La evolución puede dar forma a los ecosistemas


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Si pensamos en la relación entre el ambiente y un organismo, lo primero que se nos viene a la mente es la idea de que todos los seres vivos se adaptan y evolucionan para sobrevivir a las condiciones que se dan en sus ecosistemas. Pero esta relación también funciona al revés, con la historia evolutiva de las especies determinando cómo se estructuran los ecosistemas. Y una publicación reciente así lo demuestra.

La situación de partida es la siguiente. En Connecticut, Estados Unidos, existe un conjunto de lagos artificiales que se crearon durante la época colonial. En aquel momento se levantaron diques para embalsar el agua y asegurar un suministro seguro de aguas dulces para la población. Al crearse estas infraestructuras, quedaron atrapados allí una serie de especies.

Entre ellas, un pequeño pez de la familia de los arenques llamado Pichangua (Alosa pseudoharengus). Cuando vive en libertad, esta especie remonta hacia aguas dulces durante su época de freza, a lo largo de la primavera. Se trata de un animal muy prolífico y voraz. Cuando los huevos eclosionan comienzan a alimentarse de manera muy rápida, preparándose para la migración hacia el océano. Su alimento principal son las pulgas de agua, cladóceros del género Daphnia y similares.

Estos pequeños crustáceos cumplen un papel clave en la regulación de los sistemas acuáticos. Al igual que su depredador, son muy prolíficos. Se alimentan principalmente de algas flotantes (fitoplánckton) y contribuyen a asegurar lo que en teoría ecológica se conoce como estado de aguas claras. Este estado se caracteriza no sólo por tener una mayor claridad del agua, gracias a la menor concentración de algas, sino por contener mayor biodiversidad y aportar más servicios ambientales.

Pero en los lagos artificiales no ocurre lo mismo. Al haber quedado atrapadas, las pichanguas están presentes durante todo el año. También han tenido tiempo para adaptarse al medio, ya que llevan aisladas más de trescientos años. Entre las modificaciones que se han dado están bocas más pequeñas y una reestructuración de las branquias, todo ello encaminado a mejorar la depredación de las pulgas de agua.

De esta manera, y como pudo constatar el equipo de la Universidad de Yale, el equilibrio ecológico se vió alterado. Las adaptaciones de los peces hicieron que sus capacidades como depredadores aumentasen, lo que ha hecho disminuir las poblaciones de Daphnia, lo que ha supuesto aumentar la concentración de fitoplankton. Esto ha desequilibrado al ecosistema, llevándolo a un estado de aguas turbias, mucho menos deseable.

Artículo publicado para el máster de la UNED de Periodismo Científico y Comunicación Científica

NOTA: Este artículo es propiedad original del autor citado, aunque ha podido ser publicado anteriormente en otros medios, en cuyo caso aparecen descritos al final del mismo. En caso contrario o en notas de prensa el autor aparecerá como "Noticias de Internet"

1 Comentario hasta el momento »

  1. Lectora corrent dijo

    21 de Junio del 2012 a las 01:50

    No acabo de entender qué es lo que han descubierto los investigadores de Yale. La selección natural actúa a todos los niveles, incluso al del ecosistema. Eso ya lo explicaba el profesor Ramon Margalef hace muchos años. Un ecosistema no puede describirse por un modelo cerrado; si fuese así, todo lo que pudiera ocurrir en él ya habría ocurrido. Cualquier cambio que se produzca en una especie o la acción de un agente externo al ecosistema tiene repercusiones que afectan al conjunto del ecosistema. Por tanto, ¿qué tiene de nuevo que se alterase el equilibrio ecológico al quedar atrapada allí todo el año una especie que normalmente realizaría una emigración? Lo que sería extraño es que no se hubiesen producido cambios. Pero quizás se me ha escapado algo en el trabajo que ha estudiado esos embalses.

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