Caso Dreyfus

Caso Dreyfus
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El Caso Dreyfus tuvo como origen un error judicial,[1] ,[2] sobre un trasfondo de espionaje y antisemitismo, en el que la víctima fue el Capitán Alfred Dreyfus (1859-1935), de origen judío-alsaciano, y que durante doce años, de 1894 a 1906, conmocionó a la sociedad francesa de la época, marcando un hito en la historia del antisemitismo.
La revelación del escándalo en Yo acuso (J'accuse), un artículo de Émile Zola en 1898, provocó una sucesión de crisis políticas y sociales inéditas en Francia que en el momento de su apogeo en 1899, revelaron las fracturas profundas que subyacían en la Tercera República Francesa. Dividió profunda y duraderamente a los franceses en dos campos opuestos, los dreyfusards (partidarios de Dreyfus) y los antidreyfusards (opositores a Dreyfus). Reveló también la existencia en la sociedad francesa de un núcleo de violento nacionalismo y antisemitismo difundido por una prensa sumamente influyente. El caso se convirtió en símbolo moderno y universal de la iniquidad en nombre de la razón de Estado.[3]
[editar] Resumen del Caso Dreyfus
A finales de 1894, el Capitán del Ejército Francés Alfred Dreyfus, un ingeniero politécnico de origen judío-alsaciano, fue acusado de haber entregado a los alemanes documentos secretos. Enjuiciado por un tribunal militar, fue condenado a prisión perpetua y desterrado en la Colonia penal de la Isla del Diablo situada a 11 km de la costa de la Guayana francesa (Sudamérica), por el delito de alta traición. En ese momento tanto la opinión pública como la clase política francesas adoptaron una posición abiertamente en contra de Dreyfus.
Convencida de la arbitrariedad de la condena, la familia del capitán, con su hermano Mathieu al frente, intentó probar su inocencia y para ello recurrieron a los servicios del periodista Bernard Lazare. Simultáneamente, el coronel Georges Picquart, jefe del servicio de contraespionaje comprobó, en marzo de 1896, que el verdadero traidor había sido el comandante Ferdinand Walsin Esterhazy. El Estado Mayor se negó sin embargo a reconsiderar su decisión y sacó a Picquart de Francia destinándolo al norte de África.
Con el fin de llamar la atención por la fragilidad de las pruebas contra Dreyfus, su familia logró entrevistarse en julio de 1897 con el presidente del Senado Auguste Scheurer-Kestner. Tres meses después Scheurer-Kestner declaró que estaba convencido que Dreyfus era inocente, y persuadió también de ello a Georges Clemenceau, por entonces un ex diputado y simple periodista. El mismo mes, Mathieu Dreyfus denunció a Esterházy ante el Ministerio de Guerra, por el acto de traición que acarreó la condena de su hermano.
En enero de 1898, mientras que el círculo de los partidarios de Dreyfus se ampliaba, sucedieron casi simultaneamente dos eventos de dimensión nacional:
- Esterházy, el verdadero traidor, fue absuelto, y recibido con aclamaciones y aplausos por los sectores conservadores, monárquicos y nacionalistas.
- El escritor Émile Zola publicó J'Accuse, un alegato en favor de Dreyfus que llevó al cambio de opinión de muchos intelectuales.
Se había iniciado un proceso de escisión en dos de Francia que se prolongaría hasta fines del siglo XIX. Disturbios antisemitas estallaron en más de veinte ciudades. Hubo varios muertos en Argel. La República se conmovió, algunos hasta la vieron en peligro, generando el convencimiento de que había que acabar con el Caso Dreyfus si se quería calmar la situación.
A pesar de las intrigas del ejército para evitar la revisión, en 1898 el Tribunal Supremo reabrió el caso y al año siguiente anuló la sentencia que condenó a Dreyfus, ordenando realizar un nuevo Consejo de Guerra que se efectuó en Rennes ese mismo año. Contra todo pronóstico, Dreyfus fue condenado otra vez, ahora a diez años de trabajos forzados, aunque en este fallo el tribunal mencionó que existían «circunstancias atenuantes». Diez días después, agotado y con su salud quebrantada por cuatro largos años de prisión en condiciones inhumanas, Dreyfus aceptó el indulto que le concedió el presidente Emile Loubet.
En 1906 su inocencia fue reconocida oficialmente por la Corte de Casación a través una sentencia que anuló el juicio de 1899, sin reenvió para realizar un nuevo juicio, y decidió la rehabilitación del Capitán Dreyfus, decisión inédita y única en la historia del derecho francés. Rehabilitado, el Capitán Dreyfus fue reintegrado al ejército con el rango de Comandante, participando luego en la Primera Guerra mundial. Falleció en 1935.
Las consecuencias del Caso Dreyfus fueron de gran importancia, impactando en todos los aspectos de la vida pública francesa: política (desde el éxito de la Tercera República, en la que el caso adquirió el estatus de mito,[4] hasta la renovación del nacionalismo), militar, religiosa (limitó la reforma del catolicismo francés y la integración republicana de los católicos), social (en su transcurso se creó la Liga Francesa para la defensa de los Derechos del Hombre y el Ciudadano), jurídica, los medios de comunicación, diplomática y cultural (el término "intelectual" fue acuñado precisamente durante el caso). El Affaire Dreyfus también tuvo un considerable impacto internacional, como el haber definido las ideas del padre del sionismo, Theodor Herzl y haberlo impulsado a fundar la Organización Sionista Mundial en 1897, así como las manifestaciones antisemitas en el seno de las comunidades judías de Europa Central y Occidental.
[editar] Términos derivados
En francés se crearon tres palabras vinculadas con el caso, que a su vez no deben ser confundidas: dreyfusards, dreyfusiens y dreyfusistes.
