Autor Tema: Diario de la acequia de mi huerto  (Leído 25242 veces)

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Re: Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #45 en: Octubre 08, 2011, 21:11:15 »
Tengo la costumbre de utilizar varillas cuadradas de hierro de 12 ó de 14 mm de lado para señalizar el comienzo y el final de los surcos de cada cultivo, clavándolas fuertemente en el terreno . Teniendo en cuenta que el hierro es conductor y que en verano, con las debidas excepciones, las tormentas eléctricas son frecuentes en esta zona , me planteé la conveniencia de sustituir esas varas por otras de algún material no conductor... no fuera que , con el terreno húmedo, se transformaran en pequeños pararrayos que, en vez de pararlos, sirvieran para atraerlos y darme un buen disgusto. Sin embargo, ni la madera ni el plástico, los más accesibles, presentan la rigidez y resistencia del hierro o el acero, así que decidí mantener el hierro, porque, entre otras funciones, su resistencia es útil para tensar las guías que mantienen enhiestos algunos cultivos altos, como tomates , y otros más débiles frente al viento, como los pimientos . Sea como fuere, ahí estaban, desafiando la tormenta, mientras Petrus, precavido, se refugiaba prontamente  en la casita junto a la acequia, por si acaso...
Pero el hecho es que, un poco después de tomar esta decisión, leí en alguna parte que existen unos pararrayos digamos preventivos, basados en el funcionamiento de un condensador eléctrico, de modo que el aparato se estructura como uno de ellos. Cuando la nube cargada, digamos positivamente , sobrevuela el aparato, éste, o al menos su parte superior, en vez de emitir electrones para neutralizarla , creando de paso el canal de descarga potencial,  quedaría cargado positivamente, de modo que se dificulta una descarga hacia el o desde el suelo... Mi sistema  antirrayos práctico, llamado chapuza tecnológica por mis amigos, consiste en colocar sobre la punta de la vara metálica un cilindro aislante (  frasco de plastico sin el fondo ), y sobre él otro metálico ( bote metálico sin su tapa). De ese modo, las cargas quedarían así, en el ejemplo descrito: La nube ( zona baja) positiva induce cargas negativas en el suelo, pero estas cargas, en la punta de la varilla aislada por el frasco, inducen a  su vez cargas positivas en el bote metálico que se enfrenta a la nube. Nada de canal guía para la descarga, supongo. Es un condensador de baja capacidad, eso sí, pero con sus tres componentes básicos, armadura suelo, aislante y armadura bote. Espero que no lleguéis a leer en lo sucesivo alguna noticia como ésta: " Un agricultor aficionado , también aficionado a la ciencia práctica, ha resultado alcanzado por el rayo mientras faenaba entre pararrayos caseros de su invención. Las autoridades han iniciado una investigación para saber si la infección, perdón, la afición, está extendida y hay otras personas en peligro." Como en este foro abundan el saber y la afición por la ciencia aplicada, además de la teórica, espero de la benevolencia de alguien que, si ando errado, me corrija cuanto antes, que no son éstos temas para jugar con ellos. Saludos.

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Re: Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #46 en: Noviembre 10, 2011, 19:54:01 »
Después de un verano seco y extraño, con alternancias continuas de frescor y calor,  pero siempre sin lluvia, apenas un litro por metro cuadrado cada mes, por fin han caído las primeras gotas del otoño, unos modestos treinta litros por metro cuadrado que he medido en mi también modesto pluviómetro, un bote usado de melocotón en almíbar, cuidadosamente colocado en un lugar alejado de cualquier obstáculo que pudiera alterar su precisión. Venden en cualquier tienda del ramo preciosos medidores de lluvia en plástico de colores, con formas y diseños profesionales, y precios proporcionales al volumen de la cartera del diseñador, casi siempre desproporcionados a la sencillez del objeto. Usamos por estos lares decir, para significar lo simple de un artefacto: " tiene un mecanismo más sencillo que un sonajero", ya saben, una cavidad en la que se agitan unos granos de arroz o unas piedrecillas para distraer al bebé. También, e incluso con más propiedad podríamos decir que es más sencillo, cosa imposible, que un pluviómetro. Ya se que el mío debería prever las salpicaduras y la excesiva evaporación, pero para un usuario corriente, que solo pretende conocer cuánto ha llovido la noche anterior, por ejemplo, basta un diseño elemental. Lo que sí debe saber el usuario, y el libro de instrucciones así lo indica, es que el recipiente conviene que sea cilíndrico y colocado en en lugar aislado y algo elevado para que no recoja, y nos engañe con ello, las salpicaduras que ocurran en su entorno. Respecto a cómo efectuar la medición, y ya que estamos en un foro fundamentalmente de ciencia, dejaremos que lo descubra el lector. De todos modos, si pasados diez minutos de cálculo , para el que pueden usar calculadora manual, no han llegado a una solución, daremos una pista: cada milímetro de altura que alcance el agua recogida en el bote significa que ha llovido la cantidad de : palabras vigésima a vigésima cuarta de este post. Espero que no lo haya necesitado. Como en algunos lugares caen a veces hasta trescientos litros,  queda claro que cada uno tiene que diseñar su medidor adecúandolo al clima de su zona. Para mi huerto, modesto en esto del llover, me basta un bote sencillo: ¿ a ver de dónde saco yo un bote de melocotón en almíbar de 300 mm de altura ?. Con semejante tamaño, y no es broma, tengo para casi todo el año, porque en mi huerto, en verano, y a veces durante mucho más tiempo, lo que más abunda es la sed.

