Leonardo, el intérprete del agua


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Supuesto retrato de Leonardo Da Vinci, de la Galleria degli Uffizi.

A medio día de camino del convento de Santa María delle Grazie fluyen las aguas tranquilas y profundas del río Tesino, que nace en San Gotardo y tras serpentear por los valles Bedretto, Leventina y la Riviera a la que presta su nombre desagua en el lago Mayor. Aunque no hay crónicas ni tampoco se conservan testimonios que lo demuestren, es muy probable que en los descansos que se tomaba para escapar del férreo control de los dominicos mientras pintaba su Última cena, Leonardo da Vinci abandonase el convento de Santa María y Milán para relajarse en las plácidas orillas del Tesino. De lo que sí tenemos constancia es de que ensimismado en sus aguas –y en las de otros tantos ríos de su Toscana natal o incluso en Francia– Da Vinci alumbró algunas de las ideas y teorías que lo han convertido en un referente de la ciencia moderna. También en un “pionero”, como apunta Fritjof Capra, de la mecánica de fluidos o el análisis de los vórtices de agua, un ámbito de estudio que no prosperaría hasta tres siglos y medio después, cuando Hermann von Helmholtz volvió a centrarse en él.

Del autor de La Gioconda se sabe que era un dibujante y pintor excepcional, que de su pincel nacieron algunas de las obras más reconocidas de la Historia del Arte, como su Adoración de los Magos, las dos versiones de La Virgen de las Rocas o los retratos de Ginebra de Benci y Cecilia Gallerani. Es más que conocido también su talento como ingeniero, su afán por desarrollar máquinas que permitiesen al hombre volar o las armas de diseño casi surrealista que ideó a las órdenes de Ludovico Sforza, il Moro. Entre los numerosos cuadernos que dejó Da Vinci a su muerte se cuentan sin embargo gran cantidad de notas científicas –mucho menos célebres– que abarcan desde la anatomía, las diferentes ramas de la biología, la medicina o la química a la física y el estudio de las corrientes de aire, la geología o la hidráulica y el comportamiento de los fluidos. Sus aproximaciones se hicieron además –precisa Capra– desde un rompedor y moderno enfoque científico, basado en la experimentación.

“En la historia intelectual de Europa es común atribuir el primer desarrollo de este riguroso enfoque empírico a Galileo Galilei, que nació ciento doce años después de Leonador y a quien a menudo se saluda como ‘el padre de la ciencia moderna’. No cabe ninguna duda de que, en caso de haberse publicado los escritos científicos de Leonardo en vida de su autor, o de haberse estudiado con amplitud sus cuadernos de notas poco después de su muerte, este honor habría recaído en el vinciano”, anota Fritjof Capra en su libro La ciencia de Leonardo. En contra de la proyección de Da Vinci habría jugado su tremendo recelo a dar a conocer sus pesquisas, un aspecto sobre el que se ha teorizado mucho. El miedo a la posible represión de la Iglesia –el toscano llegó a diseccionar cadáveres para sus estudios anatómicos– o tal vez su creencia de que ese haber científico lo diferenciaría a la hora de buscar protectores son, posiblemente, las hipótesis más razonables para explicar su actitud. Cuando en 1482, con 30 años, Leonardo envía una carta a Sforza parar ofrecerle sus servicios, incide de hecho en sus grandes dotes como ingeniero militar; solo al final, en las últimas líneas, se presenta como un hábil pintor.

La calidad de las investigaciones de Da Vinci sobre el movimiento del agua es un buen ejemplo de su personalidad científica. Aunque el interés en la mecánica de fluidos data de muy antiguo y es cierto que ya Arquímedes profundizó en ese campo en el II a. de C. y que en los siglos siguientes se lograron grandes avances –aplicados especialmente a la navegación, el regadío y el abastecimiento de las poblaciones–, las aportaciones logradas en el Renacimiento destacan por su importancia. Y es ahí donde sobresale el nombre de Leonardo. En su artículo Historia de la Mecánica de Fluidos, Pablo Turmeroseñala cómo el autor de La Gioconda “obtuvo una ecuación de continuidad para flujos unidimensionales” y “dejó descripciones muy reales sobre chorros, resalto hidráulico, formación de torbellinos y diseños de cuerpos de baja y alta resistencia”.

