Autor Tema: Diario de la acequia de mi huerto  (Leído 16768 veces)

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Re: Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #45 en: Octubre 08, 2011, 21:11:15 »
Tengo la costumbre de utilizar varillas cuadradas de hierro de 12 ó de 14 mm de lado para señalizar el comienzo y el final de los surcos de cada cultivo, clavándolas fuertemente en el terreno . Teniendo en cuenta que el hierro es conductor y que en verano, con las debidas excepciones, las tormentas eléctricas son frecuentes en esta zona , me planteé la conveniencia de sustituir esas varas por otras de algún material no conductor... no fuera que , con el terreno húmedo, se transformaran en pequeños pararrayos que, en vez de pararlos, sirvieran para atraerlos y darme un buen disgusto. Sin embargo, ni la madera ni el plástico, los más accesibles, presentan la rigidez y resistencia del hierro o el acero, así que decidí mantener el hierro, porque, entre otras funciones, su resistencia es útil para tensar las guías que mantienen enhiestos algunos cultivos altos, como tomates , y otros más débiles frente al viento, como los pimientos . Sea como fuere, ahí estaban, desafiando la tormenta, mientras Petrus, precavido, se refugiaba prontamente  en la casita junto a la acequia, por si acaso...
Pero el hecho es que, un poco después de tomar esta decisión, leí en alguna parte que existen unos pararrayos digamos preventivos, basados en el funcionamiento de un condensador eléctrico, de modo que el aparato se estructura como uno de ellos. Cuando la nube cargada, digamos positivamente , sobrevuela el aparato, éste, o al menos su parte superior, en vez de emitir electrones para neutralizarla , creando de paso el canal de descarga potencial,  quedaría cargado positivamente, de modo que se dificulta una descarga hacia el o desde el suelo... Mi sistema  antirrayos práctico, llamado chapuza tecnológica por mis amigos, consiste en colocar sobre la punta de la vara metálica un cilindro aislante (  frasco de plastico sin el fondo ), y sobre él otro metálico ( bote metálico sin su tapa). De ese modo, las cargas quedarían así, en el ejemplo descrito: La nube ( zona baja) positiva induce cargas negativas en el suelo, pero estas cargas, en la punta de la varilla aislada por el frasco, inducen a  su vez cargas positivas en el bote metálico que se enfrenta a la nube. Nada de canal guía para la descarga, supongo. Es un condensador de baja capacidad, eso sí, pero con sus tres componentes básicos, armadura suelo, aislante y armadura bote. Espero que no lleguéis a leer en lo sucesivo alguna noticia como ésta: " Un agricultor aficionado , también aficionado a la ciencia práctica, ha resultado alcanzado por el rayo mientras faenaba entre pararrayos caseros de su invención. Las autoridades han iniciado una investigación para saber si la infección, perdón, la afición, está extendida y hay otras personas en peligro." Como en este foro abundan el saber y la afición por la ciencia aplicada, además de la teórica, espero de la benevolencia de alguien que, si ando errado, me corrija cuanto antes, que no son éstos temas para jugar con ellos. Saludos.

