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Autor Tema: Controversias en filosofía y ciencia  (Leído 4760 veces)
Rafael Aparicio
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« Respuesta #15 en: Octubre 20, 2008, 09:47:43 »

"la filosofía no enseña a hablar, enseña a vivir" (Séneca)

Tal vez Sócrates hablara mucho, pero vivió mucho mejor que habló. Por eso se le recuerda.

Salu2
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giramonvirt
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« Respuesta #16 en: Octubre 23, 2008, 05:01:44 »

No esta mal la vision de Seneca, vivir es concreto, hablar puede ser erratico.
 Socrates probablemente lo intuyera mucho antes, independientemente de que se tratara de un personaje historico, o de una invencion de Platon como sostienen algunos.
salu2
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Burdon
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« Respuesta #17 en: Octubre 30, 2008, 09:18:00 »

Buen día a tod@s!

Cita de: giramonvirt link=topic=15225. msg113473#msg113473 date=1224734504
Socrates probablemente lo intuyera mucho antes, independientemente de que se tratara de un personaje historico, o de una invencion de Platon como sostienen algunos.
salu2

Sería un error pensar que Sócrates es una invención de Platón.  Muchas razones avalan este hecho.

En primer lugar se sabe con exactitud cuándo nació, en el año 479 a. c. , y cuándo murió, 399 a. c.  También se conoce quién era su padre y su madre.

Fue discípulo de Arquelao de Atenas y contemporáneo de Demócrito.

Lo más importante para situar a Sócrates como personaje histórico y no sólo como una invención de Platón es el testimonio de Aristóteles que distingue con sumo cuidado entre el Sócrates de Platón, o el mismo Platón, y el auténtico Sócrates.  Así, tanto en su Metafísica, como en La retórica, el De Anima, la Ética nicomaquea, etc. , hace referencias continuas a Sócrates.  Un ejemplo:

Éste –dice Aristóteles– centró su estudio no sobre la Naturaleza sino sobre las cosas morales y fue el primero que, en cuanto a éstas, investigó, con continuidad y método, para definir universalmente: investigó, en efecto, la esencia como punto de partida del razonamiento y, por consiguiente, de la ciencia.  Ésta se apoya en la definición universal y en los los discursos inductivos.  Estas son las dos cosas de que se podría con justicia conceder el mérito a Sócrates.  Pero Sócrates no hizo de las definiciones universales cosas separadas, mientras que Platón las colocó aparte de las cosas sensibles con el nombre de Ideas.  La segunda doctrina brota de la primera: por medio de la investigación lógica de los conceptos, o, dicho de otra manera, de la especulación propiamente socrática, entró en escena la filosofía de las Ideas: si se produjo fue porque Sócrates le dio el impulso.

Uno de los hechos más irrefutables de que Sócrates fue un personaje histórico es el de la creación de varias escuelas surgidas tras su muerte: Las escuelas de Elis y Eretria; La escuela de Megara; La escuela Cínica, y finalmente la Escuela de Cirene.

Por otra parte, es de dominio público las disputas dialécticas de Sócrates en competencia con Los sofistas.

Finalmente, las diferencias epistemológicas entre Platón y Sócrates son notables.

Un cordial saludo

Burdon
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Rafael Aparicio
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« Respuesta #18 en: Octubre 30, 2008, 05:06:04 »

Lo que es cierto es que miles de años después, distinguir el personaje del mito, es difícil.

Pero aun así, da muestra de que hubo alguien que influyó y mucho. Desde que leí la apología de Sócrates (de Platón) me quedé literalmente ENGANCHADO A LA FILOSOFÍA.

Y sí, me ayuda a expresarme, pero me enseña más a vivir uqe a pensar. La filosofía es una actitud, como lo es la poesía. La poesía no es escribir rimas, es una forma de sentir.

NO es incompatible para mí ser místico, filósofo y poeta. No creo que sea mi caso  Evil

Lsalu2
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Burdon
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« Respuesta #19 en: Octubre 31, 2008, 09:01:08 »

Buen día Rafael Aparicio!

