Elogio del cuaderno de campo
Elogio de la ciencia amateur, un artículo mío publicado en Divulc@t, en una fecha tan lejana como 2002, suscitó cierto debate sobre si era realmente posible hacer investigación científica de calidad sin el uso de tecnologías caras y tener una incidencia real dentro de la comunidad científica.
Lo cierto es que a un buen número de científicos de tradición empírica les cuesta aceptar que se pueda hacer ciencia sin acotar las variables dentro de un laboratorio. Pero esto no es cierto. Dentro de la tradición naturalista, la observación de los hechos con tecnología de lápiz y papel (incluso sin ella) es suficiente.
Con este artículo, a modo de segunda parte del anterior, quiero retomar la idea inicial y reivindicar la labor de los científicos no profesionales, que pertrechados con un cuaderno de campo y poco más (quizá una lupa, unos prismáticos, un caza mariposas…) hacen ciencia.
En Elogio de la ciencia amateur arrancaba con la historia de un amigo mío, Marc Boada, dedicado profesionalmente a la museología científica. Autodidacta y auténtico diletante no tenía licenciatura alguna. Conocedor y descubridor de algunos yacimimientos de dinosaurios de la Conca de Tremp (Lleida), su acceso a las publicaciones científicas al uso era altamente improbable y frustrante. Pero a principios de este año, me envió orgulloso e ilusionado un pdf con su primer artículo comme il faut. Un amateur había colocado su primera cuña en circuitos ajenos. Años de paciencia, cuaderno de campo, labor bien hecha y cuidados contactos con el mundillo profesional de la paleontología, habían dado su fruto. Suerte y que publiques muchos más.
De acuerdo. Con un cuaderno de campo me basto y no necesito equipos costosos. ¿Pero me tengo que liar con algo tan “delicado” cómo los dinosaurios (dónde te puede caer un puro por escarbar dónde no se debe)? A mi me molan las ballenas, ¿pero ya me darán de si tres semanas de vacaciones y una Zodiac? Si comenzamos con excusas, no iremos a ninguna parte. ¡Pónganle imaginación señoras y señores!
Las ballenas están bien, pero probablemente se tendrá que conformar con ir de avistamiento un fin de semana. Pero, se ha fijado en los áfidos viven a expensas del rosal de su balcón. ¿De qué especie son? ¿ Cada año son las mismas? ¿Qué fenomenología presentan? ¿Se podría relacionar con alguna variable climática o meteorológica? ¿Qué tal se portan con las hormigas? ¿Si elimina las hormigas, hay más o menos pulgones? Usted dirá que lo que yo pregunto seguro que ya se sabe. ¿Seguro?
Casi todo el mundo que conoce algo de Darwin, sabe de su viaje alrededor del mundo con el Beagle, viaje que inspiraría El origen de las especies. I luego, ¿qué? Pues Darwin ya hizo suficiente turismo y se pasó la mayor parte de su vida viviendo cómodamente en su finca. Una de sus obras más deliciosas y casi tan revolucionaria como la mencionada, vino motivada por la paciente observación de un bloque de roca que año tras año se iba enterrado poquito a poquito en el suelo. ¿Qué la movía? La respuesta eran las lombrices. Algo tan obvio como esto a nadie le había parecido interesar.
Aquí quería yo llegar. Sobre áfidos se sabe mucho, pero sobre los pulgones de su balcón usted va a ser un pionero. I si le va la geología no le digo más. Seguro que su presupuesto no le da par perfiles sísmicos a lo largo de los Pirineos, pero probablemente la cartografía que ha hecho el IGME de su pueblo sea bastante mala y se pueda mejorar notablemente. Con la ventaja de que las rocas no se marchitan en otoño y siempre van a estar allí.
De acuerdo, ya le he convencido. Con un cuaderno de campo, imaginación y tesón me lo hago sobradamente. ¿Y donde publico? Hombre, eso ni se pregunta. Móntese un buen blog, haga contactos y promociónese. Si teme que algún avispado le plagie, por cuatro euros de nada se va al registro de la propiedad intelectual y se blinda.
No sean perezosos: investiguen con muy poco y publiquen. ¡Darán de comer a su ego y expandirán el conocimiento!

