Autor Tema: El Carambolo III El Tesoro  (Leído 140 veces)

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Desconectado Juan Pistón

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El Carambolo III El Tesoro
« en: Julio 16, 2017, 18:59:19 »
Lo más alucinante, sin embargo, serían las manifestaciones hacia el futuro  -desde el lugar cronológico del Carambolo-  de aquellas primitivas gentes (Turdetanos, íberos), en relación con ese posible uso de nosocomio u hospital comarcal en el Carambolo. Habría que fijarse aquí en un cierto carácter elitista del emplazamiento, es decir, no todo el mundo tendría la posibilidad de ser atendido en el Carambolo o lugares parecidos,  algo que -el hecho concreto de elitismo- conduciría y en forma de poderoso contraste social a la popularización de las prácticas y costumbres salutíferas y a la rica manifestación íbera de una especie de "religión salutífera". Esta especie de costumbre o religión de uso común en la mayoría de pueblos y ciudades quedaría demostrada por la aparición de unos lugares singulares dedicados a la función de "santuario" a donde cada cual podía llevar su ídolo o exvoto con las precisas propuestas a los dioses o fuerzas sincréticas de la naturaleza y en relación de cuál debería ser el miembro o la zona corporal que debería ser curada, objeto de sanación,  si una pierna o un pie, una mano o la cabeza..., pero también promover razones para algún negocio..., o preservar la salud y la suerte del propio grupo o familia, algo de simples trazas, en realidad el máximo intermediario entre cada cual y esos dioses y fuerzas naturales debió ser el artista del taller de bronce a quien se mostraban las dolencias o pretensiones.
En cuanto a los pequeños objetos de arte mueble encontrados en el Carambolo o relacionados con él hay que traer a cuento dos de ellos, acaso los más importantes  -aparte del tesoro, por supuesto-  como son el pequeño barco de barro cocido  -una parte del mismo-  con la quilla en forma de cabeza de caballo, algo característico de las embarcaciones en tiempo de los Fenicios y en las costas de la península y la pequeña estatuilla de la diosa Astarté de típica confección fenicia. Pero acaso estos dos objetos también podrían servir para demostrar el uso singular de nosocomio para El Carambolo. Así el pequeño barco de cerámica podría pertenecer a alguien que, llegado desde lejos, lo habría donado por haber sido curado de alguna enfermedad y la estatuilla de Astarté y la leyenda en fenicio también hablaría de lo mismo, una ofrenda o regalo para la institución allí desplegada y en agradecimiento por algo en concreto, el haber sido  -su dueño o familia-  librados de algún mal o dolencia. Es de suponer que ya en aquel tiempo y en ese lugar El Carambolo, con el estuario del río a sus pies y las ricas brisas marinas, debieron atenderse una cierta gama de enfermedades infecciosas, tuberculosis y neumonía, síndromes de la piel y las mucosas, lepra, incluso unas simples almorranas.
Existe un edificio también estudiado en la actualidad que puede aportarnos luz en nuestro intento de catalogar lugares como El Carambolo. El yacimiento se sitúa en el pueblo de Garcinarro dentro del término de Valle de Atormira en la provincia de Cuenca, lugar, La Celtiberia.
Casi en su totalidad excavado en la roca  ¡ciclópeo trabajo!, el edifico en cuestión tiene tres estancias, tres especie de salones rectangulares, paralelos y relacionados ente sí en el exterior y está orientado de Este a Oeste y con la entrada principal hacia el poniente. La datación cronológica para este yacimiento conquense es la Edad de Hierro o la última fase de la Edad de Bronce, hacia los años 400 antes de n.e.
La interpretación que se concediera para estos edificios se refiere a un templo o templos vinculados a las religiones ibéricas. De cierto en una de las naves, acaso la principal, aparece en la pared del fondo una preciosa hornacina de avanzado diseño en la cual podría haber habido alguna clase de figura o ídolo. Estas tres naves  -esto es algo muy importante-  aparecen dentro del considerado recinto de "la acrópolis", de un viejo poblado íbero.
Pero de cierto también en este caso sería posible deslindar la interpretación de los escabrosos caminos de la religión y pensar para ello una finalidad práctica, como si ese inmenso trabajo llevado a cabo en su construcción hubiera de servir para asuntos de real importancia, alguna utilidad pública, incluso esa misma de pequeño nosocomio de la comunidad y la posible hornacina también relacionarla con lo mismo, la postura allí de un ídolo  -¿oculado?-  relacionado con las costumbres salutíferas.



