siquiera existe la necesidad de mencionar la inducción.
Karl Popper, 1959[79]
Siguió negando la validez de la inducción en Conjeturas y refutaciones:
Por mi parte, considero que las diversas dificultades de la lógica inductiva son insuperables. Y me temo que lo mismo ocurre con la doctrina, tan corriente hoy, de que las inferencias inductivas, aun no siendo «estrictamente válidas», pueden alcanzar cierto grado de «seguridad» o de «probabilidad». Esta doctrina sostiene que las inferencias inductivas son «inferencias probables». Con recurrir a la probabilidad ni siquiera se rozan las dificultades mencionadas: pues si ha de asignarse cierto grado de probabilidad a los enunciados que se basan en inferencias inductivas, tal proceder tendrá que justificarse invocando un nuevo principio de inducción, modificado convenientemente; el cual habrá de justificarse a su vez, etc. Aún más: no se gana nada si el mismo principio de inducción no se toma como «verdadero», sino como meramente «probable»
Karl Popper, 1963.[80]
Lo cual estaría bien si fuera cierto, puesto que las inferencias deductivas son más fiables que las inductivas.
El argumento de Popper era el siguiente: aunque no es posible probar que una teoría científica sea cierta partiendo de un grupo limitado de datos, es posible probar que una teoría es falsa. Supóngase que un científico se encuentra considerando si todas las piezas de metal conducen la electricidad. Incluso si la pieza de metal que examina conduce la electricidad, eso no demuestra que la teoría sea cierta. Sin embargo, si encuentra una sola pieza de metal que no conduzca la electricidad, eso prueba que la teoría es falsa. O, en palabras de Stephen Hawking en su libro Historia del tiempo:
Cualquier teoría física es siempre provisional, en el sentido que es sólo una hipótesis; nunca puede ser probada. No importa cuántas veces los resultados de los experimentos concuerden con alguna teoría, nunca se puede estar seguro de que la próxima vez el resultado no la contradirá. Por otro lado, se puede refutar una teoría con encontrar sólo una observación que esté en desacuerdo con las predicciones de la misma.
Stephen Hawkin, 1988.[81]
La debilidad de la argumentación de Popper es obvia. Debido a que los científicos no sólo están interesados en demostrar que ciertas teorías sean falsas. Cuando un científico recaba datos experimentales, su objetivo podría ser demostrar que una teoría en particular —la de un rival, quizás— es falsa. Pero mucho más probable es que esté tratando de convencer a la comunidad científica de que su teoría es correcta. Y, para hacerlo, debe recurrir al razonamiento inductivo. De modo que el intento de Popper de demostrar que la ciencia puede arreglárselas sin la inducción fracasa.[82]
Por otra parte, cabría preguntarse qué justifica la fe que se deposita en la inducción. El filósofo escocés David Hume dio una respuesta simple y radical a esta pregunta: argumentó que el uso de la inducción no puede ser justificado de ninguna forma racional. Hume admitía utilizar la inducción en el día a día, sin embargo, insistía en que tan sólo se debía a una tozuda y brutal cabezonería animal.[83] Si alguien nos desafiara a aportar una buena razón lógica para utilizar la inducción, no podemos darle una respuesta satisfactoria, argumentaba. Este es el denominado Problema de la inducción.
El primer filósofo que hizo que se planteó esta cuestión con valor científico fue Aristóteles.
El problema se plantea desde el concepto griego de ciencia como conocimiento necesario, objetivo y universal, para su inclusión en la ciencia.
Dado que el conocimiento que procede de la experiencia es subjetivo, particular, condicionado, basado en la observación de los casos concretos, ¿cómo se puede obtener a partir de él un conocimiento universal (que abarque todos los casos), objetivo (para todos los hombres al menos) y necesario (que no dependa de las circunstancias) sino que dependa de una ley?