Aunque yo me quedé enganchado a la Filosofía antes de leer La Apología, en aquella época en la que leer filosofía era casi una aventura, más que nada por la dificultad que había para comprar libros de cierta enjundia; y el acceso a la Universidad se hacía mediante un riguroso curso llamado Preuniversitario, es del todo cierto, que su lectura me marcó un antes y un después (previamente lo había hecho El malentendido, de A.  Camus, que fue quien me llevó de la mano para que estudiase y me dedicara a este arte).

Para mí, como para ti, la Filosofía es una actitud, a la que yo matizaría diciendo que es una actitud ante la vida.

De igual forma, para mí, y no sé si para ti, ser místico, filósofo y poeta, no sólo no es incompatible, sino que en la mayoría de los casos se entrelazan, se entrecruzan y se complementan mutuamente.

Dicho esto, y abusando de la paciencia de todos, me tomo la libertad de transcribir al pie de la letra dos textos de La Apología, que en mi primer curso de la licenciatura ya subrayé a lápiz y a fuego:

Estás en un error, amigo mío, si crees que un hombre que valga algo, por poco que sea, ha de pararse a considerar los riesgos de muerte, y no ha de considerar solamente, cuando obra, si lo que hace es justo o no lo es y si es propio de un hombre bueno o de un hombre malo [. . . ].

[. . . ] Tal vez penséis, atenienses, que he sido condenado por falta de discursos del tipo de aquellos con que yo os hubiera convencido, si hubiese considerado necesario recurrir a todo, decirlo todo, con tal de escapar del castigo.  Nada más lejos de la realidad.  Sí he sido condenado por cierta carencia, pero no de discursos, sino de atrevimiento y desvergüenza y de querer expresarme ante vosotros del modo que más sería de vuestro gusto, lamentándome y llorando y haciendo y diciendo muchas cosas indignas de mí, como os he dicho, del jaez de las que, como es sabido, estáis acostumbrados a oír a los demás.  Pero ni entonces consideré conveniente hacer por miedo al peligro nada que fuese bajo, ni ahora me arrepiento de haberme defendido así, que mil veces prefiero morir habiéndome defendido de este modo, que vivir, si me hubiese defendido de aquella otra manera, pues ni en el proceso ni en la guerra debo yo, ni otro alguno, buscar el modo de rehuir la muerte apelando a cualquier medio.  Por cierto, que muchas veces en las batallas se hace evidente que podría uno escapar de la muerte deponiendo las armas y recurriendo a suplicar a los perseguidores, y hay otros recursos en cada clase de peligros para evitar la muerte, si uno se resigna a hacer y decir lo que sea.  Y mucho me temo que no sea esto lo difícil, atenienses, rehuir la muerte, sino que resulte mucho más difícil escapar de la maldad, que es cosa que corre más ligera que la muerte.  Y ahora yo, por ser lento y anciano, he sido alcanzado por la más lenta, mientras que mis acusadores, fuertes y rápidos, han sido atrapados por la más ligera, la maldad.  Y así como yo ahora partiré de aquí condenado por vosotros a la pena de muerte, éstos marcharán acusados por la verdad de maldad e injusticia.  Yo quedaré sujeto a la pena que se me ha impuesto y ellos a la suya.  Tal vez era preciso que ello sucediera así, y creo que está bastante bien.


Un cordial saludo

Burdon
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Rafael Aparicio
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« Respuesta #20 en: Octubre 31, 2008, 11:04:06 »

Para mí, como para ti, la Filosofía es una actitud, a la que yo matizaría diciendo que es una actitud ante la vida.
Una actitud PELIGROSA. Solo hay que ver como suelen terminar los filósofos... jajaja... exiliados, asesinados, vilipendiados... es una actitud muy valiente, y Sócrates es el grannnn iniciador de muchas de las corrientes que vinieron después.
 
