La ciencia va al cine y no consigue buena entrada


Frankenstein on Hollywood BoulevardVarios expertos explican cómo se refleja la ciencia y los científicos en el séptimo arte

El denominado séptimo arte, el cine, existe gracias a la ciencia y la tecnología pero, para el profesor Titular de Periodismo Especializado de la Universidad Carlos III de Madrid, Carlos Elías, ha resultado ser “un hijo desagradecido por la mala imagen que da de la ciencia y sobre todo de la profesión científica”. Por otro lado, el Catedrático de Matemáticas en el Instituto de Enseñanza Secundaria de Macarena (Sevilla), José Muñoz Santonja, partidario de las posibilidades didácticas del cine, opina que “un medio tan poderoso, no debe quedar fuera de las aulas”.El profesor del Departamento de Física e Ingeniería Nuclear de la Universidad Politécnica de Cataluña, Manuel Moreno, en un artículo publicado en el número de la revista Quark de abril - septiembre 2003, asegura que, según el critico francés J. Jouhaneau “el cine se alimenta de ficciones, la ciencia de realidades”. En esta línea, se pregunta este profesor “¿son el cine y la ciencia incompatibles?”. Para Moreno “el cine se nutre de la realidad y la ciencia necesita la imaginación para avanzar”, por lo tanto no son mundos incompatibles. El cine ha sido un instrumento útil en manos de los científicos: “filmación de intervenciones quirúrgicas o ataques epilépticos, así como documento de estudio”, recuerda Moreno. Además, es un vehículo para la divulgación de la ciencia como, por ejemplo, “los documentales sobre la fauna y flora, vidas de científicos y de actualidad tecnológica han dado lugar, incluso, a canales temáticos de televisión”, asegura el profesor.

Pero el cine no es sólo “un instrumento de transmisión del saber científico o un mero producto de la tecnociencia”, opina Manuel Moreno. También, es medio de expresión artística, “con unas normas, leyes y lenguaje propio” afirma el profesor. Esto permite que “los guionistas y directores posean cierta patente de corso para presentar, a menudo, una imagen de la ciencia que en nada se corresponde con la realidad”, se lamenta el autor del artículo.

El crítico e investigador cinematográfico Jose Manuel Serrano Cueto, en su libro De lo Fantástico a lo Real (Nivola 2003) opina que “el cine de ficción, como medio de comunicación de masas, tiene la responsabilidad de la buena o la mala imagen que se tiene de la ciencia”. Además es, por lo general, la única manera que “un público no docto tenga información de carácter científico, que quizás no se adquiriría de otro modo”, destaca Serrano. La imagen de la ciencia que tiene el hombre de la calle no proviene de la lectura de obras especializadas o de una instrucción formal. “¿Cuánta gente conocía al matemático John F. Nash antes de la película Una Mente Maravillosa?” se pregunta Serrano Cueto en su libro.

El profesor titular de Periodismo Especializado de la Universidad Carlos III de Madrid, Carlos Elías, en su libro La Razón Estrangulada (Ed. Debate 2008) afirma que, desde sus inicios, el cine ha producido películas “que degradan la imagen de la ciencia” como Metrópolis (1929) del director alemán Fritz Lang, “donde se denuncia claramente los riesgos de la tecnología mostrando el primer robot de la historia del cine capaz de destruir a la humanidad”, recuerda Elías. Pero lo más recurrente en la historia del cine es la imagen del científico loco, “el arquetipo del doctor Frankenstein”, un hombre capaz de “jugar a crear productos que luego no se sabe cómo repercutirán en el mundo”, afirma el autor del libro. A todo esto, se le añade el atributo de que “quiere gobernar el mundo y ponerlo a sus pies” gracias a la capacidad que tiene el científico de “construir artefactos para la destrucción a gran escala”, recuerda Carlos Elias. El profesor y periodista cita, por ejemplo, además de la saga de Frankenstein, películas como Planeta Prohibido (1956), donde un mal uso de la ciencia destruye todo un planeta, o la más reciente Núcleo (2003) en donde la tierra esta a punto de ser destruida por culpa de los experimentos científicos militares en el núcleo terrestre.

Pero, ¿existe un cine favorable a la ciencia? Jose Manuel Serrano Cueto, en su libro antes citado, analiza cuatrocientas películas en donde aparece algún tema científico. La mayoría de las mismas están relacionadas con la medicina, que “es la disciplina científica que más ha atraído al cine y la televisión desde sus principios”, escribe Serrano. En su opinión la ciencia medica es la más cercana a “dos temas fundamentales del pensamiento: la vida y la muerte”. Esta temática, junto con la biografía de científicos e inventores, es en opinión de este crítico cinematográfico la más favorable a la ciencia, “siempre que el médico protagonista de la película no pertenezca al arquetipo de científico loco”, recuerda Serrano.

