Toni Hernández

Bunge, más necesario que nunca


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¿Ha sido la sociedad inoculada por el virus de la pseudociencia?MarioBungesmall ¿Marca la ideología la ciencia y la investigación actual? La edición revisada de “Pseudociencia e ideología”, de Mario Bunge, debería ser de obligada lectura para todo aquel que quiera mantener su mente a salvo de la nueva ola pseudocientífica que contagia a la sociedad. En especial, es una obra de referencia para docentes e investigadores, responsables últimos de salvaguardar la razón y forjar el pensamiento crítico de los jóvenes.

Mario Bunge nos alertó, ya en 1985, en la primera edición de “Pseudociencia e ideología”, de que la pseudociencia es un virus que “puede atacar a cualquiera, lego o especialista, hasta el punto de hacer enfermar una cultura y predisponerla contra la ciencia y la tecnología”. Avisaba, además, que el estado de salud de una cultura se podía medir analizando cómo la pseudociencia había calado en la sociedad. Casi treinta años después, con prácticas pseudocientíficas como la homeopatía o el reiki, y otros grandes “negocios alternativos” anidando en hospitales públicos o farmacias, con consultas astrológicas normalizadas en la televisión nocturna y pseudociencias emergentes como las terapias cuánticas o el pensamiento positivo, vivimos sin duda en una cultura inoculada por el virus pseudocientífico. La pandemia ya ha empezado hace tiempo.

Hubo un punto de inflexión, que pasó desapercibido para muchos, cuando en 2009 el profesor Fernando Cuartero, catedrático de la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM), fue condenado a pagar una multa de 204 euros como autor de una falta de injurias por haber calificado en una carta de "vulgares estafadores" a los organizadores de un seminario espiritista celebrado en esa institución académica, en Albacete. Porque las universidades hace tiempo que se venden baratas y, previo pago del alquiler de un aula magna, cobijan y dan una pátina seria a prácticas pseudocientíficas. El proceso pareció cerrarse cuando el profesor Cuartero fue absuelto, aprovechando flecos legales, aunque había quedado claro que la Justicia no podía mantenerse al margen del conflicto, y sus sentencias, de nuevo, protegían a la pseudociencia: ¿por qué no puede llamarse estafador al que estafa?

Pero toca asumir responsabilidades desde la ciencia. La lucidez de Bunge da en el clavo cuando nos recuerda que la ciencia no se libra de la ideología. Si el negocio pseudocientífico florece, al amparo de la ideología liberal imperante en política, es porque tanto los científicos como los políticos, en su mayoría, han desertado de su función social de plantar cara a la superchería. Demasiado trabajo investigando y dando clases, diría el científico. Hay que respetar las creencias de cada uno, diría el político. No obstante, bajo esta visión “democrática” de la libertad, del “vive y deja vivir”, no nos damos cuenta de que la práctica pseudocientífica atenta contra los cimientos de la cultura en la que se sustenta la ciencia.

Porque si no dedicamos tiempo a explicar que no todo vale, que las mal llamadas “terapias” alternativas o las ferias mágicas no son científicas, y que deben desterrarse los seminarios pseudocientíficos de las universidades (¡no puede venderse la universidad por tan poco, por el alquiler de un aula magna!), entonces llegará un momento en el que la ciencia no podrá coexistir en la sociedad que la vio florecer, la sociedad del conocimiento científico, construida gracias a muchos que murieron por defender la ciencia y la razón.

La obra de Bunge concluye con dos interesantísimos apéndices: uno sobre el sistema ciencia-tecnología-economía, y otro sobre la informática y la extensión de la metáfora computacional en la cultura. Ambos son el digno colofón a una obra que, lejos de perder vigencia, se antoja imprescindible para salvaguardar las pocas luces que quedan en esta sociedad enferma de pseudociencia. Léanla y saneen sus mentes del virus.

Mario Bunge (2013): Pseudociencia e ideología. Editorial Laetoli. 317 páginas. 19,50 euros.

Artículo publicado en el NewT.