De igual forma, para mí, y no sé si para ti, ser místico, filósofo y poeta, no sólo no es incompatible, sino que en la mayoría de los casos se entrelazan, se entrecruzan y se complementan mutuamente.
... por eso puse el diablito... jajaja...

Dicho esto, y abusando de la paciencia de todos, me tomo la libertad de transcribir al pie de la letra dos textos de La Apología, que en mi primer curso de la licenciatura ya subrayé a lápiz y a fuego:
... de hecho, me la estoy releyendo entera... Smiley

Saludos.
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giramonvirt
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« Respuesta #21 en: Noviembre 19, 2008, 11:40:03 »

 Gracias Burdon por ese fragmento del juicio de Socrates, como hace treinta años, cuando lo lei por vez primera, no he podido evitar emocionarme.
 Personalmente siempre me ha parecido mas real socrates que platon pero, tampocoquise discutir mucho con mi profesora de filosofia que parecia muy leida.
 Incluso siempre especule con la idea de que Alcibiades era una alegoria del mismo Platon.

salu2
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« Respuesta #22 en: Noviembre 19, 2008, 11:48:12 »

Muy bueno el texto, gracias por ponerlo Smiley
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Non est ad astra mollis e terris uia
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El mho versus el ohm


« Respuesta #23 en: Marzo 01, 2009, 02:48:37 »

Hola, a esta altura de mi vida estaba algo desintoxicado de la filosofía basado en aquello que leí, lo que estaba sustentado en perfidias, falacias, imposturas y maledicencias, que se lanzan – sin fundamento válido - en contra de la filosofía:

«La filosofía de hoy, al igual que la ciencia posclásica, ya no tenían un saludable interés par entregar explicaciones a los acontecimientos actuales, sino más bien, la primera tenía una adicción morbosa y una curiosidad de anticuario para con su pasado. Los fracasados en la física actual, a la mañana del día siguiente se transformaban en enjutos, amargados y solterones profesores  y profesoras de filosofía o de ciencia clásica, que carecían de historias personales que contar. Y, tanto la filosofía como la ciencia, a final de cuentas no eran capaz de “hornear pan”»

Sin embargo, al leer y releer estos interesantes aportes he recaído de manera irremediable. Hoy, me declaro un adicto, retorno feliz a la FILOSOFÍA.

Así como hay quienes se sienten ciudadanos del mundo, además de sentirse ciudadanos de su propio país, están los que se identifican tanto con la ciencia, como con la filosofía y la religión, además de “pertenecer” a una de ellas. Ello se debe a que todas estas actividades intelectuales se caracterizan por tener como principal objetivo la búsqueda de la verdad, si bien con distintos métodos y orientadas por distintos interrogantes.
Estimo, que el denominador común de la filosofía y de la ciencia, es un desiderátum que no estaría presente en la religión porque ésta ya cuenta con una “verdad revelada”. Entonces, a ese respecto: la religión ¡No tendría nada que buscar!
Creo que todos sabemos que el filósofo llega en sus argumentos a Dios como creador, y el teólogo también trata de Dios como creador; pero para el filósofo el conocimiento de Dios se alcanza como conclusión de un argumento puramente racional, mientras que el teólogo acepta el hecho de que Dios es Creador porque está contenido en la Revelación, de modo que constituye para él una premisa más bien que una conclusión, una premisa que no es supuestamente una conclusión, una premisa que no es hipotéticamente supuesta, sino revelada.  Es decir, lo que constituye en lenguaje técnico, es decir, lo que constituye la diferencia entre una verdad de la teología y una verdad de la filosofía no es primariamente una diferencia de verdades consideradas materialmente, o según su contenido, sino una diferencia de verdades consideradas formalmente.  Esto es, una misma verdad puede ser enunciada por el teólogo y por el filósofo.  Pero, ¿el teólogo llega a aquella y la considera de un modo diferente a aquél en que llega a la misma verdad, y la considera, el filósofo?
 
