Somos solo un 10% nosotros mismos


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Los seres humanos nos dividiríamos en tres grupos según los microbios de nuestro intestino

« Somos solo un 10 % nosotros mismos » bromeaba el doctor Mani Arumugan, investigador del EMBL (European Molecular Biology Laboratory) en Heidelberg, Alemania, al tratar de convencer a su audiencia de la importancia del proyecto de secuenciación del genoma de los microbios intestinales - o microbioma -,  que él mismo lidera. El 90% de las células que forman el cuerpo humano no son parte de nuestro genoma; son microorganismos (de los cuales el 99% son bacterias) que viven en colonias, formando auténticos ecosistemas, en nuestro intestino. Se sospecha que estas bacterias juegan un papel decisivo en nuestra salud. Por ejemplo, sintetizan vitaminas, refuerzan el sistema inmunitario y 'digieren' polisacáridos complejos que nuestros propios enzimas no pueden degradar. Lo que no se sabe todavía es qué especies de microbios forman estas colonias y qué es exactamente lo que cada una hace. Dos estudios publicados en la revista Nature logran colocar las primeras piezas del rompecabezas.

Sabemos que están ahi

pero no entendemos por completo

la influencia de los microbios en la salud humana

Para averiguar quienes son estas bacterias, cuantas son y qué hacen instaladas ahí, se creó el consorcio MetaHIT (metagenomics of the human intestinal tract consorcium), formado por una red de grupos de investigación que comparten datos y se ponen de acuerdo en los métodos a seguir para obtener resultados. Superada ya la era del genoma humano, el reto de MetaHIT es la enorme diversidad del ecosistema intestinal, en el que viven más de 150.000 especie distintas de microbios.

Las técnicas habituales de secuenciación genómica no sirven. No se trata de caracterizar los genes de una sola especie, sinó de miles: el repertorio filogenético de una comunidad entera, casi comparable a cualquier otro ecosistema como el marino o el de la selva amazónica. La metagenómica, una nueva técnica que permite descifrar el material genético de grandes poblaciones de bacterias sin necesidad de hacer cultivos celulares, ha hecho posible que se produzcan los primeros resultados.

Hasta la fecha se ha creado

un catálogo genómico

de los microbios intestinales mediante la

secuenciación de 3.3 millones de genes

Ante la hipótesis de que algunos trastornos como la obesidad o algunas enfermedades inflamatorias intestinales (como colitis ulcerosa o la enfermedad de crohn) tengan alguna relación con los microbios intestinales, los investigadores compararon la composición del ecosistema intestinal de personas enfermas con el de personas sanas (en total 124 individuos españoles - mediterraneos- y daneses - escandinavos- participaron en el estudio).

Los primeros resultados, publicados en el 2010, indican que los enfermos tienen menos diversidad de especies de microbios, dicho de otro modo, tienen menos genes. Pero lo que sorprendió a Arumugan y su equipo no fue este resultado, sino el hecho tomados los datos del derecho y del revés, el análisis matemático mostraba siempre una distribución en tres grupos diferenciados de comunidades de bacterias. Cada muestra -o persona, sana o enferma-, pertenecía a uno de los grupos, y solo a uno. Los investigadores llamaron Enterotipos a cada grupo e hipotetizaron que se trata de «relaciones simbióticas estables entre los propios genes y los genes de los microbios».

Las repercusiones que este descubrimiento podria tener para la medicina son enormes. La posibilidades de clasificar a todos los individuos en función de su enterotipo igual que nos clasificamos por nuestro grupo sanguíneo, podria facilitar el diseño de fármacos más efectivos. Al parecer los fármacos interactúan con la flora intestinal y modifican la absorción de los medicamentos y alimentos.

Es decir, que dos personas que tomen igual cantidad de determinado fármaco cada una 'aprovechará' menos o más cantidad de su principio activo dependiendo de su enterotipo. Arumugam afirma, muy convencido, que «en el futuro diseñaremos fármacos y dietas personalizadas en función del enterotipo de cada persona» además - añade- «cuando podamos saber con seguridad el enterotipo de cada persona podremos predecir la respuesta a cada fármaco o alimento que ingiramos» Además la composición genética de las bacterias intestinales podría usarse como instrumento diagnóstico o para evalúar la posible evolución de enfermedades como el cáncer colorectal o los trastornos comórbidos de la obesidad como el síndrome metabólico, la diabetes o las patologías cardiovasculares.

Demostrada la existencia de enterotipos

se abre otra puerta más a la medicina

personalizada; la medicina hecha a medida.

A pesar de que los resultados sean robustos y de que los enterotipos sean independientes de la edad, sexo o índice de masa corporal de la persona, los propios investigadores empiezan a hacerse preguntas. Lo cierto es que los resultados son  preliminares y muy recientes (se publicaron hace dos meses). Las muestras son muy pequeñas (haría falta analizar los enterotipos de muchas más personas para confirmar la robustez de los resultados), y el tipo de muestras pertenece a personas con dieta occidental.

¿Encontrarán el mismo número de enterotipos cuando analicen muestras de personas del continente siático o de Africa subsahariana? Además, se sabe que los antibióticos alteran la flora intestinal ,¿Qué pasa entonces cuando una persona ingiere  antibióticos durante mucho tiempo, recupera su enterotipo? Se sabe que durante la infancia la flora intestinal cambia constantemente ¿El tipo de parto, natural o con cesárea, puede determinar el enterotipo del recién nacido? ¿Cuando se estabiliza el enterotipo?

Hay una selva entera de seres variopintos en nuestro intestino. Al principio, quizás hace miles e incluso millones de años, los primeros homínidos los hospedaron. Hemos evolucionado juntos, en simbiosis, hasta ser más ellos que nosotros mismos. Ya era hora de que al fin empezaramos a conocerlos !

Los enterotipos tienen nombre:

Grupo 1 : Bacteroides

Grupo 2: Prevotella

Grupo 3: Ruminococcus

Fuentes:

Qin et al. Nature 464, 59-65 (2010)

Arumugan et al. Nature 473, 174-80 (2011)

NOTA: Este artículo es propiedad original del autor citado, aunque ha podido ser publicado anteriormente en otros medios, en cuyo caso aparecen descritos al final del mismo. En caso contrario o en notas de prensa el autor aparecerá como "Noticias de Internet"

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