- Dreyfusards: son los primeros defensores de Dreyfus, los que lo apoyaron desde un principio, incondicionalmente.
- Dreyfusistes: son quienes reflexionaron sobre las implicancias profundas del caso y sostenían a partir del mismo la necesidad de realizar reformas políticas y sociales (algunos dreyfusards se hicieron luego dreyfusistes).
- Dreyfusiens: aparecieron recien en diciembre de 1898 cuando el enfrentamiento entre dreyfusards (partidarios de Dreyfus) y antidreyfusards (opositores a Dreyfus) se volvió extremadamente agudo, llegando a comprometer la estabilidad de la República. Aunque consideraban injusta la situación de Alfred Dreyfus, su principal preocupación era calmar la situación para salvar al régimen republicano parlamentario de entonces. Promovían una conciliación entre las partes. El texto que los representó es El llamado a la unión (L'Appel à l'union) publicado el 23 de enero de 1899 en el periódico El Tiempo. Generalmente apoyando a Waldeck-Rousseau abogaban por una secularización de la sociedad francesa.
[editar] Contextos del Caso Dreyfus
[editar] Contexto político
En 1894, la Tercera República Francesa (1870-1940) llevaba veinticuatro años de existencia. El sistema republicano parlamentarista de Francia acababa de enfrentar tres crisis (el boulangismo en 1889, el escándalo del Canal de Panamá en 1892, y la amenaza anarquista, que alcanzó ese año su punto más alto con el asesinato del presidente Marie François Sadi Carnot y fue reprimida por las leyes malvadas sancionadas el año anterior) que terminaron consolidándola. Las elecciones de 1893, centradas en la cuestión social, otorgaron una clara victoria de los republicanos.[5] que obtuvieron 488 bancas de las 581 en juego, superando a los republicanos radicales de Georges Clemenceau (122), a la derecha conservadora-monárquica (93) y a los socialistas (49).[6]
La oposición de los radicales y de los socialistas empujó al gobierno a desarrollar una política de gobierno orientada hacia el proteccionismo económico, una cierta indiferencia por la cuestión social, la intención de romper el aislamiento internacional mediante la alianza con Rusia y el desarrollo del Imperio. La política de centro adoptada por los republicanos oportunistas en un régimen parlamentario, llevó a su vez a una etapa de intestabilidad política, derivada de las diferentes alianzas que se iban concretando en la Asamblea Nacional (republicanos y radicales, "orleanistas" y "legitimistas", etc). Cinco gobiernos y tres presidentes (Sadi Carnot, Jean Casimir-Perier y Félix Faure) se sucedieron entre 1893 y 1896.
Tras el fracaso del gobierno radical de Léon Bourgeois en 1896, el presidente nombró Primer Ministro a Jules Méline, hombre bajo protección de Jules Ferry. Su gobierno se caracterizó por la oposición de izquierda y de ciertos republicanos (la Unión Progresista particularmente) y se aseguró de obtener siempre el apoyo de la derecha. Muy estable, procuró apaciguar las tensiones religiosas (desaceleración de la lucha anticlerical), sociales (ley de accidentes de trabajo) y económicas (conservación del proteccionismo) conduciendo una política bastante conservadora. Fue bajo este gobierno estable que estalló el Caso Dreyfus.[7]
[editar] Contexto militar
El Caso Dreyfus se colocaría en el marco de la anexión de Alsacia y Moselle, rasgón que alimentaría aún más al nacionalismo extremo. La traumatizante derrota de 1870 parecía lejana, pero el espíritu revanchista siempre estaba presente. Los numerosos actores del Caso Dreyfus eran, por otra parte, alsacianos.[8] Los militares exigían medios considerables para preparar el próximo conflicto, y fue en este espíritu que la alianza Franco-Rusa, «contra natura»,[9] del 27 de agosto de 1892 se firmó, teniendo como base un convenio militar. El ejército fue relevado de la derrota, pero estaba constituido, en parte, por antiguos oficiales socialmente aristócrata y políticamente monárquico. El culto de la bandera y el desprecio de la República parlamentaria son dos principios esenciales para el ejército de la época.[10] La República celebraba a su ejército con regularidad, el ejército ignoraba la República.
Pero la última década, el ejército estría experimentando una importante transformación, con el doble objetivo de la democratización y la modernización. Los ingenieros politécnicos competían eficazmente con los oficiales graduados en la Escuela Militar Saint-Cyr, lo que suscitaba disensión, amarguras y celos entre suboficiales que esperaban promociones. El período se caracterizó también por una carrera armamentista que afectó principalmente a la artillería, con mejoras en la artillería pesada (cañones de 120 mm y 150 mm), como también y sobre todo, el desarrollo de una arma ultra secreta: el cañón de 75 mm.[11]
Señalaremos aquí el funcionamiento del contraespionaje militar, bajo el nombre de Sección de estadísticas. La inteligencia, actividad organizada y herramienta de guerra secreta, sería una novedad de finales del siglo XIX. La Sección de estadísticas se creó en 1871, pero contaba entonces con sólo un puñado de oficiales y civiles. Su jefe en 1894 era el teniente coronel Jean Sandherr, alsaciano de Mulhouse, antisemita convencido. Su misión militar era clara: recuperar información del enemigo potencial de Francia, e intoxicarlo con falsa información. La Sección de estadísticas era apoyada por los «Asuntos reservados» del Quai d'Orsay, el Ministerio de Asuntos Exteriores, representada por un joven diplomático, Maurice Paléologue. La carrera armamentista creó un clima de espionaje y contraespionaje francés a partir de 1890. También, una de las misiones de la sección fue creada para espiar la embajada de Alemania, en la Rue de Lille, Paris, con el fin de de frustrar cualquier intento de transmisión de información importante a este oponente. Sobre todo teniendo en cuenta que una serie de casos de espionaje ya habían llegado a la crónica de una prensa interesada en estas historias que mezclaban sórdidos misterios. Así en 1890, el archivista Boutonnet fue condenado por haber vendido los planos del obús en el mélinite. El agregado militar alemán en París era, en 1894, el Conde Maximilian Von Schwartzkoppen, que desarrolló una política de infiltración que parece haber sido eficaz.