¿Cómo se puede justificar una ley general para todos los casos partiendo del conocimiento de uno o unos pocos casos o experimentos? Tal es el problema que presenta la inducción.
Utilizando un ejemplo comúnmente usado: ¿cómo se puede asegurar que todos los cisnes son blancos, por más cisnes blancos que puedan verse? ¿O cómo justificar que no sólo son blancos, sino que tienen que ser blancos según las leyes naturales? Hasta el siglo XVII, momento en el que se descubrió el primer cisne negro en Australia, se creía que todos los cisnes son blancos.
No se puede aducir el hecho de que la naturaleza se haya comportado siempre de la misma forma uniforme hasta el momento, puesto que esto presupone que lo que ha sido válido en el pasado, continuará siéndolo en el futuro, es decir, la uniformidad de la naturaleza, hecho éste de la supuesta constancia de la naturaleza que se ha cuestionado recientemente.[85] [86] [87] [88] Si se trata de argumentar sobre la uniformidad de la naturaleza, se termina razonando en círculos, argumentaba Hume. De modo que las inferencias inductivas reposan en una asunción de una uniformidad de la naturaleza para la que no existen fundamentos, y que, como se ha visto, incluso está siendo cuestionada científicamente. Hume concluía que nuestra confianza en la inducción es simple Fe ciega, que no admite absolutamente ningún tipo de justificación racional.[89]
Ninguna debilidad de la naturaleza humana es más universal y notable que lo que llamamos comúnmente CREDULIDAD, o sea el prestar fácilmente fe al testimonio de los otros, y esta debilidad se explica también, naturalmente, partiendo de la influencia de la semejanza. Cuando admitimos un hecho basándonos en el testimonio humano, nuestra fe surge del mismo origen que nuestras inferencias de causas a efectos y de efectos a causas.
David Hume, 1739.[90]
Tal y como afirma también Popper, las teorías no son nunca verificables empíricamente:
No existe nada que pueda llamarse inducción. Por tanto será lógicamente inadmisible la inferencia de teorías a partir de enunciados singulares que estén «verificados por la experiencia». Así, pues, las teorías no son nunca verificables empíricamente.
Karl Popper, 1934.[91]
En palabras del matemático y filósofo inglés, Frank P. Ramsey:
Buscar una justificación a la inducción es como llorar pidiendo la Luna.
Frank P. Ramsey, 1931.[92]
La falsabilidad es una propiedad de los enunciados y de las teorías, y, en sí misma, es neutral. Como criterio de demarcación, busca tomar esta propiedad y tomarla como base para afirmar la superioridad de teorías falsables sobre las no falsables, como parte de la ciencia, estableciendo así una posición política que podría ser llamada falsacionismo. Sin embargo, muchas cosas de las que pueden ser consideradas como dotadas de significado y utilidad no son falsables: un poema no es falsable. Con toda certeza, los enunciados no falsables desempeñan una función en las propias teorías científicas. Así pues, lo que el criterio popperiano permite ser llamado científico está abierto a interpretación. Una interpretación estricta concedería muy poco, puesto que no existen teorías científicas de interés que se encuentren completamente libres de anomalías. Del mismo modo, si sólo consideramos la falsabilidad de una teoría y no la voluntad de un individuo o de un grupo para obtener o aceptar instancias falsables, entonces permitiríamos casi cualquier teoría.
En cualquier caso, es muy útil conocer si un enunciado de una teoría es falsable, aunque sólo sea por el hecho de que nos proporciona un conocimiento acerca de las formas con las que alguien podría evaluar una teoría. Sin embargo, la tesis de Quine-Duhem,[98] [99] [100] [101] [102] también llamada holismo confirmacional u holismo epistemológico, argumenta que no es posible probar que un enunciado ha sido falsado.
