La 'marca España' en nuestras rocas


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Si pidiésemos a un grupo de personas que citara algunos monumentos españoles, la respuesta obtenida englobaría una larga lista (La Alhambra de Granada, el Acueducto de Segovia, el Monasterio de El Escorial...). Pero si planteáramos citar lugares del patrimonio geológico español, ¿lograríamos reunir una lista con al menos cinco de ellos? Seguramente, no.

Al margen de su interés paisajístico, España posee lugares únicos a nivel mundial por la información que proporcionan sobre el pasado, el presente y el futuro de nuestro planeta, y que suman 142 lugares de interés geológico (LIG) de relevancia internacional catalogados en el libro Proyecto Geosites: aportación española al patrimonio geológico mundial, escrito por los geólogos Luis Carcavilla y Jaime Palacio y publicado por el Instituto Geológico y Minero de España (IGME).

 

 

 

Desde hace algunos años el término Patrimonio Geológico viene ganando protagonismo, debido a la cada vez mayor conciencia conservacionista de la sociedad. El significado de la palabra patrimonio está ligado a la palabra herencia: aquello que recibimos de nuestros antepasados y que deberíamos transmitir a nuestros descendientes. Aunque nos parezca nuevo todo lo relacionado con el patrimonio geológico, lo cierto es que España fue, junto a Francia, Alemania y Grecia, uno de los países pioneros en crear una red de espacios naturales donde la geología jugaba un papel fundamental. Así nacían los Geoparques a comienzos de los años 90.

 

Cuatro tipos de acciones son básicas para el estudio, conservación y promoción de los elementos geológicos de un territorio: la realización de inventarios, el desarrollo de legislación que apoye su protección, la conservación del patrimonio (geoconservación) y la divulgación. Existe una importante confusión en relación con muchos conceptos vinculados a patrimonio geológico. Un hecho preocupante es que tan solo un tercio de los lugares descritos en este libro divulgativo están protegidos. Los demás son susceptibles de ser destruidos y algunos están seriamente amenazados. Una de las causas de esta "desprotección" es debida al desconocimiento social del valor y existencia de estos sitios únicos que proporcionan una valiosa información científica de los acontecimientos del pasado, que en algunos casos, se remonta a hace más de 600 millones de años en el tiempo.

 

Numerosas iniciativas de carácter lúdico son apoyadas por los principales organismos institucionales con el fin de sensibilizar a la población sobre la importancia y necesidad de proteger nuestro patrimonio geológico. Y como referente, se celebran desde 2005, los Geolodías, jornadas gratuitas para todo tipo de público guiadas por geólogos para conocer la geología de una ciudad o zona determinada. La cita es, como cada año, el segundo fin de semana de mayo durante el cual, la mayoría de provincias realizan su Geolodía.

Cañones y meandros conforman el Barranco de la Hoz, en el Geoparque de Molina y Alto Tajo en Guadalajara, nos enseñan una de las series más completa del Jurásico inferior y medio formados hace 175 millones de años.

 

Como decía Marcel Proust “el verdadero viaje del descubrimiento no consiste en ver nuevos paisajes, sino en verlos con ojos diferentes”.

Artículo publicado para el Máster de Periodismo y Comunicación Científica (UNED).

NOTA: Este artículo es propiedad original del autor citado, aunque ha podido ser publicado anteriormente en otros medios, en cuyo caso aparecen descritos al final del mismo. En caso contrario o en notas de prensa el autor aparecerá como "Noticias de Internet"

1 Comentario hasta el momento »

  1. Lectora corrent dijo

    13 de agosto del 2017 a las 12:05

    Cuando se hace turismo, la gente sueles fijarse en el estilo arquitectónico de los edificios y obras realizadas por los humanos. Se extasían ante unas ruinas que pueden tener como máximo unos miles de años, sin dar importancia al material del que están hechos, que quizas tiene millones de años. Por eso me gustó la guía de fósiles urbanos de Barcelona de Anna Cornella. Permite conocer un poco la historia del planeta observando las fachadas de las casa, el suelo de calles y portales, las paredes de las estaciones del metro, los vestíbulos de bancos y edificios públicos. En mi casa, el suelo y paredes del portal y el suelo de la escalera y rellano está repleto de fósiles y dudo de que muchos vecinos se hayan dado cuenta de esa preciosa antigüedad que pisan cada día.

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