Isaac Camps

Crisis del ladrillo y cambio de paradigma tecnológico y ambiental


La crisis del ladrillo ya está aquí. Ha tardado, pero no hay sabio que (ahora) no lo viera venir. Últimamente se ha escrito mucho sobre sus causas, aunque simple y llanamente se pueden resumir en “la codicia rompe el saco”. Por lo tanto, no voy a hablar de ellas ni de los devastadores costes sociales que tendrá para los trabajadores del sector, ni en la sociedad en general.

Sí que voy incidir en un aspecto menos comentado: las implicaciones ambientales que ha tenido esta burbuja y las nuevas posibilidades de desarrollo tecnológico y sostenibilidad que se abren si se cambia de una vez por todas de modelo.
En primer lugar no olvidemos que este boom urbanístico ha supuesto la destrucción, a un ritmo nunca visto en nuestro país, de un recurso no renovable y finito: el suelo, y por ende, del paisaje. Por lo que respecta al suelo, en el actual contexto de crisis alimentaria, y energética, y en un país sin grandes recursos naturales, desperdiciarlo para alfombrarlo de urbanismo disperso ineficiente, que no genera ningún valor añadido, como podrían ser la agricultura, la selvicultura, las energías renovables, o sencillamente el mantenimiento de los ecosistemas, es una estupidez suicida. Por lo que respecta el paisaje, recordemos que a pesar de ser un bien subjetivo y menos cuantificable que el suelo, supone un atractor turístico (con mesura) y el derecho ciudadano de poder disfrutar de un patrimonio natural de calidad para su ocio, por su significado sentimental, etc.

En la lógica keynesiana, al estado ahora le tocará gastárselos en inversión pública para suavizar los efectos de la crisis. Mucho se equivocarán si la cosa fuese ofrecer más de lo de siempre: cemento y grandes infraestructuras insostenibles como el PHN. Es precisos un cambio de paradigma y comenzar invertir en recuperar, ordenar y sanear. Así por ejemplo, más allá de las consabidas y necesarias brigadas de limpieza forestal formadas por trabajadores poco cualificados, se tiene que invertir, por ejemplo, en la recuperación de los ecosistemas fluviales (con lo que conlleva de mejora de los recursos hídricos) y costeros, así como en conocimiento y formación (no sólo de los parados, si no de todo el sistema educativo, de primaria a la universidad).

Es cierto que el Gobierno actual ha dicho que la fiesta del ladrillo se ha acabado, que no se doblará ante el lobby del cemento y que va invertir en I+D. Pero ya son muchos los Gobiernos que se han llenado la boca con lo que parece políticamente correcto, pero más de diez años después de la implantación de la ESO…. ¡el resultado es que tenemos déficit de ingenieros! A ver qué pasa y si por una vez es cierto.

NOTA: Este artículo es propiedad original del autor citado, aunque ha podido ser publicado anteriormente en otros medios, en cuyo caso aparecen descritos al final del mismo. En caso contrario o en notas de prensa el autor aparecerá como "Noticias de Internet"

1 Comentario hasta el momento »

  1. Marcel Costa dijo

    21 de Mayo del 2008 a las 18:34

    Estoy totalmente de acurdo con los contenidos del artículo. A ver si de una vez por todas, el tropiezo con la misma piedra nos sirve para cambiar de modelo. ¡Làstima que los políticos difícilmente daran la talla para liderarlo! ¿Seremos los ciudadanos de a pié capazes?

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