Desde principios de 1894, el Departamento de Estadísticas inició una investigación sobre el tráfico de planes maestros concernientes a Nice y Meuse, fue llevada por un agente al que los alemanes e italianos apodan Dubois.[12] Esto es lo que llevó a los orígenes del Caso Dreyfus.
[editar] Contexto Social
El contexto social se caracterizó por el aumento del nacionalismo y el antisemitismo. Este recrudecimiento del antisemitismo, muy virulento desde la publicación de La France juive (la Francia Judía) de Edouard Drumont en 1886 (150.000 ejemplares en el primer año), se evidenciaba junto con un aumento del clericalismo. Las tensiones se elevaron en todos los sectores de la sociedad, alimentada por una prensa influyente y prácticamente libre de escribir y difundir cualquier tipo de información, incluso injuriosa o difamatoria. El riesgo jurídico era limitado si el destinatario era un particular.
El antisemitismo incluía al ejercito con prácticas de discriminación oculta. Testigo de las fuertes tensiones de esta época, fue la moda del duelo, a espada o pistola, provocando a veces a la muerte de uno de los duelistas. Brillantes oficiales judíos, fueron afectados por una serie de artículos de prensa en La Libre Parole (La Voz Libre),[13] acusados de «traicionar por nacimiento», desafiaron a sus redactores. Así fue que el capitán Cremieu-Foa, judío-alsaciano y politécnico que se batió sin resultados. Pero el capitán Mayer, otro oficial judío, fue muerto por el Marqués de Morès, amigo de Drumont, en otro duelo; esta muerte desencadenó una gran emoción más allá del círculo israelita. En 1890, Drumont fundó la Liga Antisemita de Francia.
Para amplificar su campaña antisemita, Drumont lanzaría el 20 de abril de 1892 La Libre Parole, cuya edición estimada era de 200.000 ejemplares,[14] lo que le permitió a Drumont ampliar su audiencia hacia un lector más popular. El antisemitismo no solo fue difundido por La Libre Parole, sino también por L'Éclair, Le Petit Journal, La Patrie, L'Intransigeant, La Croix, basándose en las raíces antisemitas de los círculos católicos.[15] Dicha campaña antisemita creó parte del ambiente necesario para que estallara el caso Dreyfus.
El odio a los judíos sería público y violento en lo sucesivo, alimentado por un álbum que diaboliza la presencia judía en Francia, representada entonces por unas 80.000 personas en 1895 (40.000 en París), altamente integradas a la sociedad francesa, más otras 45.000 en Argelia.
[editar] Orígenes del caso y el juicio de 1894
[editar] El origen: los hechos de espionaje
El origen del Caso Dreyfus quedó totalmente aclarado desde los años 1960,[16] suscitando numerosas controversias durante cerca de un siglo. Se trató de un asunto de espionaje cuyas intenciones quedaron oscuras hasta nuestros días.[17] Los numerosos y más eminentes historiadores expresan varias hipótesis distintas sobre el asunto,[18] pero todos ellos llegan a una única conclusión: Dreyfus era inocente de todo crimen o delito.
[editar] Descubrimiento de la carta
El personal del Servicio de Inteligencia Militar (SR) afirmó permanentemente que,[19] en septiembre de 1894, la «vía ordinaria»,[20] había aportado[21] al contraespionaje francés una lista, apodada más tarde «le bordereau». Esta carta-misiva, parcialmente desgarrada en seis grandes piezas,[22] escrita sobre papel cebolla, sin firma y sin fecha, fue enviada por correo al agregado militar de la Embajada de Alemania, Max von Schwarzkoppen. Establecía que documentos militares confidenciales, pero de relativa importancia,[23] estaban a punto de ser transmitidos a una potencia extranjera.
[editar] Búsqueda del autor de la lista
Eso parecía bastante importante para que el jefe del «Departamento de estadísticas»,[24] Jean Sandherr,[25] informara sobre el asunto al Ministro de Guerra, General Auguste Mercier. El SR sospechaba en efecto de filtraciones desde principios del año 1894, y buscaba a su autor. El ministro, violentamente atacado por la prensa por considerarlo incompetente,[26] parecería querer sacar partido de este asunto para realzar su imagen.[27] Inmediatamente realizó dos investigaciones secretas, una administrativa y otra judicial. Para encontrar al culpable, el razonamiento era simple, si no grosero:[28] el círculo de la investigación se limitaría arbitrariamente a un sospechoso en servicio o un antiguo colaborador del Estado Mayor, necesariamente artillero,[29] y oficial en prácticas.[30] ,[31] El culpable ideal fue identificado: el Capitán Alfred Dreyfus, politécnico y artillero, de religión judía y de origen alsaciano, proveniente de la meritocrácia republicana.[32] En el comienzo del caso, el énfasis se volcaba más a los orígenes alsacianos de Dreyfus que a su pertenencia religiosa. Esto no era excepcional, ya que se privilegiaba a los oficiales del este de Francia por sus dobles conocimientos: la lengua y la cultura alemana.[33] ,[34] Pero el antisemitismo, que no escatimaba en las oficinas de Estado Mayor,[35] se convertiría rápidamente en el centro del caso de la instrucción, llenando los vacíos de una investigación preliminar increíblemente sumaria.[36] Más aún, cuando Dreyfus era en ese momento el único oficial judío que fuera aprobado recientemente por el Estado Mayor General.