Creo que a este respecto huelgan mayores comentarios de mi parte.

Pasando a otro punto:
Hay veces en que se producen, sin embargo, conflictos debidos a la superposición de más de una de ellas, de donde surgen “distintas verdades”; situación que es necesario compatibilizar.
Creo que no genera conflictos alguno, el traslape de algunos de los elementos contenido en las verdades religiosas, científicas o filosóficas. En matemáticas, esa superposición se llama intersección. A mi modesto entender, el conflicto surge precisamente con los elementos que no están traslapados, esos que quedan fuera de la intersección, lo que por lo mismo son elementos incompatibles. Por ejemplo, los elementos de ciencia, respecto de los no traslapados en la religión y en la filosofía; de los elementos de la región respecto de los que no están superpuestos en las dos restantes, y los elementos de la filosofía en relación con los de la religión y la ciencia, que están fuera de la intersección.

Otro foco de conflicto, entiendo yo, estaría inserto en la conclusión: «… situación que es necesario compatibilizar ». Tal recomendación es un sincretismo, es una unificación, que no pasa más allá de ser un deseo imposible de cumplir, puesto no se pueden engendrar híbridos a partir de los elementos que quedan fuera de la intersección, porque la mezcla forzada, en tal caso, es explosiva. V.gr.:

El teólogo, santo Tomas de Aquino, por medio de un sincretismo unificó la filosofía de Aristóteles con la religión católica, y fue así como Santo Tomás de Aquino, “demostró”, por cinco diferentes vías filosóficas la existencia de Dios. Indudable que santo Tomás visualizo los elementos de verdad de la religión y de la filosofía que estaban superpuestos; pero, no consideró – consciente o inconscientemente - los elementos que quedaron fuera de la intersección (sin olvidar que “… el filósofo el conocimiento de Dios lo alcanza como conclusión de un argumento puramente racional, mientras que el teólogo acepta el hecho de que Dios es Creador porque está contenido en la Revelación”). Ese “híbrido” filosófico-religioso, al haber emulsionado, tanto las verdades traslapadas como las que no estaban superpuestas, implícitamente aceptó todo aquello en lo que el filosofo Aristóteles creía como verdades, esto es, que la superficie de la “luna era lisa” y que la “Tierra era el centro del universo”. 

Otro ejemplo, lo encontramos en el secretismo unificador de Galileo Galilei, al unir “ciencia con religión”. El Cardenal Bellarmino, el primer inquisidor de Galileo, respecto de los elementos no superpuesto en la ciencia y en la religión «optó la posición fenomenista y convencionalista, defendida anteriormente por Tolomeo, de que la tarea del astrónomo es describir las apariencias y formular predicciones, no descubrir cómo son realmente las cosas. De modo, pues, que la Inquisición combatía al realismo científico recién nacido y defendía al fenomenismo y al convencionalismo».

El realismo científico del viejo cuño, fue compartido tácitamente por todos los científicos clásicos desde galileo hasta fines del siglo XIX. Si un investigador no fuese realista, se contentaría con registrar apariencias y construir teorías egocéntricas o a lo sumo lococéntricas. Para desgracia de la ciencia los Físicos posclásicos, hoy actúan como el Cardenal Bellarmino.

 
Como integrantes de la sociedad podemos, y debemos, cuestionar tanto la ciencia, como la filosofía y la religión.
Totalmente de acuerdo. Pero cuidado con esa actitud:
Para mí, como para ti, la Filosofía es una actitud, a la que yo matizaría diciendo que es una actitud ante la vida.

Una actitud PELIGROSA. Solo hay que ver como suelen terminar los filósofos... jajaja... exiliados, asesinados, vilipendiados... es una actitud muy valiente, y Sócrates es el grannnn iniciador de muchas de las corrientes que vinieron después.

