Ariadne Gallardo Figueroa

“México podría estar expuesto a un maremoto”


Por Ariadne Gallardo Figueroa.- El investigador y oceanógrafo Luís René Antonio Capurro Filograsso, investigador del Centro de Investigaciones y Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional de México, Unidad Mérida, lleva trabajando en la costa yucateca por varias décadas y tiene una larga experiencia en diversas partes del mundo donde se han establecido parámetros para fundamentar la legislación costera. Un ejemplo reciente lo tenemos en los trabajos emprendidos para regular el manejo costero de la Florida en los Estados Unidos. Capurro nos habla de las posibilidades que hay de que se produzca en las costas mexicanas un tsunami como el que asoló Indonesia, y de las iniciativas que habría que hacer para conservar el ecosistema de la zona costera.

¿Podría producirse en México un maremoto como el reciente de Indonesia?

Lo sucedido en la Isla de Sumatra y el maremoto generado por un violento sismo submarino me ha hecho pensar en nuestra vulnerabilidad a tales eventos. Creo que diversos organismos e instituciones que se concentran en el estudio de estos fenómenos, se han dado cuenta de su franca importancia en las décadas por venir.

¿Qué factores de riesgo existen?

Aparte de la inestabilidad física del hábitat, carecemos totalmente de relieve aéreo y estamos, en la totalidad de su superficie, a casi el nivel del mar, con la excepción de la pequeña falla tectónica de la Sierrita de Ticul. La información que tenemos de la Península de Florida es que el mar asciende, o el continente se hunde a una razón de tres milímetros por año, lo que es una cantidad considerable, y la creciente penetración del mar en nuestro litoral no puede ser subestimada…

Además, puede suceder que, en nuestro caso, este valor de riesgo sea mayor por la extracción de petróleo y gas en el mar. Además estamos en la trayectoria de las tormentas tropicales, incluyendo los grandes huracanes del Atlántico Norte y del Caribe, que debido al calentamiento global de la atmósfera se han incrementado en intensidad y frecuencia.

¿Tendríamos que alarmarnos ante el futuro?

En comparación con el caso de Sumatra, la tranquilidad sísmica que gozamos, como sucedía allí, nos puede llevar a un estado de complacencia y ésta es peligrosa, lo que nos obliga al menos a pensar y, si es posible, prepararnos para una eventualidad como esa.

El Caribe, ese aparente mar en calma que cuenta con una de las franjas de arrecife coralino más extensas, ¿podría desaparecer?

Es una observación interesante, ya que el borde occidental nos mantiene expuestos a maremotos que se puedan originar en el Caribe. No nos olvidemos de que el arco insular de las Indias Occidentales ha generado una serie islas volcánicas que han formado al mar Caribe, las cuales son fuentes de actividad volcánica y sísmica que pueden eventualmente generar maremotos de distinta intensidad. Este arco insular en el Atlántico Norte tiene su símil en el arco insular de las Sandwich  en el Atlántico Sur, entre la Península Antártica y el continente Sudamericano.

¿Con qué frecuencia se dan los hundimientos volcánicos submarinos?

No puedo dar datos precisos, creo que nadie lo haría sí pretende elaborar un estudio serio, lo más que se puede hacer son pronósticos un tanto conservadores, la realidad en ocasiones rebasa lo previsto y eso no es nada conveniente. En cuanto a maremotos en el Atlántico Norte, la amenaza se centra en el nuevo proceso oceanográfico, identificado como hundimiento instantáneo de islas oceánicas en el mar. Por el momento, la preocupación ante este nuevo fenómeno reside en una fractura identificada en una de las Islas Canarias, que de precipitarse esa isla al fondo del Atlántico generaría un maremoto de una altura de alrededor de 400 metros que golpearía al litoral Atlántico de los EEUU, pero no llegaría al interior del Golfo de México. Hasta el momento es lo que le puedo decir…



En comparación con el caso de Sumatra, la tranquilidad sísmica que gozamos, como sucedía allí, nos puede llevar a un estado de complacencia y ésta es peligrosa, lo que nos obliga al menos a pensar y, si es posible, prepararnos para una eventualidad como esa

Luís René Antonio Capurro Filograsso


¿Qué tipo de problemática científica ambiental costera priva en México y cuáles deberían ser las acciones que tendríamos que tomar?

México es un país marítimo por excelencia, lo que implica que deben ser reconocidos, en cualquier planteo estratégico del desarrollo del país, el sudeste mexicano en particular, y la Península de Yucatán más específicamente.

¿Qué suposiciones básicas le llevan a tomar en consideración dicha premisa?

La zona costera es un Gran Ecosistema que juega un rol vital en nuestro futuro desarrollo nacional. Mi pensamiento es estratégico, es decir, a largo plazo, aunque acciones a corto plazo están naturalmente involucradas en el largo plazo. Con ello quiero significar, por ejemplo, que concibo al litoral mexicano respondiendo a la vocación sostenible del Gran Ecosistema Costero. Más específicamente, concibo a la Península de Yucatán como una región totalmente costera, como es el caso de la Península de Florida.

Cuando digo uso sostenible del ecosistema, significo que debemos determinar cuál es el uso del suelo o del ecosistema que puede soportar la mayor cantidad de carga humana, que usa al ecosistema (sostenibilidad socioeconómica), que responda a la vocación ecológica del ecosistema (sostenibilidad ecológica), y que sea socialmente aceptable (sostenibilidad social). Quiero destacar la importancia de este concepto de sostenibilidad del ecosistema con respecto a la concepción tradicional que se usa de sostenibilidad de tal o cual recurso natural, pues pueden existir conflictos antagónicos entre recursos que afectan la sostenibilidad del ecosistema, que es nuestra meta.