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Re: Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #46 en: Noviembre 10, 2011, 19:54:01 »
Después de un verano seco y extraño, con alternancias continuas de frescor y calor,  pero siempre sin lluvia, apenas un litro por metro cuadrado cada mes, por fin han caído las primeras gotas del otoño, unos modestos treinta litros por metro cuadrado que he medido en mi también modesto pluviómetro, un bote usado de melocotón en almíbar, cuidadosamente colocado en un lugar alejado de cualquier obstáculo que pudiera alterar su precisión. Venden en cualquier tienda del ramo preciosos medidores de lluvia en plástico de colores, con formas y diseños profesionales, y precios proporcionales al volumen de la cartera del diseñador, casi siempre desproporcionados a la sencillez del objeto. Usamos por estos lares decir, para significar lo simple de un artefacto: " tiene un mecanismo más sencillo que un sonajero", ya saben, una cavidad en la que se agitan unos granos de arroz o unas piedrecillas para distraer al bebé. También, e incluso con más propiedad podríamos decir que es más sencillo, cosa imposible, que un pluviómetro. Ya se que el mío debería prever las salpicaduras y la excesiva evaporación, pero para un usuario corriente, que solo pretende conocer cuánto ha llovido la noche anterior, por ejemplo, basta un diseño elemental. Lo que sí debe saber el usuario, y el libro de instrucciones así lo indica, es que el recipiente conviene que sea cilíndrico y colocado en en lugar aislado y algo elevado para que no recoja, y nos engañe con ello, las salpicaduras que ocurran en su entorno. Respecto a cómo efectuar la medición, y ya que estamos en un foro fundamentalmente de ciencia, dejaremos que lo descubra el lector. De todos modos, si pasados diez minutos de cálculo , para el que pueden usar calculadora manual, no han llegado a una solución, daremos una pista: cada milímetro de altura que alcance el agua recogida en el bote significa que ha llovido la cantidad de : palabras vigésima a vigésima cuarta de este post. Espero que no lo haya necesitado. Como en algunos lugares caen a veces hasta trescientos litros,  queda claro que cada uno tiene que diseñar su medidor adecúandolo al clima de su zona. Para mi huerto, modesto en esto del llover, me basta un bote sencillo: ¿ a ver de dónde saco yo un bote de melocotón en almíbar de 300 mm de altura ?. Con semejante tamaño, y no es broma, tengo para casi todo el año, porque en mi huerto, en verano, y a veces durante mucho más tiempo, lo que más abunda es la sed.

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Re:Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #47 en: Marzo 20, 2012, 12:11:24 »
Ayer, en un periódico local español ,  Diario de La Rioja ( España), aparece una noticia esperanzadora para el futuro de nuestros bosques, estos días en que la sequía  invernal y los incendios del Pirineo y otras zonas de España vienen a recordarnos que nuestros árboles viven " en libertad condicional". Más de cien personas, en una pequeña localidad riojana han participado en una plantación popular de árboles para recuperar un paraje deforestado. Noticias como ésta son una bocanada de aire fresco en este desolado panorama de incendios invernales que nutre las portadas de nuestros diarios y los servicios informativos de las televisiones españolas. Y se me ocurre que además de a pagar nuestros impuestos una vez al año, sería interesante obligarnos a plantar un árbol anualmente a cada ciudadano. En España, unos cuarenta millones de árboles, que a veinticinco ( 5 x 5 ) metros cuadrados por árbol, hacen un total de mil kilómetros cuadrados reforestados cada año... Volviendo al quehacer diario, estos días tengo que acudir a quemar los restos de poda de un olivar fronterizo con zonas de monte bajo. Además del permiso del Ayuntamiento local debo contar con el visto bueno del guarda forestal de la zona. A quienes no tienen que pelear con el fuego en estas circunstancias les será difícil imaginar cómo corren las llamas cuando alcanzan una zona de material combustible bien seco y polvoriento y la sensación de impotencia que parece imponerse ante la furia de ese elemento desatado o tan solo a la posibilidad de que se escape a nuestro control. Llevaremos agua y cuantos elementos nos sea posible. Luego, esperemos que el viento no se espante en alguna ráfaga traidora que arrastre las llamas más allá de nuestro olivar. Alguna vez ya lo hizo. Y allí no tengo el apoyo y la seguridad del caudal firme y poderoso de la acequia de mi huerto, que hoy nos envía sus saludos desde la tranquilidad soñolienta de su vagancia invernal, a solo un par de litros por segundo...