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Re:Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #47 en: Marzo 20, 2012, 12:11:24 »
Ayer, en un periódico local español ,  Diario de La Rioja ( España), aparece una noticia esperanzadora para el futuro de nuestros bosques, estos días en que la sequía  invernal y los incendios del Pirineo y otras zonas de España vienen a recordarnos que nuestros árboles viven " en libertad condicional". Más de cien personas, en una pequeña localidad riojana han participado en una plantación popular de árboles para recuperar un paraje deforestado. Noticias como ésta son una bocanada de aire fresco en este desolado panorama de incendios invernales que nutre las portadas de nuestros diarios y los servicios informativos de las televisiones españolas. Y se me ocurre que además de a pagar nuestros impuestos una vez al año, sería interesante obligarnos a plantar un árbol anualmente a cada ciudadano. En España, unos cuarenta millones de árboles, que a veinticinco ( 5 x 5 ) metros cuadrados por árbol, hacen un total de mil kilómetros cuadrados reforestados cada año... Volviendo al quehacer diario, estos días tengo que acudir a quemar los restos de poda de un olivar fronterizo con zonas de monte bajo. Además del permiso del Ayuntamiento local debo contar con el visto bueno del guarda forestal de la zona. A quienes no tienen que pelear con el fuego en estas circunstancias les será difícil imaginar cómo corren las llamas cuando alcanzan una zona de material combustible bien seco y polvoriento y la sensación de impotencia que parece imponerse ante la furia de ese elemento desatado o tan solo a la posibilidad de que se escape a nuestro control. Llevaremos agua y cuantos elementos nos sea posible. Luego, esperemos que el viento no se espante en alguna ráfaga traidora que arrastre las llamas más allá de nuestro olivar. Alguna vez ya lo hizo. Y allí no tengo el apoyo y la seguridad del caudal firme y poderoso de la acequia de mi huerto, que hoy nos envía sus saludos desde la tranquilidad soñolienta de su vagancia invernal, a solo un par de litros por segundo...

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Re:Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #48 en: Mayo 06, 2012, 12:56:32 »
La primera tormenta seria aunque algo tardía  de la campaña 2012 pasó sobre mi huerto en la tarde de ayer. Como yo andaba por la cocina fregando los platos de la comida, no estuve al tanto de los preparativos, hasta que un primer trueno me avisó de su proximidad. En esta zona, suelen llegar desde el suroeste, disimuladas entre un laberinto de nubes con apariencia inocente hasta que, en pocos minutos, se define claramente la típica estructura tormentosa, oscura, extensa y amenazadora. Arriba, muy arriba, las cimas blancas del cúmulo madre, como yo lo llamo, derramándose en cirros helados y por debajo  miles de metros de ominosa oscuridad creciente cruzada de rayos y truenos ,  una mezcla confusa de sienas, marrones y grises, cada vez más tintados de azules oscuros y negros, hasta definirse la oscura cortina que anuncia la llegada de la precipitación. Ayer,  fue un repentino estruendo de granizo seco ( el que no está húmedo de agua ni mezclado con lluvia ) sobre la cubierta del porche y el tejado , un desconcierto brutal e inesperado que duró solo cuatro o cinco segundos.  Luego, de pronto, otra vez silencio. Sensación de susto . En realidad, no había identificado el ruido cuando me asomé por la puerta al mundo exterior. Más bien lo había relacionado con el ruido de mil bolsas de plástico algo rígido manoseadas y estrujadas a la vez...  Luego, unos cuantos segundos más tarde , volvió el granizo conocido, la lluvia violenta , el viento que tira las pequeñas frutillas sobrantes de mayo y nos ahorra el trabajo de eliminarlas, las cosas que caen, las que el viento se lleva, las que se mojan indebidamente, las ropas al sol que hay que recoger con urgencia , la ventana abierta que bate peligrosamente... Cuando la tormenta pasó, enseñándonos desde el nordeste los flancos de sus torres nubosas y las blancas cortinas de lluvia y granizo que azotaban otros campo, era el momento de recoger el revoltijo de objetos arrastrados, desatascar el desagüe del tejadillo que aún chorreaba agua  sobre el asador y admirar, una vez más, la belleza y la fuerza de la madre Naturaleza. Detrás de mí, al otro lado de la caseta de mi huerto, la acequia se volvía rojiza por momentos, drenando ya las torrenteras de las colinas, los tejados de las bodegas, los surcos anegados de las viñas...