El Tesoro del Carambolo

También es que todos esos edificios con una finalidad más o menos pública o social debieron contar ya hacia el año 1.000 y los siglos posteriores antes de n.e. con una cierta infraestructura económica, un cierto personal especializado, un cierto equipo de recipientes y utensilios y sobre todo alguien que los financiara, que respondiera con su dinero y riqueza de su funcionamiento y pervivencia.
Lugares como El Carambolo, además, por sus especiales características no servirían para la gente de base, para la multitud de las gentes, sino para alguna especie de gente de élite. Es decir, algo parecido a que no todo el mundo que lo pretendiese podría haber sido enterrado en las instalaciones funerarias de Malta, sino tan solo alguna clase de lo mismo, la yet-set, digamos, de hace 4.500 años.
Sería por razones como esta por lo que su fin, su desaparición, "el acabose", quedaría decretado de antemano y la mayoría de las gentes buscarían su expresión de salud en los exvotos y santuarios naturales.
En este especial apartado de la financiación o sobre quienes serían los dueños concretos de todo el complejo y acaso desde antiguo, desde su primera fundación y de generación en generación, sería la manera más adecuada para intentar una correcta interpretación para el "tesoro del Carambolo". Precisar aquí que sería a raíz del rescate de algunas piezas de ese tesoro en la superficie cuando se descubriera e investigara el resto del yacimiento, así que lo más antiguo del tema es el Tesoro. Bien.

1958 es el año del siglo pasado cuando aparecen las primeras piezas que, más tarde, y después de la correspondiente investigación se asocian a otras piezas descubiertas en un estrato de de arqueología y dentro de un recipiente cerámico. En la actualidad todas esas piezas  -pues puede ser que la panoplia no se encuentre completa-  están depositadas en el Museo Arqueológico de Sevilla.
La potencia de estratos del Carambolo, es decir, hasta donde se encuentran restos en la excavación, no es mucha, se reduce a nivel general a un estrato de medio metro, acaso por la existencia de rocas hacia el interior.

En su totalidad el tesoro consta de 21 piezas fabricadas en oro de primera calidad y huecas en su interior. Su peso aproximado de de 3 kilos y se cree obra de un taller de joyería local, aunque de claro estilo orientalizante tartésico. Consta de un collar formado por una primorosa cadena con delicado broche posterior; ésta cadena sujeta una pieza de aspecto romboidal y cilíndrico muy característica de la orfebrería de esos lugares que, a su vez, sujeta por medio de sendas cadenas, otras 8 piezas de un raro aspecto de sellos o flores y decoración diversa (falta una de estas últimas piezas); 2 brazaletes, es decir, dos piezas cilíndricas para colocar en los brazos; 2 piezas planas de forma rectangular en forma de piel de toro con unas dobles terminales tubulares en sus esquinas, la anterior que serviría de pectoral con un enganche horizontal en su parte inferior para enganchar otras piezas y la posterior que iría a la espalda. Ambas piezas estas que debieron estar relacionadas, unidas por cordones de cuero desde sus pequeñas terminales tubulares. 8 placas rectangulares muy decoradas con diminutas rosetas y otras 8 de menor tamaño con decoración de semiesferas. Estas 8 y 8 piezas también debieron estar unidas entre sí por cadenitas de oro u otros materiales como seda o cuero y crearían el resto  de la armadura en el centro del cuerpo.

El tesoro en sí, a simple vista, ofrece un poderoso aspecto y se trata sin duda de un conjunto de representación y su uso debió estar sujeto a cierto boato y ceremonia.

Son diversas las teorías que conjeturan sobre el uso de este conjunto ornamental. La hipótesis más común es que todos esos aderezos de oro eran portados por una persona, acaso un hombre, una personalidad importante, rey o jefe de los clanes. Otras teorías lo hacen de uso y propiedad de los druidas o sacerdotes encargados de las ceremonias sacrificiales, que lo usarían en la práctica del rito. Modernas teorías aseguran que se esas piezas habría que asociarlas al rito del sacrificio, pero usadas no por el personal humano, sino en uso y adorno de las víctimas sacrificiales, aderezo del cuerpo de grandes animales, vacas, bueyes y caballos, dispuestos para el sacrificio. Por último existen también teorías que buscan nuevas formas para la interpretación   -en mi opinión un uso más normal de esas piezas-  que lo relacionan con el culto  de la "diosa madre" y de uso y propiedad de alguna importante mujer o mujeres de aquel tiempo.