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Re:Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #48 en: Mayo 06, 2012, 12:56:32 »
La primera tormenta seria aunque algo tardía  de la campaña 2012 pasó sobre mi huerto en la tarde de ayer. Como yo andaba por la cocina fregando los platos de la comida, no estuve al tanto de los preparativos, hasta que un primer trueno me avisó de su proximidad. En esta zona, suelen llegar desde el suroeste, disimuladas entre un laberinto de nubes con apariencia inocente hasta que, en pocos minutos, se define claramente la típica estructura tormentosa, oscura, extensa y amenazadora. Arriba, muy arriba, las cimas blancas del cúmulo madre, como yo lo llamo, derramándose en cirros helados y por debajo  miles de metros de ominosa oscuridad creciente cruzada de rayos y truenos ,  una mezcla confusa de sienas, marrones y grises, cada vez más tintados de azules oscuros y negros, hasta definirse la oscura cortina que anuncia la llegada de la precipitación. Ayer,  fue un repentino estruendo de granizo seco ( el que no está húmedo de agua ni mezclado con lluvia ) sobre la cubierta del porche y el tejado , un desconcierto brutal e inesperado que duró solo cuatro o cinco segundos.  Luego, de pronto, otra vez silencio. Sensación de susto . En realidad, no había identificado el ruido cuando me asomé por la puerta al mundo exterior. Más bien lo había relacionado con el ruido de mil bolsas de plástico algo rígido manoseadas y estrujadas a la vez...  Luego, unos cuantos segundos más tarde , volvió el granizo conocido, la lluvia violenta , el viento que tira las pequeñas frutillas sobrantes de mayo y nos ahorra el trabajo de eliminarlas, las cosas que caen, las que el viento se lleva, las que se mojan indebidamente, las ropas al sol que hay que recoger con urgencia , la ventana abierta que bate peligrosamente... Cuando la tormenta pasó, enseñándonos desde el nordeste los flancos de sus torres nubosas y las blancas cortinas de lluvia y granizo que azotaban otros campo, era el momento de recoger el revoltijo de objetos arrastrados, desatascar el desagüe del tejadillo que aún chorreaba agua  sobre el asador y admirar, una vez más, la belleza y la fuerza de la madre Naturaleza. Detrás de mí, al otro lado de la caseta de mi huerto, la acequia se volvía rojiza por momentos, drenando ya las torrenteras de las colinas, los tejados de las bodegas, los surcos anegados de las viñas...

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Re:Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #49 en: Octubre 05, 2012, 11:43:05 »
He llegado al hilo casi por casualidad, pensando, más bien, que estaría ya definitivamente cerrado, ya que desde Mayo, Petrus no había aparecido por estos huertos y revisado su acequia, pero helo aquí de nuevo, perdida buena parte de la vista pero conservada, espero, la capacidad de comunicar las incidencias que siempre suceden en al ámbito vivo que cultiva cariñosamente.
En un verano meteorológicamente neutro, sin tormentas, sin vientos, sin rayos y truenos, tan solo calor, calor y más calor, queda tan solo una actividad a realizar sin falta: regar, regar y regar, para devolver a las plantas el agua que pierden , de pie al sol desde el amanecer al crepúsculo, en un tormento semejante al del reo sujeto a la estaca tostándose al sol en el patio de la prisión o en pleno desierto . Y en esta tarea incansable que solo ha terminado cuando el otoño ha traído las primeras lluvias, veo que las plantas, aún bien cuidadas, decaen progresivamente hasta que un chubasco una tarde cualquiera les aporta unos litros de benéfica agua de la lluvia. Entonces, mejor al amanecer siguiente, se observa el milagro : los pimientos se enderezan, las hojas brillan con nuevo verdor, los frutos se esponjan y colorean, la hieba crece de pronto sin medida... es una explosión de vida ligada siempre a la presencia del agua de lluvia de verano. Y he pensado, porque este fenómeno se produce siempre en mi huerto, en la posibilidad de que el agua de riego, caliza casi siempre, obture, al igual que ocurre en las lavadoras y lavavajillas, con sus depósitos de cal los finísimos poros por donde las raicillas absorben su alimento del suelo. Cuando el agua destilada de lluvia los limpia , las funciones se recuperan y empieza un nuevo ciclo renovado.
Como tengo agua de lluvia recogida, pienso en experimentar directamente regando con ella algunas plantas para observar los resultados. Si alguien que lea esto lo hace, puede comparar resultados regando dos plantas iguales con agua caliza y con agua de lluvia.  Espero que resulte.