El cine como instrumento didáctico

Pero no todo es tan negativo, el Catedrático de Matemáticas en el Instituto de Enseñanza Secundaria de Macarena (Sevilla), José Muñoz Santonja, en un artículo publicado en la página Web de divulgación matemática DivulgaMat, piensa que el cine puede tener aspectos educativos. Este profesor utiliza el cine en talleres para “conseguir que los alumnos lleguen a apreciar el cine y aprendan el lenguaje cinematográfico”. Uno de los objetivos que consigue es que los alumnos “vean correctamente lo que se les presenta y especialmente sean críticos ante la manipulación audiovisual a la que muchas veces están expuestos”. Este catedrático ve gratificante como, al terminar un curso, los alumnos no sólo acepten, sino que sean capaces de apreciar una película muda o en blanco y negro, algo que a principios de curso les resultaba repulsiva.

Jose Muñoz Santorja, utiliza el cine para enseñar matemáticas. Se puede pensar que “una asignatura tan abstracta como ésta, no puede tener cabida en un medio eminentemente visual como es el cine, pero nada más alejado de la verdad”, opina este catedrático. Muñoz recuerda que fue el astrónomo y matemático italiano del siglo XVII Galileo Galilei quien dijo que el mundo estaba escrito “en el lenguaje de las matemáticas”. Por lo tanto, no debe resultar extraño que “podamos encontrar referencias a esa materia en algunas películas”, asegura Muñoz. La mayoría de las veces que aparece un aula en una película “hay una formula escrita en la pizarra”, es interesante “analizar si tienen algún sentido o son letras y números pintados al azar”, afirma el docente.

Los profesores del Departamento de Física e Ingeniería Nuclear de la Universidad Politécnica de Cataluña, Manuel Moreno y Jordi José Pont, llevan desde el año 1993 impartiendo, en su universidad, una asignatura optativa con el título La Física en la Ciencia Ficción. El contenido de este curso está editado en el libro De King Kong a Einstein (Ed. UPC 1999). El texto analiza los grandes sueños de las novelas y películas de ciencia ficción: la inmortalidad, la invisibilidad, los superhéroes o los viajes en el tiempo, discutiendo “la viabilidad de las ideas en términos físicos, circunstancia que permite profundizar en el conocimiento científico”, aseguran los autores en el prólogo. El análisis de la física inherente en la ciencia ficción proporciona “elementos de discusión y fomenta el saludable espíritu crítico y escéptico, tan necesario en nuestros días”, aseguran estos físicos. De esta forma se ayuda a invertir las actitudes negativas hacia la ciencia y, sobre todo, a “distinguir la ciencia real de la pseudociencia, una enfermedad frecuentemente arraigada en la sociedad”, se lamentan los autores del libro.

El escritor y profesor de la Universidad Politécnica de Cataluña, especializado en el género de la ciencia ficción, Miquel Barceló, en la presentación del libro de Moreno y Pont, opina que nuestro futuro como seres humanos se “configura ya desde la necesidad imperiosa de adquirir nuevos conceptos” y, sobre todo, a manejar nuevos artefactos tecnológicos. La ciencia ficción, y el particular el cine de este género, intenta responder a la pregunta ¿Qué sucedería si…?, en la que se analizan “las consecuencias de una hipótesis que se considera extraordinaria o todavía demasiado prematura para que pueda presentarse en el mundo real”, opina el profesor Barceló. Ése es el aspecto especulativo de la ciencia ficción, “¿Qué sucedería si hubiera clones de humanos?, ¿Qué ocurriría si construyéramos verdaderas inteligencias artificiales?, ¿Qué sucedería si nos encontráramos con extraterrestres?, ¿Qué ocurriría si pudiéramos viajar al pasado?, etc.” Todas estas preguntas que “nos preparan para enfrentarnos a un futuro distinto”, asegura este escritor y profesor.

Por una parte, el lado difamador de la ciencia y, por otra, instrumento para su aprendizaje, son las dos visones distintas del papel de la ciencia en el cine pero, como dice el personaje principal de la película de ciencia ficción V de Vendetta (2006): “La anarquía tiene dos caras: la creadora y la destructora. Así, los destructores derriban imperios; crean un lienzo de escombros sobre el que los creadores pueden pintar un mundo mejor”.

Creative Commons License photo credit: aturkus

NOTA: Este artículo es propiedad original del autor citado, aunque ha podido ser publicado anteriormente en otros medios, en cuyo caso aparecen descritos al final del mismo. En caso contrario o en notas de prensa el autor aparecerá como "Noticias de Internet"

1 Comentario hasta el momento »

  1. La ciencia va al cine y no consigue buena entrada dijo

    8 de Septiembre del 2008 a las 22:47

    […] La ciencia va al cine y no consigue buena entradae-ciencia.com/blog/reflexion/la-ciencia-va-al-cine/ por milpesos hace pocos segundos […]

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¿Sabías que Rychard P. Feynman (1918-1988) dijo...?
Creo que puedo decir sin temor a equivocarme que nadie entiende la mecánica cuántica.