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Re:Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #49 en: Octubre 05, 2012, 11:43:05 »
He llegado al hilo casi por casualidad, pensando, más bien, que estaría ya definitivamente cerrado, ya que desde Mayo, Petrus no había aparecido por estos huertos y revisado su acequia, pero helo aquí de nuevo, perdida buena parte de la vista pero conservada, espero, la capacidad de comunicar las incidencias que siempre suceden en al ámbito vivo que cultiva cariñosamente.
En un verano meteorológicamente neutro, sin tormentas, sin vientos, sin rayos y truenos, tan solo calor, calor y más calor, queda tan solo una actividad a realizar sin falta: regar, regar y regar, para devolver a las plantas el agua que pierden , de pie al sol desde el amanecer al crepúsculo, en un tormento semejante al del reo sujeto a la estaca tostándose al sol en el patio de la prisión o en pleno desierto . Y en esta tarea incansable que solo ha terminado cuando el otoño ha traído las primeras lluvias, veo que las plantas, aún bien cuidadas, decaen progresivamente hasta que un chubasco una tarde cualquiera les aporta unos litros de benéfica agua de la lluvia. Entonces, mejor al amanecer siguiente, se observa el milagro : los pimientos se enderezan, las hojas brillan con nuevo verdor, los frutos se esponjan y colorean, la hieba crece de pronto sin medida... es una explosión de vida ligada siempre a la presencia del agua de lluvia de verano. Y he pensado, porque este fenómeno se produce siempre en mi huerto, en la posibilidad de que el agua de riego, caliza casi siempre, obture, al igual que ocurre en las lavadoras y lavavajillas, con sus depósitos de cal los finísimos poros por donde las raicillas absorben su alimento del suelo. Cuando el agua destilada de lluvia los limpia , las funciones se recuperan y empieza un nuevo ciclo renovado.
Como tengo agua de lluvia recogida, pienso en experimentar directamente regando con ella algunas plantas para observar los resultados. Si alguien que lea esto lo hace, puede comparar resultados regando dos plantas iguales con agua caliza y con agua de lluvia.  Espero que resulte.
Y para finalizar, como visitantes de este verano, además del inevitable mirlo cantor de melodías ignotas ,  apuntaré la presencia en mi acequia de un hermoso lución gris, de casi treinta cm de longitud, caído en el barro del fondo y en peligro inminente de muerte por ahogamiento apenas las aguas crecieran un poco. Salvado del ahogo, en apenas unos segundos lo pierdo de vista agazapado entre la hojarasca donde lo he depositado. Está aquí, me decía, pero es invisible, hasta que un ligero movimiento lo delata. Encontrar un lución, o una rana es para mí una buena señal. Aún son capaces de sobrevivir entre el hormigón, los pesticidas, los residuos vegetales arrojados al agua y la dejadez de quienes cobran por impedir que desaparezcan del todo.

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Re:Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #50 en: Febrero 07, 2013, 13:42:25 »
Este es un invierno suave, por ahora, aunque con algunos inesperados vendavales. La zona de mi huerto no es muy dada a estos excesos de la naturaleza. Situado en una extensa depresión natural de unos cuatrocientos metros de altura media , cercada al norte y al sur por sendas cadenas montañosas de alturas medias de mil y dos mil metros respectivamente, los vientos fuertes y las lluvias copiosas tienen sus dificultades para llegar hasta él, de modo que en casi todo resulta mesurado y a veces hasta humilde . Recién llegado de ver una película de Tolkien, yo llamaría a esta zona una especie de Tierra Media, hogar de hombres dede hace milenios, mezcla de iberos, celtas, romanos, arabes y, sobre todo, vecinos repobladores, cada vez que las razias de unos u otros la despoblaron decenas de veces... en fin, un amasijo tal que hoy, los hombres que la habitan, son eso, sin más, y nada menos que, hombres. Afortunadamente, ni orcos, solo algún imitador, ni trolls, ni elfos ( salvo alguno,  disfrazado, las noches veraniegas de luna llena, de mirlo seductor ). Y sin noticias de Frodo, Gandalf o Gollum, sin datos de dragones, héroes ni villanos. Pero repleta, al menos en mi huerto y si no lo remedio a tiempo, de trips, gusanos de alambre, psilas tan insidiosas como inocentes, piojos de san jose expulsados de algún Belén milagrosamente la noche de Navidad, cada año,  casi seguro, y que suelen aterrizar en primavera en mi huerto en hordas innumerables, filas interminables de pulgones, lepidópteros de belleza engañosa e infancia tenebrosamente viscosa, dípteros , hemípteros, himenópteros, arquípteros , ortópteros, coleópteros, todos aquellos seres que en mi infancia pertenecieron al mundo virtual de lo fantástico, están hoy aquí, pasando revista ante mí, como un ejército amigo a veces, hola abejas, enemigos casi todos los demás, y dispuestos al combate por la vida apenas el sol suba unos grados más hacia el sur y las yemas, hoy ya hinchadas, toquen a rebato la llegada de la primavera. Mientras, yo afilo mis armas poderosas, encerradas en frascos cuyas etiquetas ellos no saben interpretar, aún, y en máquinas portentosas cuyo funcionamiento se basa en las mismas leyes que a ellos los mantienen vivos. Maravilloso mundo , hecho de leyes intocables, pensarán, si piensan, pero gobernado, a su escala, por un enorme ser maligno que pasa medio año forjando y afilando sus armas para enfrentarse a ellos. Petrus, el Malvado, me llamarán sin duda, pero no me importa. En realidad, según las últimas investigaciones de la Biología, solo soy su controlador, y el que ayuda a que sus especies mejoren, evolucionen y sobrevivan. Pero no me lo agradecen nunca esos desdichados... Por eso los persigo.