Y para finalizar, como visitantes de este verano, además del inevitable mirlo cantor de melodías ignotas ,  apuntaré la presencia en mi acequia de un hermoso lución gris, de casi treinta cm de longitud, caído en el barro del fondo y en peligro inminente de muerte por ahogamiento apenas las aguas crecieran un poco. Salvado del ahogo, en apenas unos segundos lo pierdo de vista agazapado entre la hojarasca donde lo he depositado. Está aquí, me decía, pero es invisible, hasta que un ligero movimiento lo delata. Encontrar un lución, o una rana es para mí una buena señal. Aún son capaces de sobrevivir entre el hormigón, los pesticidas, los residuos vegetales arrojados al agua y la dejadez de quienes cobran por impedir que desaparezcan del todo.

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Re:Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #50 en: Febrero 07, 2013, 13:42:25 »
Este es un invierno suave, por ahora, aunque con algunos inesperados vendavales. La zona de mi huerto no es muy dada a estos excesos de la naturaleza. Situado en una extensa depresión natural de unos cuatrocientos metros de altura media , cercada al norte y al sur por sendas cadenas montañosas de alturas medias de mil y dos mil metros respectivamente, los vientos fuertes y las lluvias copiosas tienen sus dificultades para llegar hasta él, de modo que en casi todo resulta mesurado y a veces hasta humilde . Recién llegado de ver una película de Tolkien, yo llamaría a esta zona una especie de Tierra Media, hogar de hombres dede hace milenios, mezcla de iberos, celtas, romanos, arabes y, sobre todo, vecinos repobladores, cada vez que las razias de unos u otros la despoblaron decenas de veces... en fin, un amasijo tal que hoy, los hombres que la habitan, son eso, sin más, y nada menos que, hombres. Afortunadamente, ni orcos, solo algún imitador, ni trolls, ni elfos ( salvo alguno,  disfrazado, las noches veraniegas de luna llena, de mirlo seductor ). Y sin noticias de Frodo, Gandalf o Gollum, sin datos de dragones, héroes ni villanos. Pero repleta, al menos en mi huerto y si no lo remedio a tiempo, de trips, gusanos de alambre, psilas tan insidiosas como inocentes, piojos de san jose expulsados de algún Belén milagrosamente la noche de Navidad, cada año,  casi seguro, y que suelen aterrizar en primavera en mi huerto en hordas innumerables, filas interminables de pulgones, lepidópteros de belleza engañosa e infancia tenebrosamente viscosa, dípteros , hemípteros, himenópteros, arquípteros , ortópteros, coleópteros, todos aquellos seres que en mi infancia pertenecieron al mundo virtual de lo fantástico, están hoy aquí, pasando revista ante mí, como un ejército amigo a veces, hola abejas, enemigos casi todos los demás, y dispuestos al combate por la vida apenas el sol suba unos grados más hacia el sur y las yemas, hoy ya hinchadas, toquen a rebato la llegada de la primavera. Mientras, yo afilo mis armas poderosas, encerradas en frascos cuyas etiquetas ellos no saben interpretar, aún, y en máquinas portentosas cuyo funcionamiento se basa en las mismas leyes que a ellos los mantienen vivos. Maravilloso mundo , hecho de leyes intocables, pensarán, si piensan, pero gobernado, a su escala, por un enorme ser maligno que pasa medio año forjando y afilando sus armas para enfrentarse a ellos. Petrus, el Malvado, me llamarán sin duda, pero no me importa. En realidad, según las últimas investigaciones de la Biología, solo soy su controlador, y el que ayuda a que sus especies mejoren, evolucionen y sobrevivan. Pero no me lo agradecen nunca esos desdichados... Por eso los persigo.

