Autor Tema: Cap. III Interpretación de las ruinas  (Leído 47 veces)

0 Usuarios y 1 Visitante están viendo este tema.

Desconectado Juan Pistón

  • Principiante
  • *
  • Mensajes: 68
Cap. III Interpretación de las ruinas
« en: Octubre 16, 2017, 18:40:20 »
Tres cuestiones tan solo para continuar con esta somera dilucidación de tipo social y genérico para estas originales y auténticas comunidades urbanas en Mesopotamia y alrededores.
En primer lugar algo muy simple, despistar de cualquier rescate arqueológico, sea del tipo del arte mueble o decorativo o del tipo gransioso de edificios u obras públicas cuaquier significado o aspecto en realación con ritos o religión, con la exisdtencia de templos o sacerdotes y otrogar a todo ello un signioficado más normal y arquetípico, más humano en otras palabras y propio de las funciones sociales y económicas y la especialización de esas funciones y trabajos en figuras y puestos, desde el último artesano al presidente de la oficina central del zigurat.
Y bien es cierto que la religión exite, que los primeros dioses e ídolos aparecen y se nombran en lugares como Uruk y las otras ciudades en Mesopotamia en la alborada de su civilización. Pero es un hecho abasolutamente innegable el primer carácter femenino de esas deidades y que sería acaso algo después cuando aparecieron los primeros dioses, la pura simpleza de los primeros dioses, dioses silábicos, balbucientes, que se decantarían hacia un género u otro   -femenino o masculino-  según cómo les irían los negocios a las mujeres y los hombres en el ambiente social y económico de esas épocas. Es de suponer además otro hecho importantísimo, que antes, en los siglos o milenios anteriores a esos dioses elementales, no existieron los dioses, otros dioses anteriores, fuesen de corte femenino o masculino.
Primer carácter femenino de esas deidades porque al mismo tiempo de la aparciión "insidiosa" de esos nombres y esos ídolos sucede otro de los fenómenos prehistóricos clave para la comprensión de las sociedades mesopotámicas tres milenios antes del comienzo de nuestra era.Ese fenómeno no es otro que el misterioso ocultamiento  -no solo en Meospotamia, sino en otros muchos lugares del mundo-  de la presencia y aurtoridad de las ricas señoras que habían dominado durante todo el registro del Neolítico. Es entonces cuando ese sutil y paulatino ocultamiento de esas mujeres en el entorno social y político de las ciudades en Mesopotamia cuando sucede por cuirosidad la aparición de los dioses y reglas precisas para su trato como es la religión.
Este simple hecho del apulatino ocultamiento de esas ricas señoras sería una de las más importantes causas para que no aparezca su figura y su nombre de una manera principal en los documentos escritos y las listas reales. Es decir, el desarrollo primigenio de la escritua sucede precisamente poco después de ese ocultamiento y en realación con otros hechos ajenos a lo mismo. Es ahora cuando el artista confeccionador  de imágenes en tablillas de barro, artefactos escriturales, etc., comienza a realizar añadidos estrambóticos en las figuras de aspecto femenino y a concederles funciones espirituales a esas figuras, funciones espirituales e idolátricas que, si bien ayudan en su memoria, hacen por así decirlo, despegar a la figura real femnina de los asuntos terrenales y de sus posesiones en los asuntos de las ciudades y campos de labor.
Todo esto como una serie de asertos quizás algo apresurados o de aspecto peyorativo, pues aquellas ricas señoras seguirían existiendo sin duda oncluso dentro del terrible ambiente bélico que se avecinaba, y no solo en los lugares en Mesopotamia sino en el resto del mundo. El filósofo griego Aristóteles dice en sus escritos que todavía en su tiempo dos quintas partes de Grecia, que es acasi la mitad del país, estaban en manos de las mujeres, de líneas herenciales matgrilineales desde la antigüedad. En la misma Península Ibérica es posible que esas líneas herenciales matrilineales llegasen hasta épocas recientes del año 1.000 después de nuestra era.