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Re:Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #51 en: Marzo 04, 2013, 14:11:07 »
Por estos campos, el invierno es un tiempo generalmente calmado, neblinoso a menudo, algo triste, muy adecuado para tareas como la meditación , el ensoñamiento y la planificación, mientras el frío y la humedad de las tierras impiden cualquier otra labor más vigorizante y rentable a corto plazo. Tiempo para, al calor de la lumbre, repasar las herramientas averiadas, revisar las conservas dormidas en los armarios, remover los cestos de manzanas invernantes y otras tareas de esta guisa, incluído el obligado almuerzo matinal a las once. Hay tambien un pequeño estante con libros de asuntos agrícolas, amenidades del tipo EL Libro de la Selva, alguna novela y otros textos más o menos modernos, más bien menos. Casi todos han sido leidos y releidos , pero esta vez, debajo de otros, apareció uno muy  interesante, sobre la historia de la comarca ( en minúsculas ), con un capítulo dedicado a las diversas ordenanzas agrarias dictadas mucho tiempo atrás, y otras curiosidades documentales desde el siglo XIV. Y tratándose de antigüedades, pienso que, de todos los elementos artificiales de mi huerto, la acequia es, sin duda,  el más antiguo , que yo sepa, y hete aquí que en  unas ordenanzas agrícolas ( 81 capítulos) dictadas en 1770,  topé con diversos párrafos que hacían alusión a mi acequia, conocida ya entonces como Río Atayo, al parecer relacionado en el nombre de algún lugarejo por el que pasaba. Este canal de riego, como otros que recorren toda la comarca ( siempre escrita en minúsculas ) fue al parecer resultado de la estancia en ella de los árabes, moros en lenguaje popular, allá por los siglos IX y X . Si es así, tiene la friolera de un milenio de edad, empleado en transportar agua para alimentar a mis ascendientes y, Dios mediante, a alguno de mis sucesores en el cargo de horticultor. El capítulo 50 de dichas ordenanzas de 1770 , una especie de Partida de Nacimiento de mi acequia, empieza así:    " Que las cajas de los Ríos Atayo, Los Prados, Río Sequero y Cerezos se limpien todos los años por los dueños de las heredades confinantes, y en el término que para ello señalare la Justicia la cual, pasado dicho término,podrá nombrar personas que lo ejecuten de cuenta de los omisos....". Lo que transcribo literalmente, al efecto de dejar constancia escrita de la primera mención a la existencia y nombre de mi acequia. Para celebrarlo, pienso colocar un pequeño, aunque elegante, letrero, con su nombre completo, de modo que los paseantes y viajeros puedan reconocerla ahora y recordarla en los años venideros. No sé si podrá verse tambien desde Google Earth , pero ahora ya se ven las berzas, los tomates y, me temo, hasta el color de la camisa de Petrus el día que el satélito lo sobrevoló sin él saberlo....

