“La adicción a Internet es un mito”
Por Alex Fernández Muerza.- Helena Matute, catedrática de Psicología de la Universidad de Deusto, ha ganado uno de los premios de divulgación científica de la Casa de Ciencias de La Coruña por su libro “Adaptarse a Internet. Mitos y realidades sobre los aspectos psicológicos de la red”.En él desmonta algunos de los supuestos problemas psicológicos que se le han achacado a Internet, y trata temas tan interesantes como el cibersexo, la muerte virtual o la inteligencia artificial.
¿Qué mitos y realidades destaca de Internet?
Hay demasiados mitos. La adicción a Internet es el más extendido. Pero también el de que Internet genera depresión o el de que el cibersexo es siempre patológico, o que la gente siempre miente en Internet. Hay aún muy pocos datos serios y fiables sobre los aspectos psicológicos de Internet, no deberíamos fiarnos de cualquier cosa. ¿Realidades? Internet genera ansiedad (no depresión), y sólo en las primeras fases, cuando aún no sabemos desenvolvernos adecuadamente en el mundo virtual… El cibersexo a veces es patológico pero en la mayoría de los casos es simple entretenimiento o curiosidad. La gente a veces es más sincera en Internet que en el mundo físico (normalmente a condición de mantener el anonimato). Hay gente depresiva y con problemas en Internet pero no más que fuera de Internet. Etc. Hay que investigar todo esto a fondo antes de seguir sembrando alarmas infundadas.
¿En qué nos está afectando, desde el punto de vista psicológico, Internet?
Elimina barreras y estereotipos sociales y puede incluso ayudar en el desarrollo de la personalidad, especialmente en el caso de adolescentes. Pero también surgen algunos nuevos problemas derivados del hecho de que no podamos vernos cuando hablamos con la gente. Surgen a menudo malentendidos…
¿Qué hace una catedrática de Psicología estudiando Internet?
Jaja, ya ves. La verdad es que sí suena raro, pero es que Internet es fascinante desde el punto de vista psicológico. A algunos les gusta definir la red como el Gran Centro Comercial; a mí me gusta más definirlo como el gran laboratorio psicológico. Es en Internet donde la gente está haciendo todos esos experimentos que los psicólogos no podemos realizar en laboratorio por razones éticas (aunque sí podemos observar cómo los hace la gente por libre): cambios de identidad, reacciones ante la mentira, formación de grupos, condicionamiento de hábitos, liderazgo, desarrollo de prejuicios, … podría citarte todos los temas clásicos de un manual de texto de psicología y veríamos que todos ellos se reproducen en Internet de una forma increíble. Está también todo el tema de las emociones, tan reales en Internet como en la vida misma.
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Al principio, la red puede fascinar a cualquiera. Las adicciones, en cambio, se agravan con el tiempo. Por eso no es adicción, aunque no descarto que haya personas que puedan tener problemas |
Helena Matute |
En tu libro echas por tierra algunos tópicos que suscitan mucha polémica. Dices por ejemplo que no existe la adicción a Internet, el ciber-ego, etc. ¿En qué te basas y hasta qué punto es defendible?
De la adicción a Internet te daría muchos, pero sobre todo un par de datos que indican claramente que no existe (aunque sé que algunos de mis colegas no estarán de acuerdo). Uno, que según las estadísticas, lo que hacen los supuestos adictos cuando están en Internet es charlar con sus amigos. Si estuvieran charlando en el bar nadie diría que son adictos. Y dos, que en la mayoría de los casos la supuesta adicción desaparece en menos de un año. O sea, se trata de un efecto de novedad. Al principio la red puede fascinar a cualquiera.
Las adicciones, en cambio, nunca desaparecen con el tiempo; al contrario, son graves, y se agravan con el tiempo. Por eso digo que no se trata de una adicción, aunque desde luego, no descarto que haya personas que puedan tener problemas. Pero nunca podremos saber si se trata de un mero desajuste pasajero o de un problema serio si no hacemos un diagnóstico individualizado. Una persona puede tener un problema de personalidad, otra de depresión (no de adicción), otra un problema sencillo de control del tiempo y otra puede estar sufriendo un simple efecto de novedad. Las adicciones no tienen nada que ver con esto, es necesario hacer un diagnóstico individual para saber por qué una persona pasa en la red más tiempo del que le gustaría.
