Toni Hernández

El remiso Mr.Darwin


En el cénit de mi excitación actual podría citarles cualquiera de los versos que Núñez de Arce dedica a Darwin, en una Oda que descubrí recientemente. Pero en su lugar, déjenme que les explique brevemente el motivo de mi reenganche a Darwin: El remiso Mr.Darwin, de David Quammen. La obra, escrita en 2006, ha sido traducida oportunamente, con agilidad y rigor, por Antoni Bosch editor.

En una reseña anterior les alertaba sobre que, ante la inminente llegada del año Darwin, este final de 2008 se iba a convertir en una avalancha de publicaciones sobre Charles Darwin. Así está siendo, y paulatinamente han ido cayendo en mis manos varios ejemplares sobre la vida y obra de Darwin, de calidad y enfoque diverso. Pues bien, pese a mi reticencia inicial, me he enganchado a Darwin. Y gran parte de la culpa la tiene El remiso Mr.Darwin, de David Quammen (Antoni Bosch Editor).

A caballo entre el retrato biográfico y el ensayo por momentos novelado, Quammen nos aproxima de forma muy original al Darwin que desembarca del Beagle. El acierto principal del autor consiste en abandonar el relato del Beagle -que seguramente es difícil explicar mejor que el propio Darwin-, y centrarse en los años posteriores, en la concepción intimista de la obra de Darwin y en seguir las fuentes más directas sobre su personalidad: los cuadernos, la correspondencia y los diarios del propio Darwin.

El recorrido es educativo a muchos niveles. Para empezar se lo recomiendo a cualquier investigador actual. Quammen destapa el rigor empírico de Darwin, su meticulosidad e incluso obsesión por los datos, por no dejar hilos sueltos antes de publicar nada. Contrastan los planteamientos de la ciencia del siglo XIX con la velocidad de vértigo a la que, prácticamente, se obliga a publicar a los investigadores actuales. ¿Pueden hacerse obras de calado a tan altas velocidades? Probablemente no. El buen trabajo requiere tiempo.

Otra de las importantes aportaciones de Quammen es descubrirnos al Darwin atento a su entorno inmediato. El Darwin investigador es ante todo observador del mundo cotidiano, dispuesto a investigar en su hogar cuando no le es posible viajar. Porque el mito del investigador viajero (fomentado por el relato arquetípico del Beagle) se ha impuesto al investigador observador, sobre todo en campos como la zoología, la botánica o, por supuesto, la biología evolutiva. Darwin extrae conclusiones, tan valiosas como su experiencia en el Beagle, de su cría personal de palomas o de la observación de la ‘selección artificial’ que el ser humano impone en la cría de animales de granja. Y no duda en pedir datos y especímenes a otros científicos, que actúan con una generosidad cuando menos poco habitual en los tiempos actuales.

El tropismo de la mirada de Quammen es esencial para redescubrir al Darwin investigador concienzudo, y alejarnos de la mitología que le ha envuelto posteriormente. Quammen se acerca al Darwin humano, con sus problemas de salud, sus vomiteras inexplicables y sus sentimientos contradictorios. Así, gracias a Quammen apreciamos como el orgullo y la honestidad científica de Darwin le conducen a dedicar ocho años de su vida al estudio de los cirrípedos, tras un comentario -por el que se sintió aludido- de Hooker respecto a la osadía de teorizar por parte de algunos científicos que no se enfrentan a los problemas empíricos, y no se manchan las manos en estudios de campo. Permítanme la reflexión extemporánea: muchos apoltronados en sus cátedras siguen teorizando sin acercarse a las fuentes de datos. Para eso tienen a los becarios.

