Javier Armentia

Vivir Más De 100 Años


Por Javier Armentia.- La esperanza de vida de los españoles supera, actualmente, los ochenta años. Globalmente, estas tasas de esperanza de vida (que son simplemente un dato estadístico: no asegura que uno vaya a vivir hasta
cumplir esos años y luego morirse) se han ido incrementando en el último siglo,
con grandes diferencias geográficas que se corresponden muy de cerca con la
propia distribución del bienestar, siendo la alimentación y la atención
sanitaria los factores principales.

Aunque también se incorporan otros como el
tipo de dieta, que hace por ejemplo a los japoneses y a los países con dieta
mediterránea más longevos que vecinos con otros regímenes alimenticios; o que
pone en evidencia que una sociedad sobrealimentada y obesa (como la
estadounidense) no se beneficia “globalmente” de incrementos en esa tasa vital a
la misma velocidad.

Desde hace unos años, los genetistas hablan de que
fácilmente un ser humano podría vivir hasta los 120 años, debido a los relojes
biológicos que parecen marcar el límite máximo de existencia a nuestras células.
El creciente conocimiento de los factores genéticos ligados al envejecimiento
promete conocer qué posibilidades habría de prolongar incluso más allá de los
150 años la esperanza de vida.



Por otro lado, vamos entendiendo mejor la acción
molecular de desgaste del DNA de nuestras células a través de los llamados
radicales libres, sustancias que provocan una oxidación que degrada el material
genético e imposibilita su replicación, procesos que están en la base de la
degeneración de los organismos vivos y, por lo tanto, en su envejecimiento. Y,
poco a poco, se investiga en la manera en que otras sustancias de nuestro propio
organismo, las enzimas antioxidantes (como la dismutasa superóxida, en la imagen), luchan
contra ese proceso.


Teoría del envejecimiento o, como suelen denominarla los
biólogos, teoría de la senescencia, es el nombre que tiene el marco
teórico actual de los estudios sobre la manera en que se produce la degradación
de un individuo hasta llegar a su muerte. A lo largo del último medio siglo, dos
visiones que se creyeron inicialmente opuestas pero se han comprobado
complementarias marcaban estas teorías: por un lado, considerar que el
envejecimiento es, en esencia, desgaste; por otro lado, considerar que el propio
genoma marca un límite, y el genoma está determinado por la propia evolución de
las especies.



vivir en una burbuja no sería la solución al problema del envejecimiento

¿Cuánto podremos vivir?


Realmente, como parece intuitivo, ambas visiones
proporcionan explicaciones adecuadas, pero sólo incorporando ambas podemos
entender por qué unas especies viven más que otras, a la vez de por qué ciertas
condiciones de vida aseguran más fácilmente vidas prolongadas. En cualquier
caso, los detalles biológicos no están del todo especificados por el momento: se
sabe que la pérdida de elasticidad del tejido conectivo entre las células de un
ser vivo está asociado al envejecimiento, aunque el factor principal puede estar
dentro de la misma célula, como mencionábamos. Incluso entendiendo el
envejecimiento como deterioro celular, se presentan por un lado daños en el
proceso de reproducción y funcionamiento de las células por errores producidos
al azar, con el paso del tiempo, pero también “programados” a través diversos
genes.

Igualmente, los factores ambientales son muy importantes en la
manera en que el envejecimiento se produce. De hecho, para cada individuo de una
especie el proceso es diferente, y a diferente velocidad. En estudios realizados
con ratas topo desnudas (Heterocephalus glaber) los investigadores de la
Universidad de Cornell (Ithaca, Nueva Cork, EEUU) han conseguido que algunos
ejemplares llegaran a los veintiséis años de edad, mucho más que los diez años
de esperanza de vida de esta especie.

Viviendo en túneles de metacrilato desde
1979, protegidas de cualquier peligro exterior y bien alimentadas (lo que no
quiere decir sobrealimentadas, más bien lo contrario), estos pequeños animales
son los roedores más longevos. Lo interesante es que también en la naturaleza
(este tipo de roedor vive en Sudáfrica) lo son, porque disponen de estrategias
de protección y cooperación que facilitan sobrevivir al ataque de sus
depredadores. El estudio en cautividad ha permitido comprobar que, además, su
límite genético para la edad es muy alto, un rasgo que se ha debido de
seleccionar a través del proceso evolutivo.

¿Son las ratas-topo desnudas
un modelo adecuado para los humanos? Los responsables de estos estudios no lo
creen así, es decir, vivir en una burbuja no sería la solución al problema del
envejecimiento: no hay un gen único que controle este proceso, y así como
comenta el doctor Paul Sherman, catedrático de neurobiología en Cornell y
responsable de estas ratas: “esto nos dice por qué la fuente de la eterna
juventud nos sigue esquivando, y probablemente por qué lo hará
siempre”.



disponer de una teoría de la senescencia adecuada es un objetivo que los investigadores declaran fundamental


Una Estrategia Evolutiva
Ronald D. Lee,
investigador de la Universidad de California en Berkeley ha propuesto
recientemente (el pasado 14 de julio se publicaba un artículo en la revista target=_blank href="http://www.pnas.org/">Proceedings of the Nacional Academy of
Sciences) que la selección natural favorece a los animales capaces de
dedicar recursos y energía a asegurar la supervivencia de la generación
siguiente. Tras el nacimiento, los mamíferos, las aves, muchos insectos y
también algunos peces alimentan a su descendencia, la protegen e incluso la
educan. Y estas conductas parecen estar relacionadas con la esperanza de vida de
la especie, como si hubieran evolucionado de la mano.

En general, se considera
que como el fin evolutivo de una especie es propagarse y, dado que la muerte
prematura se corresponde con una menor descendencia, los rasgos que propiciarían
vidas más longevas se seleccionarían de forma “natural”. Pero este marco no
explica, por ejemplo, por qué se sigue viviendo tras sobrepasar la máxima edad
reproductiva. Tampoco por qué algunas especies optan por tener menos
descendencia pero ocupándose más del cuidado de la misma.

Las evidencias
que se van obteniendo a partir del estudio con ratas y otras especies a las que
se mantiene en entornos adecuados para que el deterioro de la edad se aminore,
van mostrando que, en efecto, esa correlación entre cuidado de las crías y
esperanza de vida responde a una interacción entre ambas: no sólo se disminuye
la mortalidad infantil, sino que se asegura una mejor preparación para una vida
útil y fructífera. Es cierto, en cualquier caso, que saber que estos mecanismos
evolutivos en las especies de nuestro planeta interactúan de forma compleja, no
nos aporta soluciones concretas al problema del envejecimiento. Sin embargo,
disponer de una teoría de la senescencia adecuada es un objetivo que los propios
investigadores declaran fundamental.


Artículo publicado en El
Correo

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NOTA: Este artículo es propiedad original del autor citado, aunque ha podido ser publicado anteriormente en otros medios, en cuyo caso aparecen descritos al final del mismo. En caso contrario o en notas de prensa el autor aparecerá como "Noticias de Internet"

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¿Sabías que Allen, Woody dijo...?
En realidad, prefiero la ciencia a la religión. Si me dan a escoger entre Dios y el aire acondicionado, me quedo con el aire.