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Re:Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #52 en: Junio 09, 2013, 19:12:36 »
Alguien ha dispuesto que el huerto disfrute de un año sabático. Supongo que, al fin, las peticiones de las asociaciones de mirlos y estorninos, las más ruidosas, las de pulgones, las más activas, los órganos colegiados de trips , los sindicatos de psylas y otras cuyo nombre no recuerdo, han obtenido respuesta afirmativa. Hace unos meses ya me llegó algún oficio desde las oficinas centrales  informándome de ciertos problemas cuya solución podría exigir algunas modificaciones del plan de trabajo anual, pero se fueron pasando los días y había olvidado el asunto. Hasta que hace dos meses se me citaba para una inspección seria a la que debía acudir sin falta. Era el momento de colocar las redes antipájaros a los cerezos, proteger de pulgones los frutales, sembrar los fríjoles , judías verdes aquí, recoger las habas, volver a cortar, por enésima vez, la hierba de una primavera rebosante de lluvias ... y todo quedaba en el aire mientras no se resolviera en sentencia firme el contencioso.  El inspector ocular jefe me tiene, por ahora, a la espera del permiso para realizar todas esas tareas. Mientras tanto, me consta que los mirlos se están dando el gran banquete de cereza Celeste, jugosa, dulcísima y fresca, y ya han terminado con todas las precoces Burlat a las que apenas dejan madurar.  Tambien los pulgones, por miríadas, se han establecido en los brotes tiernos de los manzanos y perales absorbiendo la savia que estaba destinada a otros fines. La vida natural, en su estado puro, sin limitaciones ni orden ha vuelto a mi huerto y todos se felicitan, excepto, yo, por ello. Pero no saben los pobrecillos, sin Internet ni móvil ,  que la previsión del tiempo señala para la próxima quincena una agobiante ola de calor que secará la hierba y agostará los brotes sin remedio. Por fin se les acabará la abundancia primaveral , les llegará el hambre y sobre todo la sed, esa que solo mi acequia y yo, conjuntamnte, podemos saciar en los largos veranos que amarillean las mieses y maduran las vides en estas tierras. Tal vez, cuando en las próximas semanas oiga cantar las cigarras en los árboles , me acordaré de ellos, pasando una sed interminable sin mi ayuda y, en el fondo, sentiré pena por no poder ayudarles. Y el año que viene, Dios mediante, me encontraré con un nuevo huerto, como un huerto virgen recién estrenado, libre por un año de insecticidas, herbicidas y todos los demás cidas ( del verbo latino occidere, matar, asesinar) que tan bien conocen mis supervivientes. A menos que el inspector ocular, ese que los humanos llamamos oftalmólogo, me conceda, por fin, permiso para reanudar las labores agrícolas ... Las únicas dudas que tengo es si mis amigos del huerto preferirán pasar sed en libertad o volver a verme. Yo, en su caso, las tendría.

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Re:Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #53 en: Junio 14, 2013, 12:32:21 »
Mientras permanezco alejado, por prescripción facultativa por supuesto, de mis quehaceres casi diarios en la huerta, suelo pasear con algunos de mis congéneres matando el tiempo y arreglando el mundo, que son tareas muy adecuadas a mi estado y edad.  Ayer se suscitó el tema de las mascotas, al hilo de cierto suceso de crueldad con los animales que aireó la prensa estos días. Alguien me preguntó entonces si tenía alguna , porque soy hombre al que no se le conocen estas aficiones, que yo sepa, y que no ha tenido ni tiene perro que pasear ni gato que alimentar , que son las mascotas que se llevan hoy mayormente y que dan al dueño un cierto aire de bondad y, si el perro lo merece, hasta de poder y señorío.  Y es que, reconozcámoslo, las gentes ligadas o aficionadas a la tierra solemos ser, en esto, un poco raras. Las que conozco no suelen tenerlas, salvo algún perro de caza bien cuidado y lustroso y, si viven en el campo o en el pueblo, el indispensable gato del que nunca se sabe si la mascota es él o el que se dice su amo. Como no tengo ni uno ni otro, al principio no supe qué contestar a mi amigo y contertulio y me quedé pensativo; ¿ será posible que no dedique nada de mi tiempo y de mis recursos a favorecer la vida de ningún animalito ? Ya se que mis labores agrícolas van a menudo en otra dirección pero no me veo dedicado solo al exterminio sistemático de plagas como un Terminator químico de penúltima generación. Repasé frenéticamente la lista de seres vivos con los que tengo relación y tardé unos segundos en encontrarla. Allí podía estar mi candidato a mascota. Apuesto unas líneas a que, por ser una mascota atípica, aunque no exótica, pero sí escuálida y frígida, solo recibe atenciones de quienes la conocemos bien. Come poco y solo de las sobras de lo que tiramos, no ladra por las noches, ni maya ni hay que sacarla a pasear. No tiene dientes ni veneno ni precisa, por ahora, de veterinario ni vacunas. Puede vivir en una humilde maceta con unos puñados de tierra, no suele escaparse y , en sus ratos libres, me ayuda en la huerta.  Se que este último dato ha aclarado quién es, pero, por si acaso, añadiré que es uno de los pocos animalitos a los que suministro alimento y bebida regularmente, arreglo su cama y tengo cuidado en no dañar en mis andanzas agrícolas. Y tengo cientos, miles tal vez. Claro que, como casi todo en este mundo, tiene algunos defectos: es poco cariñoso, excesivamente tímido, y tolera mal las caricias y el sol, la sequía y los pájaros. Queridos amigos, un ser tan humilde como útil, he aquí a... la lombriz de tierra.