La responsabilidad social del intelectual debe vincularse a los efectos que sus ideas podrán ocasionar en los demás. Estamos acostumbrados a observar el accionar de Iglesias y religiones que producen serios antagonismos, lo mismo en el caso de ideologías originadas en la filosofía, sin que nadie se haga cargo por los efectos producidos. Así como en un paquete de cigarrillos está escrita la advertencia: “Fumar produce daños a la salud”, los religiosos y los filósofos, incluso los científicos sociales, deberían advertir de alguna forma sobre los peligros que pueden ocasionar ciertas ideologías de dudosa veracidad.

Los conflictos intelectuales aparecen, generalmente, cuando se considera que alguien posee la “concesión exclusiva” para dedicarse a determinados temas y rechaza al que quiere “usurpar” dicha concesión. Este es el principal motivo que lleva a la total descalificación del adversario intelectual, por lo cual no se rebate cada una de sus propuestas concretas, sino que se rechaza a toda la persona. Ello nos hace recordar la actitud de quienes no aceptan a alguien por su origen racial, o por su color y, haga lo que haga, diga lo que diga, será desvalorado totalmente.
Comparto lo argüido por ti, desgraciadamente estamos en un mudo subjetivista e irrealista. En cambio, «…el realismo es necesario para la supervivencia animal, así como para entender y alterar el mundo de una manera racional y objetiva. Si alguna vez hubo animales subjetivistas, murieron jóvenes por estar expuesto a un mundo que negaron, o bien fueron designados profesores de la física posclásica»

Debe tenerse en cuenta que una cosa es conocer de filósofos y de historia de la filosofía, y otra cosa muy distinta es saber acerca de los temas de la filosofía y acerca de la propia realidad….
 Mientras que el filósofo dice “no es serio que el científico opine de filosofía sin conocer a los filósofos”, el científico dice “no es serio que el filósofo opine de los temas de la filosofía sin conocer la rama correspondiente de la ciencia”. Cierta vez estuvo en la Argentina el Premio Nobel Ilya Prigogine, en un programa televisivo. Luego de responder algunas preguntas de tipo filosófico, que le formuló el conductor, un filósofo invitado, bastante conocido, no dejó pasar la oportunidad para afirmar que dicho científico “no era especialista en filosofía”. En lugar de rebatir una opinión a través de una respuesta concreta, que requería cierto nivel de conocimientos, se limitó a la vulgar y pública descalificación, arma utilizada generalmente por quienes están dominados por un espíritu competitivo antes de estarlo por la sana intención de buscar la verdad.
Yo ya me declaro culpable, al inicio,  de lo todos los reproches insertos aquí, pero, ya he recapacitado. He girado en 180º grados.

Sin embargo, y aun cuando se me acuse de ser un desenterrador de fósiles, puedo señalar que  las medidas previas a adoptar que podrían evitar este tipo de conflictos (y otros de diferente naturaleza), surgen de un manantial que nadie se lo podría haber imaginado: ¡Las “Cartas Copernicanas” de Galileo Galilei!:

“No habrían caído en este error si hubieran prestado atención a un texto de San Agustín, muy útil a este respecto, que concierne a la actitud que debe adoptarse en lo referente a las cuestiones oscuras y difíciles de comprender por la sola vía del discurso; al tratar el problema de las conclusiones naturales referentes a los cuerpos celestes escribe:

«Ahora, pues, observando siempre la norma de la santa prudencia, nada debemos creer temerariamente sobre algún asunto oscuro, no sea que la verdad se descubra más tarde y, sin embargo, la odiemos por amor a nuestro error, aunque se nos demuestre que de ningún modo puede existir algo contrario a ella en los libros santos, ya del Antiguo como del Nuevo Testamento» (Del Génesis a la letra, lib. II, cap. XVII).”