De hecho, la leyenda[37] del carácter frío y cerrado e incluso altivo del militar, y de su "curiosidad", jugó fuertemente contra él. Estos rasgos característicos, unos falsos, otros naturales, hicieron plausibles todas las acusaciones transformando los actos más ordinarios de la vida corriente en un ministerio, en hechos probados de espionaje. Este principio de instrucción arbitraria y parcial, conllevó a una multiplicación de errores que condujeron a la mentira de Estado. Esto a través de un asunto donde la irracionalidad prevaleció sobre el positivismo todavía de moda en aquella época:[38]
«Desde el primer momento se produce el fenómeno que va a dominar todo el caso. No son más los hechos controlados, las cosas examinadas con cuidado que establecen la convicción; es la convicción soberana e irresistible que distorsiona los hechos y las cosas.»
[editar] Pericia caligráfica
Para confundir a Dreyfus, la escritura del bordereau y la del capitán fueron comparadas. Nadie era competente en grafología en el Estado Mayor.[39] Fue entonces cuando salió a escena el comandante du Paty de Clam,[40] antisemita a la sazón, grafólogo aficionado. Tras el peritaje, du Paty de Clam concluyó que las dos escrituras, la del bordereau y la de Dreyfus, presentaban correspondencias, a pesar de algunas diferencias insuficientes para frenar la investigación judicial. Dreyfus era pues «el probable autor» del bordereau para el Estado mayor.[41]
El General Mercier teniendo ya un culpable, dio exagerado valor al asunto, que tomó status de «asunto de Estado»' durante la semana que precedió a la detención de Dreyfus. De hecho, el ministro consultó e informó a todas las autoridades del estado.[42] A pesar de los consejos de prudencia[43] y las objeciones valientemente expresadas por Gabriel Hanotaux en el momento de una pequeña reunion de gabinete,[44] decidió continuar.[45] Du Paty de Clam fue nombrado oficial de policía judicial responsable de la investigación oficial.
Durante ese tiempo, varias investigaciones fueron abiertas paralelamente, unas sobre la personalidad de Dreyfus, otras consistían en asegurarse la veracidad de la identidad del bordereau. El experto[46] Gobert no estaba convencido, ya que encontró numerosas diferencias y también describió que «la naturaleza de la escritura del bordereau excluye el disfraz gráfico».[47] Decepcionado por el resultado del peritaje, Mercier entonces acudió a Alphonse Bertillon, el inventor de la antropometría judicial, pero de ninguna manera experto en escritura. Al principio no fue más afirmativo que Gobert, no excluyendo una copia de la escritura de Dreyfus.[48] Pero más tarde, y bajo presión de los militares, afirmó que Dreyfus se autocopió y desarrolló su teoría de la autoforgerie o disfraz del la propia escritura.
[editar] El arresto
El 13 de octubre de 1894, sin ninguna prueba tangible y con un expediente vacío, el general Mercier convocó al capitán Dreyfus para una inspección general, en postura burguesa, es decir, vestido de civil. El objetivo del Estado Mayor era conseguir la prueba perfecta en el derecho francés: la confesión. Esta confesión sería obtenida por efecto sorpresa, haciendole escribir un escrito inspirado en la lista[49] en cuestión[50] en el marco de un dictado.
El 15 de octubre por la mañana, el capitán Dreyfus sufrió esta prueba, pero no se le reconoció nada. Du Paty hasta intentó sugerirle el suicidio colocando un revólver delante de Dreyfus, pero el acusado se negó a atentar contra sí mismo, afirmando que «quiere vivir con el fin de establecer su inocencia». La esperanza de los militares fue decepcionada. Du Paty de Clam, sin embargo, hizo detener al capitán[51] y lo inculpó de practicar espionaje para el enemigo con el fin de que sea llevado ante de un Consejo de Guerra. Dreyfus fue encarcelado en la Prisión de Cherche-midi, en París.[52]
[editar] La instrucción y el primer Consejo de Guerra
Lucie Dreyfus, esposa del capitán, fue informada sobre la detención el mismo día, por una requisa en el apartamento de la joven pareja. Fue aterrorizada por du Paty que le ordenó guardar el secreto sobre la detención de su marido, «¡Una palabra, una sola palabra y es la guerra en Europa!».[53] Con toda ilegalidad,[54] Dreyfus fue aislado en la prisión, donde du Paty lo interrogó día y noche con el fin de conseguir su confesión, lo que suspendió al no conseguirla. El capitán moralmente era sostenido por el primer partidario de Dreyfus: el Comandante Forzinetti, al mando de las prisiones militares de París.[55]
El 29 de octubre, el asunto fue revelado por el periódico antisemita de Édouard Drumont, La Libre Parole, en en artículo que marcaría el principio de una campaña de prensa, con información muy violenta hasta el juicio. Este acontecimiento colocó el Caso en el terreno del antisemitismo, que no deja más hasta su conclusión definitiva.[56]
El 1 de noviembre, Mathieu Dreyfus, hermano de Alfred, fue comunicado del caso en París, donde vivía, y puesto al tanto por la detención. Desde entonces se convirtió en el arquitecto de la difícil lucha para la liberación de su hermano.[57] Sin esperar, se puso en busca de un abogado, y recuerdó al eminente penalista Edgar Demange.[58]
[editar] La instrucción
El 3 de noviembre, contra su voluntad,[59] el General Saussier dio la orden de informar. Contaba con todos los poderes para detener la maquinaria, pero no lo hizo, posiblemente por confianza exagerada en el sistema de la justicia militar.[60] El Comandante Besson de Ormescheville, a favor del Consejo de Guerra, redactó un informe en el cual los "elementos morales" de la acusación (que van de chismes que conciernen a las costumbres de Dreyfus a sus conocimiento del alemán[61] y su «notable memoria») y son desarrollados mucho más en extenso que las propias «pruebas materiales»,[62] cuya misma rareza servía para agregar: «es una prueba de culpabilidad, porque Dreyfus eliminó todo». La falta completa de neutralidad del acta de acusación condujo a Émile Zola a calificarlo de «monumento a la parcialidad».[63]
El 4 de diciembre, con el expediente vacío, Dreyfus nuevamente fue enviado frente al primer Consejo de Guerra. El secreto fue levantado y Demange pudo, por primera vez, acceder al expediente. Después de su lectura, la confianza del abogado era absoluta, que pudo constatar la nada del expediente de instrucción.[64] La acusación se basaba sólo en la escritura de una pieza única, la lista, respecto de la cual los expertos se contradecían, y olas de vagos testimonios y pruebas indirectas.