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Re:Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #51 en: Marzo 04, 2013, 14:11:07 »
Por estos campos, el invierno es un tiempo generalmente calmado, neblinoso a menudo, algo triste, muy adecuado para tareas como la meditación , el ensoñamiento y la planificación, mientras el frío y la humedad de las tierras impiden cualquier otra labor más vigorizante y rentable a corto plazo. Tiempo para, al calor de la lumbre, repasar las herramientas averiadas, revisar las conservas dormidas en los armarios, remover los cestos de manzanas invernantes y otras tareas de esta guisa, incluído el obligado almuerzo matinal a las once. Hay tambien un pequeño estante con libros de asuntos agrícolas, amenidades del tipo EL Libro de la Selva, alguna novela y otros textos más o menos modernos, más bien menos. Casi todos han sido leidos y releidos , pero esta vez, debajo de otros, apareció uno muy  interesante, sobre la historia de la comarca ( en minúsculas ), con un capítulo dedicado a las diversas ordenanzas agrarias dictadas mucho tiempo atrás, y otras curiosidades documentales desde el siglo XIV. Y tratándose de antigüedades, pienso que, de todos los elementos artificiales de mi huerto, la acequia es, sin duda,  el más antiguo , que yo sepa, y hete aquí que en  unas ordenanzas agrícolas ( 81 capítulos) dictadas en 1770,  topé con diversos párrafos que hacían alusión a mi acequia, conocida ya entonces como Río Atayo, al parecer relacionado en el nombre de algún lugarejo por el que pasaba. Este canal de riego, como otros que recorren toda la comarca ( siempre escrita en minúsculas ) fue al parecer resultado de la estancia en ella de los árabes, moros en lenguaje popular, allá por los siglos IX y X . Si es así, tiene la friolera de un milenio de edad, empleado en transportar agua para alimentar a mis ascendientes y, Dios mediante, a alguno de mis sucesores en el cargo de horticultor. El capítulo 50 de dichas ordenanzas de 1770 , una especie de Partida de Nacimiento de mi acequia, empieza así:    " Que las cajas de los Ríos Atayo, Los Prados, Río Sequero y Cerezos se limpien todos los años por los dueños de las heredades confinantes, y en el término que para ello señalare la Justicia la cual, pasado dicho término,podrá nombrar personas que lo ejecuten de cuenta de los omisos....". Lo que transcribo literalmente, al efecto de dejar constancia escrita de la primera mención a la existencia y nombre de mi acequia. Para celebrarlo, pienso colocar un pequeño, aunque elegante, letrero, con su nombre completo, de modo que los paseantes y viajeros puedan reconocerla ahora y recordarla en los años venideros. No sé si podrá verse tambien desde Google Earth , pero ahora ya se ven las berzas, los tomates y, me temo, hasta el color de la camisa de Petrus el día que el satélito lo sobrevoló sin él saberlo....

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Re:Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #52 en: Junio 09, 2013, 19:12:36 »
Alguien ha dispuesto que el huerto disfrute de un año sabático. Supongo que, al fin, las peticiones de las asociaciones de mirlos y estorninos, las más ruidosas, las de pulgones, las más activas, los órganos colegiados de trips , los sindicatos de psylas y otras cuyo nombre no recuerdo, han obtenido respuesta afirmativa. Hace unos meses ya me llegó algún oficio desde las oficinas centrales  informándome de ciertos problemas cuya solución podría exigir algunas modificaciones del plan de trabajo anual, pero se fueron pasando los días y había olvidado el asunto. Hasta que hace dos meses se me citaba para una inspección seria a la que debía acudir sin falta. Era el momento de colocar las redes antipájaros a los cerezos, proteger de pulgones los frutales, sembrar los fríjoles , judías verdes aquí, recoger las habas, volver a cortar, por enésima vez, la hierba de una primavera rebosante de lluvias ... y todo quedaba en el aire mientras no se resolviera en sentencia firme el contencioso.  El inspector ocular jefe me tiene, por ahora, a la espera del permiso para realizar todas esas tareas. Mientras tanto, me consta que los mirlos se están dando el gran banquete de cereza Celeste, jugosa, dulcísima y fresca, y ya han terminado con todas las precoces Burlat a las que apenas dejan madurar.  