Archivos de Carlos Prego Meleiro

Mapas medievales para no perderse en la búsqueda del Edén

Mapa del monasterio de Ebstorf.

El doctor Jones ensambla el antiguo medallón en la punta del báculo. Mientras Sallah monta guardia en la boca de la Cámara de Mapas –para burlar la vigilancia de los nazis que custodian el yacimiento–, “Indy” descifra un jeroglífico, fija el bastón en la coordenada exacta y deja que el sol de primera hora de la mañana se cuele a través del ojo del medallón. De la pieza de bronce brota un potente chorro de luz que desvela el punto en el que se oculta el Pozo de las Almas. Allí, en su interior, descansa la codiciada Arca de la Alianza. La escena –de Raiders of the Lost Ark, una de las cintas más célebres del cine de aventuras– quizás hubiese sido bastante menos épica si en vez de los egipcios, el arca con las tablas del monte Sinaí la hubiesen ocultado los españoles o franceses de la alta Edad Media. Continua leyendo »


Leonardo, el intérprete del agua

Supuesto retrato de Leonardo Da Vinci, de la Galleria degli Uffizi.

A medio día de camino del convento de Santa María delle Grazie fluyen las aguas tranquilas y profundas del río Tesino, que nace en San Gotardo y tras serpentear por los valles Bedretto, Leventina y la Riviera a la que presta su nombre desagua en el lago Mayor. Aunque no hay crónicas ni tampoco se conservan testimonios que lo demuestren, es muy probable que en los descansos que se tomaba para escapar del férreo control de los dominicos mientras pintaba su Última cena, Leonardo da Vinci abandonase el convento de Santa María y Milán para relajarse en las plácidas orillas del Tesino. De lo que sí tenemos constancia es de que ensimismado en sus aguas –y en las de otros tantos ríos de su Toscana natal o incluso en Francia– Da Vinci alumbró algunas de las ideas y teorías que lo han convertido en un referente de la ciencia moderna. También en un “pionero”, como apunta Fritjof Capra, de la mecánica de fluidos o el análisis de los vórtices de agua, un ámbito de estudio que no prosperaría hasta tres siglos y medio después, cuando Hermann von Helmholtz volvió a centrarse en él.

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