 

NOTA: Este artículo es propiedad original del autor citado, aunque ha podido ser publicado anteriormente en otros medios, en cuyo caso aparecen descritos al final del mismo. En caso contrario o en notas de prensa el autor aparecerá como "Noticias de Internet"

4 Comentarios hasta el momento »

  1. Pedro Mascarós Gil dijo

    1 de abril del 2014 a las 16:00

    Gracias por la reseña, Toni. Quisiera compartir un caso algo extremo.
    Mi mujer es de Friburgo, una ciudad alemana del sur. Como en el resto de Alemania, las librerías son negocios concurridos y de gran variedad; ahora bien, es extraordinariamente llamativo la cantidad de libros de autoayuda y magufería que son la base de estos negocios. Es brutal. Mi suegro, mis primas, amigos, todos tienen en algún lugar de su casa un libro sobre "salud cuántica", "energía gratis del universo" o similar.

    En una de las librerías del centro, sustituyeron la ya de por sí pequeña sección de divulgación científica, por libros religiosos a raíz de la visita del papa. Cuando pasó esta visita, el lugar fue sustituido por libros de índole "Espiritual", y solo queda una pequeña estantería (de una librería céntrica de tres pisos) a la divulgación científica.

    ¿Es la gente de Friburgo tonta o inculta? Es absolutamente todo lo contrario, tienen una tradicional y fuerte cultura humanista y artística que se cultiva desde temprana edad; tal vez ha hecho algo de daño un pensamiento ecológico pasado de rosca, pero la base de éxito de la basura es justamente su afán por entender el mundo...y acuden a los libros que se saben vender y cuyo texto pueden entender bien...

    En España tenemos profesionales de la divulgación que quitan el sentido, pero en Alemania hacen falta.

    Hay que ponerse a ello 🙂

  2. Toni Hernández dijo

    2 de abril del 2014 a las 08:27

    Hola Pedro,

    Gracias por la exposición del caso de Friburgo, un claro ejemplo de que nadie está "a salvo" de la pseudociencia. De hecho, recuerdo una obra anterior, "conviértase en brujo, conviértase en sabio" que me atrevo a recomendarte también, en la que se exponía cómo en general la gente con estudios y formación del mundo urbano suele ser más crédula que las personas del mundo rural que no han pasado ni por la puerta del colegio:

    http://www.casadellibro.com/libro-conviertase-en-brujo-conviertase-en-sabio-la-desmitificacion-ci-entifica-de-las-supersticiones-y-los-fenomenos-paranormales/9788466610865/875245

    Si dominas la lengua de Goethe -o tu mujer- por otra parte, quizá podrías plantear la traducción de algunas obras... ¿no? 🙂

    Un cordial saludo

    Toni

  3. Claudi Mans dijo

    10 de abril del 2014 a las 16:23

    Desde la absoluta admiración por Mario Bunge -descubierto por mií hace más de treinta años-, y desde el agradecimiento a los esfuerzos de Laetoli, y una vez releída la obra "Pseudociencia e ideología", pienso que en la actualidad las pseudociencias han ido ganando terreno, en especial la homeopatía y las terapias manuales. No creo que la denuncia documentada y científica de sus falacias pueda hacer mella en las creencias populares, que ni van a leer el libro de Bunge ni reciben otros mensajes que los de los medios de comunicación mayoritarios.

    Boiron se anuncia en prime-time en televisión, los suplementos de los preiódicos de gran difusión anuncian todo tipo de terapias pseudocientíficas de modo acrítico, los colegios de médicos amparan actividades naturistas y homeopáticas, todas las farmacias venden todo tipo de terapias no científicas...

    La lucha contra las pseudociencias debe plantearse a muchos niveles, no solo el de la publicación de obras dirigidas al intelecto... que también. Los convencidos ya lo estamos.

  4. Toni Hernández dijo

    10 de abril del 2014 a las 18:33

    Hola Claudi

    Toda la razón: es especialmente importante la educación secundaria. En mi caso he colaborado en algunos libros de texto intentando incidir en el tema, aunque es difícil cuando muchos docentes de ciencias son, por ejemplo, usuarios de la homeopatía u otras pseudociencias...

    un cordial saludo

    Toni

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