La información que mueve nuestras vidas
Pocos escritores pueden como James Gleick (New York, 1954) campar a sus anchas por la tercera cultura y hacer confluir la física y la historia de la tecnología con la filosofía o la lingüística, con naturalidad y pasmosa elegancia. A Gleick le ha costado dar en el clavo de nuevo tras más de veinte años. Si su “Caos: la creación de una ciencia”(1987, Seix Barral) se convirtió en un auténtico superventas y rozó múltiples premios como el Pulitzer, fue por el acierto de trenzar una trama histórica, y narrativa, en torno a la entonces emergente teoría del caos determinista, sin abandonar el rigor científico. En su último libro “La información: historia y realidad”(2012, Crítica), Gleick recupera el olfato y apunta quizá al paradigma de moda en la ciencia del siglo XXI: la información. Le auguramos un éxito similar al de “Caos”, que se reeditará en breve (2012, Crítica) tras la estela comercial de éste último libro de Gleick.
Y es que la información interesa a casi todo el mundo y eso que hace un siglo no existía conceptualmente. En la actualidad los biólogos escudriñan el ADN, los lingüistas buscan patrones matemáticos en las palabras, como la ley de Zipf, los programadores viven bajo el yugo del bit y todos nos conectamos y comunicamos en redes telefónicas o informáticas. Pero, ¿desde cuándo este salto informacional? Gleick parte del origen de los sistemas de comunicación a distancia, desde el telégrafo o el teléfono a los tambores africanos, para hacernos reflexionar sobre las necesidades comunicativas de la Humanidad.
Gleick destaca algunas figuras ilustres, como Claude Shannon o Alan Turing, y les otorga un papel central en el desarrollo del concepto de información que ha impregnado a nuestra cultura desde mediados del siglo XX. Quizá prosigue con su línea biográfica de forma subconsciente, tras sus obras sobre Feynman y Newton. El lector avezado lamentará alguna aislada laguna, como el olvido de Rosalind Franklin cuando Gleick relata el descubrimiento de la estructura del ADN, pero se debe perdonar en un libro que abarca tanto.
La bella obra de Gleick es la historia de la información desde su nacimiento hasta la actualidad. La información se propaga y caracteriza la vida. Los seres vivos somos información codificada genéticamente, capaz de reproducirse y perpetuarse en el tiempo. Es el egoísmo genético de Dawkins. La vida se comunica utilizando canales diversos: química, ondas o temperatura. Y en la comunicación nos va la reproducción, la socialización y la economía.
¿Morirá la información ahogada en su propio éxito? ¿Malvivimos en la sobreinformación? Engullan los bits de este libro, disfrútenlo y aíslense de otras informaciones que no les aportan nada.
LA INFORMACIÓN. HISTORIA Y REALIDAD. James Gleick. Traducción de Juan Rabasseda y Teófilo de Lozoya. Editorial Crítica. 530 páginas.











Antonio Altamira de Asís dijo
4 de Mayo del 2012 a las 19:19
A ver Toni, ¿Gleick menciona el egoismo genético de Dawkins o ese comentario es solamente algo tuyo?; ¿Gleick habla de Psicología evolucionista?, ¿de la Teoría computacional de la mente?.
Si respondes afirmativamente a cualquiera de esas tres cuestiones, seguiré tu consejo y me aislaré de “La información” de Gleick: seguro que no me aporta nada.
Saludos,
Antonio.
PD: Espero una segunda entrevista tuya a aquél investigador de los neutrinos. A ver si entonces te luces y logras explicar acertadamente todos esos conceptos tan complejos.
Toni dijo
7 de Mayo del 2012 a las 17:48
Hola Antonio
Mencionarlo sí, aunque no entra a fondo. Creo que lo mejor es que hojees tú mismo el libro y veas el enfoque que le da Gleick, pues tienes el prólogo en:
http://www.planetadelibros.com/pdf/Prologo_La_informacion.pdf
ó
http://www.planetadelibros.com/la-informacion-libro-54337.html
Personalmente he leído bastante del tema y aporta un enfoque general, por lo que si eres muy experto quizá no te aporte mucho nuevo. Lo recomiendo más para público generalista que no haya entrado nunca en teoría de la información.
un cordial saludo
Toni
PD: Federico se comprometió -cuando pueda, va muy liado- a hacer un artículo él mismo sobre el tema, e iluminarnos
.
Antonio Altamira de Asís dijo
8 de Mayo del 2012 a las 10:27
Gracias Toni, no hay prisa. Esperaré ese artículo del propio Federico y si tiene tiempo de atender los comentarios: mucho mejor.