[editar] El juicio: «¡A puertas cerradas o la guerra!»[65]
Durante los dos meses que precedieron al juicio, la prensa se alborotó. La Libre Parole, L'Autorité, Le Journal, Le Temps narraron toda la supuesta vida de Dreyfus a través de mentiras y malas novelas.[66] Fue también la ocasión para los títulos extremistas como en La Libre Parole o La Croix, para justificar sus campañas previas contra la presencia de judíos en el ejército, sobre el lema «Se lo habiamos dicho!».[67] Ese largo período fue, principalmente, una forma para que el Estado Mayor pueda preparar a la opinión publica y ejercer presión indirectamente sobre los jueces.[68] Así, el 8 de noviembre, el General Auguste Mercier llegó hasta a declarar a Dreyfus como culpable, en una entrevista a Le Fígaro.[69] La replica del 29 de noviembre en un artículo de Arthur Meyer en Le Gaulois, condenó la acusación hecha contra Dreyfus y preguntó: «¿Qué libertad tiene el Consejo de Guerra poder juzgar a este reo?».[70]
En el juego de los editorialistas tuvo lugar un amplio debate con respecto a la cuestión de realizar el juicio a "puertas cerradas". Para Ranc y Cassagnac, que representaban la mayoría de la prensa, las puertas cerradas eran una maniobra con el fin de permitir la absolución de Dreyfus, «ya que el Ministro es un cobarde». La prueba era «que se arrastra delante del Prusianos» aceptando publicar desmentidos del Embajador de Alemania en París.[71] Pero para otros periódicos, como L'Éclair del 13 de diciembre, las puertas cerradas son necesarias para evitar un casus belli, mientras que para Judet de Le Petit Journal del 18, «las puertas cerradas son nuestro refugio inexpugnable contra Alemania» o el canónigo La Croix del mismo día, para el que eran necesarias «las puertas cerradas absolutamente».[72]
El proceso se abrió el 19 de diciembre a las trece horas,[73] a puertas cerradas,[74] siendo inmediatamente iniciado. Este proceso a puertas cerradas no fue jurídicamente legal, puesto que el Comandante Picquart y el Prefecto Louis Lépine estuvieron presentes en algunas audiencias, violando así las leyes vigentes, medida que solicitoó a los militares no divulgar nada del expediente a la opinión pública[75] y de no obstruir durante los debates.[76] De acuerdo con las previsiones, el vacío del expediente aparecía claramente durante las audiencias. Los debates de fondo sobre la carta pusieron de manifiesto que el Capitán Dreyfus no podría haber sido el autor.[77] Por otra parte, el propio acusado afirmaba ser inocente, y se defiendía punto por punto con energía y lógica.[78] Por lo demás, sus declaraciones fueron apoyadas por una decena de testigos de la defensa. Por fin, la ausencia del móvil para el crimen era una seria espina en el expediente de la acusación. Dreyfus era un oficial muy patriótico y muy bien observado por sus superiores, y sobre todo muy rico,[79] no tenía pues ninguna razón tangible de cometer traición. La justificación por el solo judaísmo de Dreyfus, elegido por la prensa de derecha, no podría serlo también para un tribunal.
Alphonse Bertillon, que no era experto en grafología, fue presentado como un científico de primer orden. Avanza sobre la teoría de la autoforgerie (autofalsificación) en el juicio y acusó a Dreyfus de haber forjado su propia escritura, explicando las diferencias gráficas utilizando extractos de la escritura de su hermano Mathieu y de su esposa Lucie. Esta teoría, aunque considerada más tarde como excéntrica y sorprendente,[80] parece haber tenido un cierto efecto sobre los jueces. Además, el Comandante Hubert-Joseph Henry[81] hizo una declaración teatral en plena audiencia.[82] Afirmó que una sospecha de fugas existía desde el mes de febrero de 1894 con respecto a una traición al Estado Mayor y «que una persona honorable» acusaba al Capitán Dreyfus. «El jura por su honor que el traidor es Dreyfus», señalando el crucifijo colgado en la pared del tribunal.[83] Dreyfus se exasperó y exigió enfrentarse a su acusador anónimo, lo que fue rechazado por el Estado Mayor. El incidente tuvo un efecto innegable sobre el Tribunal, compuesto de siete oficiales que eran a la vez jueces y jurados. Sin embargo, el resultado del juicio era incierto. La convicción de los jueces fue sacudida por la actitud firme y las respuestas lógicas del acusado.[84] Los jueces se reunieron para deliberar. Pero el Estado Mayor tenía un «as bajo la manga» para hacer inclinar la balanza definitivamente contra Dreyfus.
