Javier Armentia

Biométrica: en busca de la identificación perfecta


Javier Armentia.- En la película de Steven Spielberg Minority Report (2002), recientemente aparecida en el mercado del vídeo y el DVD, se presenta un futuro en el que los ciudadanos están completamente identificados en cada momento a través de unos lectores del iris ocular: de esta manera, los anuncios de los comercios se personalizan a cada persona, el paso se franquea o impide según el nivel de autorización y todo un abanico de posibilidades, algunas aterradoras, impiden en el fondo el anonimato.

Anderton, el protagonista interpretado por Tom Cruise, tiene que someterse a un
trasplante de ojos para conseguir no ser encontrado. Se trata, obviamente, de
una ficción futurista, pero que pone de manifiesto, como lo hacen muchas
otras películas tanto de ciencia ficción como de espionaje, cómo
una creciente seguridad en la identificación de una persona incluye sistemas
que analizan características fisiológicas que se consideran imposibles
de falsificar: la huella dactilar, el iris o incluso (como sucede en Alien Resurrection,
de Jean-Pierre Jeunet, 1997) el aliento.

El término biométrica se aplica a las tecnologías que
intentan permitir ese tipo de identificaciones, bien mediante datos fisiológicos
como los mencionados (u otros como reconocimiento del DNA, análisis facial,
análisis de las venas de la mano, reconocimiento de la oreja, análisis
del sudor o del olor), bien conductuales como la voz, la firma, la manera de
escribir, o el análisis de la manera en que una persona escribe en un
teclado. Biometría o "biométrica" ha sido un término
robado de toda un área de la biología y psicología, que
anteriormente se refería sencillamente a los estudios que permiten analizar
datos de los seres vivos y poder analizarlos adecuadamente. En la actualidad,
posiblemente por la creciente necesidad de seguridad en los sistemas de información,
la biométrica está casi exclusivamente relacionada con la seguridad
informática.

En esencia, un sistema biométrico dispondrá de un dispositivo
lector de datos del usuario que serán comprobados con datos almacenados:
si coinciden, siguiendo unos determinados criterios, el sistema permitirá
el acceso, si no, generará un aviso o cerrará ese acceso. La entrada
en zonas de acceso restringido, el uso de ordenadores y otros sistemas de información
digital, incluso en el futuro aplicaciones domóticas -que personalizarán,
conforme el usuario identificado, la luz de una habitación, el tipo de
música o cualquier otra cosa.



La película Minority Report presenta un futuro en el que los ciudadanos están completamente identificados a través de lectores del iris: de esta manera, con todo un abanico de posibilidades, algunas aterradoras, se impide en el fondo el anonimato

Cartel de la película


talón de Aquiles

Dos aspectos fundamentales constituyen el talón de Aquiles de estos
sistemas: los errores y la seguridad de los datos almacenados. Respecto al último,
estamos en una cuestión relacionada con la seguridad informática
en general: si se puede establecer un acceso por algún medio a los datos
personales almacenados en base a los que se hará una identificación,
sería posible cambiarlos dejando por lo tanto sin uso todo el sistema
de identificación. En la actualidad, los sistemas suelen almacenar estos
patrones base para la identificación en ordenadores centralizados, a
veces en tarjetas personales, o en otros casos, en un ordenador remoto perteneciente
a una empresa de verificación que se encarga de su custodia.

Ningún sistema queda, obviamente, libre de poder ser reventado por un
experto, pues aunque cada vez los niveles de seguridad en protección
y encriptación de datos son mayores, también lo es la pericia
de quienes buscan fallos o huecos por donde colarse. La cuestión tendrá
importancia crucial conforme se dependa cada vez más de estos sistemas,
dejando además abierta la cuestión de cómo aceptar, o hasta
qué punto, la falta de privacidad de datos personales.

El asunto de los errores y la tolerancia de estos sistemas es más específico,
pero no con mejores soluciones por el momento. Por un lado se pueden dar falsos
positivos: el sistema identifica como válido al usuario cuando no lo
es, por haber comparado la lectura de los datos de entrada con los patrones
almacenados y haber concluido que hay un emparejamiento. Y también están
los falsos negativos: el emparejamiento no se produce, aunque debería
haberse producido.

desarrollo de biochips

Evidentemente, los criterios de comparación, los propios algoritmos
y la tolerancia que permiten, son aspectos fundamentales en la aparición
de errores, pero además hay que contar con que algunos de los aspectos
fisiológicos o conductuales con los que se establece la identificación
cambian para la misma persona. No por ejemplo el código genético,
aunque su lectura y análisis requiere obtener una muestra de tejido de
la persona que va a ser examinada y realizar un análisis bioquímico.
Por el momento, tales análisis son, aparte de costosos, lentos, por lo
que no son usados, aunque el desarrollo de biochips, una tecnología en
auge que permite la elaboración de sistemas casi instantáneos
de análisis de algunas características genéticas, podría
suponer la popularización de sistemas biométricos de este tipo
para aplicaciones específicas (según los expertos, sería
la mejor, aunque incapaz de distinguir entre gemelos idénticos o, hipotéticamente,
entre clones).