Son estas últimas teorías, muy minoritarias, lo que ahora nos interesa, aunque deslindadas con descaro de cualquier significado o apelación de dioses, diosas o religión, sino dentro de esa función práctica y pública del edificio y en busca de razones económicas y de organización para lo mismo.
Si se concede un uso femenino para ese aderezo o panoplia por su aspecto, diseño o intención, se podría relacionar  -la existencia de ese tesoro-  con la certera existencia de aquella clase de mujeres y señoras procedentes del Neolítico-Edad de los Metales que habrían conseguido hacerse  -debido a un avatar de historia-prehistoria anterior-  con un sinnúmero de títulos y riqueza, manejo del comercio, fábricas y aparatos, también en esos lugares localizados del Sur de la Península, cuencas del Guadiana y Guadalquivir.

En efecto, en aquellas eras neolíticas cada lugar del mundo habría propuesto así, habría presentado diferentes recetarios de la presencia de esas mujeres. Aquí en las riberas de esos ríos la receta se llamaría Tartesos y la realidad de lo mismo una propuesta que puede alejarse un poco o de manera radical de los diferentes modelos en la actualidad para su interpretación.
El avatar concreto prehistórico al que nos referimos es aquel mismamente del "reparto de trabajos" entre los miembros del grupo en las últimas fases del Paleolítico y en concreto al reparto de trabajos entre las mujeres y los hombres y la aportación particular de cada cual a la economía del grupo.

El uso y manipulación de semillas sería algo muy antiguo en los lugares del Sur peninsular, algo que se llegaría a los 20.000 años hace. Sin embargo, sería también aquí, en la cuenca de los grandes ríos que la llegada de los nuevos productos de explotación neolítica a partir del año 5.000 años antes de n.e., cereales, trigo, cebada, legumbres y las nuevas criaturas a domesticar, cabras, ovejas y cerdos, la causa que habría condicionado el reparto de trabajos entre la mujer y el hombre y el baremo de riqueza que cada cual aportaría al grupo. Asegurar de nuevo, que desde el principio del Neolítico, los hombres, también en estos lugares ribereños habría seguido siendo cazadores, pescadores y recolectores estacionales mientras que las mujeres habrían ido adquiriendo y acaparando la mayoría de los nuevos quehaceres, las fábricas derivadas de ellos, y el comercio de los excedentes, con lo cual no solo su aportación de riqueza y alimentos al grupo habría sido mayor que el de los varones sino que las habría permitido sustraer y retener para ellas mismas y sus hijas "en herencia" una proporción de esos beneficios. Pero los hombres, al igual que en otras partes del mundo, y en observación y previsión de la jugada y seguimiento de su avatar histórico habrían ido abandonando sus ancestrales costumbres paleolíticas y se habrían organizado en los edificios destinados al gobierno, control de los trabajos ciudadanos y manejo y administración de los dineros y riqueza de la comunidad y la explotación de una diversidad de quehaceres artesanales, herreros, alfareros, curtidores, etc.

