Por un lado, tenemos un cuerpo que ha sido moldeado a lo largo de tres millones de años, ya que hay evidencias fósiles de que los Australopithecus afarensis fueron los primeros en iniciar algún tipo de marcha bípeda ocasional. De modo que la estructura ósea del niño, sobre todo una pelvis estrecha, y unos fémures, rodillas y pies preparados para ponerse en pie en cuanto los músculos tengan suficiente fuerza. Pero, por otro lado, el bipedismo lleva implícito también una profunda carga social, ya que el niño ha de aprender a andar.
No creo que andara apoyando los brazos sobre los nudillos como los chimpancés y otros simios, porque ellos tienen una fosita en la parte inferior del húmero que encaja muy bien con el cúbito, lo que da un codo muy resistente, que nosotros no tenemos. Además de que nuestros brazos son proporcionalmente mucho más cortos que los de otros homínidos.
Vamos, que en el fondo no tengo ni idea de que saldría de este experimento, no creo que su marcha habitual fuera la bipedestación pero tampoco podríamos compararla a la marcha de otros simios.