[editar] Entrega de un documento secreto a los magistrados
Testimonios militares del juicio alertaron sobre los riesgos de una absolución. En este caso, el Departamento de Estadísticas había preparado un expediente, conteniendo cuatro pruebas "absolutas" de la culpabilidad del Capitán Dreyfus, acompañadas de una nota explicativa. Ésta se volvió a precentar al comienzo de las deliberaciones, en un acto ilegal, al presidente del Consejo de Guerra el Coronel Émilien Maurel, bajo orden del Ministro de Guerra, el general Mercier.[85] Más tarde, en el juicio de Rennes de 1899, el general Mercier explicaría que la propia naturaleza de las pruebas presentadas prohibían su divulgación en el recinto del tribunal.[86] Esta carpeta contenía además, cartas sin gran interés, algunas de las cuales fueron amañadas,[87] un documento que sigue siendo famoso bajo el nombre de «Canalla de D…».
Se trataba de una carta del agregado militar alemán, Max von Schwarzkoppen dirigida al agregado militar italiano Alessandro Panizzardi interceptada por el Estado Mayor. La misión era supuestamente culpar definitivamente a Dreyfus, puesto que según sus acusadores, se lo designaba por las iniciales de su nombre.[88] Realmente el Departamento de Estadísticas sabía que la carta no podía ser atribuida a Dreyfus, y si lo fue, fue con intención criminal.[89] El coronel Maurel afirmó en el segundo juicio a Dreyfus,[90] que los documentos secretos no se habían utilizado para obtener la adhesión de los jueces del Consejo de Guerra. Pero se contradijo afirmando que leyó un único documento, «lo que fue suficiente».
[editar] Condena, degradación y deportación
El 22 de diciembre, después de varias horas de deliberación, el veredicto salió a la luz. Por unanimidad, los siete jueces condenaron a Alfred Dreyfus por traición a la patria «a la destitución de su grado, a la degradación militar, y a la deportación perpetua en un recinto fortificado», es decir, en la prisión de Guyana. Dreyfus no fue condenado a muerte ya que la constitución de 1848 había suprimido la pena capital por crimen político. Para las autoridades, la prensa y el público, si existían algunas dudas de antes del juicio, se disiparon. La culpabilidad era cierta; tanto la derecha como la izquierda, se lamentaban por la abolición de la pena de muerte para el crimen de traición. El antisemitismo alcanzó su pico en la prensa y se manifiestó en poblaciones hasta ese momento nunca afectadas.[91] Incluso Jean Jaurès lamentó la suavidad de la sentencia de la corte, y escribió: «un soldado ha sido condenado a muerte y ejecutado por haber lanzado un botón a la cara de su cabo. ¿Entonces por qué dejar a este miserable traidor con vida?»
El 5 de enero de 1895, la ceremonia de degradación se llevó a cabo en un tribunal de la Escuela Militar en París. Los testigos describieron la dignidad de Dreyfus, que siguió proclamando su inocencia. Aquí viene a ejercitarse conjuntamente lo que se llama «la leyenda de la confesión».[92] Antes de la degradación, en el furgón que lo traía a la Escuela Militar, Dreyfus habría confiado su traición al capitán Lebrun-Renault.[93] Todo indica que realmente, el capitán de la Guardia Republicana se jactó y que Dreyfus no había realizado confesión alguna.[94] Por causa de la naturaleza del asunto, en relación con la seguridad nacional, el condenado fue puesto en régimen de aislamiento en una celda, en espera de su traslado. El 17 de enero, se lo transfirió a la prisión de la Isla de Re, donde se lo mantuvo más de un mes. Tuvo derecho de ver a su esposa dos veces por semana, en una larga sala, cada uno en un extremo, con el director de la prisión entre ambos.[95] El 21 de febrero, embarcó en el buque Ville-de-Saint-Nazaire. Al día siguiente, el buque partió hacia Guyana.
El 12 de marzo, después de una dura travesía de quince días, el buque ancló frente a la costa de la Isla de la Salvación. Dreyfus permaneció un mes en la prisión de la Isla Real, luego se lo transfirió a la Isla del Diablo el 14 de abril. Junto con sus guardias, eran los únicos habitantes de la isla. Fue instalado a una casilla de piedra de cuatro metros cuadrados con un cuarto.[96] Atormentado, por el intento de evasión, el comandante de la prisión hizo vivir un infierno al condenado, mientras que las condiciones de vida eran ya de por sí muy difíciles.[97] Dreyfus cayó enfermo sacudido por las fiebres, que se empeorarían año tras año.[98]
Dreyfus fue autorizado a escribir sobre un papel numerado y rubricado. Sufrió la censura de la autoridad, así cuando enviaba correspondencia como cuando recibía el correo de su esposa Lucie, en el que se animan mutuamente. El 6 de septiembre de 1896, las condiciones de vida de Alfred Dreyfus empeorarían aún más: lo colocaron al «doble cierre», un tormento forzado a permanecer sobre su cama, inmóvil con los tobillos y las muñecas amarradas. Esta medida fue tomada por consecuencia de la falsa información de sus deseos de fuga, publicada por un periódico inglés. Durante dos largos meses, hundió a Dreyfus en una profunda desesperación. En ese momento, se convenció de que su vida acabaría en esa isla remota.[99]
[editar] La verdad en marcha
[editar] La familia Dreyfus descubre la trampa y actúa
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Mathieu Dreyfus, el hermano mayor de Alfred Dreyfus, estaba convencido de la inocencia del condenado. Fue el primer gran arquitecto de la rehabilitación de su hermano, y dedicaría todo su tiempo, toda su energía y toda su fortuna para reunir en torno a sí un movimiento cada vez más poderoso para la revisión del caso de diciembre de 1894, a pesar de las dificultades de la tarea:[100] «Después de la degradación, el vacío se hizo en torno nuestro. Sentíamos que ya no éramos seres humanos como los demás, como aislados del mundo de los vivos.»[101]
Mathieu intentó por todas las vías, incluida las más sorprendentes. Así pues, gracias al doctor Gibert, amigo del Presidente Félix Faure, se entrevistó en Le Havre con una mujer que, bajo hipnosis, le habló por primera vez de un expediente secreto.[102] ,[103] El hecho fue confirmado por el Presidente de la República al Dr. Gibert en conversación privada.
