El papel instrumental de las ciencias en la educación

Los pedagogos suelen argumentar el carácter instrumental de las matemáticas y de las lenguas en los planes de estudios, y se les otorga desde las instituciones cierta preponderancia académica y horaria. Ahora bien, ¿aprenden a razonar los alumnos en estas materias o simplemente automatizan procedimientos de cálculo y ensamblaje lingüístico? ¿Qué papel tienen las ciencias empíricas (física, química, geología…) en el proceso educativo?
La enseñanza nos preocupa cada día más y necesita renovar ciertas concepciones anquilosadas en otros tiempos. Una de las tesis más asumidas es la necesidad instrumental de la lengua y las matemáticas, como pilares del desarrollo cognitivo. Ciertamente, en edades tempranas –los primeros años de escolarización- así es, y es imprescindible que los niños aprendan a leer y escribir (en cuántas más lenguas mejor) y las operaciones elementales (y mentales) de cálculo. La dificultad de las tareas lingüísticas va en aumento con la edad y, paralelamente, también la abstracción geométrica y analítica se va desarrollando.
Llega un punto en el cual los cálculos elementales están ya superados y las habilidades lingüísticas fundamentales también. O, al menos, así debería ser. Tras el periodo de la enseñanza preescolar (parvulario) y primaria, la mayoría de los alumnos ha automatizado las operaciones matemáticas elementales y la lectura y escritura. Pero, ¿realmente razonan y ejercen la comprensión lectora? Es decir, ¿entienden lo que leen y van más allá de las operaciones numéricas? ¿son capaces de expresar cuando escriben lo que quieren decir? Sí que se ha iniciado el proceso de razonamiento, pero se está a punto de llegar a un enclave crítico en el desarrollo cognitivo: la adolescencia.
Y es que hacia la adolescencia las cosas cambian: a los fuertes cambios hormonales se añade el cierre de una primera –y muy importante- etapa del desarrollo. A partir de ese momento, el adolescente se cuestiona la realidad en la que vive y no se conforma con seguir al pie de la letra las indicaciones de los adultos. Ha cambiado el entorno pragmático en el que se desarrolla la educación, porque el adolescente cambia sus perspectivas para forjarse una realidad propia y, con ello, una personalidad.
Llegado ese punto será cuando, inevitablemente, se deberían cambiar las tornas en lo que se refiere a la instrumentalidad en la educación: las ciencias empíricas, las artes plásticas y la música, deberían coger las riendas. También las lenguas, pero bajo otro enfoque, menos procedimental y en el que se obligue a pensar más, a elaborar. ¿Por qué este cambio? Porque ya no es suficiente con automatizar, ahora necesitamos –y el adolescente necesita- que se empiece a razonar.
¿Cuántas veces los profesores de lengua comentan como parte de los alumnos sí automatizan las reglas gramaticales pero en cambio son incapaces de efectuar un correcto comentario de texto? Desde las ciencias, mientras tanto, contemplamos como alumnos brillantes en asignaturas más memorísticas (biología) tienen ciertos problemas con física o química, dónde se les requiere de una mayor capacidad de abstracción y enfrentarse a enunciados de problemas que, en principio, deberían ser novedosos y no caer en la mera repetición de problemas ya resueltos cambiando los datos numéricos.
Porque a menudo lo que se hace es entrenar al alumnado para resolver – con diferentes números – los mismos problemas, una y otra vez. De ese modo no ayudamos en nada más que en evitarles razonar y aplicar los conocimientos que tienen. En incluso se les hace en filosofía o en literatura exámenes tipo test (que tienen su función educativa al menos con vistas a los concursos televisivos), eliminando toda posibilidad creativa y la fuerte toma de decisiones que implica enfrentarse a la hoja en blanco y redactar.
Hay una fuerte queja social dirigida sobre todo a los profesores de ciencias. Especialmente a los profesores de física: ¿para qué someter a tan duros ejercicios a los bachilleres, por ejemplo sobre cinemática? La pregunta esconde el paradigma de la utilidad: total, no les servirá de nada. Pero SÍ les sirve. Cuando un alumno se enfrenta a un problema nuevo toda una maquinaria se pone -o debería poner, en eso estamos- a punto. Con los conocimientos adquiridos, el alumno ideal analiza el problema (lee bien el enunciado, mira que datos le son suministrados,…) y entonces piensa qué herramientas posee para resolverlo (fórmulas, estadística, resolución gráfica,…), y se arriesga probando un método de resolución para, finalmente, llegar a un resultado que muchas veces se deja comprobar. Todo ese procedimiento dista mucho del automatismo que se aplica cuando se resuelve un problema al que uno se enfrentó días atrás con números diferentes: en ese caso actúa la memoria.
Debemos comprender la necesidad de las ciencias empíricas (en las que incluyo a la lingüística) como herramientas constructivas del entramado cognitivo, sobre todo a partir de la adolescencia, junto con otras disciplinas que aportan enfoques especiales en los que se ayuda a plantear la realidad de otra manera; las artes visuales y plásticas y la música, en vías de extinción en la enseñanza obligatoria, forman parte de esa segunda etapa instrumental que tantas veces se olvidan algunos pedagogos que no piensan en la docencia por encima de los doce años. Será que cada vez más adiestramos al hemisferio izquierdo del cerebro, mientras se margina al derecho.


Jesusjose dijo
17 de Junio del 2008 a las 18:03
Hace tiempo he venido trabajando y compartiemdo este tema con ese enfoque, de ahi que mi opinion es muy favorable.- Sin embargo, ha sido bien dificil lograr que los profesores asimilen esta realidad y comiencen a trabajar con dicho enfoque, no en teoria sino en la practica, es decir, dicho enfoque demanda de los profesores ser verdaderos docentes investigadores y trabajar con los estudiantes con los metodos, medios y metodologias adecuadas y establecer procesos de evaluacion en la misma direccion.- Los profesores deben pasar de ser simples recicladores y repetidores de teorias y convertirse en verdaderos cientificos y pedagogos en el sentido mas amplio de estos conceptos.
felicitaciones y adelante con este bellisimo trabajo.