Lo que nos debe preocupar seriamente es que no contamos con ninguna ley dedicada a esa región. La única ley nacional ambiental que tenemos al respecto, conocida como Ley del Equilibrio Ecológico y Protección Ambiental, otorga a la zona costera la misma importancia que al resto del ambiente terrestre, y ello es minimizar la importancia de la costa en nuestro país marítimo.

Imagino que algo se ha hecho en algún momento. Se habla de programas federales, de la carta nacional pesquera, de aguas nacionales y explotación productiva de diversos ámbitos, tanto turísticos, como petroquímicos, y en fin, somos parte de una legislación que convive con el mundo entero…

El Pacífico mexicano es una región muy vulnerable a todos los procesos ambientales que tienen lugar en ese espacio oceánico. Afortunadamente, hace más de 30 años, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACyT) creó el Centro de Investigaciones Científicas y de Estudios Superiores de Ensenada (CICESE) en Baja California Norte, que se ha desarrollado muy satisfactoriamente, y que acertadamente ha dado prioridad al estudio del litoral oceánico. Sus investigaciones gozan de prestigio académico y se han extendido hasta el estrecho de Yucatán, y litoral de Quintana Roo. El hecho de que nuestro litoral se encuentre en el Cinturón Sísmico de ese Océano, conocido vulgarmente como el Cinturón de Fuego, lo califica como región altamente expuesta a terremotos y actividad volcánica en el continente y en el mar, lo que significa a las amenazas de tsunamis o maremotos como los que acabamos de presenciar en Indonesia.



Las penínsulas de Yucatán y Florida en el Golfo de México


¿Qué usos y alternativas de manejo sostenible se podrían dar?

Espero que estudios posteriores confirmen los clásicos usos del ecosistema. Es decir, la apicultura, la pesca, la maricultura, el agro y el turismo cultural entre otros, bastante limitados por la pobreza en recursos naturales de nuestra Península, son incapaces de sostener permanentemente al Gran Ecosistema Peninsular, aunque los manejáramos sosteniblemente.

Pero debe haber alguna alternativa, imagino…

La alternativa que nos queda es, o bien impedir la inmigración del elemento humano, o buscar cuál es el uso sostenible óptimo del suelo que nos permita admitir un máximo de inmigración. Lo concreto es que el turismo recreativo costero es el uso sostenido óptimo del suelo, que no sólo nos permite albergar un máximo de población en condiciones dignas, sino que además nos obliga a maximizar el uso sostenible de los recursos tradicionales para sostener la gran infraestructura turística en la zona costera.

¿Qué es lo que se hace en materia de investigación oceanográfica en el Atlántico?

No disponemos de un Centro de la categoría del CICESE, en lo que respecta a la física ambiental costera. La Universidad Veracruzana realiza investigaciones oceanográficas  conjuntas con la Universidad Texas A&M, el Centro de Ciencias del Mar y Tecnología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el Departamento de Recursos del Mar del Centro de Investigación y Estudios Avanzados (CINVESTAV) en Mérida, y otros laboratorios marinos de la región están involucrados en estudios costeros, pero como en el Pacífico, dedicados en su mayor parte a investigaciones de biología marina, con énfasis en recursos naturales vivos.

Usted debe contar con infinidad de ejemplos donde es posible el manejo costero regularizado y sistemático, ¿podría hablarnos de esto?

Existe un caso muy concreto en la Península de Florida. Cuando se promulgó la Ley Nacional de Costa en los EEUU, conocida como Ley Federal de Manejo Costero, se invitó o conminó a que los Estados Costeros presentaran en tiempo perentorio su Ley de Costa Estatal, tarea que cumplieron en el plazo requerido, con la excepción del Estado de Florida, que lo hizo más tarde. La razón de esa demora se debió a que en el proceso de legislar el uso de la costa en la Península, descubrieron que toda la Península era costa. Ese va a ser nuestro caso, sin lugar a duda.



Aspiro a que nuestras autoridades responsables del manejo de la ciencia se decidan a crear un Centro Nacional o Estatal de Estudios Físicos Costeros en la Península, compatible con la magnitud de los problemas ambientales que debemos enfrentar

Banda Aceh, Indonesia, tras el tsunami


¿Qué se puede hacer en tal sentido?

La solución inmediata sería crear una contraparte a dicho Centro, lo cual sería muy bienvenido. La ciencia marina actual en la Península se lleva a cabo en estudios limitados de biología marina, más específicamente en ecología, pesquerías y acuacultura; la ciencia ambiental física del hábitat es casi inexistente. Solamente, a comienzos de este siglo, el CONACyT y el Banco Mundial, reconociendo algunos de los problemas aquí planteados; ello permitió comenzar con metodología muy moderna a  estudiar procesos ambientales físicos de nuestra costa durante cinco años.

¿Qué nos diría a manera de conclusión después de estas reflexiones tan importantes?

Aspiro a que nuestras autoridades responsables del manejo de la ciencia se decidan a crear un Centro Nacional o Estatal de Estudios  Físicos Costeros en la Península, compatible con la magnitud de los problemas ambientales que debemos enfrentar. La falta de fondos, que se usa como excusa para no tomar acción en este problema no es aceptable cuando recordamos que estamos en la región del país más expuesta a los fenómenos ambientales extremos. La Unidad Mérida de CINVESTAV ha tomado la iniciativa en estos estudios físicos costeros y está dispuesta a tratar de lograr que contribuyamos a contar con la mejor ciencia física costera del país, como requerimiento básico de lograr la sostenibilidad del Gran Ecosistema Costero Peninsular.  

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