Poco a poco, a pesar de las amenazas de detención por complicidad, los esquemas y las trampas tendidas por los militares,[104] consiguió convencer a diversos moderados. Así pues, el periodista de izquierda Bernard Lazare examinó las zonas grises de las actuaciones. En 1896, Lazare publicó en Bruselas el primer folleto dreyfusard.[105] Esta publicación tuvo poca influencia en el mundo político e intelectual, pero contenía tantos detalles que el Estado Mayor llegó a sospechar que el nuevo jefe del Departamento de Estadísticas, Picquart, podría haber sido el responsable.
La campaña en favor de la revisión, fue retransmitida gradualmente en la prensa de izquierda antimilitarista,[106] lo que desencadenó a cambio una ola de antisemitismo en la opinión pública muy violenta. Francia seguía siendo entonces mayoritariamente antidreyfusarde. El comandante Henry, del Departamento de Estadísticas, era por su parte consciente de la fragilidad del expediente para presentar cargos. A petición de sus superiores, el general de Boisdeffre, jefe de Estado Mayor, y el general Gonse, se encargaron de hacer "engrosar" el expediente con el fin de evitar toda tentativa de revisión. Incapaces de encontrar la menor prueba (de culpabilidad), decidieron fabricarlas a posteriori.
[editar] El descubrimiento del verdadero culpable: Picquart «pasa al enemigo»
El verdadero culpable de la traición fue descubierto por casualidad de dos maneras distintas; por Mathieu Dreyfus, por una parte, recogiendo la denuncia del banquero Castro, y por el Departamento de Estadísticas por otra parte, como resultado de una investigación. El coronel Sandher cayó enfermo,y fue destinado el Teniente Coronel Georges Picquart al frente del SR en julio de 1895. En marzo de 1896 Picquart, que había seguido el asunto Dreyfus a partir de su origen,[107] exigió en adelante recibir directamente los documentos robados a la embajada de Alemania, sin intermediarios.[108] Había un pequeño documento conocido como el «pequeño azul»: una tarjeta telegrama, nunca enviada, escrita por Schwartzkoppen e interceptada a la embajada de Alemania a principios de marzo de 1896.[109] Ésta iba dirigida a un oficial francés de origen húngaro: el Comandante Ferdinand Walsin Esterhazy, 27 Rue de la Bienfaisance – París.[110] Por otra parte, otra carta en lápiz negro de von Schwartzkoppen demostraba la misma relación de espionaje con Esterházy.[111]
En presencia de las cartas de este oficial, Picquart se dio cuenta con estupefacción que su escritura era exactamente la misma que la de la “lista” que sirvió para incriminar a Dreyfus. Recurrió al “expediente secreto” entregado a los jueces en 1894, y ante su vaciado, adquirió la certeza de la inocencia de Dreyfus. Muy conmovido por su descubrimiento, Picquart comenzó diligentemente una investigación en secreto, sin el acuerdo de sus superiores.[112] Dicha investigación demostraría que Esterházy tenía conocimiento de los elementos descritos por la “lista” y que estaba bien en contacto con la embajada de Alemania.[113] Se estableció que el oficial estaba vendiendo a los prusianos numerosos documentos secretos cuyo valor era sin embargo bastante escaso.[114]
Esterházy era un antiguo miembro del contraespionaje francés[115] dónde sirvió después de la Guerra de 1870. También había trabajado en la misma oficina que el Comandante Henry de 1877 a 1880.[116] Hombre con trastornos de personalidad, reputación sulfurosa,[117] lleno de deudas, era para Picquart, un probable traidor animado por un móvil evidente: el dinero. Picquart comunicó entonces los resultados de su investigación al Estado Mayor, que se opuso: «cosa juzgada». En adelante, todo se haría para expulsarlo de su puesto, con la ayuda de su propio comandante adjunto, Henry. Se trató, sobre todo, en las altas esferas del Ejército de no admitir que la condena de Dreyfus pudiera haber sido un grave error judicial. Para Mercier, luego Zurlinden, y el Estado Mayor, «lo que se hace se hace, no se vuelve nunca para atrás».[118] Convenía entonces separar los casos Dreyfus y Esterházy.
[editar] La denuncia de Esterházy y los progresos del dreyfusisme
La prensa nacionalista lanzó una violenta campaña contra el núcleo de los dreyfusards. En contraataque, el Estado Mayor descubriría y revelaría las informaciones, ignoradas hasta ese momento, del «archivo secreto».[119] Las dudas comenzaron a instalarse entre las figuras de los medios culturales y políticos.[120] Picquart intentó convencer a sus superiores para reaccionar en apoyo de Dreyfus, pero el Estado Mayor parecía sordo. Una encuesta fue procesada en su contra. Picquart fue relevado y alejado a Oriente, luego fue trasladado a Túnez «en el interés del servicio».[121]
En ese momento el comandante Henry eligió pasar a la acción. El 1 de noviembre de 1896, creó una farsa, el «falso Henry»,[122] conservando el encabezado y la firma[123] de una carta cualquiera de Panizzardi redactando el texto central: "He leído que un diputado hará una interpelación a Dreyfus. Si se piden de Roma nuevas explicaciones, diré que nunca tuve relaciones con ese judío. Entienda esto. Si se le consulta, dirá igual, ya que es necesario que nunca se sepa lo llegó con él."