Otro segundo hecho crucial en ese sentido expuesto es la formalización del hecho bélico, es decir, la puesta en marcha de la guerra como fórmula y supremo juez para la dilucidación  de las discusiones y diferencias entre las diversas ciudades en Mesopotamia. Esa formalización del hecho bélico sucedde también de una manera gradual, escolanda, icncluso cíclica y es uno de los fenómenos más importantes para su análisis en estos lugares y zonas cronológicas del surgir de la civilización.
Esde suoober que hacia el pasado y según las normas de "estado natural" impuesto por la autoridad de las mujeres y los hombres provenientes del Neolítico  -higiene de trato entre los humanos-  no se habría contempladonunca el jecho de la guerra, la discusión organizada según acciones de grupos armados con una sentencia o resolucoión hasta la muerte entre esos grupos. En Eridú y El Obeid y el resto de los antiguos poblados no había murallas, no se necesitaban, sería inútil buscarlas, nadie llegaría por lanoche o por el día con armas y cuchillos a matarles y robarles los almacenes. Pero después sí, los problemas entre las ciudades aumentaron en imporatnacia e intensidad  -Umma y Lagash-  y aparecieron las murallas y la gente con armas no solo para defender esas ciudades, sino como algo normal en los caminos por labores pliciales. Antes, entocnes, no había ejércitos, después ´si que los ahbía, antes, entonces, no había policía, después sí que la había. Uno de los señores implicados en el asunto entre Umma y Lagash diría que, una vez conseguida su venganda, "el montón de los cadáveres de sus enemigos llegaría al cielo".
Pero el tener y mantener un ejército no es un negocio social y político cualquiera, se trata de gastarse el dinero y la riqueza. Acaso toda la riqueza y el dinero que existe, acaso la mayoría de los beneficios obtenidos en la comercialización de los excedentes. Esto puede ser otra de las causas más importantes del ocultamiento y desaparción de esa clase de ricas mujeres en las ciudades mesopotámicas. La defensa de las ciudades, la construcción de las murallas  -en Uruk eso fue algo mitológico-  se convertiría en uno de los negocios urbanos máss importantes. Y, entonces, ¿quién pagaría todo aquello? Pues la clase de gentes que tenía la riqueza, esas ricas mujeres y sus familias y clanes procedentes del neolítico, de su bolsillo, pero sin duda también aquellos que manejaban los impuestos, la gentes del "gran almacén" o "zigurat", cuyas arcas debieron resentirse en el intento. Se asiste ahora al nacimiento de una nueva sociedad, algo que llegará hasta nuesgtros días, la cclase de mujeres y de hombres, de estados y naciones procedentes de la manifestación guerrera.
Y una tercera cuestión para la dulicidación de esta importante cuestión genércia para las figuras de autoridad en las ciudades mesopotaámicas tendría que ser la propia resolución interpretatica de loslugares importatnes de las ciudades  -distritos- es decir, no en todos esoslugares, palacios, dedificos de gobierno, oficinas de control, templos, tendría que estar supeditados a la autoridad y propiedad de los hombres, sino solo alguna porción de ellos, acaso, lamitrad, dejando el resto bajo el dominio y propiedad de las mujeres, posesión suya, particular.
En concreto habría que referirse aquí a la existencia de unos edificos sonsiderados como "palacios", edificios y estancias de alrededor donde vivirían importanttes personas y desde donde administrarían sus negocios.
En la investigación arqueológica, en los estudios y teorías suscitados sobre las ruinas de ciudades como Uruk no parece advertirse de forma nítida las funciones de cada edifico, es decir, su dedicación práctica, para lo que sirvieran cada uno de ellos. Los edificios en una ciudad no se construyen "para nada" o "porque sí", con lo carísimos que resultan siempre, siempre, deben poseer una utilidad más o menos patente e imporatne en el organigrama social, económico y político de la urbe. Todos ellos, cada piedra opared debe servir para algo. Y más en la antigüedad, en su simpleza de función.
A