Tambien los pulgones, por miríadas, se han establecido en los brotes tiernos de los manzanos y perales absorbiendo la savia que estaba destinada a otros fines. La vida natural, en su estado puro, sin limitaciones ni orden ha vuelto a mi huerto y todos se felicitan, excepto, yo, por ello. Pero no saben los pobrecillos, sin Internet ni móvil ,  que la previsión del tiempo señala para la próxima quincena una agobiante ola de calor que secará la hierba y agostará los brotes sin remedio. Por fin se les acabará la abundancia primaveral , les llegará el hambre y sobre todo la sed, esa que solo mi acequia y yo, conjuntamnte, podemos saciar en los largos veranos que amarillean las mieses y maduran las vides en estas tierras. Tal vez, cuando en las próximas semanas oiga cantar las cigarras en los árboles , me acordaré de ellos, pasando una sed interminable sin mi ayuda y, en el fondo, sentiré pena por no poder ayudarles. Y el año que viene, Dios mediante, me encontraré con un nuevo huerto, como un huerto virgen recién estrenado, libre por un año de insecticidas, herbicidas y todos los demás cidas ( del verbo latino occidere, matar, asesinar) que tan bien conocen mis supervivientes. A menos que el inspector ocular, ese que los humanos llamamos oftalmólogo, me conceda, por fin, permiso para reanudar las labores agrícolas ... Las únicas dudas que tengo es si mis amigos del huerto preferirán pasar sed en libertad o volver a verme. Yo, en su caso, las tendría.

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Re:Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #53 en: Junio 14, 2013, 12:32:21 »
Mientras permanezco alejado, por prescripción facultativa por supuesto, de mis quehaceres casi diarios en la huerta, suelo pasear con algunos de mis congéneres matando el tiempo y arreglando el mundo, que son tareas muy adecuadas a mi estado y edad.  Ayer se suscitó el tema de las mascotas, al hilo de cierto suceso de crueldad con los animales que aireó la prensa estos días. Alguien me preguntó entonces si tenía alguna , porque soy hombre al que no se le conocen estas aficiones, que yo sepa, y que no ha tenido ni tiene perro que pasear ni gato que alimentar , que son las mascotas que se llevan hoy mayormente y que dan al dueño un cierto aire de bondad y, si el perro lo merece, hasta de poder y señorío.  Y es que, reconozcámoslo, las gentes ligadas o aficionadas a la tierra solemos ser, en esto, un poco raras. Las que conozco no suelen tenerlas, salvo algún perro de caza bien cuidado y lustroso y, si viven en el campo o en el pueblo, el indispensable gato del que nunca se sabe si la mascota es él o el que se dice su amo. Como no tengo ni uno ni otro, al principio no supe qué contestar a mi amigo y contertulio y me quedé pensativo; ¿ será posible que no dedique nada de mi tiempo y de mis recursos a favorecer la vida de ningún animalito ? Ya se que mis labores agrícolas van a menudo en otra dirección pero no me veo dedicado solo al exterminio sistemático de plagas como un Terminator químico de penúltima generación. Repasé frenéticamente la lista de seres vivos con los que tengo relación y tardé unos segundos en encontrarla. Allí podía estar mi candidato a mascota. Apuesto unas líneas a que, por ser una mascota atípica, aunque no exótica, pero sí escuálida y frígida, solo recibe atenciones de quienes la conocemos bien. Come poco y solo de las sobras de lo que tiramos, no ladra por las noches, ni maya ni hay que sacarla a pasear. No tiene dientes ni veneno ni precisa, por ahora, de veterinario ni vacunas. Puede vivir en una humilde maceta con unos puñados de tierra, no suele escaparse y , en sus ratos libres, me ayuda en la huerta.  Se que este último dato ha aclarado quién es, pero, por si acaso, añadiré que es uno de los pocos animalitos a los que suministro alimento y bebida regularmente, arreglo su cama y tengo cuidado en no dañar en mis andanzas agrícolas. Y tengo cientos, miles tal vez. Claro que, como casi todo en este mundo, tiene algunos defectos: es poco cariñoso, excesivamente tímido, y tolera mal las caricias y el sol, la sequía y los pájaros. Queridos amigos, un ser tan humilde como útil, he aquí a... la lombriz de tierra.