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Porque, aunque no es el objetivo final (nunca el resultado de una perversión es el objetivo final), el tráfico con fármacos falsificados lleva en su seno una alteración de consecuencias incalculables: la altísima probabilidad de que microbios causantes de plagas infecciosas, como la malaria, la tuberculosis o las afecciones respiratorias, se vuelvan resistentes a los mejores fármacos de que hoy dispone el arsenal médico contra estas enfermedades que matan e incapacitan a millones de personas cada año.
En los últimos dos años, los alijos de estos fármacos incautados por INTERPOL han mostrado que, para engañar las revisiones en las fronteras o en los centros hospitalarios, los remedios falsos incorporan algunas de las moléculas activas del fármaco auténtico. De esta manera, los análisis no logran detectarlos. Pero la consecuencia es que esa molécula puede tornar resistente al microbio al que supuestamente debería combatir. Y lo hace resistente contra los mejores fármacos que hay actualmente en el dispensario médico, como la artemisina, una planta china cuyo principio activo es la barrera más eficaz actualmente contra el parásito de la malaria.
Pero antes de que los agentes infecciosos adquieran la capacidad de resistir de manera significativa a la farmacopea (cosa que no sabemos en estos momentos si ya está sucediendo), está el hecho de que muchos miles de personas (la OMS habla de millones) mueren en el mundo al tratar de combatir la infección con un fármaco falso, inútil y contraproducente, que deja inerme a las personas ante ataques víricos como las afecciones pulmonares, bacterianos como la tuberculosis, o de parásitos como el de la malaria.
Del tráfico de fármacos falsos se sabe muy poco. De hecho, nadie ha sido llevado todavía ante los tribunales por este delito. El año pasado, el responsable máximo de la Agencia Regulatoria de Fármacos de China fue ejecutado tras un juicio casi sumario. Las autoridades sanitarias de EE.UU. consideraron que China había cedido ante la presión que ejercieron para que se empezaran a tomar medidas contra el tráfico admitido de medicamentos falsos. Pero ni se reveló públicamente la causa de la sentencia, ni hubo detenciones a más bajo nivel.
Lo poco que ha emergido de este comercio mortal es que se crece el volumen de producción, de penetración en los mercados de salud en países en desarrollo, de los beneficios y de su dispersión geográfica. En algunos países del sudeste asiático, como Laos y Camboya, las ventas de estas falsificaciones ya superan al 50% de todos los fármacos de su mismo género en algunos países. Esta fría estadística representa muchos cientos de miles de personas que esperan curar las fiebres palúdicas que están sufriendo con remedios tan eficaces como un vaso de agua.
La INTERPOL y algunas autoridades sanitarias vinculadas a la OMS apuntan a que los centros de producción, que no deben ser buhardillas precisamente, ni analfabetos todos los trabajadores involucrados en esta industria, están en China, India y Pakistán. Como decía Dora Akunyili, directora de la Agencia para el Control de Alimentos y Fármacos de Nigeria en una reciente entrevista en la revista Nature, su país ha prohibido las importaciones de fármacos de 30 empresas indias y chinas, lo cual ha obligado a estos gobiernos a cooperar con las autoridades de Nigeria para no perder el mercado de los fármacos auténticos.
Akunyili ha sorteado cinco intentos de asesinato, lo cual muestra que estas mafias no se andan con paños calientes sino que van a por soluciones terminales en todos los casos. Su negocio ya está en el orden de los miles de millones de dólares al año. Las estimaciones de agencias de salud de EE.UU. y algunos países europeos es que dentro de cinco años comenzará a competir con el narcotráfico por giro de negocio. Pero no habrá competencia en algo que es común a estos dos negocios: la carga mortal de la industria de los fármacos falsos es muy superior, a pesar de todo lo que hemos visto y vivido en las últimas décadas de la mano de la heroína, la cocaína y otras drogas de las denominadas "duras". Los fármacos falsos no son drogas duras, son finales y las consumen quienes tienen la justificada creencia de que se van a curar.
Autor: Luis Ángel Fernández Hermana
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