¡Oh, la humanidad! y otras curiosidades sobre el Hinderburg
El desastre del dirigible Hinderburg es por muchos recordado como uno de los desastres aéreos más impactantes de principios del siglo XX. Más famoso, si cabe, que el incidente en sí, fue la locución radiofónica de Herbert Morrison desde el lugar de los hechos, con voz temblorosa y entrecortada por la magnitud del accidente y la cantidad de vidas cobradas y que pasó a la historia por la memorable expresión de : ¡Oh, la humanidad!. Pocos conocen, que de hecho, esta narración sirvió de inspiración para la conocidísima retransmisión de La guerra de los mundos (1938) en las que muchos pecaron de inocentes al considerar dicha narración como verídica.
Tan solo hace unos días se cumplía el aniversario del accidente del Hinderburg, el 6 de mayo de 1937, fecha también del fin de los dirigibles como medio de transporte. Pocos, en ese momento, podían presagiar el final de tan avanzado medio de transporte de la época. El Hinderburg estaba avalado por los numerosos éxitos que precedían a su creador Graf Zeppelin, el cual había cruzado con el más doscientos mil kilómetros y sobrevolado diecisiete veces el Océano atlántico. Tal era su majestuosidad que el imperio nazi decidió adueñarse de él y convertirlo en su símbolo, como muestra de la grandeza y poder de su ideología.
Después de un largo viaje cruzando el Atlántico, el Hinderburg ya tenía echados los amarres en la base de Nueva Jersey cuando se observo a popa un destello del Fuego de San Telmo (descarga provocada por la ionización de aire, debido a que previamente se había producido una tormenta el aire que bordeaba al dirigible estaba cargado eléctricamente) que provocó que una chispa rápidamente incendiara todo el aparato quedando toda la estructura deshecha en cuestión de segundos. En tan solo menos de un minuto todo el Hinderburg quedó reducido a cenizas. Las impresionantes imágenes no dejaban lugar a duda: no podía haber supervivientes. Pero a pesar de la baja posibilidad de supervivencia, muchos de los pasajeros se lanzaron al vacío en un intento de luchar por sus vidas, y lo consiguieron: de los 97 pasajeros, 35 murieron pero el resto se salvaron, algunos resistiendo a la caída y otros gracias a que las bombas de agua que llevaba a bordo el dirigible se rompieron sobre ellos.
Después del desastre, Adolf Hitler ordeno la destrucción de todos los dirigibles comerciales. Además la confianza en este transporte cayó en picado después de la impresionante cobertura mediática y de las entrecortadas palabras de Morrison: ¡Oh, la humanidad!










