Javier Armentia

¿Por qué participo en un “programa basura”?


Por Javier Armentia.- Para quienes no lo sepan, participo en el programa de Antena 3 “El castillo de los famosos”, producido por Gestmusic y emitido desde el martes 23 de marzo de 2003, como parte de un “tribunal” que ha de hacer una evaluación de lo que se ve en el programa, de lo que hacen los participantes del mismo. Ataviado con una toga que en la tele se ver mucho más roja que cárdena (su color natural), sentado al lado de Aramís Fuster -para los biógrafos, no es ni la primera ni la cuarta vez que me sientan a su lado… ¿hará el roce el cariño? ¿la exposición al peligro disminuye el riesgo? chi lo sà- y junto al Padre Apeles, Sebastián d’Arbó y Beatriz de Orleans. Sobre el programa hay información en su portal, así que tampoco cuento mucho más.



La cosa es que llevo luciendo mi palmito hace muchos años. Y a través de medios de comunicación diferentes, en circunstancias diferentes y sobre cosas diferentes (aunque el medio es el mensaje, el propio mensaje sigue contando).

Cada semana, por ejemplo, aquí en Navarra, mi careto en la contraportada del periódico “Diario de Noticias” anuncia una columna de opinión en la que me suelto (bastante) con filias y fobias. Igualmente, en esa escala local, me conocen como tertuliano habitual, lenguaz y lenguaraz, en Onda Cero o en la Cope. (Ya ven: Telefónica y el Arzobispado, en casa del enemigo también se me acoge).

También en prensa, llevo una página de ciencia y tecnología en el periódico de Bilbao “El Correo”(con ediciones en Álava, Rioja y más) dentro de un suplemento cultural, denominado Territorios, que se publica los miércoles.

En una escala más amplia (en cuanto a cobertura geográfica y en cuanto a número de personas), mis colaboraciones en el programa de Nieves Herrero “Lo que es la vida” de Radio-1 de Radio Nacional de España me han permitido en unos cuantos años hablar de muchísimas cosas, haciendo “preguntas del millón”, siendo el “científico del programa” o charlando con otros contertulios. Igualmente, desde hace siete años (o más, no me acuerdo bien), llevo un “quesito” que titulado “La Astronomía en Radio 5″ se emite en unos u otros momentos a lo largo del día en Radio 5 Todo Noticias también de RNE.

He tenido secciones en revistas de actualidad científica como “Conocer”, donde durante cinco años hacía una doble página mensual sobre astronomía y astrofísica, colaboraciones más o menos asiduas en otras (algunos artículos en “Muy Interesante”, esas QUOnsultas de “QUO”, alguna serie como la que trunqué en “El Semanal” sobre misterios de la ciencia…). Desde hace mucho colaboro -hasta en el consejo editorial- de la publicación del pensamiento crítico más antigua y avalada (aunque con tendencia a parecer los ojos del Guadiana) del país: “El Escéptico”.

Esporádicamente, me he expuesto en numerosos programas de televisión, desde los informativos a los de variedades en diferentes formatos (del teledebate al intimity-show que es como catalogan los expertos al “Castillo..”), pasando por documentales, programas de entrevistas o de análisis… He estado, además, a punto de colaborar o presentar programas de divulgación científica que nunca llegaron a buen puerto, porque el mundo de la televisión es como es. Y más ahora.



cuando uno se muestra, esa exposición también supone un “exponerse” a las opiniones de los demás. A caer bien o caer mal. O a no caer de ninguna manera

Logo del programa


En todos y cada uno de los casos que he mencionado, y en muchos otros que me olvido, me toca exponerme, y siempre lo he hecho (y lo seguiré haciendo) con el convencimiento de que, al menos a mí, me resultaba positivo. Por otro lado, si los responsables de esas secciones o programas se habían puesto en contacto conmigo es porque ellos también estaban convencidos de que podía aportarles algo. Así de lacónico y así de sencillo.

Por supuesto hay otros factores, muchísimos, que uno valora en cada ocasión. Pero lo que quería comentar no pretende entrar en este asunto, sino en el hecho claro de que cuando uno se muestra, esa exposición también supone un “exponerse” a las opiniones de los demás. A caer bien o caer mal. O a no caer de ninguna manera.