“Y en San Agustín leemos esto:

«Si ocurriera que la autoridad de las Sagradas Escrituras se mostrara en oposición con una razón manifiesta y segura, ello significaría que quien interpreta la Escritura no la comprende de manera conveniente; no es el sentido de la Escritura el que se opone a la verdad, sino el sentido que él ha querido atribuirle; lo que se opone a la Escritura, no es lo que en ella figura, sino lo que él mismo le atribuye, creyendo que eso constituía su sentido» (Epístola séptima, Ad Marcellinum).

“Es por ello por lo que al terminar su prefacio y dirigiéndose al Soberano Pontífice, se expresa así:

«Si acaso existieran mataiológoi (charlatanes), quienes, pese a ignorar toda la matemática, se permitieran juzgar acerca de ella basados en algún pasaje de las Escrituras, deformado especialmente para sus propósitos, y se atrevieran a criticar y atacar mis enseñanzas, no me preocuparé de ellos en absoluto, de modo que despreciaré su juicio como temerario. Nadie ignora que Lactancio, célebre escritor, pero matemático deficiente, habla de la forma de la Tierra de manera tan pueril, que ridiculiza a quienes declararon que ella tenía forma de esfera; de modo que los estudiosos no se asombrarán si aquellos me pusieran en ridículo. La matemática se escribe para los matemáticos, quienes, si no me equivoco, pensarán que mi trabajo será útil también a la comunidad eclesiástica, cuyo principado ejerce ahora Vuestra Santidad.»”

“Pues las palabras de la Escritura no están constreñidas a obligaciones tan severas como los efectos de la naturaleza, y Dios no se revela de modo menos excelente en los efectos de la naturaleza que en las palabras sagradas de las Escrituras. Es lo que quiso significar Tertuliano con estas palabras:

«Declaramos que Dios debe ser primero conocido por la naturaleza y luego reconocido por la doctrina: a la naturaleza se la alcanza por las obras, a la doctrina por las predicaciones.»
No quiero decir con ello que no se deba tener una altísima consideración por los pasajes de la Sagrada Escritura”

“Y además el poco cuidado que tuvieron esos mismos escritores sagrados para determinar lo que debía creerse acerca de los accidentes de los cuerpos celestes, se nos muestra en el capítulo X de esa misma obra de San Agustín, donde se discute la cuestión de si el cielo se mueve, o bien permanece inmóvil:

«Sobre el movimiento del cielo no pocos hermanos preguntan si está quieto o se mueve, y dicen: si se mueve, ¿cómo es el firmamento? Y si permanece estable, ¿cómo las estrellas, las cuales se cree que están fijas en él, giran del oriente al occidente, recorriendo las septentrionales, que están cerca del polo, círculos más breves, de tal modo que aparece el cielo como una esfera, si es que está oculto a nosotros el otro polo en la parte opuesta, o como un disco si no existe ningún otro polo? A los cuales respondo, que para conocer claramente si es así o no, demanda excesivo trabajo y razones agudas; y yo no tengo tiempo de emprender su estudio y exponer tales razones ni deben ellos tenerlo. Sólo deseo instruirles en lo que atañe a su salud y a la necesaria utilidad de la Santa Iglesia» (Del Génesis a la letra, lib. II, cap. X).”


Es por ello que muchos graduados en filosofía conocen las opiniones cruzadas y contradictorias de los filósofos con más renombre, pero no tienen una opinión propia formada, por lo que el sinsentido es lo habitual en sus expresiones. Y este tipo de filósofos es el que generalmente reclama la validez de la “concesión exclusiva” antes mencionada.
Estimo que nada ni nadie es original. Creo que no existe la absolutamente prístina originalidad, aun cuando si podemos llegar a lograr nuestra propia opinión formada. Siempre esta, que el «criterio de verdad» no lo basemos en el «argumento de autoridad», ni en el  «argumento egocentrista»,   ni en el «argumento de concesión exclusiva», por ellos son propios de la falta de criterio, de lógica,  y de iracionalidad del dogmatismo.

Lo dicho, se encuentra claramente explicado en el libro de Jonathan Lethem, intitulado “Contra la originalidad o el éxtasis de las influencias”.
En su libro: “Lethem, reserva un poco de veneno para aquellos que se escandalizan por la forma cómo la cultura se está transformando gracias a las nuevas tecnología, y también guarda otro poco para aquellos que satanizan el intercambio gratuito de archivos a través de internet. La mayor cantidad de veneno, la reserva para aquellos eruditos histéricos y paranoicos  que están empeñados  en encontrar, como sabuesos, a como de lugar, indicios de plagio y falta de originalidad, en el arte, la religión, la ciencia y la filosofía. Y termina confesando que su libro está escrito a partir de citas y fragmentos de otros textos. De hecho, casi todas las frases de su texto son robadas, transformadas o copiadas de otras fuentes. Pero no por eso su ensayo deja de ser único y desde luego, novedoso. Que original, ¿no?”

Saludos

« Última modificación: Marzo 01, 2009, 03:19:39 por THINK TANK » En línea

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El mho versus el ohm


« Respuesta #24 en: Marzo 01, 2009, 12:17:30 »

Algo que se me quedó en el tintero:

Es por ello que muchos graduados en filosofía conocen las opiniones cruzadas y contradictorias de los filósofos con más renombre, pero no tienen una opinión propia formada, por lo que el sinsentido es lo habitual en sus expresiones. Y este tipo de filósofos es el que generalmente reclama la validez de la “concesión exclusiva” antes mencionada.
Creo, que la clase de personajes que tú describes son los que le dan mala fama a la filosofía. Y es por culta de ellos, que muchos (dentro de los que me incluyo), en el pasado huíamos despavoridos con solo escuchar la palabra filosofía. 

Aquellos individuos, aunque “graduados de filosofía”, no son filósofos ni hacen filosofía, ya que - ni siquiera con la benevolencia de una santa abuelita - se los podría tildar de sofistas.

En efecto, si tú citas o te sostienen en algún postulado de una determinada escuela de pensamiento filosófico, de inmediato esos “anticuarios” harán desmérito de aquella, y ensalzarán una corriente de pensamiento contraria y opuesta. Pero, si en otra ocasión sucede lo contrario, harán escarnio de la que otrora ensalzaron y cantaran alabanzas a la que antes despreciaron. Esa es la moneda  que, ellos usan para auto-pagar su propio salario de jornalero ególatra.

Al contrario de los verdaderos filósofos, su manera de actuar esta enjaulada dentro del mismo criterio que utilizan los leoninos “coleccionistas” y “anticuarios”. En donde el valor de un objeto es tasado dependiendo si se habrá de comprar o vender, y en ese sentido, son totalmente consecuentes, pues siempre e  invariablemente actúan de la misma manera: ¡En toda ocasión se llevan la “parte del león” de la fábula de Esopo!

Aquellos sujetos, son una especie de veleta que indefectiblemente apuntará en contra de todo lo que opinen los demás, ya que eso les da aire de grandeza y de superioridad. De esa manera, refuerzan su narcicismo, pues en el hecho son los únicos poseedores y manipuladores de esa “verdad” mercantilista y cambiante.

Dentro de su necedad un poco sádica, son felices cuando logran irritar a los demás. Y así como, en el pasado, Sócrates fue el “tábano” de los  atenienses; estos sujetos quieren ser la “sarna” de nuestra actual sociedad.

Mientras que Sócrates, filosóficamente, levantaba juicio intelectual contra el pretendido saber de los sujetos que suponían saber lo que no conocían, o que creían “saber algo y saberlo bien”, y a la vez, sobre la inconsciencia de los individuos que se conforman simplemente con vivir tal como viven los demás. Resulta que la inversa de Sócrates, los “anticuarios”, en un mal remedo, no levantan juicio intelectual, sino que  – en un reflejo condicionado – repudian todo lo que digan los demás con la finalidad de irritar por irritar Quemado. En el caso de Sócrates, la irritación no era su finalidad.


Saludos…
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