En fin, dicho así en plan rápido igual suena todo un poco brusco y exagerado. Lo elaboro con mucho más cuidado en el libro. Y, bueno, también en un artículo que puede leerse en Divulcat, aunque ahí está también bastante resumido.
Internet tiene, especialmente en los medios de comunicación tradicionales, “mala prensa”. ¿Son tan graves los problemas que nos presentan los medios? ¿Cómo se pueden combatir?
A los medios les encanta sembrar alarmas. Hay un caso que narro en el libro y que es muy ilustrativo. Cuando en 1998 una revista de psicología publicó el estudio del profesor Kraut y sus colaboradores diciendo que Internet causaba soledad y depresión, la noticia fue recogida en la portada del New York Times y en la de la mayoría de los periódicos del mundo. Ahora bien, cuando la misma revista de psicología publicó después los numerosos errores metodológicos que investigadores de todo el mundo habían detectado en el informe original y hasta los mismos autores reconocieron que no podían extraer de ese estudio las conclusiones que habían extraído, esto ya no interesó a la prensa. Creo que es importante que lo cuentes porque la gente debe saber que hay mucho mito. Los estudios actuales están demostrando que el uso de Internet puede ser incluso muy saludable y recomendable para determinadas personas. Si se usa adecuadamente, claro.
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Con relación a los niños, creo que los adultos deberíamos tener cuidado y prevenirles sobre posibles problemas, de la misma manera que en el mundo físico procuramos saber por dónde andan y con quién. Hay razones para creer que podrían darse algunos problemas a largo plazo. |
Portada del libro |
Otro de los “grandes temas” que tratas en el libro es el cibersexo, su patología, su número de usuarios, etc. ¿Podrías resumir lo más importante?
Lo más importante quizá sea que el número de personas para las que el cibersexo es patológico es un número relativamente pequeño, el 8 % de los usuarios que visitan sitios de contenido sexual tienen problemas (y hay que tener en cuenta que el porcentaje es similar entre la población general). Son personas que pasan igual más de 10 horas semanales en sitios de contenido sexual. Para los usuarios ocasionales el cibersexo no pasa de ser mera curiosidad y entretenimiento, similar a lo que puede ser ojear un ejemplar de Play Boy.
De todas formas, déjame añadir que con relación a los niños, sí creo que los adultos deberíamos tener cuidado. Deberíamos aprender a navegar por la red para poder navegar con ellos, prevenirles sobre posibles problemas, orientarles hacia páginas adecuadas a su edad, etc. De la misma manera que en el mundo físico procuramos saber por dónde andan y con quién, cuando están en Internet tampoco deberíamos desentendernos. Aún no ha pasado el tiempo suficiente para poder estudiar los efectos a largo plazo en los menores, y sería muy largo explicar aquí el argumento, pero hay razones para creer que sí podrían darse algunos problemas a largo plazo.
También tocas el tema de la Inteligencia Artificial, y de por ejemplo los robots de conversación en Internet. ¿Cómo puede afectarnos que un día haya robots inteligentes que piensen y actúen como nosotros, o incluso puedan ser mucho más inteligentes?
Hay estudios francamente interesantes y hasta divertidos sobre este punto. Porque lo que se está observando es que tendemos a tratar a esos robots como si fueran humanos, para lo bueno y para lo malo. Me explico: si entras en un chat con un robot, y sabes que es un robot, porque a veces ni siquiera puedes saberlo, tenderás a tratarle correctamente (dirás eso de “por favor”, “gracias”, “no, no te molestes”, etc), pero sólo mientras la máquina se mantenga en un nivel más o menos sumiso y cordial y te haga sentir que tienes tú el control de la conversación. En el momento en que la máquina se equivoca mínimamente en el trato (una frase un poco brusca o autoritaria, o simplemente que a ti te suene como tal) tenderás a enfadarte con la máquina, incluso hay gente que llega al insulto. Es seguro que algún día los robots de charla parecerán muy inteligentes, pero mientras no aprendan a tratarnos correctamente no tienen mucho futuro. Y, por cierto, hay que tener mucho cuidado con ellos, porque otra cosa que se está observando es que, mientras la máquina no se equivoque en el trato, los usuarios acaban contándole todo tipo de intimidades. Esto puede ser muy peligroso, las máquinas no son precisamente una tumba.
Enlaces:
- Helena Matute
http://paginaspersonales.deusto.es/matute/ - Artículo en Divulcat
http://www.divulcat.com/divulgacion/la_adiccion_a_internet_no_existe_195.html

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