¿¡Y tú que sabes!?

Nunca me habían preguntado tanto si conocía obras de divulgación científica sobre mecánica cuántica, accesibles al lector sin conocimientos generales de física. Y el motivo no es otro que la irrupción de la película ¿¡Y tú que sabes!? entre mi alumnado, que desde la primavera pasada anduvo por las salas minoritarias –al menos en Barcelona-, que suelen frecuentar los que, se dice, pululan por la intelectualidad catalana. Los provincianos de esta parte de la península ibérica ya sabemos de qué cines se trata…
Dirigida por William Arntz, Betsy Chasse y Mark Vicente, la película pretende ser un documental rodado intercalando enigmáticas entrevistas con trozos de ficción. Como si el gato Murr, de E.T.A. Hoffmann, hubiese estado en las tareas de montaje. En las entrevistas, el expectador recibe dosis cuánticas de conocimiento revelado (permítanme la ironía), que se ilustra posteriormente con las escenas que unos actores, de mediocridad contrastada empíricamente (que bien aguanté el tirón las casi dos horas), realizan en un juego de suerte dispar. El efecto final, es la revelación de la diferente formación académica de las diversos personajes entrevistados, y adivinen cual es el físico o cual el vidente dedicado a las energías alternativas (y no me refiero a los parques eólicos o a la termosolar), no les voy a fastidiar la porra.
A ver. No digo que sea fácil exponer en el breve lapso de una película los fundamentos de la mecánica cuántica, y menos su presunta aplicación a la realidad macroscópica que vivimos, ni pretendo quitarle el mérito a una pequeña productora, ni a su distribuidora: pelear en el mundo del cine con las grandes, y aguantar meses en pequeñas salas, es el equivalente a que un equipo de tercera división le plante cara al Barça, o al Madrid, durante al menos la primera parte.
El mérito innegable de la película es que haya despertado la curiosidad de los espectadores sobre un tema como la física cuántica. Otra cosa sea que las metáforas sobre el poder de la mente se les hayan escapado de las manos. Eso es harina de otro costal. Que vivimos en un mundo en el que nuestras decisiones condicionan nuestro futuro, en el horizonte de sucesos. Por supuesto. Que ante las enfermedades una actitud positiva ayuda a la mejoría y a la recuperación del paciente. Claro, nunca lo ha negado la medicina. Que la mente influye en el cuerpo, en cómo percibimos nuestra realidad y en nuestra autoestima y estado emocional. Explíquenselo a un psiquiatra, o a cualquier psicoinmunólogo.
Porque últimamente está de moda afirmar que la medicina alopática no tiene en cuenta la relación mente-cuerpo y, por supuesto, para eso están los chamanes e impositores de manos, conocedores de una magia ancestral que parecen no querer aplicar masivamente en las plantas de oncología de los hospitales. Por internet ya circulan, tardan poco, peligrosos artículos en los que se relaciona la cuántica y las capacidades de ciertos sujetos con poderes extrasensoriales, como «demuestra» la película, o «afirman los físicos». Son los riesgos que tienen aproximaciones como ¿¡Y tú qué sabes!?.
Ahora tenemos la película disponible en DVD. Y se la recomiendo para, al menos, tener un entretenido debate sobre lo que es la ciencia y sus límites respecto a la pseudociencia. Y quizá reflexionen acerca de la epistemología y la percepción de la realidad, y tal vez también les dé que pensar sobre algunos aspectos filosóficos, existenciales, acerca de las capacidades del ser humano en su paso por este mundo. Sobre el libre albedrío. Aunque en estos campos, al menos a mí, siempre me ayudó más la filosofía que la cuántica. Palabra de físico.


Jesús dijo
11 de Junio del 2008 a las 04:24
Cuando hay varios hechos incompresibles, es natural que se les intente relacionar. Las paraciencias y la ciencia solo pueden tener una conexión a nivel cuántico, porque lo demas se ha visto que no.