Contra las limitaciones técnicas

Fiel al estilo que aplicó en el resto de sus ámbitos de estudio, el vinciano lo comprobó absolutamente todo con espíritu crítico, venciendo incluso las limitaciones técnicas del siglo XVI. Para percibir con claridad las líneas de flujo y poder plasmarlas sobre el papel arrojaba granos de mijo y espigas secas a las corrientes de agua. También ideó artefactos para medir la velocidad del agua a distintos niveles. “Construyó cámaras de vidrio con la base cubierta de arena y las paredes posteriores pintadas de negro para observar delicados detalles de los movimientos del agua en un marco controlado de laboratorio”, apostilla Capra. Todas esas conclusiones, todo ese material y las agudas percepciones que recogía las trasladaba más tarde a dibujos y diagramas. “El agua” –llegó a escribir el toscano en uno de sus numerosos cuadernos– “es la expansión y el humor de todos los cuerpos vivos. Sin ella nada mantiene su forma original”.

Los remolinos, torbellinos, las corrientes, el flujo aparentemente caprichoso del agua al bajar por los ríos… le fascinaron toda su vida y peleó hasta su muerte, en la corte francesa de Francisco I, por desentrañar sus misterios, sus procesos y las fuerzas que subyacen tras cada fenómeno. En el primer dibujo que conservamos de Da Vinci, datado en 1473, cuando el toscano apenas contaba 21 años, y que representa un paisaje de su Vinci natal, se adivina de hecho una caudalosa cascada que cae con energía desde lo alto de una montaña. Bien conocida es también la fuerza con la que su pluma recreó el Diluvio bíblico, ya al final de sus días. En abril de 1512, con 60 años, y en la recta final de su vida –falleció apenas un lustro después, en 1519– Leonardo regresaba una vez más sobre el mismo motivo y dibujaba una de sus láminas más emotivas: un anciano que contempla con expresión meditabunda, atento, la frente apoyada en una mano y el bastón presionado contra el pecho, cómo las aguas rugen en un intenso remolino.

En su libro Leonardo, el vuelo de la mente, Charles Nicholl, explica que esa conmovedora composición es en realidad “una ilusión”. Una pronunciada doblez del folio entre el anciano y el torbellino de agua demuestra que probablemente se dibujaron en dos páginas distintas y enfrentadas de un mismo cuaderno. “Pero tanto si se trata de algo intencionado como de una mera coincidencia” –anota Nicholl– la “composición es de una melancolía desgarradora; una adivinanza o un jeroglífico cuya clave es la palabra ‘vejez’”. Una vez más identificamos que la fascionación que Da Vinci sentía por el agua, su dinámica y las fuerzas que en ella intervienen seguía viva en su vejez.

Sus trabajos no se limitaron en cualquier caso a la esfera teórica. En su faceta de ingeniero, tuvo la oportunidad de aplicar sus conocimientos en proyectos de canalizaciones, irrigación, drenaje de marismas o en las diferentes aplicaciones de la energía hidráulica. “Lo mismo que otros destacados ingenieros del Renacimiento, estaba muy familiarizado con todos los efectos del agua; pero fue el único que trascendió las reglas empíricas de la ingeniería hidráulica para embarcarse en prolongados estudios teóricos del flujo del agua”, señala Capra, quien va más allá e insiste en las aportaciones fundamentales del vinciano: “Sus exámenes y exquisitos dibujos de las corrientes de los ríos, los remolinos, los vórtices en espiral y otros modelos de turbulencias, hacen de Leonardo un pionero en un campo todavía inexistente en su época: la disciplina que hoy se conoce como dinámica de fluidos”.

Artículo publicado para el Máster de Periodismo y Comunicación Científica (UNED).

NOTA: Este artículo es propiedad original del autor citado, aunque ha podido ser publicado anteriormente en otros medios, en cuyo caso aparecen descritos al final del mismo. En caso contrario o en notas de prensa el autor aparecerá como "Noticias de Internet"

1 Comentario hasta el momento »

  1. Bitacoras.com dijo

    3 de Mayo del 2017 a las 12:18

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