Toni Hernández

Los libros de cabecera


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La cultura se forja en los hábitos, y nuestros hábitos anidan en los objetos cotidianos con los que convivimos. Dime cómo son los muebles de tu casa y te diré quién eres. Y desde hace algún tiempo, acaso abducidas por el minimalismo, las cabeceras de las camas han ido de forma paulatina desapareciendo de los dormitorios. Y en las mesillas de noche, cada vez más reducidas, se arrumban las cosas que antaño cabían en la cabecera y que acompañan ahora nuestros sueños. Pero, ¿caben en ella los libros de cabecera? ¿Hay una ciencia de cabecera? ¿Tenemos una 'carpeta de cabecera' en nuestros libros digitales?

Eran considerados libros de cabecera aquellas lecturas que, por su relevancia o su capacidad de ayudarnos a reflexionar y a resolver problemas cotidianos, se conservaban a mano en la parte superior de nuestro lecho, disponibles tal vez para una rápida consulta antes de dormir o para una enriquecedora y pausada lectura, previa a nuestro encuentro con Morfeo. Allí, próximos a la razón que debería regirnos, los libros de cabecera convivían con otras lecturas, pasajeras y pertenecientes a la mesilla de noche, que podían en contadísimos casos ganarse el salto a la cabecera de nuestra cama.

Así, marcaba la intimidad mantener la Biblia, el Arte de Amar de Ovidio o el Kamasutra, gobernando el tálamo, mientras que La interpretación de los sueños de Freud o una pequeña enciclopedia, se antojaban como cabeceras más prácticas. La ciencia también tendría sus cabeceras. Tal vez los científicos románticos acogiesen en ellas a Los elementos de Euclides o el Origen de las especies de Darwin, y otros más actualizados optasen por la divulgación de Pickover en su De Arquímedes a Hawking, o Los Universos Ocultos de Lisa Randall.

En la era digital, con las lecturas incrustadas en archivos de tabletas y libros electrónicos, me pregunto si mantendremos una “carpeta de cabecera” a la que acudir en casos de urgencia o si hemos sucumbido ante el caos para, derrotados, admitir que no tenemos ni una sola lectura de cabecera que nos rescate de nosotros mismos y nuestros problemas. Sin cabecera estamos desordenados.

Dicen los diseñadores industriales que la virtualización del yo se combate con la inmanencia del mobiliario y los objetos. Si rendimos culto a muebles que entronizan televisores y eliminamos aquellos que nos hacen pensar, en los que se cobijan las ideas, estamos perdidos. Recuperemos las cabeceras de las camas, reales o virtuales, y retomemos las riendas de una razón a la que habíamos abandonado a su suerte, obnubilada por el ocio. Solo así todo nos irá mejor.

Columna publicada en el Diari de Terrassa

Creative Commons License photo credit: quinn.anya

 

NOTA: Este artículo es propiedad original del autor citado, aunque ha podido ser publicado anteriormente en otros medios, en cuyo caso aparecen descritos al final del mismo. En caso contrario o en notas de prensa el autor aparecerá como "Noticias de Internet"

1 Comentario hasta el momento »

  1. Adriana Herrera Delgado dijo

    14 de Abril del 2013 a las 21:11

    Buenisimo. Estoy realmente de acuedo. Soy de la idea "Apaga la tele y prende un libro. La verdad quë los libros, y tecnologia son parte de mi aprendizaje dia a dia. La cabeza es el CPU, para quë no le entre el virus. La informaciön viaja en un minuto, si uno se ancla en el pasado estä estinado a desaparecer. Los libros son el tesoro y la tecnologia su complemento. :) <3

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