Brevísima historia de la depresión
Lo que hoy llamamos depresión ha acompañado al ser humano como realidad clínica a lo largo de la historia, aunque la interpretación que de ella ha hecho ha ido transformándose. Considerada hoy como un trastorno del estado de ánimo con una base fisiológica y bioquímica conocida, en el pasado medieval se la veía como un mal extraño relacionado con posesiones demoníacas. La depresión, llamada hasta el siglo XIX melancolía, ha tenido siempre un importante impacto en la civilización y la cultura, y ha sido origen de muchas obras literarias y artísticas a lo largo del tiempo, como si el estado de ánimo que le es propio impulsase de algún modo el sentido artístico. Los ejemplos de obras surgidas de la depresión o con ella como temática son innumerables, desde el famoso grabado Melancolía de Durero (1514) hasta la reciente película del director de cine danés Lars Von Trier (2011).
Grecia
El paradigma médico de la Grecia Clásica venía definido por la teoría hipocrática de los humores: la sangre, la flema, la bilis amarilla y bilis negra. El temperamento de un individuo era determinado por la relación o el equilibrio entre dichos humores: así el predominio de cada uno de ellos resultaba en cuatro tipos diferentes de temperamento. Cuando predominaba la bilis negra, el resultado era un temperamento melancólico: se producía en el individuo una tendencia al pesimismo, a la tristeza, a la tribulación. La teoría humoral se mantendría prácticamente hasta el siglo XVII.
Renacimiento y Edad moderna
Hacia el siglo XV, durante el Renacimiento, la imagen que se tiene de la melancolía se vuelve como más sofisticada. El médico de Florencia Marsilio Ficino en su comentario de un texto de Aristóteles propone la idea de que el melancólico se encuentra mejor orientado hacia la creación artística o intelectual. Los renacentistas exaltan al melancólico. La melancolía se convierte en tema literario y dramático a partir de entonces. En particular, en la Inglaterra de comienzos del siglo XVII arreciaría un culto a la melancolía. En 1621 Robert Burton publicará la gran obra clásica sobre el tema: la Anatomía de la Melancolía, en la que el autor analiza exhaustivamente ese estado peculiar del alma utilizando un registro que hoy percibimos entre lo científico y lo literario. Y una de las grandes obras del teatro isabelino, el Hamlet de Shakespeare, que es muchas cosas, es también el análisis en clave estética del mundo mental de un melancólico.
En la época de la Revolución científica, al entrar el siglo XVII, con su visión mecanicista del mundo, llega el momento de abandonar el viejo modelo hipocrático de los humores. El médico inglés Thomas Willis (1621-75) propone una explicación de la melancolía basada ya en procesos químicos localizados en el cerebro y el corazón. Se va avanzando en el conocimiento de la dolencia. En 1725, Richard Blackmore acuña el hoy tan popular término de depresión, aunque tardará todavía bastante tiempo en imponerse por completo. En el ámbito popular y artístico se seguirá usando el término habitual de melancolía.
Siglos XIX y XX
A lo largo del XIX iría evolucionando la comprensión del trastorno depresivo y sus mecanismos en un sentido clínico. Freud enmarcaría el trastorno en su modelo psicoanalítico. Emil Kraepelin por su parte, haría importantes aportaciones en el campo de la psicofarmacología, o el efecto de las drogas en el sistema nervioso. En el siglo XX va profundizándose en la comprensión de los mecanismos fisiológicos, bioquímicos y farmacológicos relacionados con la depresión. Uno de los grandes triunfos fue el desarrollo de la teoría de las monoaminas, según la cual la depresión está relacionada con déficits del neurotransmisor serotonina en los espacios sinápticos interneuronales.
A mediados de siglo explosionaría la farmacología basada en principios psicoactivos diseñados para combatir la depresión. De los primeros antidepresivos IMAO (inhibidores de la MAO) y los tricíclicos aparecidos en los años cincuenta, pasaríamos a los IRSS (Inhibidores de la recaptación de serotonina), de los cuales forma parte el celebérrimo Prozac (fluoxetina), lanzado en 1987. Más tarde llegarían otros IRSS con creciente eficacia y efectos secundarios menores, como la paroxetina, la fluvoxamina, el citalopram o el escitalopram.
En la actualidad, la depresión se haya bien definida en el plano académico y clínico. Aunque existen lagunas, se cuenta ya con un buen conocimiento de su bioquímica o del mecanismo de acción de los fármacos que la combaten. Existen métodos eficaces de diagnóstico y tratamiento racional basados en el método científico. Hay dos grandes tipos de tratamiento: el psicoterapéutico y el farmacológico. Pueden utilizarse ambos tipos o solo uno de ellos, según los casos de depresión.











Toni Hernández dijo
31 de Julio del 2012 a las 12:10
Un repaso sucinto muy interesante. A añadir que los homínidos prehistóricos, como el resto de primates, también tendrían sus depresiones. La verbalización y conceptualización de los sentimientos y estados de ánimo del ser humano aún está lejos de haber terminado…
felicidaddes por el artículo, buen verano sin depresión!
Toni
Serafín dijo
1 de Agosto del 2012 a las 00:48
Gracias, Toni.
Sí. Los homínidos también sufrirían sus depresiones. Arranqué la “brevísima historia” con Grecia, civilización que tuvo su apogeo hace cuatro dias, digamos.
En cuanto a la conceptualización y verbalización de los estados de ánimo, espero todavía ayuda del arte y la literatura: que han de afinar el conocimiento básico que solo la ciencia puede proveer, añadiendo capas de significado.
Igualmente: feliz verano sin depresión. Si es que esto es posible, con “la que está cayendo” (perdón por el tópico).
haoogrindcore dijo
4 de Agosto del 2012 a las 20:53
Muy interesante gracias por compartirlo.
Rafael Aragón dijo
8 de Agosto del 2012 a las 02:28
Un repaso muy bueno, de cómo ha ido cambiando el concepto y los conocimientos sobre la depresión a lo largo del tiempo. Felicidades por el artículo, breve, directo y con mucha historia interesante.
Un cordial saludo.