Hay dos aspectos del holismo confirmacional. El primero es que las observaciones dependen de la teoría. Antes de aceptar las observaciones del telescopio se debe mirar la óptica del telescopio, el modo en que está montado, con el fin de asegurar que el telescopio está apuntando en la dirección correcta y que la luz viaja a través del espacio en línea recta (que a veces no es tal, como Einstein demostró). El segundo es que la evidencia por sí sola es insuficiente para determinar qué teoría es correcta. Cada una de las alternativas mencionadas podría haber sido correcta, pero sólo una de ellas fue finalmente aceptada.
Que las teorías sólo puedan ser probadas por su relación con otras teorías implica que siempre se puede declarar que los resultados de las pruebas que parecen refutar una teoría científica no la refutan en absoluto. En lugar de eso, se puede sostener que esos resultados chocan con las predicciones porque alguna otra teoría es falsa o desconocida. Quizá el equipo de pruebas esté desalineado o quizá haya materia oscura en el universo que sea la causante de los extraños movimientos de algunas galaxias.
El hecho de que no sea posible determinar qué teoría es refutada por datos inesperados significa que los científicos deben consensuar qué teorías aceptar y cuáles rechazar. La lógica por sí sola no sirve de guía en estas decisiones.
Para Popper, tanto el psicoanálisis como la teoría de la historia de Karl Marx no eran científicas. Karl Marx argumentaba que las sociedades industrializadas darían lugar al socialismo, y en último término, al comunismo. Pero cuando esto no ocurría, en lugar de admitir que la teoría de Marx era incorrecta, los marxistas se inventarían una explanación ad hoc para demostrar que lo sucedido era consistente con la teoría. Por ejemplo, podrían argumentar que el inevitable progreso del comunismo se había visto temporalmente ralentizado por las mejoras del estado de bienestar, lo cual ablandecía al proletariado y debilitaba su entusiasmo revolucionario. Así, la teoría se podría compatibilizar con cualquier sucesión de acontecimientos, igualmente que ocurría con el psicoanálisis, motivo por el cual, no las consideraba científicas.[103]
Así pues, en realidad, y según, entre otros filósofos de la ciencia, Thomas Kuhn, la falsación ocurriría cuando la comunidad científica se pone de acuerdo, consensúa en que ha sido falsado, es decir, correspondería a una moda[104] [105] [106] [107] [108] más o menos pasajera, modas éstas estudiadas por la Sociología de la ciencia. El filósofo francés Gaston Bachelard consideraba que la ciencia progresaba a través de la superación de obstáculos epistemológicos. Según Bachelard, la epistemología no es una filosofía general cuyo objetivo sea justificar el racionamiento científico, sino que produce historias de la ciencia. En este sentido, se conoce "en contra de conocimiento anterior, destruyendo conocimientos mal adquiridos o superando aquello que, en el espíritu mismo, obstaculiza la espiritualización."[109]
Según Bachelard, la ciencia no puede producir verdad. Lo que debe hacer es buscar mejores maneras de preguntar. Para ejemplificarlo, utiliza una metáfora: "el conocimiento de lo real es una luz que siempre proyecta alguna sombra".
Cada superación de algún obstáculo epistemológico conlleva necesariamente otro obstáculo más complejo, contrariamente a lo supuesto por Popper, quien posteriormente abandonó el simple falsacionismo como una lógica de la ciencia, puesto que se dio cuenta de que cualquier teoría lo suficientemente rica puede eludir ser falsada recurriendo a hábiles movimientos de prestidigitación lógica,[110] y finalmente admitió que las continuas modificaciones ad hoc de una teoría le permitirían evitar ser falsada.[111]
Así pues, el falsacionismo, en todas sus múltiples formas, es una idea interesante, pero insuficiente como para caracterizar qué es lo que es ciencia o para resolver el problema de demarcación. Sufre de una serie de dificultades lógicas y epistemológicas que deberían hacernos detenernos si lo que buscamos es obtener una respuesta en cuanto a qué es buena ciencia y qué no.[112]