Bajo una perspectiva biográfica, Quammen logra hacernos comprender la inusual demora y la “remisión” de Darwin a presentar su teoría, en medio de una sociedad victoriana que sabía discrepante con su revolución ideológica, empezando por su propia mujer Emma. En medio de los dramas personales de Darwin, la muerte de algunos de sus hijos, sus traumas con respecto a la dura figura de su padre, Quammen narra con destreza cómo Darwin es capaz de desarrollar sus teorías, y presentarlas públicamente, moviéndose acertadamente en las sociedades científicas de su época, bien posicionado gracias a la respetabilidad de la familia a la que pertenecía.

Además, Quammen ubica perfectamente al elenco de figuras científicas que posibilitaron que Darwin llegase a convertirse en uno de los pensadores y científicos más relevantes de la historia de la Humanidad. Sitúa así Quammen tanto las lecturas que influyen a Darwin (desde las cruciales de Malthus o Lyell, hasta las contrarias a las tesis darwinistas), cómo la relación de Darwin con otros científicos como Hooker o Wallace, y cómo el manuscrito que éste último le hace llegar con un artículo paralelo, apuntando las principales tesis transmutacionistas, espolonea a Darwin a escribir, con mayor presura de la que hubiese deseado, El origen de las especies.

Y es entonces cuando entendemos que la presión que Wallace ejerció sobre el remiso Darwin fue fundamental para que El origen de las especies fuese tal como es, una obra por otra parte alejada estilísticamente, y en estructura, del resto de publicaciones de Darwin. Darwin hubiese preferido un volumen mayor, y sin embargo una obra más extensa le hubiese hecho perder lectores, al menos inicialmente, reduciendo el primer impacto de El Origen.

Leí por primera vez El origen de las especies hace más de quince años, en una edición bastante básica que publicó Planeta. Entonces acababa de empezar física y me interesaron los sistemas complejos biológicos. Ahora, pasado el tiempo, me preparo para una relectura navideña arrastrado por la genial obra de David Quammen. Que intrigado por el personaje vuelvas a querer releer sus creaciones, quizá es lo mejor que se puede decir de un relato biográfico. Añadiré alguna lectura de Sampedro y de Ayala, con visiones más actuales sobre evolución. Feliz entrada darwiniana en el 2009. Y no me refiero a los vómitos darwininianos, por supuesto. Dios -o la selección natural- les libre.

TÍTULO: EL REMISO MR.DARWIN.

AUTOR: DAVID QUAMMEN.

EDITORIAL: Antoni Bosch Editor. www.antonibosch.com

AÑO: 2008

Rústica/ 15 cm x 21,5 cm

286 páginas

ISBN: 978-84-95348-36-4

NOTA: Este artículo es propiedad original del autor citado, aunque ha podido ser publicado anteriormente en otros medios, en cuyo caso aparecen descritos al final del mismo. En caso contrario o en notas de prensa el autor aparecerá como "Noticias de Internet"

2 Comentarios hasta el momento »

  1. Isaac dijo

    20 de Diciembre del 2008 a las 00:09

    A todo nuevo fan de Darwin le recomiendo una curiosidad sensible y emocionante: el “cuento” ilustrado “L’arbre de la vida” de Peter Sis (RqueR editorial), premio Bologna Raggazzi 2004.

  2. Ciencia y tecnología :: 100cia.com dijo

    30 de Junio del 2009 a las 13:35

    […] El reloj de Mr.Darwin no es un reloj convencional. Es un reloj relativista, en el que se permiten viajes espaciotemporales, para confrontar así a los grandes pensadores que han forjado el evolucionismo tal y cómo lo conocemos. En su obra, Arsuaga crea un personaje, un humilde profesor que sueña con Darwin. El sueño es un compendio de información recabada en las principales obras del científico inglés, así como en su ingente correspondencia, en la línea de otras obras reseñadas anteriormente como El remiso Mr.Darwin. […]

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¿Sabías que Albert Einstein(1879-1955) dijo...?
En la medida en que las proposiciones de las matemáticas se refieren a la realidad no son ciertas y en la medida en que son ciertas no se refieren a la realidad.