Isaac Camps

El misterioso caso de la Rambla de Barcelona


\Difuminado por el urbanismo, el relieve originario dónde se asientan las ciudades no es en absoluto evidente, y más si están situadas en lugares relativamente llanos y uniformes. Poner de nuevo a la luz su paleogemorfología y la geología del subsuelo es una investigación que no solo tiene interés científico, sino también cultural, pues atañe a un pasado geológico muy reciente ligado a nuestra historia.

Grandes ciudades como Sevilla, Valencia o Barcelona están situadas sobre llanuras fluviodeltaicas, abanicos aluviales y piedemontes; terrenos aparentemente monótonos dónde el análisis de su sutil microtopografía da mucha información sobre temas tan interesantes como la red hidrográfica o la neotectónica, aspectos que a su vez contribuyen a conocer mejor los riesgos geológicos (riadas, seísmos…), la geotecnia, la historia económica (pozos, acueductos, molinos, graveras…) o los condicionantes naturales de su expansión urbanística.

No hay mucha bibliografía al respecto, pero el pasado octubre los grandes Oriol Riba y Ferran Colombo publicaron el libro de geología más absorbente que he leído nunca: Barcelona: la Ciutat Vella i el Poblenou. Assaig de  geologia urbana (Barcelona: la Ciudad Vieja y el Poblenou. Ensayo de geología urbana). Esta obra es fruto de veinte años de investigación y trata de la geología del subsuelo urbano, especialmente de la geomorfología, la neotectónica y la estratigrafía del casco antiguo romano y medieval de Barcelona y la llanura deltaica del Poblenou (el antiguo barrio industrial costero), poniendo especial énfasis en los últimos 18.000 años.

El libro es muy prolijo en detalles, pero he escogido la historia de un lugar que sin duda conocerá cualquiera que haya visitado la ciudad: la Rambla (o las Ramblas, ya que cada tramo recibe un nombre: de les Flors, dels Estudis…), popular e hiperturístico paseo, que como indica su nombre, se trata de un antiguo torrente ¿O quizás no?

Lo que veis en la fotografía son los restos de una vía sepulcral romana (s. II y III dC) situada en la plaza de la Vila de Madrid, a unos 60 m al este de la Rambla. Es un conjunto de sepulturas a lo largo de un camino (simulado con baldosas) que salía del recinto amurallado de la antigua Barcino y que en este tramo era más o menos paralelo a la Rambla. Es preciso entender que en su día el camino y las tumbas estaban en la superficie y que ahora están a más de 2,5 m por debajo del firme de la plaza ¿Qué ha ocasionado este potente grosor de sedimentos en menos de 2.000 años?

La clave está en la Rambla, la antigua riera d’en Malla que nacía a los pies de la montaña del Tibidabo y que después de un recto y corto recorrido desembocaba en el mar a la altura del monumento a Colón. Si os situáis en el pasaje comercial que va de la Rambla a la plaza de la Vila de Madrid y miráis hacia la calle Pintor Fortuny notaréis que el paseo central de la dicha avenida está ligeramente elevado respecto estas dos calles, y no deprimido como lógicamente le correspondería a la vaguada de un torrente. I esto todavía es más evidente en lugares como la confluencia con la calle de la Boqueria o en el teatro del Liceu ¿Era realmente un torrente o bien era una pequeña loma? Esta anomalía topográfica ha sido motivo de controversia durante años, pero finalmente se ha podido esclarecer el caso comparando su morfología  con la de otras ramblas mediterráneas activas. La Rambla, como otros torrentes situados sobre piedemontes antiguos, es una riera sobreelevada que circulaba por un lomo topográfico. Este hecho sorprendente se debe a que la riera d’en Malla, una vez recorrido la parte alta del llano de Barcelona (de los pies del Tibidabo hasta el casco antiguo) se encontraba con un salto de entre 2 y 4 m de desnivel (el Escalón Barcelonés) a la altura de la popular fuente de Canaletes. La riera descargaba los sedimentos al pié de este escalón y originaba un abanico aluvial alargado, una forma de naturaleza convexa, por la cumbre de la cual se encajaba el cauce limitado por dos levées o motas.

A cada nueva avenida, las levées crecían verticalmente y el abanico se expandía lateralmente enterrando de sedimentos los terrenos circundantes, como por ejemplo, los de la actual plaza de la Vila de Madrid. En la época medieval las casas se habían expandido fuera de Barcino y se empezaron a edificar las murallas de acuerdo con la topografía, como la muralla de Jaume I (1260-1295), sobre la levée oriental de la riera d’en Malla. Esta muralla impidió el aluvionamiento lateral y los sedimentos se adosaban en la parte externa del recinto defensivo. Después algunas avenidas catastróficas, el torrente fue finalmente desviado fuera de la villa, en 1447, hacia el colector del Bogatell, que a su vez formó un delta sobre el que se asentaría el futuro barrio de la Barceloneta… pero eso ya es otra historia.

NOTA: Este artículo es propiedad original del autor citado, aunque ha podido ser publicado anteriormente en otros medios, en cuyo caso aparecen descritos al final del mismo. En caso contrario o en notas de prensa el autor aparecerá como "Noticias de Internet"

1 Comentario hasta el momento »

  1. Therfer dijo

    10 de Diciembre del 2009 a las 16:24

    Impresionante Sr.Camps. Nada como aprender de la ciudad de uno, de los lugares que pateamos a diario sin saber qué estamos pisando, literalmente.

    Un cordial saludo

    Therfer

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