Serían, entonces, todas estas condiciones sorprendentes algo a tener muy en cuenta para crear un ambiente de comprensión para el yacimiento del Carambolo y el significado preciso de las piezas de esa panoplia que se expone en el Museo de Sevilla.
Para el pertinente comentario de las piezas del tesoro se puede comenzar por la más llamativa y emblemática de ellas como es el collar de extrañas piezas muy decoradas. Al observar estos colgantes nos preguntamos por la simbología precisa, sobre si son representaciones de flores, de objetos como sellos de comercio o si se refieren a sucesos cosmológicos. En este caso si son flores y desestimando cualquier otra propuesta se puede pensar en una flor singular como las amapolas, símbolo representado en esos colgantes. Amapolas como símbolo paradigmático representado, acaso recuerdo sutil de aquellas mujeres  -sus dueñas y quienes lo habrían encargado al joyero-  de cuando cuidaran los campos de cebada y trigo, la impertinencia de esas plantas y esas flores en los sembrados. O quizás por el fuerte color rojo en los pétalos de esas flores silvestres.
Sería por este objeto en concreto, el "collar de las amapolas" y su precisa simbología por lo que en una ciertas lógica y estética ese conjunto de piezas del tesoro tendría que ser propiedad y de uso de las mujeres, nunca de los varones ni de animales sacrificiales.
En su totalidad el aderezo o panoplia iría sobre un vestido talar y sus piezas se usarían de un manera simple en torno al cuerpo y sería una sola persona quién lo portase y tan solo en una cierta ceremonia o importante momento de representación o toma de decisiones. De cualquier forma sus tres kilos de peso ya dicen algo de su decisiva importancia.
El descubrimiento de ese conjunto dentro del medio arqueológico del yacimiento del Carambolo supone una infinidad de cosas. En primer lugar la existencia de una relación entre ambas cosas, el tesoro y los edificios interpretados como "nosocomio". Así esa panoplia o aderezo pertenecería a la dueña o presidenta de honor, persona que subvencionaría la función realizada en el mismo. En segundo lugar la evidencia de una organización, una especie de cofradía o reunión de mujeres en sus labores filantrópicas o de función social o política. Esta cofradía podría residir en el propio edificio o en los edificios cercanos al mismo  -acrópolis-  o en la cercana ciudad Spal. En tercer lugar que el perentorio hecho de esconder el tesoro supondría en sí mismo una especie de "fin de época", la liquidación de unas antiguas formas para la instauración de un nuevo orden como lo demuestran el mismo hecho de "esconder", la evidencia de fuerza por parte de quienes protagonizaron ese cambio y la instalación en el propio lugar de una especie de factoría metalúrgica.

A esto es, entonces, a lo que podría referirse un auténtico "cambio de paradigma" en el entorno y la interpretación de la Cultura Tartesos y sin duda de muchos otros lugares en la Península y a este lado del año 1.000. La comprensión, auténtica propuesta de pensamiento,  de la clase de sociedad singular que existiera de matriarcado-patriarcado en todos esos lugares y resto del mundo y procedente, sin duda, de un avatar anterior prehistórico y neolítico.
En este sentido se podrían mentar  de pasada otros lugares de reciente o actual investigación como Cancho Roano y el yacimiento del Turuñuelo, los dos en la provincia de Cáceres en el entorno Guadiana. Cancho Roano sería un palacio de demostración harto típica de una sociedad de matriarcado-patriarcado en cuya realización tanto la mujer como el hombre tendrían sus funciones designadas de antemano sin poder saberse cual de los dos prevalecería sobre el otro, el hombre funciones de seguridad, importancia y representación oficial, algo que sería suyo de"per se" y la mujer las meras funciones económicas, algo que, así mismo, habría sido suyo desde siempre. Tan solo en su demostración habría que cambiar el significado del salón posterior de la vivienda, no como un santuario, lugar de sacrificios rituales, sino como un salón de negocios en el cual mandaría la mujer y dueña de la casa y adonde recibiría, en compañía de su marido, a los importantes personajes que se llegasen al palacio para tratar y hablar de negocios. algo que terminaría  -costumbre singular fenicia-  con un sacrificio, no ritual, sino para refrendar los acuerdos. El Turuñuelo, sin embargo,y a medida que se descubren nuevas estructuras parece un lugar y palacio donde mandaba una escueta mujer descendiente de mujeres, reina o señora de alguna especie de condado o región. Por cierto un lugar El Turuñuelo donde la historia terminaría mal al igual que en El Carambolo y otros egregios lugares como Creta, en el cual la gente de los pueblos vecinos, hartos de la fiesta y el despotismo comercial y social instaurado desde el palacio, acabarían por anegar todo él  -en especial las dependencias de los almacenes-  en barro del río y procurarse  el gran banquete a su costa, sacrificios incluidos.
Todos ellos lugares en los que se insiste en términos de "monarquías sacras", pero no se conoce ni mucho menos quienes serían los reyes si las mujeres o los hombres. Quizás ambos a un tiempo. Es pues sin duda esta cuestión simple  genérica uno de los pilares que una vez dilucidado sustentará la verdad para una gran parte del Primer Milenio en la Península Ibérica antes de nuestra era.