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Re:Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #54 en: Julio 09, 2013, 22:56:10 »
La vida en contacto con la naturaleza, se quiera o no, modifica sustancialmente algunos puntos de vista modernos sobre el mundo natural, sus especies y sus mutuas relaciones. Viví intensamente, durante los veranos de mi niñez, por estos pagos, en contacto constante con mis abuelos , cerca de sus animales de granja, su caballo de tiro, de nombre Noble pues lo era, su perra Canela, todo olfato y porte cazador, sus ovejas y cabras, conejos, gallinas ponedoras , cerdos, tierras y cultivos, herramientas y aperos  . Cuando llegaban las fiestas, siempre había algún cabrito o cordero , siempre elegido y conocido, que animaba las comidas y las meriendas en las bodegas , amén de un par de gallinas cacareantes especialmente reservadas para tales eventos. Y en las vacaciones navideñas, casi siempre se celebraban las fiestas inacabables del lomo, la morcilla y el jamón. Recuerdo a mis  abuelos en las necesarias, aunque incómodas tareas de preparar a los pobres animales para esas funciones alimenticias. No entraré en detalles, que son tan crueles como tiernos aunque parezca un contrasentido. Crueles en el destino, pero tiernos en el trato que hasta el final se dispensaba a la víctima. Pero para los niños de entonces, todo entraba en la normalidad de cada día y no había en eso ni trauma ni remordimiento. Existía una neta distinción entre la propia especie y las que nos servían, cariño en su vida diaria, pero firmeza sin arrumacos cuando se precisaba. Pero últimamente, después de media hora presenciando las aventuras y desventuras de la familia de ratitas Ratín y Ratán, tan expresivas y vivaces, tan humanas y solidarias, limpias y afectuosas, es casi imposible no sentir aversión por el raticida X o el plan de erradicación que dirige el concejal de turno de mi pueblo. Las ratas tienen nombres, los cerditos se emplean en servicios varios y hasta las esponjas del baño deambulan por la pantalla exhibiendo una humanidad fingida que los convierte en entrañables primos lejanos... Cuando al nieto de un amigo, pescador aficionado, se le llevó por primera vez de pesca, era incapaz de prender al pez sin sentir el mismo remordimiento que si hubiese capturado al ratoncito Mikey o su querida Minnie. ¿ Cómo salvar el escollo? Afortunadamente, mi amigo encontró pronto la idea frase salvadora, que el jovencito aceptó inmediatamente, para sorpresa de todos: Si es para comer, se puede. Escrita en inglés, seguramente resultaría mucho más elegante y actual, pero así, en el román paladino que aún habla nuestra gente, se entiende mejor. Y espero que este planteamiento sea legal porque de otro modo,  pronto me veo encausado por el asesinato diario, premeditado y alevoso, de miles de minúsculos seres inocentes, verdes la mayoría, todos vegetarianos, a los que, en el fondo de mi humano corazón sin fondo, admiro y quiero, aunque solo sea un poquito. Pero como lo hago para comer, pues se podrá, digo yo...

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Re:Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #55 en: Julio 10, 2013, 13:23:22 »
Yo lo veo así, matar y comer es una condición de nuestras células para reponer tejidos, por tanto hacer eso no es ni malo ni bueno. Es un hecho natural por el cual todas las especies pueden vivir y reciclarse. Ahora, si matar un animal supone una alegria o una satisfacción personal me parece mal, dado nuestro grado de conciencia mayor. Por tanto veo razonable que el hacerlo no sea plato de buen gusto para nadie, aunque sea algo normal y natural dentro de la naturaleza. Aunque no tanto el hacerlo con todos los individuos de todas las especies, pero bueno...

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Re:Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #56 en: Julio 14, 2013, 18:37:35 »
Gracias, carcharias, veo que estamos en línea en esto de matar para comer, pero  siendo como somos depredadores no es nada extraño. Lo malo sería que un día la naturaleza se dispusiera, no me preguntes cómo, a prohibirnos que nos alimentáramos de otras especies animales y tuviéramos que conformarnos con una dosis diaria de forraje o, en tu caso, de algas. Y digo, respetuosamente,  lo de algas, porque he estado ojeando ese nombrecito de carcharias y me ha entrado la sospecha de que en estos foros andamos mezclados sapiens ( es un decir ) con otros especímenes de variadas procedencias... sobre todo cuando me he topado con el carcharodon carcharias, ilustre pariente experto en esto de matar para comer. Lo que no acabo de digerir y me ha dejado un regusto a escalofrío vital es ese  "pero bueno ... " con que terminas el texto. Por si acaso, este verano procuraré bañarme en lugares poco profundos, como por ejemplo, la acequia de mi huerto en sus horas bajas... o mejor aún, en los charquitos que quedan despues de las tormentas al pie de los tomates o la pimienta...  Pero bien mirado, nada más seguro que la hamaca bajo el porche, porque hasta en los charquitos descubro a menudo las pequeñas sanguijuelas que arrastra la acequia y que tan aficionadas son a chupar la sangre del incauto que se pone a tiro...