Era una farsa bastante burda. Los generales Gonse y Boisdeffre, sin cuestionar, llevaron sin embargo la carta a su Ministro el general Billot. Las dudas del Estado Mayor relativo a la inocencia de Dreyfus se diluyeron.[124] Sobre la base de este descubrimiento, el Estado Mayor decidió proteger a Esterházy y perseguir[125] al coronel Picquart, «que no comprendió nada».
Picquart, que no sabía nada acerca del «falso Henry», rápidamente se sientió aislado de sus colegas militares. Literalmente acusado de malversaciones por el comandante Henry,[126] protestó por escrito y regresó a París.
Picquart confiaba en su amigo, el abogado Louis Leblois, a quien le hace prometer confidencialidad. Este último habló con el Vicepresidente del Senado, el alsaciano Auguste Scheurer-Kestner, que a su vez fue afectado por la duda. Sin mencionar a Picquart, el senador puso de manifiesto el caso ante las más altas esferas del país. Pero para el Estado Mayor, a pesar de todo, Picquart era sospechoso de estar detrás de la filtración. Este fue el comienzo de la causa Picquart,[127] una nueva conspiración de los militares contra el oficial.
El comandante Henry, entonces suplente de Picquart, continuó su cometido,[128] realizó por su propia cuenta una operación de intoxicación en la información a fin de comprometer a su superior. Se dedicó a diversos actos ilícitos (creación de una carta designándolo como un instrumento del «sindicato judío» que quería hacer evadir a Dreyfus, fingir la «pequeña azul» para hacer creer que Picquart había suprimido el nombre del verdadero destinatario, la redacción de una carta nombrando a Dreyfus en el escrito).
Paralelamente a las investigaciones del coronel Picquart, los defensores de Dreyfus fueron informados de la identicidad de la escritura de la "infidencia" con la de Esterházy, en noviembre de 1897. Mathieu Dreyfus, mostró una reproducción de la nota, publicándola en Le Figaro. Un banquero, Castro, identificó este escrito como del comandante Esterházy, su deudor, y previno a Mathieu. El 11 de noviembre de 1897, las dos vías de investigación organizaron una reunión entre Scheurer-Kestner y Mathieu Dreyfus. Este último, recibió la confirmación del hecho de que Esterházy fue el autor de la "infidencia". El 15 de noviembre, sobre estas bases, Mathieu Dreyfus presentó una denuncia en el Ministerio de Guerra contra Esterházy.[129] La polémica se hizo pública y el Estado Mayor no tuvo más remedio que abrir una nueva investigación. A fines de 1897, Picquart, regresó a París, para dar a conocer públicamente sus dudas sobre la culpabilidad de Dreyfus, a causa de sus descubrimientos. La intención de eliminar a Picquart pareció haber fracasado. El desafío era muy fuerte y se fue a la confrontación. Para desacreditar a Picquart, sin ningún efecto,[130] Esterházy envió cartas de protesta al Presidente de la República.[131]
El movimiento llamado dreyfusard, organizado por Bernard Lazare, Mathieu Dreyfus, Joseph Reinach y Auguste Scheurer-Kestner se amplía.[132] Emile Zola, informado a mediados de noviembre de 1897 por Scheurer-Kestner sobre el expediente, estaba convencido de la inocencia de Dreyfus y comprometido oficialmente.[133] El 25 de noviembre, el novelista publicó M. Scheurer-Kestner en Le Figaro, el primer artículo de una serie de tres.[134] Ante el peligro del desabonarse en masa de sus lectores, el director del periódico dejó de apoyar a Zola.[135] Poco a poco, a partir de diciembre de 1897 los escritores Anatole France y Paul Bourget, la universitaria Lucien Lévy-Bruhl, el bibliotecario de la Escuela Normal Superior Lucien Herr convencieron a Léon Blum y Jean Jaurès, los autores de La Revue blanche,[136] Lazare familiarizado con el director Thadée Natanson, los hermanos Albert y Georges Clemenceau, todos comprometidos en la lucha por un nuevo juicio. Blum intentó en noviembre hacer firmar a su amigo Maurice Barrès una petición que solicitaba la revisión del pleito, pero este último se negó, rompe con Zola y Blum a principios de diciembre, y comienzó a popularizar el término de intelectuales.[137] Esta primera ruptura fue el preludio a una división de las élites cultas, después del 13 de enero.
Si el Asunto Dreyfus ocupó cada vez más los debates, el mundo político no lo reconoció así siempre, y Jules Méline declaró en la apertura de sesión de la Asamblea Nacional, el 7 de diciembre: «no hay Caso Dreyfus. No lo hay actualmente y no puede haber Caso Dreyfus».[138]
[editar] Pleito y condena del traidor
El general de Pellieux fue el responsable de llevar a cabo una investigación. Esto no bastó, el investigador estaba hábilmente manipulado por el Estado Mayor. El verdadero culpable, dijo, «es el teniente coronel Picquart».[139] La investigación se transportó hacia otro ámbito, cuando la ex maestra de Esterházy, la Sra. de Boulancy, publicó en Le Figaro cartas en las cuales expresaba violentamente, una decada antes, todo su odio a Francia y su menosprecio al ejército francés. La prensa militarista inmediatamente acudió a la ayuda del traidor a través de una campaña antisemita sin precedentes. La prensa dreyfusarde replicó fuertemente con nuevas pruebas en su poder. Georges Clemenceau, en el periódico L’Aurore, se preguntaba:
