Rafael Rebolo, un “imposible” de la astrofísica mundial
Rafael Rebolo López, director del Instituto Astrofísico de Canarias (IAC), ha sido investido Doctor Honoris Causa en la Universidad Politécnica de Cartagena por sus pioneras aportaciones en el campo de la astrofísica
Hay una frase muy significativa sobre Rafael Rebolo pronunciada por uno de sus maestros, el profesor Eduardo Battaner, Catedrático de Astrofísica de la Universidad de Granada, que puede dar una idea de su notoriedad científica y de la admiración que despierta entre sus colegas: “En astrofísica, ser bueno en un campo es dificilísimo. Rafael trabaja en tres campos y es el número uno en los tres. Rafael es lo imposible”.
Rafael Rebolo nació en Cartagena, en 1961. Ya siendo estudiante de Físicas en la Universidad de Granada, sus intereses apuntaban a la Astrofísica. Nada más concluir su carrera marchó a Tenerife, al Instituto de Astrofísica de Canarias, para profundizar en el conocimiento de tan bella disciplina. Tanto su Tesis de Licenciatura, como su Tesis Doctoral -ambas con Premio Extraordinario- fueron dirigidas por el prestigioso doctor John Beckman.
En 1884 comienza su Tesis de Licenciatura con un tema relativo a la abundancia de litio en ciertas estrellas. Finalizada la tesina, comienza de inmediato a realizar su tesis doctoral, que presenta en el año 1987 y con ella obtiene su segundo premio extraordinario. En su tesis, el astrofísico cartagenero recaba datos espectroscópicos de más de 60 estrellas, lo que le permite investigar aspectos de la cosmología y la física estelar relacionados con el origen y evolución de los elementos ligeros. Confirma la presencia de litio en las estrellas más antiguas de nuestra galaxia, sugiriendo un origen pre-galáctico para este elemento, muy probablemente relacionado con el Big Bang.
El test del litio
En el año 1992, Rafael Rebolo detecta, por primera vez, litio en estrellas que orbitan alrededor de agujeros negros. Se trata de un descubrimiento asombroso que merece ser publicado en la selectiva, y muy prestigiosa, revista Nature, sin duda una de las publicaciones con más impacto entre la comunidad científica mundial. En este mismo año alumbra otra de sus grandes ideas, conocida hoy como “El test del litio”, que tendrá una importancia capital para la detección de unos cuerpos celestes intensamente buscados durante mucho tiempo por la comunidad astrofísica.
La historia del descubrimiento de estos cuerpos se inicia en el año 1963, cuando un astrofísico de la Universidad de Virginia, el Doctor Shiv Kumar, estudiando estrellas de baja masa, predice de forma teórica la existencia de objetos cuya masa se encuentra entre la de una estrella y la de un planeta gaseoso gigante. Estos objetos son conocidos, hoy en día, como “enanas marrones”.
A partir de los años 80, los astrónomos comienzan una búsqueda exhaustiva de enanas marrones para confirmar experimentalmente la existencia de tales objetos, pero durante quince años sus esfuerzos resultan vanos. Sin embargo, el desarrollo experimentado por la tecnología de observación astrofísica al inicio de la década de los 90 incrementa considerablemente las posibilidades de encontrar tales objetos, generándose una gran rivalidad entre grupos de investigación; encontrar una enana marrón se estaba convirtiendo en una competición a nivel mundial.
Pues bien, gracias al anteriormente mencionado “test del litio”, el equipo científico liderado por el doctor Rebolo consigue verificar la existencia de la primera enana marrón, descubierta con un telescopio del Observatorio del Teide, y a la que, por supuesto, se le da el nombre de Teide 1. El hallazgo mereció, en el año 1995, una nueva publicación en la revista Nature.
La primera enana marrón
Desde el test del litio, enunciado en 1992, al descubrimiento de la primera enana marrón transcurren tan sólo tres años. Por la importancia de los resultados obtenidos y la excelencia del trabajo realizado podríamos pensar que Rafael Rebolo estaba dedicando todo su esfuerzo a este campo de investigación. Ésta al menos sería la lógica aplicable a un científico convencional, pero Rafael Rebolo no parece encajar en estos cánones. Paralelamente a la búsqueda de objetos sub-estelares, el Profesor Rebolo pone en marcha un experimento cosmológico, conocido con el nombre de “Experimento Tenerife del Fondo Cósmico de Microondas”, llevado a cabo en colaboración con las Universidades de Cambridge y Manchester.
La existencia de la denominada radiación de fondo cósmico de microondas puede ser considerada, con todo derecho, como uno de los tests fundamentales en los que se basa la cosmología moderna. Es el testigo de que disponemos de nuestro universo primigenio, el eco de Big Bang. Durante las cuatro últimas décadas esta radiación se ha investigado reiteradamente, en particular su anisotropía, esto es, la diferencia de temperatura de dicha radiación en distintas direcciones del cielo. Es precisamente en el estudio de esta anisotropía donde radica la importancia del Experimento Tenerife, que constituía el intento más avanzado hasta entonces para la detección y medida de la misma.
El experimento resultó un éxito y permitió descubrir las primeras estructuras en la radiación que emergió del Big Bang, midiendo la huella de las primeras inhomogeneidades en el plasma primordial, que habrían de producir la estructura a gran escala del universo. El hallazgo es publicado en Nature en 1994, y el laboratorio puesto en marcha en aquel año en Tenerife aún alberga hoy la mayoría de los experimentos sobre radiación de fondo cósmico que se realizan en Europa desde tierra. Por ejemplo, es uno de los investigadores responsables del satélite Planck de la Agencia Espacial Europea, que medirá el próximo año, con una precisión no conseguida hasta ahora, la radiación de fondo cósmico; los datos que se obtengan con este instrumento pueden revolucionar el modelo vigente de estructura del Universo. También es uno de los científicos promotores del Telecopio Europeo de Tamaño Extremo, telescopio de más de 42 metros y que deberá construirse en los próximos años. Este telescopio permitirá, por ejemplo, obtener imágenes directas de planetas extrasolares del tamaño de la tierra.
Doctor Honoris Causa
Su generosa determinación a colaborar con la Universidad Politécnica de Cartagena, a implicarla en proyectos del altísimo valor científico y tecnológico, le ha valido el nombramiento de Doctor Honoris Causa, el pasado jueves, 17 de mayo, junto al padre de internet y creador de Google, Vinton Cerf. Su impulso ha sido decisivo para el establecimiento y consolidación de lazos de cooperación científico-tecnológica entre la Universidad Politécnica de Cartagena y el Instituto Astrofísico de Canarias, propiciando la que es hoy una estrecha relación con el grupo de Astrofísica de la Politécnica de Cartagena, cuyos resultados comienzan ya a tener una dimensión notable. Baste recordar, a este respecto, las reseñas en diarios de ámbito nacional que, en el mes de febrero pasado, se hacían eco del registro de la imagen directa de un planeta en la constelación de Escorpio, obtenida en un trabajo conjunto de investigadores pertenecientes a ambas organizaciones. Es, en términos absolutos, la segunda imagen directa que se obtiene de un planeta extrasolar, y de ahí su importancia.
Pero la cooperación impulsada por el Profesor Rebolo no se circunscribe únicamente al ámbito más puramente científico de la observación astrofísica. El carácter prioritariamente tecnológico de la Universidad Politécnica de Cartagena ha conducido de manera natural a que esta colaboración se haya extendido a la investigación y el desarrollo de las tecnologías que soportan la instrumentación en astrofísica. En esta vertiente, la Universidad Politécnica de Cartagena ha colaborado activamente en el desarrollo y puesta a punto de sistemas de procesamiento de imágenes, que ya han sido instalados en observatorios terrestres con excelentes resultados.
Un currículum formidable
El currículum que atesora Rafael Rebolo es tanto más formidable por cuanto se circunscribe a un periodo temporal de algo más de veinte años. Resulta sorprendente que todo lo que su currículum refleja no se refiera a un venerable anciano en el final de su carrera, sino a un investigador en pleno apogeo productivo, con todo el futuro por delante. Es, sin duda, uno de los científicos españoles con mayor proyección internacional, intensamente implicado en proyectos de enorme envergadura.
- Es autor o co-autor de más de ciento sesenta trabajos de investigación en revistas internacionales del máximo impacto en astronomía y astrofísica. Las citas de otros autores a estos trabajos superan las 5000.
- Ha sido director de doce tesis doctorales finalizadas y lo es de otras cuatro en curso.
- Figura como asesor o director científico de once paneles y comités de ámbito internacional, y de otros diecisiete nacionales.
- Es miembro de cuadros editoriales y árbitro de un buen número de revistas de la máxima relevancia científica, y revisor de agencias estatales de evaluación de tres países.
- Ha organizado más de veinticinco congresos científicos y proyectos internacionales.
- Ha impartido seminarios en más de treinta y cinco universidades y centros de investigación de todo el mundo, y dictado más de cincuenta conferencias de divulgación.