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Re:Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #57 en: Julio 14, 2013, 22:57:40 »
jajaja, carcharias me pareció una buena referencia a la naturaleza libre y salvaje tan escasa como incomprendida en estos dias. No me gusta la violencia de la naturaleza, pero ésta funciona así, lo cual me lleva a diferenciarla de los actos premeditados y conscientes de los humanos a la hora de matar animales.

Sobre lo que mencionas de depredadores me lleva a reflexionar si el humano es un autentico depredador. En los animales depredadores se dispara ese mecanismo instintivo evolucionado durante su tiempo para preparar al animal a perseguir a la presa y sobrevivir en su medio, cosa muy dudosa en los humanos, que piensan y quieren ser lo que quieran en muy diferentes y diversos medios. Lo digo porque los animales incluidos nosotros tenemos la tendencia genetica a adaptarnos al medio en el que estamos a base de estar y estar durante mucho tiempo... Pero claro, el humano piensa e imagina mil estrategias que no tienen que ver con la adaptación genetica a su medio, y en vez de esperar por poner un ejmplo a que le salga una capa de grasa para protegerse del frío, lo que hace es pensar en ponerse una piel que le proteja del frío y así adelantarse a las estrategias geneticas de otros animales. De la misma manera en vez de tener un disparo instintivo para salir detrás de la presa lo que hacemos es pensar como aprovecharse de las ventajas que proporciona la carne roja para nuestro beneficio

Con lo de "pero bueno" estaba haciendo referencia a la acción y capacidad del humano para matar y comer todo lo que se le ponga delante, si quiere hacerlo. Es decir, en la naturaleza los animales matan un número limitado de presas mientras que el humano puede hacerlo con un número ingente de individuos de variadas especies. El resto de animales durante millones de años ha matado para comer sin que cambiara esta tendencia. Sin embargo, el humano no lo hace así, lo hace extinguiendo especies enteras por el camino... y no sé si eso entra dentro de natural, ya que el resto de especies no pone en peligro serio a otras especies. Y ya llegando a lo que comentaba pues pienso que matar y comer animales lo veo como un hecho natural que ocurre con normalidad en la naturaleza... pero que si eso significa pasar por encima de especies enteras dudo de que sea natural... pero bueno, como estamos aquí, y lo hacemos será natural digo yo, yo que sé. Pero raro es un rato si lo comparamos con los millones de años de naturaleza salvaje que hay hacia atrás

 




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Re:Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #58 en: Agosto 18, 2013, 20:54:39 »
Los fantasmas atacan al jefe, reza el título de una película de las que andan por ahí. Yo titularía la mía rodada estos días como "los fantasmas atacan a petrus", por lo que contaré a continuación. Ultimamente, cuando subía a mi huerta bien temprano, por aquello de evitar las horas de sol y calor fuertes, venía observando la presencia, tal vez fortuita, de personas deambulando en o muy cerca del huerto, en actitudes por lo menos ambiguas. Y me refiero a los señores mayores con bastón de palo simple y bolsita de plástico de contenidos indefinibles que se acercan en plena canícula a coger caracoles ¿? o a saludar , o al que parece salir del huerto sin motivo aparente o acompañado del correspondiente perro, si es dálmata mejor, o la señora con niñas que afirma haber entrado para disfrutar de un sitio tan bonito, con sus flores y hierba frescas, en fin, una pequeña pero uniformemente distribuida romería laica  rondando la belleza de la naturaleza humanizada pero tambien, sospechaba yo,  la lozanía apetitosa de mis ciruelas, uvas, melocotones, peras y manzanas, etc. Hasta aquí todo normal, o casi normal, pero con una pequeña perturbación en el mismo corazón de esa aparente normalidad, como esa primera gota de lluvia que cae en el centro de la laguna rompiendo la serenidad de la superficie del agua lisa como un espejo ... ¿ Eran normales tantas interferencias en forma de visita ?. Sembrada la duda, empecé a observar con más cuidado por si hubiera algún indicio de que algo gustaba demasiado o estaba llamando la atención en mi huerto a estos visitantes sin invitación previa... Y he aquí los resiltados. Uno: mis tomates habían dejado de producir frutos maduros, clara señal  de un calentamiento global sumamente rápido y pernicioso o alguna intempestiva radiación solar o lunar paralizante. No obstante, como petrus es poco dado a fantasear en estos temas, pronto sospeché que mis tomates, probablemente tenían un defecto simple, que es que se iban a madurar del todo a otra mesa. Y dos, además, algo o alguien  se comía a diario una o dos uvas blancas moscatel maduras, unos deliciosos racimos que colgaban alineados sobre la pequeña arqueta de riego. Pero ni el sitio, casi dos metros de altura, ni la forma, pues los granos estaban arrancados todos, como absorbidos, desde abajo, indicaban la acción humana, y ni siquiera la de los pájaros, que suelen dejar granos enteros y otros a medio comer. Las uvas estaban tratadas con antifúngicos y a un individuo cualquiera, probablemente, le hubieran quitado el apetito por unos días, aparte de que , al lado, de uno de los sarmientos, colgaba uno de mis avisos recordatorios "ojo, no comer estas uvas hasta el día 23".  Estaba claro. No comían al estilo humano, no les afectaba el pesticida y o no sabían leer o no sabían español; eran fantasmas. Cuando se lo conté a mi acequia, que estos días baja muy atareada transportando agua a los campos sedientos y a un embalse unos diez kilómetros aguas abajo, quedó muy sorprendida. No tanto por mi alusión a los fantasmas, en los que ninguna acequia bien construida cree, sino por el hecho de que su querido petrus hubiera empezado a hablar con su acequia. Pero la cosa continúa y el desenlace, ahora bajo secreto de la investigación, llegará. O eso espero.

