La vacuna de Gould


No recuerdo quien dijo, - aunque lo leí, como tantas otras verdades, en los ensayos de Stephen Jay Gould -, que el conocimiento en ciencia, principalmente en biología, es lo que marca nuestros prejuicios en la vida diaria. Y la verdad que tenía más razón que un santo.

Decía Francisco Umbral, que la cultura personal, es todo aquello que nos queda después de olvidar lo que hemos leído. Otra gran verdad.
Son todos esos detalles que van forjando nuestro conocimiento, y con él, nuestra forma de entender el mundo y relacionarnos, los que a la larga conforman la intuición; avanzadilla de nuestro conocimiento sin auto-revisión, que nos dicta el camino; si alguien nos pregunta el porqué, debemos ya adentrarnos en nuestra mente para explicarlo…salen entonces los datos consistentes, aunque ya no sepamos donde lo vimos o leímos.

Hace bien poco, me comentaba una compañera de trabajo, que ella era “racista con los sudamericanos”. Esta compañera no es estúpida (aunque la frase quiera delatarla como tal), simplemente, tiene un concepto erróneo sobre la conformación del ser humano y su entorno. Es esa terrible visión del mundo basada en que la gente tiene unos genes que se heredan, los cuales controlan la maldad, la pereza, la agresividad…etc., y los cuales parecen que diferencian los pueblos de este mundo. Este falso y memo prejuicio es la suma de tantas medias informaciones con las que nos bombardean los medios.
Supongo que sería harto difícil hacer que mi compañera leyese “La falsa medida del hombre” de Gould, pues gusta más de la novela, pero se me ocurre, que se podría inventar una vacuna; la vacuna Gould que abriera los ojos contra los prejuicios de la ignorancia en ciencia, una vacuna cargada con toda su bibliografía.

No miento si digo, que dos veces, en la revista Investigación y Ciencia, me he topado con citas respecto a que la doctora ‘nosequien’, o el doctor ‘nosemás’, han llegado a determinada conclusión, o piensan de tal forma u otra, dándome cuenta en ese momento, que eso mismo ya lo había dicho Gould hacía una década. O leer determinada discusión en un conocido blog de paleontología, en la que se mareaba la perdiz con un tema ya zanjado en algún ensayo de tan insigne científico.

Se me ponen los pelos como escarpias, cuando recuerdo la columna habitual de Luis Alonso, también en el Investigación y Ciencia, de Febrero 2008. Me entristeció muchísimo, pues siempre he encontrado su sección interesante. Solo con que comprendiera mínimamente como funciona el azar y la información en la selección natural, no habría colocado las “objeciones” de Behe como si fueran objeciones reales a la evolución. Solo con que hubiera leído algo más de Richard Dawkins1 que el “El espejismo de Dios”, el enfoque hubiera sido otro. Simplemente, le hubiera bastado con algo de la mágica vacuna de Gould.

Tal vez esto sea algo normal, porque solemos hacer nuestras, las ideas que nos convencen, y cuando olvidamos lo leído, ya tenemos la sensación que hemos pensado así de toda la vida. Y a veces, incluso olvidamos la idea en sí, y caemos de nuevo en los errores del pasado.

En las estanterías de obras científicas, en las librerías, no faltan nunca los libros de Gould. Son la base, el sustento. Gould nos enseñó qué es una Teoría, que es el azar y por qué es tan perverso no tomar la evolución como un hecho; nos enseñó, que tan absurdo es pensar que el hombre es solo un animal, como querer encumbrarlo, pues todos los animales tienen algo especial, desde nuestras capacidades mentales, al lenguaje de las abejas o la orientación de las aves; descubrimos que la ambigua inteligencia no es genética, ni innata, y de qué estúpida forma intentamos dotar a los pueblos o comunidades de agresividad, maldad, inteligencia, pereza o heroísmo, como si se tratasen de cualidades congénitas…o más absurdo aún, como si hubieran diferencias significativas entre los pueblos del homo sapiens… una especie que lleva poco más de cien mil años en este planeta; un tiempo irrisorio, para un planeta con cuatro mil millones de años, que nos sobrevivirá siempre, hagamos las bestiadas que hagamos.

Con Gould soñamos con las posibilidades de “Burgess Shale”, con Gould, los profanos en materia de evolución, descubrimos que ya existía ésta antes de Darwin, y que su contribución fue la selección natural. Con este divulgador sin parangón, hemos entendido por fin cómo funciona, cómo parchea la naturaleza maravillosa, y por qué el registro fósil parece resistirse gracias al “Equilibrio puntuado”.

Voy por la página 920 de su increíble “La estructura de la teoría de la evolución”, donde defiende su visión jerárquica de la evolución, la cual, espero que el tiempo y los datos se inclinen a su favor. La primera parte de este libro, el repaso histórico a todo lo relacionado con la evolución y sus protagonistas, es un compendio de sabiduría impresionante.

Stephen Jay Gould superó un cáncer (La media no es el mensaje), aunque sucumbió a otro. Nos dejó en el 2002. Y créanme que me produce congoja pensar que ya no habrán libros nuevos, que ya no es potencialmente posible escribirle, o encontrárselo en este planeta para estrecharle la mano, darle las gracias con un abrazo, y preguntarle tantas cosas y tantas cosas…

1. Richard Dawkins ha sido siempre el eterno rival de Gould en temas de sociobiología y psicología evolutiva. Últimamente está muy de moda tratar a Dawkins de dogmático, confundiéndose el apasionamiento con el dogmatismo. Es la engañosa corriente que pretende confundir el ateísmo con algún tipo de fundamentalismo, cuando en realidad, el ateísmo no es una idea, ni un conjunto de principios.
Se confunde el amor a la ciencia, con la prepotencia.
A Richard Dawkins se le puede acusar, en una disciplina como la evolución, de tender a la excesiva simplificación (gen egoísta, adaptacionismo…), pues ésta no admite un tratamiento de idealización tan fuerte como en física, pero jamás de dogmático…quien así habla, no ha entendido a Richard Dawkins.

NOTA: Este artículo es propiedad original del autor citado, aunque ha podido ser publicado anteriormente en otros medios, en cuyo caso aparecen descritos al final del mismo. En caso contrario o en notas de prensa el autor aparecerá como "Noticias de Internet"

1 Comentario hasta el momento »

  1. Toni dijo

    3 de Junio del 2008 a las 16:52

    Totalmente de acuerdo: se confunde la pasión científica con el dogmatismo. ¿Dónde se ponen vacunas Gould? :-)

    Un abrazo, Pedro, bonito homenaje a Jay Gould y, de paso, a Dawkins…

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¿Sabías que Giovanni Papini (1881-1956), escritor italiano dijo...?
Quiero saberlo todo. Y siempre me encuentro como antes, triste como la vida y resignado como la sabiduría.