Conocimiento, lenguaje y categorías
Al estudiar el cerebro desde diversas perspectivas (neurología, psicología, bioquímica, lingüística…), las ciencias se han adentrado en el estudio de la cognición y la consciencia. Se han ubicado con bastante exactitud, las áreas cerebrales que se ocupan de la percepción sensorial (visual, auditiva,…) y el lenguaje, destacando las conocidas como área de Broca (en el lóbulo frontal del cerebro) y el área de Wernicke (en el lóbulo temporal).
El área de Broca principalmente se encarga de los patrones motores del habla, es decir, nos permite planificar lo que decimos y hablar. El área de Wernicke nos permite comprender lo que escuchamos, es decir, la comprensión del lenguaje.
El lenguaje, entendido como la capacidad humana que poseemos para expresarnos y comunicarnos, mediante el uso de un sistema de signos, nos permite adquirir conocimientos (cuando escuchamos o leemos), retenerlos en nuestra memoria lingüística, y compartirlos (cuando nos comunicamos con los demás). La organización del conocimiento y la transmisión cultural poseen también una base lingüística.
Además, se ha demostrado que los seres humanos perciben y organizan las percepciones en categorías. Las categorías son los conceptos generales con los que ordenamos la realidad, la conocemos y expresamos. Así, por ejemplo, los hablantes de las diversas lenguas del mundo categorizan las frecuencias del espectro visual en diferentes colores: los nombres de los colores y las longitudes de onda de los intervalos de luz a los que se refiere cada uno, varían según las lenguas. Este fenómeno de percepción de la realidad, según las categorías mentales (aprendidas desde nuestra más tierna infancia), es la percepción categorial.
La percepción categorial es la que nos hace organizar los conceptos jerárquicamente, clasificando mentalmente los objetos que percibimos de la realidad sensible. Por eso aunque todos veamos los colores igual podemos asignar nombres distintos a la misma onda electromagnética.
Así, por ejemplo, en algunas lenguas románicas, como el catalán, poseen dos fonemas vocálicos para la letra ‘e’, denominados e abierta (/ε/) y e cerrada(/e/), de frecuencias diferentes, mientras que el español únicamente posee un fonema para la e (e cerrada, /e/). Los estudios psicolingüísticos han demostrado que la estimulación de los padres, en la adquisición temprana del lenguaje, es fundamental en la configuración de las categorías lingüísticas, y es la que permite distinguir entre estas vocales a los hablantes de catalán. Algo parecido les sucede a los hablantes de mandarín con la /r/ y la /l/, que ellos categorizan como un mismo fonema. De ahí sus dificultades para pronunciar la /r/ al aprender español.
Y es que la percepción categorial es fundamental en los procesos cognitivos mediante los que adquirimos conocimiento y nos comunicamos, aunque se sigue debatiendo sobre si nuestra lengua, y el lenguaje en general, marcan o no nuestra forma de comprender el mundo.

