Laboratorio de energía atómica para niños. 1950-1951.

Ya no hacen juguetes como los de antes. ¡Qué tiempos aquellos! Hubo un tiempo en el que los chavales podían hacerse con un pequeño laboratorio de energía atómica. Uranio, Polonio, ¡quién dijo miedo! ¿Quién quiere duras normativas sobre juguetes? Ahora nos quejamos de los peligros de los juguetes chinos y de la contaminación de sus industrias. Hace cincuenta años éramos aún peores.
Gracias a uno de mis alumnos de física de bachillerato, Kevin García, por enviarme este curioso enlace a planetagadget:
http://planetagadget.com/2009/03/25/laboratorio-de-energia-atomica-para-ninos-1950-1951/
Se trata de un juego para niños de los años cincuenta del siglo XX, en el que se proporcionaba a los chavales algunas fuentes radioactivas para realizar experimentos. Me encantaría conocer, o haber conocido, a alguno de aquellos usuarios que, ignorantes del peligro al que se exponían, disfrutaron con las muestras de uranio, la fuente beta-alfa (Pb-210), una beta (Ru-106), fuente gamma (Zn-65), y la cámara de burbujas del kit, con su propia fuente de radiación de polonio. Son muy sorprendentes los contenidos del juguete.
Realmente creo que, si hubiese podido, me hubiese comprado uno de pequeño. Igual habría llegado mejor preparado al laboratorio de de física nuclear de la facultad, en el que los contadores geiger no dejaban de chisporrotear mientras los estudiantes, felices, compartíamos las largas tardes de laboratorio tras una mañana de árduas clases teóricas, muy alejadas de la física experimental. O tal vez no hubiese llegado a la facultad.


David Talens Perales dijo
29 de Mayo del 2009 a las 20:10
Madre mía! Esto a día de hoy sería inpensable…pero bueno…que se le va a hacer es lo que tiene el no conocer las cosas…tal vez si en un principio se hubiese tenido tanto respeto a la radiación como se tiene ahora no se hubiese avanzado tanto en este campo…¿no creéis?
Alex Fernández Muerza dijo
30 de Mayo del 2009 a las 09:48
Esos juguetes eran la bomba! Creo recordar que aquí también se tuvieron que cambiar o eliminar algunos compuestos del popular juego del quimicefa, porque resultaban peligrosos y/o tóxicos. En fin, como decía un chiste que circulaba por Internet, es increible como los de nuestra generación (los que somos ahora treintañeros) hemos podido sobrevivir a nuestra infancia, sin cinturones de seguridad ni airbags, sin control de alimentos, etc.