Desconectado petrus

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Re:Diario de la acequia de mi huerto
« Respuesta #59 en: Agosto 30, 2013, 20:14:43 »
Hoy, treinta de agosto, he bajado unos diez kilos de hermosos tomates maduros de mi huerto y desde hace unos días, todas las uvas penden lozanas, sin novedad, en sus sarmientos. Los fantasmas ladrones de los días pasados parece que me conceden un respiro y, por fin, los frutos maduran donde antes todo era tristeza y verde esperanza ( un tono de verde parecido al del tomate inmaduro que no consigue llegar a plenitud ). Como escribí, la investigación parece haber dado sus frutos. Definitivamente, no parece que fueran corzos, jabalíes, pájaros o cualquier otro animalito más o menos simpático los autores de los desaguisados. Pero he de reconocer que sí ha intervenido un fantasma amistoso , al que tengo que presentar. Estaba yo el otro día cavilando sobre el asunto mientras iba y venía entre calabacines, calabazas y tomates cuando, de pronto, un lejano ladrido desvió mi vista hacia las casas del pueblo y, más allá, el cementerio, entre las colinas que cierran mi particular sky line que se dice ahora, más prosaico que otros , pero muy querido para mí... y el fantasma amigo entró, sin avisar, en mi mente. Recordé a mi abuelo, con el que compartía cada año las mañanas estivales de vacaciones en este mismo huerto y del que aún queda en pie algún árbol centenario. Mi querido abuelo tuvo, en su día, problemas parecidos en otro huerto mucho más próximo a las casas del pueblo, y me había contado cómo lo resolvió. Ciertamente, en aquellos años, la naturaleza era mucho más rica y abundante en vida animal que hoy, requemada de herbicidas e insecticidas y abrumada de carreteras, vehículos, humos y contaminación, y los corzos, zorros, hurones, conejos, liebres, perdices y codornices ( por nombrar amigos y enemigos juntos ) campaban a sus anchas casi todo el año por huertas y sembrados, viñas y barbechos, sin más control que los eventuales disparos de media docena de cazadores empedernidos. El huerto de mi abuelo contaba, además, con otros peligrosos enemigos reconocidos, la mayoría convictos y confesos, que éramos los quince o veinte primos de entonces, dedicados, en verano, a recorrer calles y campos volcados en todo tipo de actividades lúdicas y campestres que no fueran trabajar o hacer algo útil . Y quince muchachos ( mocetes) comen muchísimo, casi tanto como se mueven. Pues bien , algunos años más tarde, en un momento de cariñosa franqueza, mi ingenioso abuelo me reveló , sentados de noche a la fresca en la puerta de la calle, cómo consiguió en su día ahuyentar los fantasmas de su huerto. Era un método sencillo, elemental, que acabo de utilizar y hoy, por fin, mi huerto está defendido de la misma forma ( no puedo desvelarla si mi abuelo no me lo permite ) y todo , o casi todo, ha vuelto a la normalidad. A sus medidas de defensa he añadido, por mi cuenta, una puerta de fuertes ramas de conífera, bien atadas con alambre, justo en el punto por el que los fantasmas podían entrar con cierta libertad. Me queda la duda de si los fantasmas depredadores vuelan, pero creo que, en general, solo caminan y, es más, añadiría que sobre dos pies.