Dos aspectos fundamentales constituyen el talón de Aquiles de estos sistemas: los errores y la seguridad de los datos almacenados

sistema de identificación ocular


Más sencilla y bastante persistente en el tiempo, aparte de ser la más
popular, está la identificación basada en las huellas dactilares.
Cada patrón de huellas es único, y además existe una amplia
tradición de identificación a partir de esta característica
fisiológica. En la actualidad existen lectores de huellas pequeños
y relativamente baratos: un sistema de escáner digitaliza la forma de
la huella y ésta es analizada con las almacenadas, o con la que el propio
usuario lleva en una tarjeta de identificación. Existen ya numerosos
sistemas comerciales que incluyen un sistema de este tipo: por un lado una tarjeta
en la que está almacenada (de forma segura) la huella del propietario;
por otro a la hora de acceder (sea a un recinto, sea al uso de un ordenador…)
se compara ese dato de la tarjeta con la lectura de la huella.

El sistema es mucho más seguro que el habitual que se usa en tarjetas
de crédito bancarias (donde la identificación se hace mediante
un código numérico: este número se puede olvidar, o robar).
Tarjetas bancarias con este sistema biométrico están siendo propuestas
como alternativa a las actuales y se podrían popularizar en unos años.
Pero no están libres de problemas: robar la huella dactilar es sencillo,
porque vamos dejándola puesta en casi cualquier objeto que tocamos, y
se podría reproducir en un molde que un sistema convencional no podría
distinguir del original.

Por eso los sistemas apuestan por usar no la huella del dedo, sino la propia
geometría de la mano (incluyendo a veces las venas superficiales), que
es escaneada en forma tridimensional y que resulta más complicado imitar.
La primera vez que se usó un sistema de este tipo fue en la Bolsa de
Nueva York a comienzos de los años ochenta. Y sigue usándose,
especialmente para permitir o impedir el acceso a zonas restringidas. Curiosamente,
la forma de la mano de un adulto no varía demasiado con el tiempo, por
lo que la actualización de los datos no es un problema importante. Una
alternativa más compleja, pero también usada, es el reconocimiento
de la cara, aunque debido a lo mucho que cambiamos nuestro aspecto (según
el afeitado, el uso de gafas o lentillas, el propio maquillaje) no es sencillo
asegurar que el sistema esté libre de errores.

Más seguro parece el escáner ocular, que permite la identificación
del iris y, en algunos casos, la retina. Aunque esta última proporciona,
en opinión de los expertos, la mejor calidad, el sistema no es cómodo
(hay que mantener el ojo ante el lector sin parpadear) ni sirve para algunos
tipos de ceguera o enfermos con cataratas.



Lo cierto es que, por sofisticado que sea un sistema biométrico, y en eso las películas siempre lo muestran, es posible engañarlo

sistema de identificación táctil


Yendo a los sistemas conductuales, la voz es también muy personal, y
los sistemas de reconocimiento del habla permiten muy buenas identificaciones,
pero una simple grabación puede engañar al sistema. Y lo mismo
sucede con la firma. Nada parece estar libre de la posibilidad de falsificación.
En el caso de la firma, en cualquier caso, algunos sistemas obligan a firmar
sobre un tablero digitizador en el momento, lo que aumenta la seguridad. Pero,
¿y si ese día nos hemos dislocado un dedo?

Cosas Del Cine

Lo cierto es que, por sofisticado que sea un sistema biométrico, y en
eso las películas siempre lo muestran, es posible engañarlo. Si
atendiéramos al cine, lo cierto es que casi cualquier intento de protección
de los datos parecería vano. Afortunadamente, la realidad no es tan sencilla
y en muchos casos, el hecho de que para romper un código o falsificar
una identificación se necesite mucho tiempo o costosos equipos puede
ser suficiente para considerarlo razonablemente seguro: si es más caro
conseguir una tarjeta falsa válida que permita robar que el propio botín
obtenido, ningún ladrón en su sano juicio emplearía ese
método.

En la realidad, el factor humano es el más débil, como siempre
pasa: incluso un sistema fiable puede ser engañado, sin más que
conseguir que la persona autorizada se identifique bajo coacción. En
muchos casos, incluso cuando los sistema de acceso de algunas instituciones
utilizan un dispositivo biométrico avanzado, sigue manteniéndose
el personal humano: los conserjes y los vigilantes o guardias de seguridad no
han pasado, precisamente, a la historia.

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NOTA: Este artículo es propiedad original del autor citado, aunque ha podido ser publicado anteriormente en otros medios, en cuyo caso aparecen descritos al final del mismo. En caso contrario o en notas de prensa el autor aparecerá como "Noticias de Internet"

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