Quien se expone crea una imagen pública que, al menos en mi caso, son muy variadas imágenes públicas. No es lo mismo el Javier Armentia que habla en Pamplona de política cultural desde su experiencia como gestor en el Planetario de Pamplona que el Javier Armentia que es el chico de la ciencia en un magazine vespertino radiofónico. Por poner dos ejemplos en los cuales me ha sucedido encontrar que gente que conocía a uno se sorprendía con el otro, y viceversa.

Evidentemente, yo sigo siendo el mismo. Es decir, la misma persona que con el tiempo y la experiencia va cambiando (hago mención a esto porque el Javier Armentia del “Castillo…” es mucho más el mismo que trabaja en el Planetario de Pamplona de hoy que el que estaba por aquí hace trece años cuando llegué a tierras navarras: si algo tiene la vida es que te hace cambiar, qué cosa tan poco nueva digo).

En este nuevo paso que he dado me estoy encontrando (y ya me pasó antes con muchos otros pasos, como la primera vez que caía en un programa de “debate” televisivo en Euskal Telebista que se llamaba “Rifi-Rafe” y conducía Antxon Urrusolo) con opiniones a favor y en contra. Muy razonadas e incluso razonables. Algunos pensaban que el Javier Armentia que conocían se estaba (subráyese lo que más proceda) vendiendo-rebajando-vulgarizando-promocionando-otras. Y lo mismo sucede estas semanas.



el asunto más difícil para decidirme a ir fue precisamente lo que conlleva, el exponerse públicamente -y más en televisión aunque sea con un bajo share- de pérdida de la intimidad

Plató del programa


¿Se trata de alguna bajada hacia los infiernos mía? Desde luego que no. No hay aquí un Dante que luego vuelva para contarlo, ni un camino iniciático hacia la depravación y la “fama”. Personalmente, sigo pensando en los mismos términos en que antes lo hacía: se me ofreció una nueva oportunidad de hacer algo en un sitio donde acaso cabía, valoré esa exposición, y ahí he ido un par de semanas.

Anteayer, caí de repente (una de las causas de mis múltiples exposiciones es que me cuesta mucho decir que no cuando se me propone algo, soy “un chico fácil”) en una mesa redonda en un colegio, el Luis Amigó, donde se celebraba una “semana de la creatividad”. La mesa redonda iba sobre propiedad intelectual, derechos de autor, piratería y demás cosas. Ya ven, qué puedo contar yo a ese respecto. A un lado tenía al responsable de la zona de la SGAE. Al otro a un agente de patentes y marcas. Y yo marcándome un discurso libertario sobre los copylefts, creative commons, poniendo a parir a los unos y otros y tal.

Y los chavales, claro, veían ahí a quien la misma noche anterior estaba con una capa llamándoles impostores y fraudulentos a unos magos del Castillo. ¿Había perdido credibilidad mi discurso sobre la estupidez de “ponerle puertas al campo” y la mezquindad de mercantilizar y limitar el acceso al conocimiento humano por ello? Yo creo que no: a lo más, se encontraron con un señor que era de la SGAE pero del que nada sabían y a su lado al tío ese de la tele. Tampoco por ello creo que mis argumentos fueran más convincentes. Acaso, les resultaba más cercano.

Pues bien, ya ven: tras un montón de texto sobre la “exposición pública”, lo que quería contarles era eso. Tan sencillo o tan nimio pero, en estos días en que me he convertido en objeto de tan sesudos debates, tan cercano.

¿Termino? Sólo con un comentario: aunque no haya sido tema de conversación como sí lo han sido muchos otros aspectos de mi participación en “El Castillo…” confieso que el asunto más difícil para decidirme a ir fue precisamente lo que conlleva, el exponerse públicamente -y más en televisión aunque sea con un bajo share- de pérdida de la intimidad.En cada grado de exposición -creciente- que he venido practicando desde hace ya veinte años (sí, veinte años de un “Javier Armentia” público) todas y cada una de las veces he sentido que iba perdiendo poco a poco ese anonimato que uno siempre desea en su entorno personal. Y sigue siendo lo que más cuesta arriba se me hace, aunque resulte paradójico contarlo aquí, en público, y por Internet.

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NOTA: Este artículo es propiedad original del autor citado, aunque ha podido ser publicado anteriormente en otros medios, en cuyo caso aparecen descritos al final del mismo. En caso contrario o en notas de prensa el autor aparecerá como "Noticias de Internet"

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¿Sabías que Giovanni Papini (1881-1956), escritor italiano dijo...?
Quiero saberlo todo. Y siempre me encuentro como antes, triste como la vida y resignado como la sabiduría.