Alex Dantart

Divulgación, asimetría educativa y ley del mínimo esfuerzo


Por Toni Hernández.- Realmente lo tenemos difícil los que pretendemos divulgar la ciencia. De entrada, nos enfrentamos a una sociedad cada vez más regida por la ley del mínimo esfuerzo, en la que es mejor lo que cuesta menos (¡ay si inventan la píldora para adelgazar!), y con una educación asimétrica: Nuestros políticos sólo consideran las Humanidades (Filosofía, Historia, Geografía y Lenguas, en general) básicas para la formación de todo individuo. Pero, ¿acaso no es necesaria también una mínima formación científico-técnica para todo el mundo?

Es evidente el cansancio de la población: la gente cuando llega a casa
tras una dura jornada laboral se deja llevar por la TV, y desconecta con enorme
facilidad, de manera que la información que al final procesan los individuos
está extraordinariamente sesgada - lo que conocen los periodistas y ha
sido aprovechado, sobre todo a nivel político. La atención se centra
en los elementos más efectistas de la comunicación, verbales y no
verbales; hay toda una serie de palabras e imágenes "gatillo"
que disparan los circuitos neuronales-emocionales y desvían el procesamiento
de la información, de modo que el receptor es altamente manipulable, sobre
todo si su nivel de atención es bajo.

Hablamos de la población en general, de la masa social a la que seguramente
no pertenecerá el lector. ¿Y a qué masa me refiero? Cuando
recientemente se publicó que algo más de un 20% de la inmigración
extranjera residente en Cataluña tenía una titulación superior,
la masa pensó ‘hay que ver qué ignorancia’, mientras apenas el
10% de los catalanes tienen una titulación superior. Por lo tanto, y
no lo digo peyorativamente, simplemente hay que reconocer que nos movemos en
círculos reducidos.

En definitiva, supongamos que un 20% de la población, no necesariamente
los licenciados (que también se cansan y desconectan), realiza el esfuerzo
imprescindible, mínimo, para procesar adecuadamente la información.
Si añadimos un mínimo rigor terminológico y técnico,
es inevitable que el porcentaje disminuya. La radio, la prensa escrita e internet
son otros medios, ajenos al reino de la televisión, a los que la masa
acude; como en el caso de la televisión será esencial, por tanto,
la labor del divulgador para hacer más asimilables, más asequibles,
y en definitiva más sencillos, esos conocimientos. Es el clásico
debate aristotélico entre rigor científico y sencillez. Delectare
et prodesse. También, claro, hay que divertir en la comunicación,
y entretener, no vayan a cambiar de canal, pasar página o huir de la
web vía link. Se trata de que consigamos la píldora para adelgazar,
es decir, que con un esfuerzo mínimo, ’sin costosos abdominales’ siguiendo
la metáfora, logremos un resultado óptimo: esculpir los cerebros
como abdominales y sin hacer ejercicio.



El divulgador debe hacer más sencillos los conocimientos. Es el clásico debate aristotélico entre rigor científico y sencillez

Aristóteles


La asimetría en la formación del alumnado, tanto de ESO como
sobre todo de Bachillerato, es evidente: los alumnos de bachillerato científico
y técnico sí reciben asignaturas que les forman en Historia, Geografía,
Filosofía, Lengua y Literatura. Tanto socialmente como desde la intelectualidad
dominante se considera ‘básica y esencial para la formación integral
de la persona’ la formación humanística. No negamos que así
sea, reitero. La carencia ya la sufrimos los que estudiamos el antiguo BUP y
COU.

Más de una vez, conversando con filólogos, historiadores y filósofos,
me han comentado el deseo de haber recibido más formación en,
sobre todo, biología. Aprovechando la reforma, que tanto se critica,
hubiera costado poco incluir una asignatura de ‘Ciencia Básica’, quizá
dirigida más al alumnado no científico, para que los alumnos de
Bachillerato salieran a la calle con un cierto conocimiento, algo más
amplio que el ofrecido en la ESO, en Biología, Medicina, Física,
Química, Geología, Antropología, Tecnología, Informática,
etc. Los alumnos de Letras podrían cursar, compensando la ausencia de
formación científica en su currículo, esta materia ficticia,
donde se deberían tratar todos aquellos temas esenciales en la sociedad
actual. De esta manera, se podrían tener más opciones de que la
sociedad lograra una opinión formada sobre la clonación, la genética,
la fecundación de óvulos congelados, el elevado gasto del Estado
en un sincrotrón, y tantos otros temas que inundan portadas de diarios
y revistas.

¿No deberíamos intentar que la población conociera al
máximo de qué se discute, de qué se habla? Es una pretensión
que no tendríamos que olvidar los divulgadores: la de hacer de la enseñanza
obligatoria, y post-obligatoria, el caldo de cultivo adecuado de una nueva generación
de ciudadanos integrados en la sociedad actual.



La ciencia no tiene la culpa de los problemas éticos de la sociedad, y conocerla nos permitirá tener un criterio, una opinión formada, ser menos manipulables, más libres

Cervantes…y Watson y Crick, descubridores del ADN


Quizá desde los sectores de conservadurismo más recalcitrante
se vea la tarea de la divulgación científica como parte de la
‘deshumanización social’. Sin embargo, la ciencia no tiene la culpa de
los problemas éticos de la sociedad. Conocer la ciencia no es un paso
más de la intrusión de la técnica en nuestra vida, sino
que nos permitirá tener un criterio, una opinión formada, ser
menos manipulables, más libres (bueno, quizá no interese, ¿no?).
La tecnología no es la raíz de todos los males, sino un rasgo
característico de nuestra especie, desde los albores del género
Homo. La escritura es tecnología, por ejemplo. La ignorancia y el mal
uso sí pueden hacer daño.

En definitiva, no se trata ahora de discutir de si a la enseñanza le
toca siempre encajar las carencias formativas de la familia - el perdido diálogo
de sobremesa- o si los planes de estudios son muy dispersos y hay que aglutinar
materias: ya se encajarán las piezas. Tan sólo se trata de intentar
hacer entender a los que mandan en este país, que el conocimiento científico
es parte de la formación integral de la persona, que tan importante es
saber quién escribió el Quijote y cuál es su argumento,
como saber quiénes descubrieron la estructura del ADN y cuál es
esa forma mágica que envuelve toda la vida. O al menos, que se lo planteen.

Mientras tanto, la tarea de los divulgadores será dura, pues nuestros
receptores desconocen parte del código, y aprenderlo supone un esfuerzo
extra que la ley del mínimo esfuerzo invita a no hacer. Todo ello en
el ruido que supone la cantidad ingente de información diaria que procesamos,
"en casi todos los casos muy superior a la que recibía una persona
en la Edad Media en toda su vida", como nos solía decir en sus clases
el matemático y lingüista Sebastià Serrano.

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NOTA: Este artículo es propiedad original del autor citado, aunque ha podido ser publicado anteriormente en otros medios, en cuyo caso aparecen descritos al final del mismo. En caso contrario o en notas de prensa el autor aparecerá como "Noticias de Internet"

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¿Sabías que Konrad Lorenz(1903-) dijo...?
La verdad en ciencia puede ser definida como la hipótesis de trabajo que mejor se ajusta para abrir el camino a la siguiente mejor ajustada.